Publicado el
jueves 5 de abril de 2012 en Capital Madrid
Antonio Sánchez-Gijón.– El gasto en Defensa para 2012
previsto en los nuevos presupuestos del Estado se reduce a 6.316 millones de
euros, 861 millones menos que en 2011 (un recorte del 8,8%). En términos de
PIB, los gastos de defensa de España se sitúan a la cola de los países de la
Unión Europea y de la OTAN, aunque tanto en una como en otra se observa un
declive generalizado de los gastos de defensa. Entre 2006 y 2010, los gastos de
defensa de los 26 países de la Unión, según la Agencia Europea de Defensa,
pasaron del 1,78% del PIB agregado a 1,61%. En cinco años, los presupuestos
españoles de defensa han pasado del 0,8% del PIB (2007) al 0,61% (2011). La
debilidad del esfuerzo de defensa español se ve agravada por deficiencias
orgánicas y procedimentales que, reconocidas por los gobiernos socialistas, no
encontraron remedio en sus siete años largos de mandato.
Las cifras arriba mencionadas, sin embargo, no
expresan toda la realidad. Gran parte de la adquisición por España de los
sistemas de armas más modernos son sufragados por créditos asumidos por el
ministerio de Industria, que eventualmente serán descontados de los
presupuestos de defensa. De hecho, los vencimientos de los créditos ya están
corriendo contra Defensa para pagar programas internacionales tan voluminosos
como el Eurofighter Typhoon, el barco de proyección estratégica Juan
Carlos I, el avión de trasporte militar A400M, el helicóptero multimisión Tiger,
el misil aire-aire Meteor y el vehículo blindado Scout, así como los
programas "nacionales" para el submarino S-80 y varios buques de
acción marítima BAM, éstos últimos por 2.000 millones y 2.400 millones de
euros, respectivamente.
La mayor parte de estos grandes programas fueron
lanzados por los gobiernos del Partido Popular. Durante los gobiernos
socialistas la balanza del gasto se fue desequilibrando por un aumento del
gasto de personal, hasta alcanzar los dos tercios del total de hoy día. Durante
los mandatos de Rodríguez Zapatero se ordenó la adquisición del nuevo vehículo
de infantería 8x8, así como los BAM. El actual ministro, como también hizo la
anterior, Carmen Chacón, lucha por escalonar el pago de los sistemas de armas
nuevos. Con un costo previsto en 2011 por euros 26.000 millones, puede alcanzar
33.000 millones o más hasta 2025. De una forma o de otra, esas cantidades
contribuyen a abultar el déficit público.
Sostener la arquitectura de la defensa
España se encontrará pronto en la paradójica situación
de poseer sistemas de armas avanzados en relativa abundancia, pero ser incapaz
de darles a todos empleo operativo, por dos razones: 1) porque la
interoperatividad con otras fuerzas armadas (se supone que las acciones
unilaterales de España no son muy probables) es un proceso militar costoso en
términos de materiales de nueva generación y entrenamiento; y 2) las fuerzas
armadas aliadas están básicamente organizadas de acuerdo con sus doctrinas de
empleo nacionales.
El ministro Pedro Morenés busca "sostener una
arquitectura de defensa", que obligará a revisar todos los problemas de
seguridad. Uno de sus propósitos es "tender hacia lo que tienden otras
(naciones): un tamaño razonable, enorme flexibilidad y capacidad
combinada" (declaración a El Mundo, 25 de febrero 2012). En esa revisión
se incluye "qué número de soldados precisamos" (declaraciones a La
Vanguardia, 11 de marzo 2012). Fuentes de la de Defensa informan de que entre
2010 y 2013 el número de tropa y marinería se habrá reducido en 6.000
efectivos: de 86.000 a 80.000. Será difícil, no obstante, reducir el número de
mandos intermedios (unos 50.000) pues son los depositarios de la experiencia
operativa que permite interactuar con otras fuerzas armadas en misiones
internacionales.
Aunque el PSOE echa la culpa del déficit
presupuestario de Defensa a la audaz modernización dispuesta por los gobiernos
del PP, el anterior ministerio tuvo el rasgo de poner negro sobre blanco, en un
documento interno, serias debilidades "en la gestión de los programas, que
propicia que los contratistas adquieran un excesivo poder". El informe
reconoce que (por el ministerio) "No se ejerce un control riguroso, siendo
habituales los retrasos y los sobrecostes, sin que esa dinámica implique exigencias
de responsabilidad y depuración de la misma". Será interesante escuchar al
nuevo ministro explicar qué se propone hacer después de este sorprendente
reconocimiento (2011), en su próxima comparecencia parlamentaria.
La importancia de la contribución española a la
defensa común aumenta, sin embargo, si se mira desde un punto de vista
geopolítico. Como observa el Jane's Defence Weekly, España es "un
portaviones entre el Mediterráneo y el Atlántico", que se proyecta también
sobre los países del norte de África. En este espacio España contribuye con la
concesión de una base en Rota al sistema antimisiles desplegado por Estados
Unidos, junto con las fragatas españolas aptas para el sistema defensivo Aegis.
Las misiones asumidas por España junto a las fuerzas
aliadas o comunitarias son de baja intensidad. El material moderno contratado
no se emplea en el nivel alto de las operaciones militares conjuntas o
combinadas. En la misión de Libia no se utilizó el material de ataque, en la de
Afganistán no se asumen tareas de combate. Las fuerzas destacadas en Líbano
cumplen una misión casi puramente presencial. En las costas y mares de Somalia
nuestras fuerzas navales cumplen una misión policial. A resultas de una
investigación interna, la marina española debe rechazar las acusaciones de
haber ignorado los mensajes de socorro de una embarcación de refugiados libios
que se perdieron en el mar, de los que los mandos navales aseguran no haber
tenido noticia.
Bajas tasas de retorno
La contribución europea a la defensa colectiva ha sido
objeto de severas críticas por parte de algunos aliados y de instituciones
independientes. Especialmente mordiente fueron las del anterior secretario de
Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates, antes de abandonar el cargo,
apuntando a deficiencias en la operación libia en materia de inteligencia,
vigilancia, adquisición de blancos, etc. Un reciente artículo en la revista
"Survival", del International Institute for Strategic Studies,
comienza en estos términos:
"Después de años de intento, Europa no logra
obtener el mejor rendimiento de las importantes cantidades que gasta en
defensa. La experiencia de los 20 últimos años sugiere que los países europeos
continuarán necesitando desplegar fuerzas en un amplio espectro de operaciones,
en tareas muy diversificadas. Sin embargo, el gasto en defensa está en declive
y esa tendencia es poco probable que se frene, a menos que haya un shock
estratégico mayor". El artículo pone de relieve la importancia que tienen
los programas de armamento de los países europeos, a pesar de todos los fallos
de ejecución y administración, para el desarrollo de su industria y de su
tecnología.
La ecuación entre las altas inversiones y las
limitadas prestaciones de la política española de defensa quizás pueda no
saldarse en negativo si introducimos el factor de su contribución neta a la
economía, la industria y la tecnología españolas, generada por los programas de
armamento en curso. Todo el sistema de defensa de un país europeo y aliado
constituye una plataforma de cooperación técnica y profesional de alto nivel,
con proyección sobre la economía y la política nacionales. Una fuente de
experiencias avanzadas, como ninguna otra en el mundo industrial. Evaluar esos
inputs es una tarea que hasta ahora ha rebasado la capacidad de atención de la
clase política, y de la capacidad de la administración para auditar su propia
capacidad y cualificación. Tarea pendiente.
El artículo mencionado se titula The struggle for Value in European
Defence, y sus autores son Bastian Giegerich, del Instituto de la Bundeswehr
para las Ciencias Sociales y "fellow" del IISS, y Alexander Nicoll,
director editorial del Strategic Survey, del IISS. Survival,
febrero-marzo 2012.
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