lunes, 8 de abril de 2013

Los laberintos de Cataluña y Escocia


Los gobiernos de Londres y Madrid tienen otras prioridades
Publicado el lunes 8 de abril de 2013 en Capital Madrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.– Las posibles salidas a las dos crisis de secesión más candentes dentro de la Unión Europea, la de Cataluña en España y la de Escocia en el Reino Unido, se hallan de momento metidas en laberintos de difícil salida, debido a la confusión mental producida por el choque de las respectivas opiniones independentistas, catalana o escocesa, con la dura realidad de la crisis económica y el desconcierto europeo.
Mientras la unidad supraestatal europea por excelencia, la UE, y su institución política de cabecera, el Consejo Europeo, no dan la sensación de saber o querer ejercer el liderazgo necesario para mantener la fe en el proyecto común, las unidades subestatales, esto es, los gobiernos autonómicos de Edimburgo y Barcelona, y las opiniones públicas con que éstos deben confrontarse, se hallan ante la amarga realidad de que las pretensiones secesionistas de aquéllos no logran imponerse como agenda prioritaria del Reino Unido o de España.
La agenda prioritaria a todos los niveles, en Europa, es la crisis, y para los gobiernos de Londres y Madrid no hay en sus agendas cosa más importante que la misma crisis. Sus gobiernos tienen las competencias y recursos suficientes para aplacar las reivindicaciones nacionalistas con concesiones compatibles con el catálogo de soluciones a la crisis, pero esas concesiones sólo pueden ser, o no muy significativas, o incluso marginales, permaneciendo ambos gobiernos en condiciones de frustrar las reivindicaciones más extremas, como son sus respectivos proyectos independentistas. En este intento contarán con la ayuda activa o subconsciente del instinto de conservación de las opiniones y de los públicos respectivos.
De vuelta al pacto fiscal
Estas reflexiones vienen suscitadas, en cuanto a Cataluña, por la "hipótesis" que el Centre d'Estudis d'Opinió ha elaborado a partir de los resultados de las últimas elecciones autonómicas, cruzados con el último barómetro del propio CEO ("La Vanguardia", 7 de abril). Combinando ese doble juego de consultas, resulta que la opinión se inclina en un 49,7% por la independencia, pero un 71,8% se inclina por el pacto fiscal con el estado. Esto es, por la no independencia.
Cuestión aparte es si el pacto fiscal con Cataluña es viable o no, dado el peligro de que otras catorce comunidades autónomas se alcen en armas contra cualquier nuevo privilegio fiscal para una región de España, aparte de los ya logrados por el País Vasco y Navarra. No es probable que el gobierno de Mariano Rajoy pueda sacar adelante semejante supuesto sin una pérdida de muchos de sus apoyos regionales, a pesar de que el partido popular catalán estaría dispuesto a dar un trato fiscal diferenciado a Cataluña, con tal de conservar o mejorar sus señas de identidad catalanas.
Que la ofensiva nacionalista se halla actualmente sujeta a las limitaciones económicas y fiscales del momento se observa en el "impasse" en que parece hallarse el presidente de la Generalidad, Artur Mas, quien hace una semana decía que "la situación financiera es de emergencia y la del autogobierno de supervivencia". Lo que es más significativo, también declaró que el pacto fiscal sigue siendo una opción, cuando hace muy poco insistía en que éste ya no era una alternativa a la independencia.
Esperanzas y espejismos en Escocia
En Escocia las limitaciones tienen características propias. No en balde el soberanismo escocés está sobre la mesa por lo menos desde 2005. Y no es un caso de "soberanitis aguda" como la declarada en Cataluña el 11 de septiembre del pasado año. Los independentistas escoceses tienen sus tareas más adelantadas. Ya han hecho consultas con la Unión Europea, con la OTAN y con los Estados Unidos, por lo menos. Las opiniones recogidas hasta ahora no son favorables a la independencia.
Además, los independentistas han hecho sus cálculos económicos basados en unas expectativas que hoy serían consideradas un peligroso espejismo: la explotación de los hidrocarburos de los mares que rodean Escocia en provecho casi exclusivo.
Veamos algunos de los obstáculos que se alzan frente a la independencia de Escocia.
La posición de la UE frente a este problema es conocida. Tanto el presidente de la Comisión, Durao Barroso, como el del Consejo, van Rompuy, han dejado claro que si Escocia se saliese del Reino Unido debería solicitar su reingreso como estado independiente. En noviembre del pasado año dos altos cargos del partido nacionalista escocés, Jim Sillars y Gordon Wilson, acusaron al "first minister" Alex Salmond de dañar las posibilidades del sí en el referéndum de independencia, previsto para el próximo año, al minusvalorar ante el público los obstáculos previsibles en Europa.
Un consejero jurídico de Salmond, Tom Mullins, profesor de la universidad de Glasgow, sostiene la siguiente teoría: no existe una disposición legal de los tratados que se oponga a que dos partes de un estado miembro que deciden separarse puedan permanecer en la Unión. Esta pretensión, como se habrá notado, es como pretender personarse ante las entidades soberanas del mundo sacándose un duplicado de los instrumentos de legitimidad internacional pertenecientes a otro estado.
Luego están consideraciones más profanas. Las estadísticas del servicio de Gastos e Ingresos del gobierno británico (2011-2012) afirman que la población escocesa goza del 9,3% del gasto público británico, cuando su población representa sólo el 8,3%. También calcula en cinco veces más la contribución que una Escocia independiente debería hacer al presupuesto de la Unión, elevándolo a 550 millones de libras. Salmond tendría difícil excusarse de esta mayor contribución al tesoro de la Unión, pues siempre ha sostenido que una Escocia independiente sería uno de los países más ricos de la Unión, como queriendo dar a entender que no sería una carga como los pobres del Sur.
Una muestra de las limitaciones con que se encontraría Escocia al momento de ejercer su soberanía queda de manifiesto en la voluntad del futuro gobierno de negociar su unión monetaria con el Banco de Inglaterra. Preguntado por qué el Banco de Inglaterra debería garantizar la política monetaria de Escocia, el ministro de Hacienda escocés, John Swinney, adoptó el mismo punto de vista de Salmond con respecto a la UE: el Banco de Inglaterra ya es el banco central de Escocia. Extraña independencia. ¡Quieren seguir compartiendo con otro soberano una institución que es epítome de soberanía!
Dejemos de lado las advertencias de portavoces de grandes empresas instaladas en Escocia contra la independencia (predicciones de Martin Beck, de Capital Economics), y vayamos al punto fuerte (por lo menos hasta hace bien poco) de la racionalidad económica de la separación: el disfrute de las rentas del petróleo y del gas del mar del Norte.
Los hidrocarburos propios reportaron al Reino Unido 10.600 millones de libras en el año fiscal 2011-12. Si esos recursos fueran exclusivos de Escocia, sostiene Salmond, en los cinco primeros años habría un ingreso de 50.000 millones de libras, un bonito fondo de independencia. Ocurre, sin embargo, que su producción ha empezado a declinar y es improbable que se localicen nuevas áreas en aguas escocesas. También está el problema del reparto de las aguas territoriales, precisamente en una zona de gran importancia geopolítica para una potencia naval y militar como el Reino Unido.
Como muestra de que el gobierno independentista escocés está dispuesto a allanarse lo que sea necesario para lograr la independencia está su cambio de posición sobre la OTAN. Hasta hace poco Salmond rechazaba la continuidad de Escocia en la Alianza. En una reciente visita a Nueva York, en la que se encontró, al parecer confidencialmente, con funcionarios del gobierno norteamericano, el "first minister" anunció que había cambiado de política y que Escocia podría continuar en la OTAN con tal de que en su territorio no se almacenase armamento nuclear. Clara alusión a la base de submarinos estratégicos que el Reino Unido tiene en las costas escocesas.
Como se ve, la situación de los independentismos de Europa occidental no sólo es laberíntica, también es todo lo flexible que sea necesario.

España, confundida y en estado de emergencia


Malos modos, corrupción, maniobras políticas, dinero escaso
Publicado el jueves 4 de abril de 2013 en Capital Madrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.– La imagen del desconcierto y congoja en que vive sumido el país la dieron este miércoles los asistentes "de fuera" que acudieron a la inauguración de la planta de Petronor en Vizcaya, la mayor inversión industrial hecha nunca en el País Vasco. El jefe de Gobierno de esta región autónoma, Íñigo Urkullu, y el diputado general José Luis Bilbao, tenían cosas más importantes que hacer, antes que acudir a celebrar esta inversión de 800 millones de euros, la mayor nunca realizada en su propia tierra. No había más que leer los rostros avinagrados del príncipe de Asturias, del ministro de Industria y hasta del propio alcalde de Bilbao en las fotos de la inauguración, publicadas por El Correo, de Álava, como si estuvieran acordándose de los dos aguafiestas.
Casi a la misma hora, el presidente del govern catalán, Artur Mas, declaraba en Barcelona que "la situación financiera (de Cataluña, se sobreentiende) es de emergencia y la del autogobierno de supervivencia", en una comunicación institucional desde el palacio de la Generalidad en Barcelona. Para decir poco más adelante: "está en juego el país, no el govern". Nada menos.
En Madrid, también durante la mañana del miércoles, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, trataba de disipar la sombra de sospecha que recae sobre el gobernante Partido Popular, en torno a su financiación y al "escándalo Bárcenas". "No es verdad que en España haya un estado generalizado de corrupción", aseguró el presidente. Hablaba en la reunión de la junta directiva nacional del partido, que no se reunía desde el verano del pasado año.
Fue muy tranquilizadora la aseveración de Rajoy, porque prácticamente a las mismas horas se daba a conocer que el juez José Castro, que instruye el "caso Noos", metía a la infanta Cristina en la causa que tiene instruida contra su esposo, el duque de Palma, Iñaki Urdangarín. Será ésta la primera vez en muchos siglos que un miembro de la Casa Real sea llamada ante una autoridad judicial; posiblemente desde los reyes visigodos.
Por lo dicho por Rajoy, tampoco debe formar parte del "estado general" la corrupción que se le imputó dos días antes al expresidente de Navarra, Miguel Sanz, así como a un ex alcalde de Pamplona y a un anterior consejero de Economía por cohecho. Ni tampoco debe afligirse el PP por la sombra de sospecha que pueda recaer sobre uno de sus delfines (el presidente de la junta de Galicia, Alberto N. Feijoo) por causa de unas fotos que de momento no son más que paisaje marino.
Ni mucho menos entra (todavía) en el "estado general de corrupción" la veintena de detenciones, realizadas hace pocos días, en relación con el caso de los Expedientes de Regulación de Empleo, de Andalucía, los cuales permitieron malbaratar o regalar cientos de millones de euros bajo la distraída mirada de un anterior presidente de la junta, Manuel Chaves, y de su consejero de Economía y hoy presidente del gobierno andaluz, Manuel Griñán.
Con todo, lo más significativo en términos políticos es lo de Barcelona. Allí se libra la más furiosa batalla por el control de una parte sustancial de los miles de millones de euros que el gobierno de Madrid espera conseguir de Bruselas, como margen para aliviar más desahogadamente en este año la carga del déficit fiscal. Bruselas fijó para este año un déficit máximo del 4,5%, y el gobierno está luchando por que le autoricen 6%. Esa diferencia permitiría disponer de unos €15.000 millones de margen para todas las administraciones; un margen que las autonomías se están disputando para pagar deudas y servicios inexcusables del llamado estado de bienestar, sus bonos más o menos patrióticos, los vencimientos de muchas inversiones disparatadas, etc.
Estacas reivindicativas
Ello da cuenta de la extraordinaria tensión que se vive hoy entre las regiones españolas, cada una de ellas con un historial de agravios que blandir en base a su nivel de riqueza, su desarrollo relativo, su productividad, su desempleo, sus déficits de infraestructuras, la edad media de su población, los olvidos histórico del estado respecto de cada una en particular, y otros infinitos agravios, para cuya insuficiente satisfacción el gobierno de Madrid ha de armar un imposible cubo de Rubik presupuestario.
En cierto modo, todos esos agravios son bienvenidos en un sentido cínico. Ni a Bruselas ni a Berlín les conviene que España se una al grupo de países disfuncionales del sur de Europa, desde Chipre a Lisboa, pasando por Grecia e Italia, todos los cuales, por una razón o por otra, inspiran fuertes inquietudes sobre el futuro de la eurozona. Por lo menos España tiene un gobierno estable y sus estructuras políticas no están aún desafiadas por partidos antisistema, ni la violencia callejera se ha desbordado, aunque cada vez son más los que lo intentan. Siquiera sea por evitar que el flanco sur del euro caiga al completo, habrá lenitivo fiscal para España.
La estaca reivindicativa más gruesa, como es sabido, la viene blandiendo desde hace meses Cataluña. El gobierno catalán debe recortar €4.400 millones de gastos para cumplir el objetivo marcado por el gobierno, y desea elevar el déficit autorizado del 0,7% al 2%, lo que reduciría sus recortes para este año a €1.800 millones.
Para lograrlo debe dar algo a cambio al gobierno de Madrid, y lo que quiere el gobierno de Madrid a cambio es debilitar la alianza soberanista de Convergencia con Esquerra Republicana, con el objeto de posponer el momento del desafío soberanista por medio de un referéndum. Madrid no espera desde luego que la consulta o plebiscito se cancele, sino que la situación económica mejore sustancialmente para hacer frente al desafío con mayor respaldo de la opinión catalana.
De los cinco objetivos de su gobierno, señalados este miércoles por Artur Mas en su comparecencia, tres dependen de modo crítico de la actitud que adopte el gobierno de Madrid respecto de las finanzas catalanas: estabilización de las finanzas públicas, recuperación económica y del mercado de trabajo, y preservar el edificio del estado de bienestar. Los otros dos (la calidad de la democracia catalana y la transición hacia el derecho a decidir) son enteramente de resolución autóctona.
Su larga comunicación estuvo subrayada, repetidamente, por la necesidad de diálogo con el gobierno central. El pacto fiscal, cuyo rechazo por Madrid fue la excusa para el salto soberanista, ha vuelto a escena: "no ha dejado de existir", aunque se sitúa "en el marco del derecho a decidir", aseguró en su comparecencia Artur Mas.
En realidad, Mas es consciente del límite de su capacidad de presión sobre Madrid. Más presión requeriría acudir a las prácticas contestatarias de Esquerra, lo que debilitaría un gobierno formado esencialmente por fuerzas burguesas. Para protegerse por este flanco, el president volvió a ofrecer a ERC entrar en el govern, y sobre esto, aseguró, "continuaré insistiendo". Esta es su forma de advertir a Madrid que, a pesar del diálogo, no dudará en mostrarse maximalista si el guion lo requiere.
En fin, que ha sido un comienzo de mes interesante. Por arriba, todo agitado, turbio y antipático; por abajo, lleno de intriga, sobreentendidos y acechanzas.

Italia evita de nuevo el precipicio


Gracias a una iniciativa del presidente Napolitano y los auspicios del BCE
Publicado el lunes 1 de abril de 2013 en Capital Madrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.– Italia, una vez más, ha fracasado en su intento de salir de su crisis institucional. Y otra vez más se ha salvado del precipicio por los pelos. El tirón hacia atrás se lo han dado dos manos italianas: una desde Francfort y otra desde Roma. Este es el guión del film.
Italia está sin gobierno desde hace un mes. Las elecciones generales no produjeron una clara mayoría, y era necesario un gobierno de coalición. El presidente Giorgio Napolitano termina su mandato a mediados de abril. Previo a las elecciones, Napolitano había anunciado su propósito de dimitir el 2 de abril para que su sucesor en el Quirinal fuese el encargado de investir el nuevo gobierno que saliese elegido por las cámaras.
Las cámaras han sido incapaces de formar un gobierno entre las tres facciones políticas dominantes: el Partido Democrático (PD) de Luigi Bersani, el Pueblo de la Libertad (PdL) de Silvio Berlusconi y el Movimiento Cinque Stelle (M5S), inspirado por el actor Beppe Grillo. Barsani, vencedor en la cámara de diputados, no tiene el apoyo del senado. El PD se niega a la coalición de gobierno con el PdL, y viceversa, y el M5S se declara incompatible con el PD y con el PdL. La gobernación del país sigue en manos de un gobierno interino y sin apoyo político, presidido por el también dimisionario Mario Monti.
En esas circunstancias, ¿qué clase de país sería una Italia sin gobierno y sin presidente a un mismo tiempo? ¿Quién hará frente en Roma a la resaca de la crisis chipriota? ¿Cómo reaccionarán los mercados al bloqueo de la situación política italiana una vez que retornen a la actividad después del receso de Semana Santa?
El guion dice que quien quizás sea el italiano más influyente del mundo, el gobernador del Banco Central Europeo, Mario Draghi, intervino para sacar a Italia del dédalo en que estaba metida. Seguramente las cosas no son tan lineales como las relatan los medios de comunicación italianos, pero su lógica es igual de dramática. Draghi telefoneó el 30 de marzo a Napolitano y le convenció de que su salida de la presidencia, sin haberse resuelto el problema del gobierno, representaba un contratiempo de resultados impredecibles, y se crearía alarma en las cancillerías europeas, que dudarían de la capacidad de Italia de regirse por la normalidad democrática, aún en unos tiempos económicamente tan agitados como los actuales.
Ni tiempo ni oxígeno
El sucesor de Napolitano, ante la imposibilidad de investir al nuevo gobierno, se vería obligado a convocar elecciones. Y con las elecciones, nueva tormenta fiduciaria sobre el país, ya que la debilidad del cuerpo político italiano invitaría al contagio de la crisis chipriota. En opinión del presidente de Confindustria, la patronal italiana, Giorgio Squinzi, "estamos a las últimas, no hay ni tiempo ni oxígeno".
Napolitano respondió a la demanda de Draghi. Y de mucha otra gente sensata, por supuesto. El presidente se dirigió, el 30 de marzo, a los ciudadanos con una declaración en que puso énfasis en "la gravedad y urgencia de los problemas del país". Confirmó que Monti seguía al frente del ejecutivo; y añadió: "El gobierno debe adoptar medidas urgentes para la economía, de acuerdo con la Unión Europea". Angustiadamente confesó "las dificultades con las que me enfrento para reafirmar mi confianza en la posibilidad de una superación responsable de la situación por la que Italia está atravesando".
Lo que ofreció, sin embargo, no es sino un senderillo que aleja a Italia del precipicio sólo unos metros: el presidente convocó y formó una comisión de diez consejeros con el encargo de formular una propuesta de bases políticas que deben inspirar al gobierno que se forme, y sobre las que todas las fuerzas puedan estar de acuerdo.
Se trata de dos "grupos de sabios", según la expresión de Napolitano, que deben presentar "propuestas programáticas precisas que puedan ser compartidas, sobre temas de carácter económico e institucional". Las propuestas más ansiadas serán las de carácter institucional. Con la actual ley electoral, el presidente del consejo elegido por la cámara de diputados puede ser rechazado por el senado.
Bersani ha empleado casi un mes en negociaciones infructuosas para formar gobierno, tratando de sacar provecho al estrechísimo margen de apoyo electoral obtenido por el PD sobre la coalición de centro derecha (0,4%). Sin embargo, la mayoría de sus diputados son opuestos a una alianza con el partido de Berlusconi. Este no es el hombre para estos tiempos: todos sospechan que formar un gobierno con el PdL significa mistificar cualquier reforma económica o política prometida en las elecciones.
El momento de la antipolítica
El M5S se preocupa más de la pureza de su programa antisistema que de las amenazas a la prima de riesgo italiana sobre una deuda de dos billones de euros. El movimiento no quiere actuar como un partido, y declara querer cambiar el sistema. Grillo es incluso más preciso: "Queremos destruirlo todo" (las estructuras políticas, claro), según declaró la pasada semana a la BBC. Y prometió redención para los hábitos políticos italianos en veinte o treinta años, aunque para ahora mismo ofreció más redes de protección social.
Su comportamiento en la elección del presidente del senado fue totalmente antipolítico: Bersani había propuesto un candidato irreprochable por su integridad, pero los líderes del movimiento ordenaron votar en blanco. Sólo la desobediencia de 12 senadores, que votaron al candidato de la izquierda, impidió que la presidencia cayera en la persona de un berlusconiano. El nuevo presidente del senado, Pietro Grasso, ve en Napolitano "la garantía de estabilidad de las instituciones, para los ciudadanos y para los mercados". La única de momento, quizás se le olvidó decir.
No muy diferentes eran los elogios que se dirigían a Mario Monti cuando fue elegido, hace más de un año, jefe del gobierno de gestión tecnocrática que salvó a Italia por los pelos del ataque de los mercados.

El liderazgo alemán, cuestionado


La crisis de Chipre, una chapuza sin paliativos
Publicado el jueves 28 de marzo de 2013
 
Antonio Sánchez-Gijón.– La Unión Europea, y más específicamente la Eurozona, empiezan a ser percibidas como una experiencia fallida o, en el mejor de los casos, un experimento tan condicionado por problemas y contradicciones internas, que ya no sirve como modelo ni como fuente de ayuda para los problemas de desarrollo de la mayor parte del mundo.
Las medidas tomadas en Bruselas y Nicosia el pasado 16, para hacer frente a la crisis chipriota mediante la puesta en cuestión, por primera vez en la UE, de la garantía de los depósitos bancarios, ha sido vista por muchas voces de la opinión a escala mundial, más como prueba de su inadecuación institucional para sostener el proyecto europeo que como la reparación de una "avería" de uno de sus miembros, que es a lo que sin duda quería limitarse el Eurogrupo en su última reunión. De pronto se pusieron de manifiesto dos cuestionamientos del proyecto europeo: su legitimidad democrática y la calidad de su liderazgo.
Hay poco que añadir sobre la falta de legitimidad democrática de lo dictado a Chipre en Bruselas. Sencillamente, ha equivalido a repudiar el principio sobre el que se sostiene la legalidad de la industria bancaria de ese país. El intento falló a la primera vez porque el parlamento chipriota rechazó la medida y defendió el principio de legalidad, aunque de todas formas debió "tragárselo", tal que un bando de guerra como, con mucha sorna, lo han visto los rusos al compararlo con las expropiaciones y confiscaciones de los bolcheviques cuando asaltaron el poder.
¿Es Alemania el centro del mundo?
En cuanto a la cuestión del liderazgo, hay que volver la vista a Berlín. Alemania ha ido ganando una a una todas las batallas que ha emprendido en pro de la rectitud presupuestaria, la contención y reducción de los déficits, la reestructuración bancaria, la necesidad de tener instituciones comunes antes de mutualizar los riesgos, etc. Todo, todo, ha sido admitido por Europa, sobre todo la del Sur la cual, posiblemente, fuera la que más necesitaba un buen "repaso" de todas esas asignaturas pendientes. Sin embargo, nada ha servido hasta ahora para sacar a los países del euro de su depresión económica y anímica. Es muy posible que aquélla sea la única medicina, pero ello no refuta la aseveración sobre el liderazgo.
Liderazgo es convencer e inspirar. Italia se adentra en la agudización de su crisis política sin que los gobernantes europeos le convenzan de que debe atacar con mayor resolución las causas económicas de su malestar social. Si lo sucedido en Chipre lo ponemos a escala italiana, la crisis del euro y de la Unión bordeará la catástrofe. La Sra. Merkel, cuando echaba una mano a los otros socios en situaciones críticas, se ganaba el derecho a poner normas y condiciones. Hoy la canciller ha perdido visibilidad e influencia, y hasta si se quiere inspiración, enfrascada como está en ganar las elecciones de septiembre próximo. Quien no se cansa de predicar instituciones comunes para todos no está ahora más que para sus intereses puramente "nacionales". Y esto suscita la crítica del antiguo canciller Helmut Schmidt: las instituciones alemanas actúan como si Alemania fuera el centro del mundo.
El espacio de Merkel se ve ocupado con diversa (o adversa) fortuna por algunos de sus ministros. El último, el de Hacienda, que ha sucumbido al síndrome del "Niño Juanito": "Siempre ha sido así - dijo recientemente Wolfgang Schäuble -. Es como en los colegios; cuando tienes mejores resultados, otros con mayores dificultades se sienten un poco celosos". Menos mal que no dijo "otros más torpes". En eso se ha quedado esta temporada el liderazgo alemán: en pellizcos de monja. No todos han perdido el oremus, sin embargo. El director del Fondo Europeo de Estabilidad, Klaus Regling, ha puesto recientemente de relieve los avances hechos por varios países en crisis, bajo sus planes de rescate, y ha dicho que "no entiendo por qué este progreso no es percibido a veces en Alemania".
Da la sensación de que la única figura de rango europeo que sigue "de guardia" es Mario Draghi, gobernador del Banco Central Europeo. Se le atribuye la presión decisiva para que Nicosia se plegara al dictado del Consejo. Se ve que todavía goza del crédito que le da el hecho de que bajo su mandato no se ha declarado aún ningún default de país. Ahora le toca cumplir aquello del pasado verano: "créanme (lo que yo haga) será suficiente". Pero también Draghi está a prueba: debe demostrar que lo de Chipre no es una contradicción del principio - esencial a un mercado único - de la libre circulación de capitales. Lo que a su vez remite a una circulación "demasiado libre" de y hacia otros refugios fiscales asentados en el seno mismo de la Unión, como Luxemburgo, o pegados a su riñón como Liechtenstein.
Si Draghi esperaba alguna ayuda para sostener junto con él el prestigio de la Unión por parte del nuevo presidente del consejo de la Eurozona, Jeroen Diejsselbloem, el pasado día 25 se vio chasqueado. La dificultad que este ministro holandés tiene para hacerse entender se ha puesto en evidencia con la confusión en torno al uso que se le puede dar al modelo chipriota: ¿template?, ¿blueprint? para otros países en dificultades. Aun podemos estar maravillados de que no haya habido una carrera a las cajas de los bancos por parte de los depositantes extracomunitarios, aunque de todos modos su lapsus linguae se ha hecho notar en la prima de riesgo y en las cotizaciones bancarias europeas.
Gran parte del mundo mira otros horizontes
Los años de crisis han debilitado a Europa como modelo de desarrollo y como fuente de financiación para terceros países. Síntoma de ello es la inauguración el miércoles 27 de la conferencia de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), en Durban. Tratan de ponerse a sí mismos y a una gran parte del mundo en desarrollo bajo la tutela de un organismo de ayuda y coordinación financieras, que puede desplazar (o reemplazar según las circunstancias) al Fondo Monetario Internacional, percibido por esos países y muchos otros como centrado sólo en Occidente, y últimamente absorto en la crisis europea.
En la medida en que este grupo de países institucionalice su cooperación económica, su efecto se dejará sentir en las relaciones de Europa con los Estados Unidos. Este país está saliendo de su propia crisis sobre presupuestos contrarios a los reconocidos por Europa. Una Europa inoperante reforzará el giro de Washington hacia Asia, adonde se ve urgido a acudir si quiere que China no se alce como potencia dominante de cualquier nueva institución multinacional. El desapego respecto de Europa se siente también en las crecientes manifestaciones políticas y económicas en Estados Unidos sobre la proximidad del gran despegue de México, y aún del potencial de Argentina, además de Brasil.
Los países del norte de Europa, con Alemania a la cabeza, están convencidos intelectualmente de que los sacrificios que se están asumiendo son el precio de la redención. Los países del Sur ya no están tan convencidos. De momento, sólo les sostiene la fe.

LAS INDUSTRIAS MILITARES ESPAÑOLAS LUCHAN POR SOBREVIVIR


Reducciones drásticas a los presupuestos de defensa europeos

Publicado en Capital Madrid.com el 25 de marzo 2012
Antonio Sánchez-Gijón.- La industria española de defensa está luchando por su supervivencia. Aunque parece hallarse en un momento de maduración de los ambiciosos programas de equipamiento y modernización lanzados al costo de miles de millones de euros (¿22, 24.000?) entre finales de los 90s y primeros 2000s, la industria empieza ahora a enfrentarse al desafío de encontrar los clientes y los programas que le aseguren su continuidad a partir de los años 20s y 30s de este siglo.
El ministerio de Defensa se enfrenta a la rápida caída de los recursos de que dispone debido a la crisis económica y a la obligación de devolver al ministerio de Industria, a medida que vaya recibiendo material y equipos, los préstamos que permitieron a los ejércitos y a la industria militar española dar un salto adelante de consideración en los dos últimos decenios. Se estima que entre 2011 y 2025 esas devoluciones alcanzarán los €33.000 millones, entre principal e intereses.
La Directiva de Defensa Nacional 1/2012 trata de salir al paso de estos problemas, y establece, entre otros objetivos, “la financiación de la defensa con un planteamiento a medio y largo plazo realista”, así como “la consolidación de la industria de defensa para permitir a la industria nacional mantenerse al día, asumir riesgos aceptables en sus inversiones y contribuir a la generación de empleo”.
Aparte de ese desafío, la industria militar española, así como la del resto de Europa, debe hacer frente a la competencia de algunos países asiáticos y Brasil, mejor situados en espacios del Globo sometidos hoy día a fuertes tensiones geopolíticas.
En realidad, no es España la que lucha por salvar su industria de armamentos, sino Europa entera. La idea de una industria europea de defensa es corolario de las llamadas Política Europea de Seguridad y Defensa y la Estrategia Europea de Seguridad. El proyecto tomó cuerpo en 2004, en la Agencia Europea de Defensa, que integra hoy a 25 estados. Su directriz operativa es la apertura de los programas de armamentos de los estados nacionales a la competencia industrial de los otros. La AED posee organismos para el desarrollo conjunto de capacidades, la adopción de estándares técnicos comunes, mecanismos de financiación conjunta y compensación, etc. El imperativo para que las industrias militares nacionales de Europa sigan operando es “cruzar las fronteras”, como se lee en el manual “La industria española de defensa en el ámbito de la cooperación internacional” (Ministerio de Defensa, 2010).
Aunque muchas de las entregas de material previstas para las fuerzas armadas españolas están retrasadas por dificultades de financiación, se van alcanzando hitos significativos de modernización. Es el caso del avión de transporte militar A400M, que se monta en la planta que la aeronáutica EADS tiene en Sevilla, la cual entregará a diversos clientes europeos sus primeros cuatro unidades en este año, para entregar diez en 2014 y 21 en 2015. El A400m sustituirá en gran parte de las fuerzas aéreas europeas al avión de transporte norteamericano C-130 Hércules. A España corresponderá una carga de trabajo del 12%, de acuerdo con su inversión en 22 aparatos. Su planta de Sevilla es posiblemente la principal industria de la provincia.
Otra posición consolidada es la participación española en un 13% del valor del Eurofighter, y que desplazará a los F-18 y F-1, que todavía constituyen la columna vertebral de la defensa aérea española. España ya dispone de 42 de esas nuevas aeronaves, de una orden por 87 aparatos.
En enero fue entregado el primer helicóptero NH90, ensamblado en Albacete por el consorcio Eurocopter, el cual ha de entregar al ejército en los próximos años 38 aparatos.
En busca de una cartera de pedidos
El ministro de Defensa, Pedro Morenés, realizó en febrero pasado un viaje de “prospección comercial”, además naturalmente del contenido político de sus visitas, a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia y Australia. Con Arabia Saudí, la “cartera” de proyectos incluía el suministro de carros de combate Leopard 2E, sobrantes de un programa excesivo que España contrajo con Alemania. El reciente despido de 700 trabajadores de la empresa Santa Bárbara, casi a raíz del retorno del ministro, no parece indicar un resultado inmediato prometedor, al menos a este respecto. Otro proyecto, sobre el que no hay todavía confirmación por parte de Riad es el Vehículo de Alta Movilidad Táctica.
Mientras Morenés estaba en Abu Dabi, capital de los EAU, los trabajadores de los astilleros navales de Cádiz, manos sobre manos desde hace meses, exigían una carga de trabajo que esperaban viniera por un contrato para el suministro de varias patrulleras al estado del Golfo. Entre los éxitos del viaje de Morenés publicitados por la Revista Española de Defensa no figura ese ansiado contrato.
La industria aeronáutica de Indonesia es una vieja asociada de la española. Su empresa Nurtanio y CASA desarrollaron desde 1979 el avión de transporte CN-212. Hoy la fuerza aérea indonesia está reemplazando los aviones de transporte Fokker 27 por el más moderno CN-295.
Con mucho, la novedad más significativa es el estrechamiento de la colaboración industrial-militar con Australia. Se trata del préstamo que España le hace a Australia del buque de aprovisionamiento de combate Cantabria, una de las unidades más modernas de la marina española, para el entrenamiento de elementos de la marina real. Parte del equipamiento de ese buque es similar al de dos de los buques anfibios de la marina australiana construidos en España. Tres destructores australianos están equipados con material antiaéreo fabricado por la española Indra.
Casi toda Europa contempla el rápido declive de sus presupuestos militares. Los de Alemania se reducirán un 25% hasta 2016; los del Reino Unido un 8% hasta 2015. Francia reducirá 17% hasta 2016. Italia redujo su presupuesto de 2012 en un drástico 28%, y aún debe reducir €3.000 millones hasta 2014 (Survival, agosto-septiembre 2012).
Las previsiones para España no son menos desoladoras. Por primera vez en diez años, España redujo sus gastos de defensa en 2009 (3%), seguido de un recorte de 6,2% en 2010, y otro de 13-14% en 2012.  El esfuerzo español de defensa es uno de los más bajos de Europa: algo por encima del 0,6% del PIB (NATO and the Challenges of Austerity, Rand Corporation, 2012). El compromiso “oficial” de los países aliados sigue siendo, como desde hace bastantes años, el 2% del PIB dedicado a defensa.
Pese a todo lo anterior, los ejércitos españoles consiguieron conservar sus programas principales, aunque reduciendo el número de unidades y prolongando los plazos de procuración de 15 a 20 años.
Nunca ha sido más urgente que la industria militar española se internacionalice que en estos tiempos de crisis que sacuden las bases de la planta tecnológica y comercial de nuestra economía.