Las presidenciales galas y las
legislativas griegas del 6 de mayo, vitales para el futuro de la EurozonaPublicado el
lunes 30 de abril de 2012
Antonio Sánchez-Gijón.– Menos espectacular que la
elección presidencial francesa del próximo domingo, 6 de mayo, la elección del
nuevo Parlamento griego en el mismo día no es menos trascendente para la suerte
futura del euro y, a la postre, de la Eurozona y de la Unión Europea. En
Francia, las fuerzas que apoyan las actuales políticas de austeridad y
contención fiscal aún tienen alguna posibilidad de ganar la consulta. Esas
mismas fuerzas se dan ya por derrotadas en Grecia. El Gobierno presidido por el
"tecnócrata" Lucas Papademos se formó con el consentimiento de los
dos partidos hegemónicos de la escena política griega, el Movimiento
Panhelénico Socialista (PASOK) y el conservador Nueva Democracia (ND). No se
espera que esos dos partidos, separados o unidos, puedan garantizar la mayoría
necesaria para formar gobierno.
A Grecia le aguarda un periodo de turbulencias
políticas, y posiblemente también un cambio de época, tras la crisis de su
actual sistema político, basado en la alternancia de dos partidos patriarcales
que han dominado la vida política griega por decenios. Fueron los Papandreus y
los Karamanlís. Entre los dos, siempre garantizaron un control de
aproximadamente el 80% de los escaños parlamentarios
Hoy las encuestas les dan un control agregado del 40%
(18% PASOK y 22% ND). Se prevé que sean 10 los partidos políticos que superen
el límite del 3% de los votos para poder acceder al parlamento. Desde este sólo
punto de vista la gobernabilidad de Grecia no está asegurada, por lo menos
hasta que se negocie una nueva mayoría, lo que podría significar serias
revisiones del paquete de medidas económicas ya acordadas con Bruselas, con el
consiguiente paso del tiempo.
La cosa se complicaría si los grupos de extrema
izquierda se hacen con una minoría de bloqueo. Un mínimo de estabilidad podría
asegurarse con una coalición ND-PASOK, pero aún haría falta algún otro socio.
Un posible candidato podría ser (si entra en el parlamento) la Alianza
Democrática, escindida en noviembre de 2010 de la ND, como reacción contra las
tendencias estatistas características de este partido conservador y por ser uno
de los dos responsables de haber llevado al país al borde de la quiebra.
Esta quiebra es tanto económica como política. Un
análisis devastador del origen de la crisis griega fue ofrecida recientemente
por el profesor emérito de economía de la universidad de Atenas, Georgios
Bitros: según su análisis, el antiguo líder de ND y primer ministro,
Constantino Karamanlís, consagró "una forma peligrosa de estatismo"
en la constitución de 1975, que supuso desde el principio una barrera a la
iniciativa privada. Bajo su espíritu se nacionalizaron compañías marítimas,
fábricas y conglomerados bancarios. Después, "el PASOK de Andreas
Papandreu destruyó gran parte de la base industrial de Grecia durante su reinado
en los años 80". Resumiendo su juicio sobre la historia reciente de
Grecia, Bitros sentenció: "ambos (los partidos hegemónicos) son siervos
incorregibles de un estatismo clientelar y totalmente corrompido, incapaz
de llevar a cabo las reformas estructurales necesarias para la recuperación
económica"
Los pronósticos anuncian un encogimiento de la
economía griega del 5% en 2012. Es su quinto año de recesión. El Instituto de
Estadística anunció la pasada semana que el déficit estatal en 2011 fue de euros
19.600 millones, o 9,1% del PIB, El desempleo alcanza el 25%. Una buena parte
de la población se halla en situación extrema, si no desesperada. No sólo la
población: las compañías eléctricas, que debían incluir en sus facturas los
recibos de la propiedad inmobiliaria de los consumidores, dejaron de recaudar
euros 1.700 millones en 2011. El gobierno acaba de decidir ayudas a las
eléctricas con 250 millones de emergencia. Desde septiembre del 2009, los
depósitos bancarios privados y empresariales en la banca griega se han reducido
un 27%.
¿Se ha resignado Europa a que Grecia salga del euro?
Todo esto ilustra el colapso de los acomodaticios
consensos políticos que han permitido a Grecia vivir por encima de sus medios
desde que se creó el euro. El peligro ahora es de fraccionamiento de las
fuerzas políticas.
Tratando de ocupar algo del espacio a su izquierda, el
ex-primer ministro del ND Antonis Samaras prometió en su campaña electoral
reducir impuestos, aumentar los gastos sociales e introducir políticas de crecimiento.
Movimiento similar realizó el presidente del PASOK, Evangelos Venizelos,
prometiendo este último viernes no elevar los impuestos, reducir el IVA de
alimentos del 23% al 13%, no recortar las pensiones y los salarios, un programa
de privatizaciones, además de inversiones públicas por euros 30.000 millones.
Con los partidos que dieron su consenso al programa de
estabilidad y a los recortes presupuestarios imposibilitados de garantizar una
mayoría parlamentaria, la cuestión de si Grecia puede seguir en el euro o los
griegos preferirían salirse se hace urgente. No es seguro que ante ese panorama
los políticos europeos deseen seguir apoyando a Grecia.
Los acreedores de Grecia prácticamente se han
resignado a la pérdida del 70% del valor de los títulos de la deuda griega,
pero el problema no termina ahí. Grecia seguirá necesitando apoyo internacional
y de las autoridades europeas. Esta perspectiva refuerza los argumentos de los
que proponen su salida del euro.
Esa posibilidad, sin embargo, parece terrorífica.
Supondría una gigantesca ponderación y puesta en cuestión de todos los valores
y títulos de cualquier clase en manos públicas y privadas, parta ser
denominados en dracmas. Como ocurrió en Argentina a principios de los 2000, de
esta conmoción saldrían unos con las manos llenas y otros completamente
arruinados.
Otros no lo ven tan dramático: al fin y al cabo, la
mayor parte de las pérdidas serían para el Banco Central Europeo, que ya ha
desembolsado los rescates.
De las dos monedas al aire que los votantes europeos
arrojarán en sus respectivas elecciones el domingo día 6, el resultado francés
es el más decisivo para Europa. El griego, el más ilustrativo de las cosas que
pueden venir cuando el poder político de una democracia cede ante los intereses
creados.
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