Madrid rechaza de cara a Europa lo que aplica a las autonomías
Publicado en Capital Madrid el 2 de agosto 2012
Antonio Sánchez-Gijón.- Puede que la “coalición
antialemana” siempre latente en la eurozona sea esta vez demasiado fuerte como
para que la canciller Angela Merkel, el Bundesbank y sus aliados nórdicos puedan
seguir bloqueando la vía que desde el Banco Central Europeo (BCE) podría llevar
a los países en crisis, principalmente España e Italia, los socorros
financieros que les permitan rechazar los ataques de los mercados de la deuda,
que han puesto por las nubes sus tasas de refinanciación. Anteayer fueron el
primer ministro italiano, Mario Monti, y el presidente francés, François
Hollande, quienes primero suscribieron la coalición, en un encuentro en París.
Hoy se adherirá a ella Mariano Rajoy en su encuentro en Madrid con Monti.
La formación de una nueva alineación dentro de la
eurozona se presentía desde que el
presidente el Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, hizo unas crípticas declaraciones
a Le Figaro que apuntaban a una acción decisiva sobre el problema de la deuda, y
que muchos veían relacionada con los problemas de España. Hemos llegado a un
punto, dijo Juncker, en que “la zona euro debe probar de forma decidida su
determinación de garantizar la estabilidad”.
¿Pero no habíamos visto antes cómo esta misma
coalición se había estrellado contra la inconmovible resistencia alemana a
dejar que el BCE se excediera de su mandato de preservar la estabilidad del
euro y de impedir todo riesgo de inflación? Es cierto. Pero esta vez hay señales
de que un nuevo miembro podría apoyar la coalición: nada menos que el propio BCE,
cuyo consejo puede hacer buena, en su reunión de hoy en Francfort, la memorable
promesa de Mario Draghi, de que la institución que preside “hará, en el ámbito
de su mandato, lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será
suficiente”.
Naturalmente, esta incorporación a la coalición
depende de que el consejo del BCE autorice al presidente a “hacer lo necesario”,
y le dé los medios para ello. De no ser así la carrera profesional del profesor
Draghi podría estar terminada, y la coalición deshecha. Dentro de pocas horas
sabremos el resultado de este duelo. Alemania no tiene derecho de veto sobre
las decisiones del BCE, cuyo consejo es independiente. Pero todo el consejo ha
escuchado en esta semana las advertencias de Berlín sobre los riesgos de lo que
Hollande, Monti y Rajoy desean, y también
han entendido lo que Draghi se juega.
La coalición anti-Montoro
La España de Rajoy se ha presentado a la
convocatoria de la “coalición” inflamada de espíritu combativo. Este martes, el
ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, con ocasión de la reunión del consejo
de Política Fiscal y Financiera, redujo los focos de resistencia que se oponían
a su drástico plan de recortes de los déficits autonómicos. Fortalecido por el
apoyo incondicional de todas las comunidades regidas por el partido popular, a
las otras les leyó el bando: “No hay nada que hacer más que cumplir la ley… El
cumplimiento de la ley está por encima de todo resultado del consejo”, comunicó
a la prensa con ocasión de la reunión. Ante la posibilidad de que alguna región
se mostrase insumisa, manifestó: “No vamos a permitir que ninguna comunidad se
financie no ingresando los pagos del IRPF ni las cotizaciones de la seguridad
social”.
Como confirmación de que se respira en la opinión
pública un aire de confrontación, La Vanguardia de ayer titulaba a toda página:
“Andalucía se suma a la rebelión de Catalunya”. Y asignando la primacía en este
choque, aún titulaba una crónica sobre la reunión del consejo autonómico:
“Catalunya lidera la rebelión contra el Gobierno del PP”. En la nómina de los
“rebeldes” hay que poner también a Asturias y Canarias, según declaraciones de
sus respectivos presidentes.
La nueva coalición europea, sin embargo, encontrará
más obstáculos en vencer la resistencia alemana que los que encuentre el
gobierno español cuando se ponga a someter las autonomías díscolas. Mariano
Rajoy, Hollande y Monti piensan que el camino más rápido y corto al rescate de
las economías en dificultades sería la compra de bonos del estado por el BCE.
Los dos últimos se contentarían con que fuesen los mecanismos ya establecidos
de financiación de la eurozona los que prestasen la ayuda que se les pidiese, y
esperan que Rajoy, efectivamente, la pida. Pero Rajoy no quiere hacerlo porque
rechaza asumir el supuesto estigma de haber tenido que recibir bajo su mandato
el rescate de España. O al menos ésa es la interpretación prevalente en Europa,
exteriorizada asimismo por el mismo Draghi cuando hace unas semanas declaró a
la prensa italiana, algo burlonamente, que los españoles eran demasiado
hidalgos para pedir.
Transparencia hacia arriba
y hacia abajo
Es difícil creer que a los líderes europeos se les
escape la incongruencia en que incurre el gobierno de Rajoy cuando exige
derechos de intervención en las cuentas de las regiones si quieren acogerse al
Fondo de Liquidez de las Autonomías y rechace para sí la misma receta, esta vez por cuenta de los
inspectores del Mecanismo Europeo de Estabilidad, a punto de quedar instituido.
Es el mismo prurito de no reconocer de cara a la opinión que la ayuda obtenida
para la banca, por €100.000 millones, lleva aparejadas estrictas condiciones de
supervisión y un incremento de la deuda pública.
La pregunta que pende en el ambiente europeo, en
estas horas decisivas, es si España está en condiciones de seguir resistiendo el
acogerse a unos mecanismos ya establecidos, sin allanarse a hacer una petición
formal de asistencia por la cantidad ajustada a sus necesidades de financiación
tanto de sus déficits públicos (central y autonómico), como de su sistema
bancario, bajo el doble justificante de que “las arcas están vacías”, como
anunció el ministro de Hacienda, y que las cuentas deben ser transparentes
tanto hacia arriba como hacia abajo.
Esta oposición a admitir lo que para muchos en
Europa es evidente no ayuda la estrategia de Hollande y Monti para lograr que
el MEE obtenga financiación ilimitada del BCE, que pueda ser extendida luego a
los estados en necesidad, aceptando, claro está, la estricta condicionalidad
del BCE sobre el uso de los fondos, tan celosamente exigida por Alemania. Las
continuas proclamaciones del gobierno de Rajoy, de que España no necesita un
rescate, no parecen haber convencido a los mercados.
No estaría mal que el gobierno, que tan
descarnadamente ha hablado a las comunidades, se hablase a sí mismo no menos
descarnadamente, y admitiese que, aparte de cualquier presunción subjetiva
sobre su suficiencia para superar la crisis, comprendiese que los otros
miembros de la coalición dibujada al principio de este artículo basan su
estrategia ante Alemania sobre supuestos que entrañan una limitación de la
libertad de acción de la que España puede disponer en la superación de su
propia crisis.
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