lunes, 6 de agosto de 2012



Monti lanza sus reformas en una coyuntura adversa
Se agravó el déficit italiano en el primer trimestre del año
Publicado el lunes 9 de julio de 2012
Antonio Sánchez-Gijón.– El decreto de revisión del gasto público aprobado por el Gobierno italiano fue preparado según las recomendaciones de un "experto", Enrico Bondi, conocido en los medios empresariales internacionales por haber rescatado de la bancarrota al gigante de la industria lechera Parmalat, con deudas de 14.000 millones de euros, con un plan de reestructuración que le permitió volver a la bolsa en 2005. El "tecnócrata" Mario Monti ha preferido a otro tecnócrata para darle una buena sacudida a la anquilosada maquinaria de la administración italiana. El nuevo plan de ahorro sigue al de la reducción de pensiones, aprobado a finales del 2011.
El plan afronta el problema del déficit público del lado del gasto, evitando tener que atacarlo mediante el aumento de los ingresos, sobre todo la temida subida del IVA. Para el presente año el plan se propone ahorrar euros 4.500 millones; en 2013, 10.500 millones, y en 2014, 11.000 millones.
¿Habrá que revisar los cálculos?
Sin embargo, el Instituto Italiano de Estadística (ISTAT) acaba de arrojar agua fría a las expectativas sobre los ansiados resultados de la austeridad. La deuda pública, que en el último trimestre del 2011 arrojaba un aumento anual del 7% del PIB, subió al 8% en el primer trimestre del 2012. Será muy difícil, si no imposible, que al final de año el gobierno logre alcanzar el objetivo de déficit. El saldo primario ha resultado negativo en euros 11.471 millones, y el saldo corriente negativo en 21.952 millones; este último se agrava con respecto al del primer trimestre del 2011, que fue de euros 17.200 millones.
En términos más simplificados, las salidas aumentaron en ese primer trimestre un 1,3% y las entradas disminuyeron un 1%, El ISTAT afirma que los malos resultados se deben a que las cuentas públicas "han sufrido, por una parte, el aumento de los gastos por los intereses causado por la subida, en el curso del 2011, de los rendimientos de los títulos del estado, y de otra, por la caída de las entradas causada por la marcha negativa de la economía".
A la vista de estas cifras, se comprende que la contribución que la reforma de la administración pueda aportar al control del déficit italiano será moderada, sin dejar de ser por ello necesaria y urgente.
La administración italiana es sospechosa, desde siempre, de ineficiencia y derroches. Hay quien estima que los dispendios de las diversas administraciones alcanzan los cien mil millones de euros anuales, diez veces más que lo que se propone ahorrar el gobierno anualmente. La estructura administrativa de Italia tomó cuerpo en el segundo decenio del siglo XX, bajo el gobierno Giolitti, con un pacto implícito entre el Norte y el Sur, por el que aquél sería la base de la industrialización de Italia, y funcionarios del Sur entrarían en masa en la administración. A finales del XIX había en Italia 100.000 funcionarios, y en 1915 ya eran 300.000. Después de la guerra mundial, el empleo público se convirtió en el principal instrumento de un "welfare state" aún subdesarrollado, según el historiador de la administración, profesor Guido Melis, de la Sapienza, de Roma.
Los gastos del estado no han hecho sino aumentar su participación en el PIB nacional desde que Italia se preparó para entrar en el euro. Entonces era del 39,8%. Saltó bajo el primer gobierno de Silvio Berlusconi al 44% (2006), y excedió el 45% el pasado año.
La urgente reforma de la administración
Los recortes propuestos por el gobierno Monti, y que aún deben ser aprobados por el parlamento, tocan todas las ramas y estructuras de la administración. La reforma más llamativa es la reducción del número de provincias, eliminando las que tengan menos de 350.000 habitantes y las que tengan menos de 3.000 km cuadrados de extensión, así como la creación de nuevas ciudades metropolitanas. Según esos criterios, las 107 provincias actualmente existentes, podrían quedarse en unas 50. El diseño específico del nuevo mapa provincial quedará, sin embargo, en manos de los consejos de las autonomías, lo que no asegura el cumplimiento de las máximas aspiraciones del gobierno. Las ciudades metropolitanas propuestas son diez: Turín, Milán, Venecia, Bolonia, Florencia, Bari, Nápoles, Reggio Calabria, Roma y Génova-
Otra reforma significativa es la de la planta judicial: se eliminarán 37 tribunales, de un total existente de 165, así como 38 fiscalías, 220 sedes judiciales, 674 cargos de juez de paz, y la eliminación de unos 1.000 edificios o despachos judiciales.
En la sanidad, el nuevo plan cancela de hecho un proyecto anterior de cerrar 120 hospitales menores, ya que el gobierno, a la postre, no se ha atrevido a suprimirlos. Las competencias sanitarias están atribuidas a las regiones, y el gobierno teme recursos de inconstitucionalidad si recorta. De todas formas, el plan del gobierno prevé la reducción o reconversión de unos 18 o 20.000 empleos.
Otra área donde el gobierno espera ahorrar mucho es el de suministros a las administraciones, que alcanzan los 140.000 millones anuales. La propuesta principal es centralizar en un organismo oficial, la Concesionaria de Servicios Informativos Públicos (CONSIP), la contratación y adquisición de muchos productos y servicios, y de forma obligatoria los suministros de telefonía, electricidad, carburantes, etc.
Hay una serie de recortes menores, como el 50% dado a la contratación de autos y taxis, y la eliminación de la entidad cultural Arcus de patrocinio cultural.
Otra medida ambiciosa, pero cuya aplicación suscita dudas, es la reducción del 10% del empleo público, y del 20% de los altos cargos. El problema es que la mayor parte de los dependientes de la administración están empleados por entidades autónomas, y de ellas dependen extensas redes clientelares, de modo semejante a lo que ocurre en España con las administraciones autonómicas y municipales.
Hay un gran interrogante sobre las medidas propuestas por el gobierno: qué efecto causarán sobre la situación económica del país, que se agrava, y sobre el comportamiento general de la economía y de la sociedad italiana: en unas recientes "confidencias" a la prensa, el gobernador del Banco de Italia, Ignazio Visco, ha dejado caer la responsabilidad del aumento del diferencial de riesgos con respecto a Alemania, sobre "nuestra deuda pública, nuestra escasa competitividad, el bajo potencial de crecimiento". Todo ello ayuda a que Alemania reciba "un subsidio" de los inversores, creando así "una fuerza centrífuga" en el área del euro.

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