martes, 15 de mayo de 2012

El recorte presupuestario de Rajoy deja en el aire programas decisivos en Defensa


Publicado el jueves 5 de abril de 2012 en Capital Madrid

Antonio Sánchez-Gijón.– El gasto en Defensa para 2012 previsto en los nuevos presupuestos del Estado se reduce a 6.316 millones de euros, 861 millones menos que en 2011 (un recorte del 8,8%). En términos de PIB, los gastos de defensa de España se sitúan a la cola de los países de la Unión Europea y de la OTAN, aunque tanto en una como en otra se observa un declive generalizado de los gastos de defensa. Entre 2006 y 2010, los gastos de defensa de los 26 países de la Unión, según la Agencia Europea de Defensa, pasaron del 1,78% del PIB agregado a 1,61%. En cinco años, los presupuestos españoles de defensa han pasado del 0,8% del PIB (2007) al 0,61% (2011). La debilidad del esfuerzo de defensa español se ve agravada por deficiencias orgánicas y procedimentales que, reconocidas por los gobiernos socialistas, no encontraron remedio en sus siete años largos de mandato.
Las cifras arriba mencionadas, sin embargo, no expresan toda la realidad. Gran parte de la adquisición por España de los sistemas de armas más modernos son sufragados por créditos asumidos por el ministerio de Industria, que eventualmente serán descontados de los presupuestos de defensa. De hecho, los vencimientos de los créditos ya están corriendo contra Defensa para pagar programas internacionales tan voluminosos como el Eurofighter Typhoon, el barco de proyección estratégica Juan Carlos I, el avión de trasporte militar A400M, el helicóptero multimisión Tiger, el misil aire-aire Meteor y el vehículo blindado Scout, así como los programas "nacionales" para el submarino S-80 y varios buques de acción marítima BAM, éstos últimos por 2.000 millones y 2.400 millones de euros, respectivamente.
La mayor parte de estos grandes programas fueron lanzados por los gobiernos del Partido Popular. Durante los gobiernos socialistas la balanza del gasto se fue desequilibrando por un aumento del gasto de personal, hasta alcanzar los dos tercios del total de hoy día. Durante los mandatos de Rodríguez Zapatero se ordenó la adquisición del nuevo vehículo de infantería 8x8, así como los BAM. El actual ministro, como también hizo la anterior, Carmen Chacón, lucha por escalonar el pago de los sistemas de armas nuevos. Con un costo previsto en 2011 por euros 26.000 millones, puede alcanzar 33.000 millones o más hasta 2025. De una forma o de otra, esas cantidades contribuyen a abultar el déficit público.
Sostener la arquitectura de la defensa
España se encontrará pronto en la paradójica situación de poseer sistemas de armas avanzados en relativa abundancia, pero ser incapaz de darles a todos empleo operativo, por dos razones: 1) porque la interoperatividad con otras fuerzas armadas (se supone que las acciones unilaterales de España no son muy probables) es un proceso militar costoso en términos de materiales de nueva generación y entrenamiento; y 2) las fuerzas armadas aliadas están básicamente organizadas de acuerdo con sus doctrinas de empleo nacionales.
El ministro Pedro Morenés busca "sostener una arquitectura de defensa", que obligará a revisar todos los problemas de seguridad. Uno de sus propósitos es "tender hacia lo que tienden otras (naciones): un tamaño razonable, enorme flexibilidad y capacidad combinada" (declaración a El Mundo, 25 de febrero 2012). En esa revisión se incluye "qué número de soldados precisamos" (declaraciones a La Vanguardia, 11 de marzo 2012). Fuentes de la de Defensa informan de que entre 2010 y 2013 el número de tropa y marinería se habrá reducido en 6.000 efectivos: de 86.000 a 80.000. Será difícil, no obstante, reducir el número de mandos intermedios (unos 50.000) pues son los depositarios de la experiencia operativa que permite interactuar con otras fuerzas armadas en misiones internacionales.
Aunque el PSOE echa la culpa del déficit presupuestario de Defensa a la audaz modernización dispuesta por los gobiernos del PP, el anterior ministerio tuvo el rasgo de poner negro sobre blanco, en un documento interno, serias debilidades "en la gestión de los programas, que propicia que los contratistas adquieran un excesivo poder". El informe reconoce que (por el ministerio) "No se ejerce un control riguroso, siendo habituales los retrasos y los sobrecostes, sin que esa dinámica implique exigencias de responsabilidad y depuración de la misma". Será interesante escuchar al nuevo ministro explicar qué se propone hacer después de este sorprendente reconocimiento (2011), en su próxima comparecencia parlamentaria.
La importancia de la contribución española a la defensa común aumenta, sin embargo, si se mira desde un punto de vista geopolítico. Como observa el Jane's Defence Weekly, España es "un portaviones entre el Mediterráneo y el Atlántico", que se proyecta también sobre los países del norte de África. En este espacio España contribuye con la concesión de una base en Rota al sistema antimisiles desplegado por Estados Unidos, junto con las fragatas españolas aptas para el sistema defensivo Aegis.
Las misiones asumidas por España junto a las fuerzas aliadas o comunitarias son de baja intensidad. El material moderno contratado no se emplea en el nivel alto de las operaciones militares conjuntas o combinadas. En la misión de Libia no se utilizó el material de ataque, en la de Afganistán no se asumen tareas de combate. Las fuerzas destacadas en Líbano cumplen una misión casi puramente presencial. En las costas y mares de Somalia nuestras fuerzas navales cumplen una misión policial. A resultas de una investigación interna, la marina española debe rechazar las acusaciones de haber ignorado los mensajes de socorro de una embarcación de refugiados libios que se perdieron en el mar, de los que los mandos navales aseguran no haber tenido noticia.
Bajas tasas de retorno
La contribución europea a la defensa colectiva ha sido objeto de severas críticas por parte de algunos aliados y de instituciones independientes. Especialmente mordiente fueron las del anterior secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates, antes de abandonar el cargo, apuntando a deficiencias en la operación libia en materia de inteligencia, vigilancia, adquisición de blancos, etc. Un reciente artículo en la revista "Survival", del International Institute for Strategic Studies, comienza en estos términos:
"Después de años de intento, Europa no logra obtener el mejor rendimiento de las importantes cantidades que gasta en defensa. La experiencia de los 20 últimos años sugiere que los países europeos continuarán necesitando desplegar fuerzas en un amplio espectro de operaciones, en tareas muy diversificadas. Sin embargo, el gasto en defensa está en declive y esa tendencia es poco probable que se frene, a menos que haya un shock estratégico mayor". El artículo pone de relieve la importancia que tienen los programas de armamento de los países europeos, a pesar de todos los fallos de ejecución y administración, para el desarrollo de su industria y de su tecnología.
La ecuación entre las altas inversiones y las limitadas prestaciones de la política española de defensa quizás pueda no saldarse en negativo si introducimos el factor de su contribución neta a la economía, la industria y la tecnología españolas, generada por los programas de armamento en curso. Todo el sistema de defensa de un país europeo y aliado constituye una plataforma de cooperación técnica y profesional de alto nivel, con proyección sobre la economía y la política nacionales. Una fuente de experiencias avanzadas, como ninguna otra en el mundo industrial. Evaluar esos inputs es una tarea que hasta ahora ha rebasado la capacidad de atención de la clase política, y de la capacidad de la administración para auditar su propia capacidad y cualificación. Tarea pendiente.
El artículo mencionado se titula The struggle for Value in European Defence, y sus autores son Bastian Giegerich, del Instituto de la Bundeswehr para las Ciencias Sociales y "fellow" del IISS, y Alexander Nicoll, director editorial del Strategic Survey, del IISS. Survival, febrero-marzo 2012.

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