martes, 15 de mayo de 2012

Hollande y Merkel, una relacción cada vez más incierta


Publicado el lunes 14 de mayo de 2012 en Capital Madrid

Antonio Sánchez-Gijón.– El encuentro en Berlín entre François Hollande y la canciller Merkel inmediatamente después de la toma de posesión de la presidencia francesa por aquél, iba a ser la ocasión de familiarizarse y medirse mutuamente los dos personajes, y poco más, porque después del encuentro todo iba a quedar pendiente del resultado de las elecciones parlamentarias francesas en junio próximo, que son las que aclararán con cuánto respaldo cuenta el nuevo presidente para desafiar las duras reformas impuestas por la canciller a las políticas económicas de los gobiernos de la zona euro.
Los problemas acumulados en la última semana en la euro-zona van a dar al encuentro del duopolio franco-alemán un carácter de "gabinete de crisis". Las crisis (bancaria de España y de naturaleza política en Atenas) se han desbocado en estos últimos días, amenazando el frágil programa de rescate de Grecia y anunciando la posibilidad de un programa de rescate para España.
Otro factor de desconcierto ha sido introducido por los desastrosos resultados de la cristiano-democracia en las elecciones celebradas ayer en el estado de Renania del Norte-Westphalia, lo cual añade incertidumbre a la fortaleza de las posiciones tomadas contra viento y marea por la canciller. Esos resultados alientan a Hollande a esperar un fortalecimiento, en Alemania, de la oposición socialdemócrata, contra la inamovible política de la actual canciller. Pero veamos cada cosa por su lado.
Capitalizar los bancos, capitalizar al estado
Al día siguiente de rescatar y nacionalizar Bankia, el gobierno español impuso a los bancos españoles la obligación de una recapitalización por euros 28.000 millones. Analistas europeos y norteamericanos estiman esa cantidad insuficiente, a la luz del hecho de que Bankia misma, con préstamos inmobiliarios por valor de 35.000 millones, posiblemente tenga casi la mitad de esa cantidad comprometida en activos dudosos. La deuda inmobiliaria con la totalidad de las entidades bancarias españolas rebasa con mucho los euros 200.000 millones, y el Banco de España estima que el 21% del total son "non performing", y hasta el 60% se halla en diverso grado de compromiso.
El nivel de recapitalización de los bancos exigido por Bruselas rebasa no sólo la capacidad de los bancos españoles sino también la del gobierno de darles su respaldo financiero. La situación se complica por el hecho de que los bancos han estado comprando, en los últimos meses, deuda del estado, hasta situarla en más de euros 200.000 millones. Al parecer en el consejo de ministros del 11 de mayo se especuló con la posibilidad de equilibrar la posición acreedora de los bancos con respecto al estado, por la asunción por parte del estado de las posiciones deudoras de los bancos. Pero estas son ideas difícilmente practicables en tiempo útil, y la medida más conducente en un tiempo relativamente corto sería el rescate de los bancos por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y el Mecanismo Europeo de Estabilidad, a lo que Angela Merkel no parece hacerle ascos.
La crisis griega, consistente en la falta de acuerdo entre los partidos para formar gobierno, está a punto de entrar en otra dilación, a la espera de que surja una nueva mayoría electoral que permita formarlo. Entretanto aumenta la cantidad e intensidad de las voces que piden la salida griega de la moneda común.
Roces probables entre Francia y Alemania
Hollande y Merkel necesitan darse tiempo el uno y la otra para no tener que declarar la incompatibilidad de sus posiciones públicas, consistentes básicamente en que Francia exigirá un pacto de crecimiento complementario del pacto d estabilidad fiscal, y en que Alemania no puede consentir una desviación de los objetivos de déficit establecidos por tratado y exigidos por puntillosos organismos de la Unión. El presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, respalda la creación de estímulos al crecimiento, pero Juncker cesará pronto en su cargo, y la sucesión puede ser tomada por Hollande como una oportunidad de ceder algo a Alemania, para que Alemania ceda algo en lo del crecimiento. Y así admitiría que el actual ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäuble, ocupase el puesto de Juncker y supervisase un programa expansivo. El ministro alemán acaba de manifestar que no da por excluida la posibilidad de ese cambio de puesto.
Sin embargo, el posible pase de Schäuble al Eurogrupo reduciría aún más la posibilidad de que el Banco Central Europeo entre siquiera a considerar la emisión de eurobonos. El presidente del Banco Central alemán, Jens Weidmann, declaró en Le Monde de ayer domingo que "una modificación de los estatutos del Banco Central Europeo sería peligroso". Hollande necesita algo a cambio de resignarse a la imposibilidad de crear los eurobonos en algún momento futuro.
Los desastrosos resultados de la cristiano-democracia en las elecciones celebradas ayer en el estado de Renania del Norte-Westphalia añaden incertidumbre a la fortaleza de las posiciones tomadas contra viento y marea por la canciller. Esos resultados alientan a Hollande a esperar un fortalecimiento, en Alemania, de la oposición socialdemócrata, contra la inamovible política de la actual canciller.
Lo malo es que el bisoño presidente ya está bastante frustrado por la negativa de plano, por parte de Alemania, a reabrir el pacto fiscal de estabilidad, signado por 25 países el pasado 2 de marzo, tema que era uno de los puntos prioritarios de su programa electoral. A este respecto el presidente Weidmann fue también rotundo con las pretensiones de Hollande: "Está claro que hace falta rechazar su reivindicación de campaña, de deshacer el pacto fiscal europeo... Hay una costumbre europea que exige que se cumplan los acuerdos que se firman". De una forma menos ruda había dicho lo mismo pocos días antes la canciller: "En Alemania pensamos, y yo también lo pienso, que el pacto fiscal no es negociable".
Hollande asume su presidencia con no muy buenos augurios en el tema fiscal. El Fondo Monetario Internacional ha dado a entender que Francia no alcanzará en 2013 el objetivo de déficit del 3%, situándolo más bien en 3,9%. Esta brecha debe ser vista en perspectiva, considerando el enorme esfuerzo fiscal llevado a cabo por el presidente Sarkozy: Francia registró en 2009 un déficit fiscal del 7,5% del PIB, y el de este año, fijado por el presidente saliente, es del 5,3%, similar al que el gobierno español se ha comprometido a alcanzar.
Los recortes necesarios para mantener el actual compromiso francés de déficit son difícilmente compatibles con el programa electoral de Hollande, que comprende incentivos a la industria, 60.000 puestos de enseñanza nuevos y mantenimiento del nivel de empleo de la administración. De todas formas, el déficit de este año se estima que alcanzará los euros 84.800 millones, debido en parte a que la economía apenas crece, estimándose para este año en 0,5%.
Resumiendo, es difícil que el encuentro Hollande-Merkel de pasado mañana arroje luz sobre las más críticas cuestiones europeas, pues no se han despejado incógnitas fundamentales en ninguno de los países mencionados en este artículo: Grecia, España, Francia y Alemania.

Rusia necesita redefinir su política hacia Europa


Putin y la Eurozona, ante la incógnita del socialista Hollande

Publicado el jueves 10 de mayo de 2012 en Capital Madrid

Antonio Sánchez-Gijón.– Todos los oídos de Europa Occidental están ahora atentos a los primeros balbuceos de François Hollande sobre política internacional y sobre la política exterior de Francia (no se recuerda que haya dicho nada digno de nota en esas materias), pero no se puede pasar por alto el hecho de que casi simultáneamente ha ascendido de nuevo a la presidencia imperial de Rusia Vladimir Putin, dos veces presidente y una vez primer ministro. Putin sí tiene un ambicioso programa internacional, que se resume en volver a colocar a Rusia al nivel de las otras dos superpotencias, Estados Unidos y China, y una política exterior específica para Europa, para que ésta le ayude con capital, tecnología y compras de gas a alcanzar aquel gran designio.

Hace muy pocos años Putin contaba con una galería de amigos entre los países clave para sus cálculos. El presidente Chirac por Francia, el canciller Schröder por Alemania y el primer ministro Berlusconi por Italia. En otro nivel de prioridades podríamos poner al presidente Zapatero en esta nómina, y algún que otro líder europeo.
Chirac había apoyado durante sus mandatos los deseos rusos de oponerse a la extensión de la OTAN a los países de la antigua esfera soviética en Europa Oriental, aunque al final no tuvo éxito, ya que prácticamente todos ingresaron en la Alianza. Schröder se unió a Rusia en contra de Estados Unidos en la cuestión de la guerra de Iraq, y se opuso a la Revolución Naranja de Ucrania de 2004-2005, y al ingreso de este país y Georgia en la OTAN. También puso en marcha el gasoducto Nord Stream por el Báltico, que libera a Rusia de los peajes de tránsito que pudieran imponer Ucrania, Belorusia y Polonia. Berlusconi fue instrumental en asociar Gazprom y el Ente Nazionale Idrocarburi para negocios mutuos y suministro de gas a Europa. Schröder posee una casa cerca del Kremlin y Berlusconi fue invitado especial de Putin en su tercera toma de posesión de la presidencia rusa.
De alianzas e intereses
Putin no dio ningún motivo a la canciller Merkel para sentirse insatisfecha. El capital y la industria alemanes son bienvenidos en la Rusia de Putin, y lo mismo se puede decir de los suministros de gas ruso a Alemania, vistos por Berlín como confiables y competitivos. El presidente Sarkozy, sin embargo, representó para Putin una pérdida neta de influencia sobre Francia. La reintegración francesa en las estructuras militares integradas de la OTAN reforzaba una Alianza con la que Moscú y sus pequeñas alianzas externas no pueden rivalizar en potencial e influencia. El mucho o poco prestigio internacional que Rusia pudiera tener (por lo menos de cara a Occidente) lo perdió en su agresión a Georgia en 2008. Su actual alianza militar con Belorrusia y Kazakstán no impresiona militarmente, y desde luego no es un banderín de enganche para las libertades. Sin Berlusconi al frente del gobierno, el presidente italiano ha manifestado su apoyo al llamado escudo antimisiles que la OTAN desea instalar en facilidades cedidas por diversos países europeos.
La crisis europea constituye un serio contratiempo para los planes de Putin, de reconstruir el poderío ruso. Esto le obliga a una reformulación a fondo de su política económica. Poco después de su toma de posesión, el presidente ruso anunció la privatización de todas las empresas estatales fuera de los sectores de materias primas y militar, antes del 2016. Hace unos años esa medida hubiera sido tomada por los capitales occidentales como una fabulosa oportunidad de negocios. Hoy día los capitales europeos se sienten inhibidos por la crisis del euro, por lo que Rusia deberá esforzarse en generar capitales internos, con la consiguiente reducción de recursos para atender las demandas de bienestar de una población crecientemente insatisfecha.
En ese contexto, Putin deberá descansar aún más en la solidez de la Estrategia Nacional de la Energía, formulada en 2003, con el objeto de confiar a este recurso el peso de la recuperación industrial de Rusia. Las reservas de petróleo probadas de Rusia ascienden a 77.400 millones de barriles, y las de gas a 44 billones de metros cúbicos, haciendo de Rusia el principal productor y poseedor del 25% de las reservas energéticas del mundo. La mencionada estrategia parece consistir en diversificar su industria energética, saliendo del poco lucido papel de mero suministrador de materia prima y entrar en la cadena integral de explotación. Otra faceta es acordar contratos de duración media-larga, entre diez y quince años, a los que concede importantes descuentos. Actualmente desea introducirse en el mercado eléctrico de Alemania, en el suministro de gas a la República Checa, gasoductos con Turquía, etc.
El liberal frustrado
Aunque los medios de opinión más neutrales están de acuerdo en que Putin sí obtuvo suficientes votos genuinos en la elección presidencial, las cifras oficiales del recuento resultaron, en opinión de esos mismos medios, seriamente hinchadas. Las viejas prácticas todavía perduran: la manifestación contra Putin en la víspera de la jura del cargo, en las cercanías del Kremlin, fue aplastada con toda dureza por la policía. De todas formas, antes de la elección, el portavoz del entonces primer ministro confesó a la BBC que Putin era "un liberal incomprendido".
Para que acaben de comprenderle,  Putin no para de hacer invocaciones a la democracia y al imperio de la ley. En febrero último dio una conferencia llena de reverencia por los principios democráticos. "Creo - dijo - que la democracia incluye tanto el derecho fundamental del pueblo a elegir el gobierno, como la posibilidad de influir siempre sobre él y sobre sus procesos de decisión. De ahí que la democracia necesite mecanismos de acción directa y regular, y canales eficientes para el diálogo, el control publico, la comunicación y la accesibilidad del poder".
Son promesas ya oídas con anterioridad. Como lo son sus apelaciones a la moralización del sistema judicial. Recientemente  ha dado a entender que urgirá a la judicatura a revisar el caso del multimillonario encarcelado Mikail Jodorkovsky, anterior amo de la energética Yukos. En el mencionado decreto de privatización se dan instrucciones para sacar a Rusia del puesto 120 en el índice del Banco Mundial de facilidad a la creación de empresas.
Putin necesita escuchar los primeros pronunciamientos de François Hollande sobre su política internacional, para readaptar su política europea a las nuevas circunstancias de Francia y su posición ante el euro. Pero todavía debe aguardar a dos cosas: a que se produzcan los primeros encuentros del presidente francés con la canciller alemana y con el presidente de Estados Unidos. Bueno, pues a esperar como todos nosotros.

Detener el deterioro económico y político, tarea prioritaria del nuevo presidente de Francia


Es muy difícil que conserve la paridad con Alemania
Publicado el lunes 7 de mayo de 2012 en Capital Madrid

Antonio Sánchez-Gijón.– El presidente de la República que los franceses se han dado este domingo se verá obligado a introducir las reformas económicas, sociales e institucionales que Alemania llevó a cabo entre el 2003-2007, y los países mediterráneos emprendieron entre 2010 y 2012. En opinión del economista e historiador Nicolas Bavarez, Francia y Europa "deberán decidir en el curso de los próximos años reinventarse o salirse de la historia universal" (Le Monde, 6 de mayo). Las reformas de Alemania conllevaron una fuerte devaluación del costo de la unidad de trabajo: tomando 1999 como base 100, esos costos se habían reducido a 87 en 2011.
Con esto Alemania aumentó drásticamente su competitividad, lo que ha permitido a su economía crecer, crear empleo y producir excedentes comerciales y por cuenta corriente (euros 158.000 millones y 135.000 millones respectivamente en el último ejercicio). En ese tiempo la tasa de desempleo pasó del 12% al 6%. Y ha podido asumir el stress que causa sobre su imagen de solvencia el hecho de mantener en pie la arquitectura del euro, a pesar de las crisis de diversa naturaleza que aquejan a los países de la eurozona.
Durante este tiempo, Francia no realizó ninguna reforma significativa. Su producción se halla por debajo del nivel del 2007, su tasa de desempleo por encima de la alemana y sus bancos comprometidos con las deudas de otros países. Su déficit comercial alcanzó los euros 70.000 millones en 2011. Su deuda pública se espera que alcance el 90% del PIB en 2012. Para atenderla debe buscar en los mercados de capital euros 180.000 millones en 2012 y 200.000 en 2013. Su actual tasa de desempleo es del 10%. Es sabiduría convencional de los expertos que cuando un país pide dinero para sufragar sus gastos corrientes está indicando que ha entrado en crisis económica.
Pérdida global de la competitividad
Francia, sin embargo, ha logrado mantener su posición central en todas las grandes decisiones que han dado una nueva institucionalidad  al euro en los últimos dos o tres años. Este es un mérito que raramente se le ha reconocido al presidente Sarkozy, y que se explica por la influencia de que Francia goza en la arquitectura política de Europa, como contrapeso de una Alemania demasiado poderosa. Esta centralidad, esta vanidad si se quiere, ha sido perjudicial para la toma de conciencia de los franceses respecto de la pérdida global de competitividad de su economía. Es dudoso que pueda seguir manteniendo esa posición privilegiada si el gobierno no emprende el camino que muchos otros ya tomaron.
Se da por descontado que las reformas de los países mediterráneos tardarán mucho más en dar fruto que las alemanas. Pero para que lo logren es imprescindible que los países con economías mayores tiren de ellos con su demanda. Como básicamente el modo de que los países del sur salgan de su marasmo es a través de la devaluación de sus factores de producción (impedidos como están de recurrir a la devaluación de la moneda nacional, a la que renunciaron cuando aceptaron el euro), su principal esperanza de redención es que las economías grandes y las solventes tiren de la demanda de sus productos y servicios.
La fuerza de esta demanda está condicionada por la capacidad de producir una revaluación de los factores internos en otros países más saneados. Una vez más, Francia queda por detrás de Alemania a este respecto: mientras desde 2008/9 Alemania ha revaluado sus factores de producción 2,72%, Francia sólo lo ha hecho 1,87% (Paul de Grauwe, Center for European Policy Studies, 2 de mayo 2012).
Francia está recargada por un pesado sistema social que absorbe el 33% de la riqueza del país, y que no puede ser sufragado sin déficit para las cuentas del estado. El gasto público alcanza el 56,6% del PIB y los ingresos del fisco se llevan el 49% de la riqueza nacional. El saldo es sufragado por una deuda pública que crece, pero que no da para satisfacer las demandas de bienestar, especialmente las de los seis millones de franceses que viven descontentos en los suburbios de las grandes ciudades, con explosiones periódicas de violencia contestataria. Gran parte de esos problemas se originan en la dificultad de integrar plenamente más de cinco millones de inmigrantes, la mayoría de ellos musulmanes que se sienten excluidos de la promesa republicana.
El futuro de su influencia, en cuestión
Francia ha estado influyendo en Europa por encima de su peso específico durante el quinquenio presidencial de Sarkozy. Las razones económicas de  esto ya han sido mencionadas. Otras son de naturaleza histórica, como su influencia en muchos países del África Subsahariana. Otras son de naturaleza científica y tecnológica, con importantes empresas de rango global, en la autoindustria, la aeroespacial, la biotecnología, etc. Hay también razones geopolíticas. Una de ellas es el poderío militar francés, el mayor de Europa y que incluye el arma nuclear.
En esta esfera ha ocupado un terreno que Alemania no ha querido jugar; mejor dicho, del que Alemania no ha hecho sino retirarse. Este factor militar era también clave para asegurar un factor de equilibrio político con Gran Bretaña, a la que le une un tratado bilateral de fusión de muchos de sus recursos defensivos. Era y es también un factor de influencia en el seno de la OTAN, y por tanto de influencia suplementaria sobre Washington. Otro factor de influencia es la soberanía sobre un puñado de posesiones ultramarinas que le dotan de grandes zonas económicas marítimas exclusivas y bases para proyectar poder e influencia en el entorno.
Una pérdida de "punch" francés en Europa dejaría a Alemania más libre para imponer una interpretación restrictiva de la disciplina fiscal recientemente aceptada por los países de la euro-zona. Sin embargo, no puede haber comienzo de la recuperación económica de Francia si no se hacen explícitas las causas de su estancamiento. Reconocerlas producirá automáticamente una devaluación de su capacidad de influencia, pues ya no habrá razón para seguir pretendiendo que Francia tiene derecho a ponerse "au dessus de la mêlée" que afecta a tantos otros socios europeos, y autoridad para seguir refrendando las normas que promulga Berlín.
Lo paradójico, sin embargo, es que sin tomar una alta dosis de la medicina alemana que Sarkozy y Merkel han prescrito a los otros socios del euro, no será posible una recuperación de la salud económica de Francia. Si el paciente francés se niega a tomarla, entonces todos los socios del euro, incluida Francia, sufriremos una crisis aguda de euritis.

Monti, colocado en preferente para entrar en el 'núcleo duro' europeo

Berlín y Roma realizan preparativos en la sombra
Publicado el jueves 3 de mayo de 2012 en Capital Madrid
Antonio Sánchez-Gijón.– El último entretenimiento geopolítico de Europa ha sido la cuestión de quién compartirá la corona bicéfala (si tal cosa existe) de Europa si el presidente Sarkozy pierde la elección presidencial este próximo domingo, cosa bastante probable. Es decir, quién será el nuevo "partenaire" de la canciller Angela Merkel; porque se da por supuesto que si Sarkozy pierde, su sucesor en el Elíseo, François Hollande, no puede ocupar ese lugar por hallarse en los antípodas ideológicos de la alemana y por propugnar políticas de expansión para remontar la crisis del euro, contrarias a las restrictivas impuestas por la pareja Merkozy.
Los italianos se han precipitado a candidatear a su primer ministro, Mario Monti, de quien se espera que introduzca en las rígidas políticas de austeridad vigentes una vocación por el crecimiento. Sin embargo, la posible aparición en escena de un líder socialista en Francia puede más bien ser la ocasión para una estructura distinta del liderazgo europeo. Veamos las dos cosas.
¿Monti en el doble liderazgo?
Una reciente revelación del diario La Repubblica daba cuenta de unas tratativas secretas entre la mano derecha de Monti, Enzo Moavero, y el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, con el fin de teatralizar una "fuerte sincronización política" en el Bundestag y en el parlamento italiano, en las respectivas tramitaciones de los tratados europeos de Estabilidad Fiscal y de reforma del Mecanismo Europeo de Estabilidad. Merkel y Monti estarían presentes en Berlín y Roma durante los actos de aprobación parlamentaria, y harían una "declaración solemne" sobre el común destino europeo. El diario ve en esta puesta en escena la intención de sustituir a París por Roma "en el trato privilegiado con Berlín".
Esta iniciativa, si es cierta y se materializa, no debería ser tratada con escepticismo o ironía. Europa lleva dos o tres años conducida a cara de perro a lo largo de un lúgubre camino de penitencia fiscal. No le vendrían mal uno o dos discursos de esperanza y redención. Nadie en Europa se ha tomado la molestia en ese tiempo en emplear algo de buena retórica para consolarnos en este purgatorio. Con Monti, además, los europeos "periféricos" nos veríamos más identificados con Roma que con París, porque es un país tan pecador como cualquier otro del sur europeo.
Muchos ven en aquella iniciativa un intento de Angela Merkel de contar con un socio fiel que sustituya a Sarkozy si éste pierde la presidencia. Hollande representa lo que Merkel quiere barrer de Europa: complacencia con unas estructuras socioeconómicas a las que ella atribuye la crisis del euro. Desde luego el programa electoral de Hollande es incompatible con todo lo que se ha estado haciendo en Europa en los últimos años, y aún si Hollande reformara su programa de gobierno, todo el proceso puesto en marcha para alcanzar la solvencia fiscal y financiera tendría que volver a la sala de montaje. Y aún en el mejor de los casos difícilmente estaría a punto para la cumbre europea de junio.
En la cuestión del coliderazgo europeo, el problema es que Italia no tiene el peso económico ni geopolítico que Francia. Además, mientras otros líderes europeos pueden tener carisma o prestigio, un presidente francés siempre goza de un grado connatural de influencia. Italia, además, se halla inmersa en la reconstrucción de su debilitada fábrica fiscal y financiera, mientras Francia, a pesar de los problemas de su banca, se halla de momento a salvo.
Ocurre también que Alemania y Merkel se van a mover, se están moviendo, para acomodarse a las nuevas circunstancias. Antes de la cumbre de junio se celebrarán elecciones en dos estados de la República Federal  (Schsleswig-Holstein y Rhin Norte-Westfalia). Merkel no tiene más remedio que contar con el partido socialdemócrata para aprobar los pactos europeos, pues la constitución exige una mayoría de dos tercios, que sólo aquéllos le pueden asegurar, pero le exigen a cambio que  introduzca la tasa Tobin e inversiones europeas para estimular el crecimiento. La canciller dio a entender recientemente que pronto se ocupará de esta cuestión: "Puedo imaginar una mayor potenciación del Banco Europeo de Inversiones", dijo recientemente al Leipziger Volkszeitung.
Títulos todavía insuficientes
Monti no está mostrando grandes resultados de sus planes de reforma. La cerrada oposición de los sindicatos obligó al gobierno a moderar el proyecto de ley de reforma laboral. Los jueces seguirán conservando la potestad de recolocar en su empresa a los trabajadores que habiendo sido despedidos por razones económicas rechacen la indemnización. Esta fue una imposición del Partido Democrático, miembro de la coalición que apoya a Monti.
Los recortes fiscales que Monti se propone realizar en este año palidecen en comparación con los del gobierno español. Aunque todos los ministros han recibido instrucciones de hacer recortes importantes de cara al próximo presupuesto, para este año se ha propuesto un recorte de sólo euros 4.200 millones. El diputado de Futuro e Libertà, Italo Bocchino, ha dicho que esta exigua reducción es "una tomadura de pelo del gobierno a los italianos". Por otra parte, causará irritación en Berlín el propósito de Monti de no computar en el déficit las inversiones públicas.
Como en el caso español, gran parte de los recortes se difieren parcialmente al futuro. Se especula con la necesidad de que el recorte sea más del 27% del presupuesto actual de euros 295.000 millones, esto es, unos 80.000 millones. También se prevé para el cuarto trimestre la subida del IVA, desde el 10% al 12% y del 21% al 23% según sus tipos.
Puede que la parsimonia y carencia de drama que tienen las reformas de Italia se deban a que el paro, aunque crece rápidamente, no representa todavía la tragedia que en España. Si, según Eurostat, en diciembre del 2011 el paro era del 8,9%, en marzo ha alcanzado el 9,8. Donde más alarmante resulta es entre la juventud de 15 a 24 años, con un paro de 35,9%.
Está bien que Italia se incorpore al núcleo central del liderazgo europeo. Junto con Merkel y Hollande, Monti puede moderar al presidente neófito. Junto a Merkel y Sarkozy, podrá moderar a Merkel.

Las políticas de austeridad o crecimiento se decidirán en Francia y en Grecia


Las presidenciales galas y las legislativas griegas del 6 de mayo, vitales para el futuro de la Eurozona
Publicado el lunes 30 de abril de 2012 en Capital Madrid

Antonio Sánchez-Gijón.– Menos espectacular que la elección presidencial francesa del próximo domingo, 6 de mayo, la elección del nuevo Parlamento griego en el mismo día no es menos trascendente para la suerte futura del euro y, a la postre, de la Eurozona y de la Unión Europea. En Francia, las fuerzas que apoyan las actuales políticas de austeridad y contención fiscal aún tienen alguna posibilidad de ganar la consulta. Esas mismas fuerzas se dan ya por derrotadas en Grecia. El Gobierno presidido por el "tecnócrata" Lucas Papademos se formó con el consentimiento de los dos partidos hegemónicos de la escena política griega, el Movimiento Panhelénico Socialista (PASOK) y el conservador Nueva Democracia (ND). No se espera que esos dos partidos, separados o unidos, puedan garantizar la mayoría necesaria para formar gobierno.
A Grecia le aguarda un periodo de turbulencias políticas, y posiblemente también un cambio de época, tras la crisis de su actual sistema político, basado en la alternancia de dos partidos patriarcales que han dominado la vida política griega por decenios. Fueron los Papandreus y los Karamanlís. Entre los dos, siempre garantizaron un control de aproximadamente el 80% de los escaños parlamentarios
Hoy las encuestas les dan un control agregado del 40% (18% PASOK y 22% ND). Se prevé que sean 10 los partidos políticos que superen el límite del 3% de los votos para poder acceder al parlamento. Desde este sólo punto de vista la gobernabilidad de Grecia no está asegurada, por lo menos hasta que se negocie una nueva mayoría, lo que podría significar serias revisiones del paquete de medidas económicas ya acordadas con Bruselas, con el consiguiente paso del tiempo.
La cosa se complicaría si los grupos de extrema izquierda se hacen con una minoría de bloqueo. Un mínimo de estabilidad podría asegurarse con una coalición ND-PASOK, pero aún haría falta algún otro socio. Un posible candidato podría ser (si entra en el parlamento) la Alianza Democrática, escindida en noviembre de 2010 de la ND, como reacción contra las tendencias estatistas características de este partido conservador y por ser uno de los dos responsables de haber llevado al país al borde de la quiebra.
Esta quiebra es tanto económica como política. Un análisis devastador del origen de la crisis griega fue ofrecida recientemente por el profesor emérito de economía de la universidad de Atenas, Georgios Bitros: según su análisis, el antiguo líder de ND y primer ministro, Constantino Karamanlís, consagró "una forma peligrosa de estatismo" en la constitución de 1975, que supuso desde el principio una barrera a la iniciativa privada. Bajo su espíritu se nacionalizaron compañías marítimas, fábricas y conglomerados bancarios. Después, "el PASOK de Andreas Papandreu destruyó gran parte de la base industrial de Grecia durante su reinado en los años 80". Resumiendo su juicio sobre la historia reciente de Grecia, Bitros sentenció: "ambos (los partidos hegemónicos) son siervos incorregibles de un  estatismo clientelar y totalmente corrompido, incapaz de llevar a cabo las reformas estructurales necesarias para la recuperación económica"
Los pronósticos anuncian un encogimiento de la economía griega del 5% en 2012. Es su quinto año de recesión. El Instituto de Estadística anunció la pasada semana que el déficit estatal en 2011 fue de euros 19.600 millones, o 9,1% del PIB, El desempleo alcanza el 25%. Una buena parte de la población se halla en situación extrema, si no desesperada. No sólo la población: las compañías eléctricas, que debían incluir en sus facturas los recibos de la propiedad inmobiliaria de los consumidores, dejaron de recaudar euros 1.700 millones en 2011. El gobierno acaba de decidir ayudas a las eléctricas con 250 millones de emergencia. Desde septiembre del 2009, los depósitos bancarios privados y empresariales en la banca griega se han reducido un 27%.
¿Se ha resignado Europa a que Grecia salga del euro?
Todo esto ilustra el colapso de los acomodaticios consensos políticos que han permitido a Grecia vivir por encima de sus medios desde que se creó el euro. El peligro ahora es de fraccionamiento de las fuerzas políticas.
Tratando de ocupar algo del espacio a su izquierda, el ex-primer ministro del ND Antonis Samaras prometió en su campaña electoral reducir impuestos, aumentar los gastos sociales e introducir políticas de crecimiento. Movimiento similar realizó el presidente del PASOK, Evangelos Venizelos, prometiendo este último viernes no elevar los impuestos, reducir el IVA de alimentos del 23% al 13%, no recortar las pensiones y los salarios, un programa de privatizaciones, además de inversiones públicas por euros 30.000 millones.
Con los partidos que dieron su consenso al programa de estabilidad y a los recortes presupuestarios imposibilitados de garantizar una mayoría parlamentaria, la cuestión de si Grecia puede seguir en el euro o los griegos preferirían salirse se hace urgente. No es seguro que ante ese panorama los políticos europeos deseen seguir apoyando a Grecia.
Los acreedores de Grecia prácticamente se han resignado a la pérdida del 70% del valor de los títulos de la deuda griega, pero el problema no termina ahí. Grecia seguirá necesitando apoyo internacional y de las autoridades europeas. Esta perspectiva refuerza los argumentos de los que proponen su salida del euro.
Esa posibilidad, sin embargo, parece terrorífica. Supondría una gigantesca ponderación y puesta en cuestión de todos los valores y títulos de cualquier clase en manos públicas y privadas, parta ser denominados en dracmas. Como ocurrió en Argentina a principios de los 2000, de esta conmoción saldrían unos con las manos llenas y otros completamente arruinados.
Otros no lo ven tan dramático: al fin y al cabo, la mayor parte de las pérdidas serían para el Banco Central Europeo, que ya ha desembolsado los rescates.
De las dos monedas al aire que los votantes europeos arrojarán en sus respectivas elecciones el domingo día 6, el resultado francés es el más decisivo para Europa. El griego, el más ilustrativo de las cosas que pueden venir cuando el poder político de una democracia cede ante los intereses creados.

Monti, colocado en preferente para entrar en el 'núcleo duro' europeo


Berlín y Roma realizan preparativos en la sombra

Publicado el jueves 3 de mayo de 2012

Antonio Sánchez-Gijón.– El último entretenimiento geopolítico de Europa ha sido la cuestión de quién compartirá la corona bicéfala (si tal cosa existe) de Europa si el presidente Sarkozy pierde la elección presidencial este próximo domingo, cosa bastante probable. Es decir, quién será el nuevo "partenaire" de la canciller Angela Merkel; porque se da por supuesto que si Sarkozy pierde, su sucesor en el Elíseo, François Hollande, no puede ocupar ese lugar por hallarse en los antípodas ideológicos de la alemana y por propugnar políticas de expansión para remontar la crisis del euro, contrarias a las restrictivas impuestas por la pareja Merkozy.
Los italianos se han precipitado a candidatear a su primer ministro, Mario Monti, de quien se espera que introduzca en las rígidas políticas de austeridad vigentes una vocación por el crecimiento. Sin embargo, la posible aparición en escena de un líder socialista en Francia puede más bien ser la ocasión para una estructura distinta del liderazgo europeo. Veamos las dos cosas.
¿Monti en el doble liderazgo?
Una reciente revelación del diario La Repubblica daba cuenta de unas tratativas secretas entre la mano derecha de Monti, Enzo Moavero, y el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, con el fin de teatralizar una "fuerte sincronización política" en el Bundestag y en el parlamento italiano, en las respectivas tramitaciones de los tratados europeos de Estabilidad Fiscal y de reforma del Mecanismo Europeo de Estabilidad. Merkel y Monti estarían presentes en Berlín y Roma durante los actos de aprobación parlamentaria, y harían una "declaración solemne" sobre el común destino europeo. El diario ve en esta puesta en escena la intención de sustituir a París por Roma "en el trato privilegiado con Berlín".
Esta iniciativa, es cierta y se materializa, no debería ser tratada con escepticismo o ironía. Europa lleva dos o tres años conducida a cara de perro a lo largo de un lúgubre camino de penitencia fiscal. No le vendrían mal uno o dos discursos de esperanza y redención. Nadie en Europa se ha tomado la molestia en ese tiempo en emplear algo de buena retórica para consolarnos en este purgatorio. Con Monti, además, los europeos "periféricos" nos veríamos más identificados con Roma que con París, porque es un país tan pecador como cualquier otro del sur europeo.
Muchos ven en aquella iniciativa un intento de Angela Merkel de contar con un socio fiel que sustituya a Sarkozy si éste pierde la presidencia. Hollande representa lo que Merkel quiere barrer de Europa: complacencia con unas estructuras socioeconómicas a las que ella atribuye la crisis del euro. Desde luego el programa electoral de Hollande es incompatible con todo lo que se ha estado haciendo en Europa en los últimos años, y aún si Hollande reformara su programa de gobierno, todo el proceso puesto en marcha para alcanzar la solvencia fiscal y financiera tendría que volver a la sala de montaje. Y aún en el mejor de los casos difícilmente estaría a punto para la cumbre europea de junio.
En la cuestión del coliderazgo europeo, el problema es que Italia no tiene el peso económico ni geopolítico que Francia. Además, mientras otros líderes europeos pueden tener carisma o prestigio, un presidente francés siempre goza de un grado connatural de influencia. Italia, además, se halla inmersa en la reconstrucción de su debilitada fábrica fiscal y financiera, mientras Francia, a pesar de los problemas de su banca, se halla de momento a salvo.
Ocurre también que Alemania y Merkel se van a mover, se están moviendo, para acomodarse a las nuevas circunstancias. Antes de la cumbre de junio se celebrarán elecciones en dos estados de la República Federal  (Schsleswig-Holstein y Rhin Norte-Westfalia). Merkel no tiene más remedio que contar con el partido socialdemócrata para aprobar los pactos europeos, pues la constitución exige una mayoría de dos tercios, que sólo aquéllos le pueden asegurar, pero le exigen a cambio que  introduzca la tasa Tobin e inversiones europeas para estimular el crecimiento. La canciller dio a entender recientemente que pronto se ocupará de esta cuestión: "Puedo imaginar una mayor potenciación del Banco Europeo de Inversiones", dijo recientemente al Leipziger Volkszeitung.
Títulos todavía insuficientes
Monti no está mostrando grandes resultados de sus planes de reforma. La cerrada oposición de los sindicatos obligó al gobierno a moderar el proyecto de ley de reforma laboral. Los jueces seguirán conservando la potestad de recolocar en su empresa a los trabajadores que habiendo sido despedidos por razones económicas rechacen la indemnización. Esta fue una imposición del Partido Democrático, miembro de la coalición que apoya a Monti.
Los recortes fiscales que Monti se propone realizar en este año palidecen en comparación con los del gobierno español. Aunque todos los ministros han recibido instrucciones de hacer recortes importantes de cara al próximo presupuesto, para este año se ha propuesto un recorte de sólo euros 4.200 millones. El diputado de Futuro e Libertà, Italo Bocchino, ha dicho que esta exigua reducción es "una tomadura de pelo del gobierno a los italianos". Por otra parte, causará irritación en Berlín el propósito de Monti de no computar en el déficit las inversiones públicas.
Como en el caso español, gran parte de los recortes se difieren parcialmente al futuro. Se especula con la necesidad de que el recorte sea más del 27% del presupuesto actual de euros 295.000 millones, esto es, unos 80.000 millones. También se prevé para el cuarto trimestre la subida del IVA, desde el 10% al 12% y del 21% al 23% según sus tipos.
Puede que la parsimonia y carencia de drama que tienen las reformas de Italia se deban a que el paro, aunque crece rápidamente, no representa todavía la tragedia que en España. Si, según Eurostat, en diciembre del 2011 el paro era del 8,9%, en marzo ha alcanzado el 9,8. Donde más alarmante resulta es entre la juventud de 15 a 24 años, con un paro de 35,9%.
Está bien que Italia se incorpore al núcleo central del liderazgo europeo. Junto con Merkel y Hollande, Monti puede moderar al presidente neófito. Junto a Merkel y Sarkozy, podrá moderar a Merkel.

Las políticas de austeridad o crecimiento se decidirán en Francia y en Grecia


Las presidenciales galas y las legislativas griegas del 6 de mayo, vitales para el futuro de la EurozonaPublicado el lunes 30 de abril de 2012
Antonio Sánchez-Gijón.– Menos espectacular que la elección presidencial francesa del próximo domingo, 6 de mayo, la elección del nuevo Parlamento griego en el mismo día no es menos trascendente para la suerte futura del euro y, a la postre, de la Eurozona y de la Unión Europea. En Francia, las fuerzas que apoyan las actuales políticas de austeridad y contención fiscal aún tienen alguna posibilidad de ganar la consulta. Esas mismas fuerzas se dan ya por derrotadas en Grecia. El Gobierno presidido por el "tecnócrata" Lucas Papademos se formó con el consentimiento de los dos partidos hegemónicos de la escena política griega, el Movimiento Panhelénico Socialista (PASOK) y el conservador Nueva Democracia (ND). No se espera que esos dos partidos, separados o unidos, puedan garantizar la mayoría necesaria para formar gobierno.
A Grecia le aguarda un periodo de turbulencias políticas, y posiblemente también un cambio de época, tras la crisis de su actual sistema político, basado en la alternancia de dos partidos patriarcales que han dominado la vida política griega por decenios. Fueron los Papandreus y los Karamanlís. Entre los dos, siempre garantizaron un control de aproximadamente el 80% de los escaños parlamentarios
Hoy las encuestas les dan un control agregado del 40% (18% PASOK y 22% ND). Se prevé que sean 10 los partidos políticos que superen el límite del 3% de los votos para poder acceder al parlamento. Desde este sólo punto de vista la gobernabilidad de Grecia no está asegurada, por lo menos hasta que se negocie una nueva mayoría, lo que podría significar serias revisiones del paquete de medidas económicas ya acordadas con Bruselas, con el consiguiente paso del tiempo.
La cosa se complicaría si los grupos de extrema izquierda se hacen con una minoría de bloqueo. Un mínimo de estabilidad podría asegurarse con una coalición ND-PASOK, pero aún haría falta algún otro socio. Un posible candidato podría ser (si entra en el parlamento) la Alianza Democrática, escindida en noviembre de 2010 de la ND, como reacción contra las tendencias estatistas características de este partido conservador y por ser uno de los dos responsables de haber llevado al país al borde de la quiebra.
Esta quiebra es tanto económica como política. Un análisis devastador del origen de la crisis griega fue ofrecida recientemente por el profesor emérito de economía de la universidad de Atenas, Georgios Bitros: según su análisis, el antiguo líder de ND y primer ministro, Constantino Karamanlís, consagró "una forma peligrosa de estatismo" en la constitución de 1975, que supuso desde el principio una barrera a la iniciativa privada. Bajo su espíritu se nacionalizaron compañías marítimas, fábricas y conglomerados bancarios. Después, "el PASOK de Andreas Papandreu destruyó gran parte de la base industrial de Grecia durante su reinado en los años 80". Resumiendo su juicio sobre la historia reciente de Grecia, Bitros sentenció: "ambos (los partidos hegemónicos) son siervos incorregibles de un  estatismo clientelar y totalmente corrompido, incapaz de llevar a cabo las reformas estructurales necesarias para la recuperación económica"
Los pronósticos anuncian un encogimiento de la economía griega del 5% en 2012. Es su quinto año de recesión. El Instituto de Estadística anunció la pasada semana que el déficit estatal en 2011 fue de euros 19.600 millones, o 9,1% del PIB, El desempleo alcanza el 25%. Una buena parte de la población se halla en situación extrema, si no desesperada. No sólo la población: las compañías eléctricas, que debían incluir en sus facturas los recibos de la propiedad inmobiliaria de los consumidores, dejaron de recaudar euros 1.700 millones en 2011. El gobierno acaba de decidir ayudas a las eléctricas con 250 millones de emergencia. Desde septiembre del 2009, los depósitos bancarios privados y empresariales en la banca griega se han reducido un 27%.
¿Se ha resignado Europa a que Grecia salga del euro?
Todo esto ilustra el colapso de los acomodaticios consensos políticos que han permitido a Grecia vivir por encima de sus medios desde que se creó el euro. El peligro ahora es de fraccionamiento de las fuerzas políticas.
Tratando de ocupar algo del espacio a su izquierda, el ex-primer ministro del ND Antonis Samaras prometió en su campaña electoral reducir impuestos, aumentar los gastos sociales e introducir políticas de crecimiento. Movimiento similar realizó el presidente del PASOK, Evangelos Venizelos, prometiendo este último viernes no elevar los impuestos, reducir el IVA de alimentos del 23% al 13%, no recortar las pensiones y los salarios, un programa de privatizaciones, además de inversiones públicas por euros 30.000 millones.
Con los partidos que dieron su consenso al programa de estabilidad y a los recortes presupuestarios imposibilitados de garantizar una mayoría parlamentaria, la cuestión de si Grecia puede seguir en el euro o los griegos preferirían salirse se hace urgente. No es seguro que ante ese panorama los políticos europeos deseen seguir apoyando a Grecia.
Los acreedores de Grecia prácticamente se han resignado a la pérdida del 70% del valor de los títulos de la deuda griega, pero el problema no termina ahí. Grecia seguirá necesitando apoyo internacional y de las autoridades europeas. Esta perspectiva refuerza los argumentos de los que proponen su salida del euro.
Esa posibilidad, sin embargo, parece terrorífica. Supondría una gigantesca ponderación y puesta en cuestión de todos los valores y títulos de cualquier clase en manos públicas y privadas, parta ser denominados en dracmas. Como ocurrió en Argentina a principios de los 2000, de esta conmoción saldrían unos con las manos llenas y otros completamente arruinados.
Otros no lo ven tan dramático: al fin y al cabo, la mayor parte de las pérdidas serían para el Banco Central Europeo, que ya ha desembolsado los rescates.
De las dos monedas al aire que los votantes europeos arrojarán en sus respectivas elecciones el domingo día 6, el resultado francés es el más decisivo para Europa. El griego, el más ilustrativo de las cosas que pueden venir cuando el poder político de una democracia cede ante los intereses creados.

La política del Euro apenas resiste las consultas electorales


Los socialistas europeos contienen la respiración esperando un vuelco a la austeridad
Publicado el miércoles 26 de abril de 2012

Antonio Sánchez-Gijón.– Tres hechos políticos producidos en rápida sucesión han hecho surgir la esperanza en muchos pechos europeos de izquierdas, y los de algunos populistas, de que por fin será posible romper las ataduras de la austeridad que tienen amedrentados a numerosos pueblos de la Unión y la euro-zona. El primero de ellos fue el frenazo aplicado por las elecciones andaluzas del 29 de marzo a la hasta entonces arrolladora derecha política española, y su secuela de la formación de una coalición de izquierdas, formalizada hace dos días, para un gobierno regional entre el partido socialista e Izquierda Unida.
El segundo fue el triunfo (relativo y provisional) del candidato socialista François Hollande, en la reciente primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, humillando al segundo más ferviente portavoz de aquella temida política, el presidente Sarkozy, que en los dos últimos años ha copatrocinado con la canciller alemana Angela Merkel las estrictas políticas fiscales que frenan, inevitablemente, el crecimiento económico, hasta hace poco basado, en parte, en contraer deudas públicas y privadas que están resultado difícilmente reembolsables.
El tercero ha sido la crisis del gobierno de centro-derecha holandés, anunciada el pasado lunes.
Esos tres hechos han hecho subir la fiebre contestataria de la izquierda convencional y la extremista española, con llamadas del PSOE a manifestar el descontento en la calle y con actos de sabotaje (de momento blandos) en el metro de Madrid. No cabe esperar sino que la fiebre reivindicativa contra la austeridad y los recortes presupuestarios se propague por las ciudades españolas, en unos momentos en que los ojos de Europa están puestos en España, como posible próxima ficha del dominó económico a punto de caer.
La esperanza abrigada por la izquierda de capitalizar el descontento europeo puede, sin embargo, ser sólo una ilusión. En la derrota relativa del presidente Sarkozy ha tenido mucho que ver el descontento populista y nacionalista, reflejado en el sorpresivo resultado del Frente Nacional de Marie Le Pen, que ha detraído muchos votos de la derecha que en circunstancias de bonanza económica hubieran ido a Sarkozy. El caso holandés es aún más claro: el gobierno liderado por el liberal Mark Rutte ha caído por haberle retirado la confianza el Partido por la Libertad, de Geert Wilders, antieuropeo y acusado de tendencias xenófobas. Rutte se había distinguido por su exigencia sin concesiones de que los países deficitarios dieran prioridad absoluta a controlar y reducir sus deudas, en detrimento por ahora de cualquier expectativa de expansión y crecimiento. Ha sido precisamente su decisión de aplicarse el cuento lo que ha motivado su caída.
La ruptura del gobierno holandés tuvo su origen en el plan de recortar en euros 14.000 millones el presupuesto del estado,  y pasar del 4,6% del déficit actual al 3% del PIB en un año, medida que también se le exigió a España y que el gobierno del Sr. Rajoy logró dejar en 5,8% en este año y 3% en 2013. Aunque el proyecto de presupuesto holandés debe ser presentado a la Comisión Europea antes del 30 de abril, su aprobación parlamentaria no puede darse por segura en estos momentos. No se espera que las elecciones para un nuevo parlamento puedan celebrarse antes de septiembre. Entretanto, Holanda deberá enfrentarse a una posible erosión de su prestigio como nación solvente, merecedora de una confianza fiscal triple A, aunque ésta se hallase ligeramente debilitada desde que, en 2009, dejó de cumplir el pacto fiscal de la eurozona, de un máximo del 3%.
La izquierda sueña con Hollande
Por su parte, François Hollande ha comenzado a maniobrar hacia el centro socio-económico, sin por ello definirse en exceso respecto al pacto de estabilidad y otras obligaciones dentro de la euro-zona. El manifiesto electoral que acaba de hacer llegar a todos y cada uno de los hogares franceses denuncia la política de Sarkozy: "Durante cinco años habéis sufrido las injusticias y los fracasos: explosión del paro, amputación de vuestro poder adquisitivo, agravación del endeudamiento, abandono de la escuela y del hospital, privilegios para algunos y sacrificios para los demás, aumento de la violencia y olvido de la moral pública".
Cuánto de este argumentario puede ser suscrito por la izquierda española es cuestión debatible, habida cuenta de que la situación en que se encuentra España se ha producido a lo largo de siete años de mandatos socialistas, de que la relativamente escasa violencia ha sido ejercida casi exclusivamente por extremistas de izquierdas y de que el olvido de la moral pública tiene culpables a derecha e izquierda.
Un triunfo de Hollande en Francia, el 6 de mayo, pondría en riesgo los fundamentos de la política económica que se está aplicando ahora en la euro-zona. El problema no es si el nuevo presidente aplicará sus promesas electorales de rebajar la edad de jubilación, mantener la semana laboral de 35 horas y contratar 60.000 profesores, propuestas todas ellas con las que no habría diálogo posible con Angela Merkel. El problema más bien es si estará en condiciones de suscribir el cumplimiento del pacto de estabilidad y renunciar, como ya había hecho Sarkozy tácitamente, a la ampliación del mecanismo europeo de estabilidad y a la utilización del Banco Central Europeo como garante fiscal de los estados miembros. En ese caso, el Hollande presidente correría el riesgo probable de que las agencias de calificación degradasen la calificación de la deuda francesa, con su consiguiente encarecimiento.
Naturalmente, Sarkozy puede renovar su mandato si consigue parte sustancial de los votos de la derecha nacionalista y xenófoba. El primer rasgo inclinaría, paradójicamente, a los votantes del Frente Nacional a apoyar a Hollande, por su defensa a ultranza de los buenos viejos hábitos de beneficios sociales, altos salarios, largas vacaciones y pensiones en plena madurez vital, todo ello tan francés como el croissant. El segundo rasgo, el xenófobo, inclinaría a ese votante a Sarkozy, que ha amagado con restringir  o suspender el Acuerdo Schengen de libre circulación de personas, y se ha erigido en portavoz de la necesidad de que los inmigrantes se identifiquen con la cultura y las costumbres de Francia.
Posible conjunción fatal de acontecimientos políticos
El 6 de mayo, fecha de la segunda vuelta de la presidencial francesa, coincide con las elecciones parlamentarias de Grecia. Si el resultado es adverso a la actual coalición de gobierno, que está aplicando las férreas medidas de ajuste impuestas por Bruselas y Berlín, la deslegitimación de la política de austeridad en la zona euro se agravaría. En estos momentos seis países al menos se hallan en recesión: Grecia, Italia, España, Bélgica, Holanda y la República Checa, y sólo tres tienen asegurada la triple A: Alemania, Luxemburgo y Finlandia.
La conjunción de un triunfo de Hollande, una derrota del gobierno griego y la imposibilidad de sacar adelante el presupuesto holandés daría aliento y ánimos a todas las fuerzas de izquierda, ansiosas por dar un fuerte correctivo a la política económica vigente en Europa. Los efectos se verían en España en el crecimiento de la contestación social y tensiones con algunas autonomías, particularmente Cataluña, que reclamaría más imperiosamente el pago de la deuda que alega, y Andalucía, con el desahogado programa de gobierno de la nueva junta, que promete la creación de un banco público, la renta básica para todas las familias, un Instituto de Crédito Oficial con euros 1.500 millones, impuesto sobre actividades bancarias y, cómo no, la creación de empleo público.