martes, 15 de mayo de 2012

La política del Euro apenas resiste las consultas electorales


Los socialistas europeos contienen la respiración esperando un vuelco a la austeridad
Publicado el miércoles 26 de abril de 2012

Antonio Sánchez-Gijón.– Tres hechos políticos producidos en rápida sucesión han hecho surgir la esperanza en muchos pechos europeos de izquierdas, y los de algunos populistas, de que por fin será posible romper las ataduras de la austeridad que tienen amedrentados a numerosos pueblos de la Unión y la euro-zona. El primero de ellos fue el frenazo aplicado por las elecciones andaluzas del 29 de marzo a la hasta entonces arrolladora derecha política española, y su secuela de la formación de una coalición de izquierdas, formalizada hace dos días, para un gobierno regional entre el partido socialista e Izquierda Unida.
El segundo fue el triunfo (relativo y provisional) del candidato socialista François Hollande, en la reciente primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, humillando al segundo más ferviente portavoz de aquella temida política, el presidente Sarkozy, que en los dos últimos años ha copatrocinado con la canciller alemana Angela Merkel las estrictas políticas fiscales que frenan, inevitablemente, el crecimiento económico, hasta hace poco basado, en parte, en contraer deudas públicas y privadas que están resultado difícilmente reembolsables.
El tercero ha sido la crisis del gobierno de centro-derecha holandés, anunciada el pasado lunes.
Esos tres hechos han hecho subir la fiebre contestataria de la izquierda convencional y la extremista española, con llamadas del PSOE a manifestar el descontento en la calle y con actos de sabotaje (de momento blandos) en el metro de Madrid. No cabe esperar sino que la fiebre reivindicativa contra la austeridad y los recortes presupuestarios se propague por las ciudades españolas, en unos momentos en que los ojos de Europa están puestos en España, como posible próxima ficha del dominó económico a punto de caer.
La esperanza abrigada por la izquierda de capitalizar el descontento europeo puede, sin embargo, ser sólo una ilusión. En la derrota relativa del presidente Sarkozy ha tenido mucho que ver el descontento populista y nacionalista, reflejado en el sorpresivo resultado del Frente Nacional de Marie Le Pen, que ha detraído muchos votos de la derecha que en circunstancias de bonanza económica hubieran ido a Sarkozy. El caso holandés es aún más claro: el gobierno liderado por el liberal Mark Rutte ha caído por haberle retirado la confianza el Partido por la Libertad, de Geert Wilders, antieuropeo y acusado de tendencias xenófobas. Rutte se había distinguido por su exigencia sin concesiones de que los países deficitarios dieran prioridad absoluta a controlar y reducir sus deudas, en detrimento por ahora de cualquier expectativa de expansión y crecimiento. Ha sido precisamente su decisión de aplicarse el cuento lo que ha motivado su caída.
La ruptura del gobierno holandés tuvo su origen en el plan de recortar en euros 14.000 millones el presupuesto del estado,  y pasar del 4,6% del déficit actual al 3% del PIB en un año, medida que también se le exigió a España y que el gobierno del Sr. Rajoy logró dejar en 5,8% en este año y 3% en 2013. Aunque el proyecto de presupuesto holandés debe ser presentado a la Comisión Europea antes del 30 de abril, su aprobación parlamentaria no puede darse por segura en estos momentos. No se espera que las elecciones para un nuevo parlamento puedan celebrarse antes de septiembre. Entretanto, Holanda deberá enfrentarse a una posible erosión de su prestigio como nación solvente, merecedora de una confianza fiscal triple A, aunque ésta se hallase ligeramente debilitada desde que, en 2009, dejó de cumplir el pacto fiscal de la eurozona, de un máximo del 3%.
La izquierda sueña con Hollande
Por su parte, François Hollande ha comenzado a maniobrar hacia el centro socio-económico, sin por ello definirse en exceso respecto al pacto de estabilidad y otras obligaciones dentro de la euro-zona. El manifiesto electoral que acaba de hacer llegar a todos y cada uno de los hogares franceses denuncia la política de Sarkozy: "Durante cinco años habéis sufrido las injusticias y los fracasos: explosión del paro, amputación de vuestro poder adquisitivo, agravación del endeudamiento, abandono de la escuela y del hospital, privilegios para algunos y sacrificios para los demás, aumento de la violencia y olvido de la moral pública".
Cuánto de este argumentario puede ser suscrito por la izquierda española es cuestión debatible, habida cuenta de que la situación en que se encuentra España se ha producido a lo largo de siete años de mandatos socialistas, de que la relativamente escasa violencia ha sido ejercida casi exclusivamente por extremistas de izquierdas y de que el olvido de la moral pública tiene culpables a derecha e izquierda.
Un triunfo de Hollande en Francia, el 6 de mayo, pondría en riesgo los fundamentos de la política económica que se está aplicando ahora en la euro-zona. El problema no es si el nuevo presidente aplicará sus promesas electorales de rebajar la edad de jubilación, mantener la semana laboral de 35 horas y contratar 60.000 profesores, propuestas todas ellas con las que no habría diálogo posible con Angela Merkel. El problema más bien es si estará en condiciones de suscribir el cumplimiento del pacto de estabilidad y renunciar, como ya había hecho Sarkozy tácitamente, a la ampliación del mecanismo europeo de estabilidad y a la utilización del Banco Central Europeo como garante fiscal de los estados miembros. En ese caso, el Hollande presidente correría el riesgo probable de que las agencias de calificación degradasen la calificación de la deuda francesa, con su consiguiente encarecimiento.
Naturalmente, Sarkozy puede renovar su mandato si consigue parte sustancial de los votos de la derecha nacionalista y xenófoba. El primer rasgo inclinaría, paradójicamente, a los votantes del Frente Nacional a apoyar a Hollande, por su defensa a ultranza de los buenos viejos hábitos de beneficios sociales, altos salarios, largas vacaciones y pensiones en plena madurez vital, todo ello tan francés como el croissant. El segundo rasgo, el xenófobo, inclinaría a ese votante a Sarkozy, que ha amagado con restringir  o suspender el Acuerdo Schengen de libre circulación de personas, y se ha erigido en portavoz de la necesidad de que los inmigrantes se identifiquen con la cultura y las costumbres de Francia.
Posible conjunción fatal de acontecimientos políticos
El 6 de mayo, fecha de la segunda vuelta de la presidencial francesa, coincide con las elecciones parlamentarias de Grecia. Si el resultado es adverso a la actual coalición de gobierno, que está aplicando las férreas medidas de ajuste impuestas por Bruselas y Berlín, la deslegitimación de la política de austeridad en la zona euro se agravaría. En estos momentos seis países al menos se hallan en recesión: Grecia, Italia, España, Bélgica, Holanda y la República Checa, y sólo tres tienen asegurada la triple A: Alemania, Luxemburgo y Finlandia.
La conjunción de un triunfo de Hollande, una derrota del gobierno griego y la imposibilidad de sacar adelante el presupuesto holandés daría aliento y ánimos a todas las fuerzas de izquierda, ansiosas por dar un fuerte correctivo a la política económica vigente en Europa. Los efectos se verían en España en el crecimiento de la contestación social y tensiones con algunas autonomías, particularmente Cataluña, que reclamaría más imperiosamente el pago de la deuda que alega, y Andalucía, con el desahogado programa de gobierno de la nueva junta, que promete la creación de un banco público, la renta básica para todas las familias, un Instituto de Crédito Oficial con euros 1.500 millones, impuesto sobre actividades bancarias y, cómo no, la creación de empleo público.

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