sábado, 10 de septiembre de 2011

TEHERÁN ACELERA SU MARCHA HACIA EL ARMAMENTO NUCLEAR

China y Rusia amagan con abrazar el régimen de sanciones

Publicado en Capital Madrid.com el 9 de septiembre 2011

Antonio Sánchez-Gijón.- El informe del Organismo Internacional de la Energía Atómica sobre el programa nuclear de Irán, después de que sus inspectores visitaran las instalaciones nucleares de ese país, el pasado agosto, y que iba a ser elevado esta semana al pleno de ese organismo, formado por 35 países, da a entender de forma muy circunspecta que Teherán está haciendo caso omiso de su obligación de poner de manifiesto sus actividades y de abrir sus instalaciones a los inspectores. Los informes de las agencias de inteligencia occidentales, por el contrario, dicen lo mismo que el OIEA, pero a las claras.

“El Organismo – dice el informe del OIEA – no puede dar seguridades sobre la ausencia de material y actividades nucleares no declaradas en Irán, y por lo tanto (no puede) concluir que todo el material nuclear sirva para actividades pacíficas”. Sin embargo, la información que altos ex funcionarios de las administraciones norteamericana y canadiense, dedicados al seguimiento y control de la proliferación nuclear, han puesto a disposición del Hudson Institute de Washington para un seminario sobre esta materia, que se celebra esta semana, contiene datos que sólo pueden explicarse para un programa de armamento nuclear. Veamos.

Irán debe cumplir dos tipos de obligaciones respecto del OIEA: admitir las inspecciones rutinarias como firmante del tratado que lo creó, así como las que se derivan del llamado Protocolo Adicional, que se ocupa principalmente de la ampliación de las actividades e instalaciones de nueva planta. Las primeras las cumple rutinariamente; las segundas no las cumple desde hace varios años. Por eso los nuevos programas y actividades que se van a citar son técnicamente clandestinos:

- La conversión y enriquecimiento de uranio por láser y gas con centrifugadoras ultrarrápidas.

- La planta de enriquecimiento de Natanz, que los grupos de oposición dieron a conocer en 2002. Esta planta tiene hoy día 8.000 centrifugadoras IR-1, que desde 2007 ha producido 4.400 kg. de uranio enriquecido al 3,5% (bajo enriquecimiento), adecuado para reactores nucleares pero no para armas.

- Desde febrero del 2010 Irán ha comenzado el enriquecimiento de uranio a 20%, alegando que lo necesita para su reactor nuclear de investigación. En realidad, Irán puede suministrarse de cuanto uranio de esta calidad necesite porque Rusia, con la que mantiene un programa de cooperación nuclear, tiene 100 toneladas disponibles. Irán espera contar con 250 kg. de uranio/20% para finales de 2012. Elevar ese uranio al grado arma no tardaría más de 62 días, según el Bipartisan Policy Center, una fundación dirigida por senadores norteamericanos que declara promover políticas de consenso.

- La parte del proceso de enriquecimiento más difícil de ocultar es la que va de 3,5% al 20%. Desde ahí al uranio de grado-arma la producción es fácil de ocultar.

- Irán ha anunciado planes para construir diez plantas más de enriquecimiento, pero no ha indicado ni características ni emplazamientos.

- Irán sigue trabajando en su reactor de agua pesada, que puede producir plutonio para armas de esta naturaleza. Un escenario probable es que Irán se procure una bomba de plutonio al año, desde 2014.

- Paralelamente, Irán conduce investigaciones sobre fuentes de neutrones, explosivos de alta potencia y vehículos de re-entrada en la atmósfera, que apuntan a la tecnología de los misiles porta-cabezas nucleares.

- Se sospecha que todo el programa nuclear está bajo el mando y control del Cuerpo de la Guardia Republicana, la fuerza militar clave de Irán, que no obedece al gobierno sino al “líder espiritual” de la revolución, Alí Jamenei. Esta estructura de subordinación pone al programa nuclear al resguardo de cualquier limitación derivada de las presiones diplomáticas y políticas que pueda sufrir el gobierno, por parte de la comunidad internacional.

El programa nuclear de Irán debe ser contemplado sobre el telón de fondo de las revoluciones árabes y el cambio de la escena estratégica en Oriente Medio y Golfo Pérsico. Los Estados Unidos se están retirando de Iraq, y en el mejor de los casos dejarán en el país sólo una fuerza de entrenamiento del ejército iraquí. Irán espera llenar el vacío. Algunas fuerzas que apoyan al gobierno de Iraq gravitan claramente en la órbita de Teherán. Hay un potencial revolucionario reprimido en casi todos los países del Golfo, por causa de que sus mayorías de confesión chiita sufren opresión bajo monarquías sunnitas. Es natural que el régimen chiita de Irán quiera erigirse en protector de las poblaciones mayoritarias de su secta. Este designio, sin embargo, es contrario a los intereses de los Estados Unidos e Israel por razones geopolíticas, y de Europa por razones de seguridad energética.

La política occidental de sanciones al régimen de Irán está causando graves daños al régimen de los ayatolás. Incluso Rusia y China, que siempre declararon oponerse a las sanciones, han empezado a dar signos de adherirse a ellas. Veamos primero cómo se endurecen las sanciones occidentales. Tres días después de que el presidente Obama revelara que los tres puertos principales de Irán están bajo el control de la Guardia Republicana, el gigantesco consorcio danés Maersk de transporte marítimo anunció (30 de junio) que se retiraba de los tres, y otras compañías siguieron su ejemplo, poniendo en grave aprieto suministros esenciales para la economía iraní. Objeto principal de las sanciones es la industria del petróleo; se calcula que debido a ellas se han frustrado proyectos de inversión en esta industria por valor de $60.000 millones. El petróleo es la sangre económica del sistema de los ayatolás; desde 2007 ha generado ingresos de $500.000 millones. Las transacciones bancarias iraníes se ven seriamente perjudicadas por las restricciones impuestas por los gobiernos occidentales a los bancos de sus respectivos países.

Las sanciones de Occidente también han tenido efecto sobre el comportamiento de China. El grupo de gas CNPC está retrasando el ritmo de sus trabajos en el polígono Pars de gas natural. Otro gigante chino, CNOOC, recibió la orden del gobierno de Pekín de parar sus trabajos en Pars Norte. Sinopec está retrasando sus trabajos en el polígono de Yadavaran. China, sin embargo, ha aumentado considerablemente, en lo que va de 2011, sus importaciones de petróleo iraní. Es su forma de encender una vela a Dios y otra al Diablo. En estos momentos de crisis financiera internacional, el entendimiento entre Pekín y Washington es clave para la estabilidad de la economía global, como pusieron en evidencia el pasado agosto el vicepresidente Biden, en su visita a Pekín, y el vicepresidente chino, Xi Jinping.

Rusia también encuentra el modo de presionar a Teherán, prevaricando en compromisos ya adquiridos. Así, no ha cumplido las fechas de terminación de la planta nuclear de investigación de Busher, a pesar de las protestas iraníes. Rusia se ha echado atrás en el contrato de suministro del sistema de defensa aérea S-300, ganándose demandas judiciales interpuestas por Teherán, posiblemente porque considera que en estos momentos un contrato de esa naturaleza resulta muy provocativo para Occidente.

Las señales enviadas por China y Rusia a Teherán parecen indicar que se toman en serio las alarmas lanzadas por el OIEA, y que tratan de añadir peso a las presiones ya ejercidas por Occidente. También a Moscú y Pekín les va mucho en el futuro del régimen de no proliferación nuclear. Ahora bien, si el programa de armamento nuclear de Teherán no sucumbe a las presiones, nos encontraremos entonces en un panorama estratégico internacional totalmente cambiado y se abrirá otra “guerra fría” que, a diferencia de la que vio Europa el siglo pasado, se librará en la que es probablemente la zona más inestable del mundo.

LLEGA PARA ISRAEL EL TEMIDO SEPTIEMBRE

A la crisis social se une la posibilidad de una crisis geopolítica

Publicado en Capital Madrid.com el 6 de septiembre 2011

Antonio Sánchez-Gijón.- La palabra “Septiembre” se ha convertido en Israel en una especie de evocación de los Idus de Marzo, una encrucijada de las más amenazadoras circunstancias con las que Israel deberá enfrentarse desde las de la guerra de 1967, hace 44 años. Por un lado está el desafío social planteado en masivas manifestaciones por todo el país, este sábado pasado, contra un status quo socio-económico que ha permitido que en un largo periodo de crecimiento y pujanza industrial-tecnológica, las distancias entre ricos y pobres hayan aumentado, y las clases medias apenas hayan mejorado. Por otro está el desafío lanzado contra la diplomacia del gobierno de Netanyahu por la Autoridad Nacional Palestina, que se propone llevar a la próxima sesión de la Asamblea General de la ONU, finales de septiembre, la petición de que Palestina sea reconocida como estado independiente, una maniobra que hará que el interminable e infructuoso proceso negociador israelo-palestino descarrile con imprevisibles consecuencias.

Las protestas masivas de jóvenes, trabajadores, estudiantes, incluso oficiales del ejército retirados y familias de clase media, celebradas simultáneamente en casi todas las ciudades de Israel, no parecían dirigidas contra nadie en particular: ni contra el gobierno, ni contra los bancos, ni contra las fuerzas de seguridad. Según sus portavoces, eran a favor del cambio, una nueva distribución de los recursos del estado y unas prestaciones sociales comparables a las de los países de la OCDE . Fueron la mayor movilización popular de la historia de Israel, según el diario Haaretz.

Si tomamos la estimación más baja del número de participantes, 300.000, y la relacionamos con la población nacional, sería como si en España se hubieran manifestado en un solo día casi 2 millones de personas. Cuánta inspiración ha recibido este movimiento de las movilizaciones árabes no es fácil saber. Todo empezó cuando una estudiante israelí de artes visuales levantó una tienda de campaña en el Bulevard Rothschild de Tel Aviv con algunas pancartas de protesta, y se le fueron uniendo otros, atrayendo cada vez más amplios sectores sociales. Inspirados sin duda en el movimiento egipcio de la Plaza Tahrir, también se unieron a él numerosos grupos de árabes israelíes.

Un apurado Netanyahu ha salido al paso del movimiento convocando una comisión presidida por un profesor universitario, Manuel Trejtenberg, que debe formular propuestas concretas al gobierno. Es dudoso que el movimiento se amanse con esta medida. El impulso que les mueve quiere trasladarse al campo político. Muchas de las protestas se dirigían contra la colusión entre los políticos y los hombres de negocios, la corrupción y el favoritismo en beneficio de las grandes empresas. Todo esto está minando la legitimidad del gobierno Netanyahu, formado en coalición con partidos ultraortodoxos, resueltos a sacar del estado cuantos recursos económicos les sea posible para llevar a cabo la expansión continua de los asentamientos en territorio palestino y Jerusalén Este.

La demanda popular de viviendas más baratas puede, curiosamente, jugar en las manos del primer ministro, quien podrá alegar que la oleada de nuevas construcciones anunciada en agosto, para más de 4.500 unidades nuevas en Jerusalén Este, sale al encuentro de esa necesidad vital. Como ha observado el líder de Paz Ahora, Hagit Ofran, Netanyahu “explota la crisis de la vivienda para promover su política de asentamientos”. Lo que nos lleva al otro elemento de la coyuntura israelí: la crisis por el pretendido estado palestino.

Esta iniciativa de la Autoridad Palestina es una imaginativa respuesta al inmovilismo del gobierno Netanyahu, que sucesivamente llevó a un callejón sin salida las negociaciones muy avanzadas de su antecesor Ehud Olmert con el presidente palestino, Abú Abbas, y rechazó, a finales de mayo, la propuesta formulada por el presidente Obama de unas negociaciones israelo-palestinas tomando como base de los ajustes territoriales las fronteras de 1967.

La propuesta de un estado palestino puede ser apoyada por 130 estados de los casi doscientos que se integran en la ONU. La aprobación no significa que Palestina sea admitida en la ONU como estado independiente, pues para ello haría falta una propuesta del Consejo de Seguridad, donde los Estados Unidos, que se oponen, tienen derecho de veto. Palestina es actualmente una “entidad observadora” sin derecho a voto, y posiblemente lo que pida sea el status de “estado observador sin derecho a voto”. Netanyahu ha amenazado con no reemprender las negociaciones de paz con los palestinos si se produce esa entrada por la puerta chica en las Naciones Unidas. Porque, en efecto, esa entrada será sin duda causa de muchos disgustos para Israel. El gobierno palestino puede instigar multitud de acciones sobre Israel, como denunciar abusos contra la población palestina, reclamar investigaciones contra supuestos crímenes de las autoridades de ocupación, etc. Cualquier condena de Israel puede servir de excusa para lanzar a la población palestina a una tercera Intifada.

Este problema le sobreviene a Israel inmerso en la confusión e incertidumbre geopolíticas que se vive ahora Oriente Medio. De momentos las nuevas autoridades egipcias siguen suscribiendo los supuestos básicos de la larga paz con Israel, asegurada durante el mandato del presidente Mubarak, pero es poco probable que de las próximas elecciones generales salga un gobierno tan favorable a Israel como aquél. Al contrario, debe temerse una revisión de la política para con Israel, sobre todo si la Hermandad Musulmana sale favorecida electoralmente y tiene alguna influencia en el nuevo gobierno. No está descartado el peligro de que Assad de Siria repita sus actos provocativos contra Israel, como un medio de desviar la ira popular. Y si Assad cae, es poco probable que un nuevo gobierno sirio tenga la sagacidad geopolítica de no meterse en líos con Israel. Las relaciones de Israel con el antiguo amigo y casi aliado, Turquía, están en este momento próximas a la ruptura por causa del ataque, el pasado año, al Mavi Marmara, un barco que iba a socorrer a Gaza, y la muerte de nueve ciudadanos turcos.

Si los Estados Unidos vetan que el Consejo de Seguridad proponga a la Asamblea General la admisión de Palestina como estado independiente, es lógico suponer la repulsa de las masas árabes contra esa medida, precisamente en unos momentos en que la política de Washington respecto de la “primavera árabe” empezaba a ser aprobada con entusiasmo.

El problema que se le presenta a Europa es también considerable. Hay un cansancio general europeo respecto de la intransigencia del gobierno Netanyahu. Es muy difícil que los países de la Unión Europea puedan mantener la unanimidad de postura ante esta cuestión. También los europeos serán medidos por la opinión árabe, en momentos en que han ganado algunos puntos por su intervención liberadora en Libia.

Los elementos de una crisis mayor en Israel se están superponiendo unos a otros. La oposición interior renuncia a ganar fuerza en el juego político formal, y se echa a la calle, y los esquema-político-diplomáticos de la seguridad de Israel se van a ver seriamente desafiados. Septiembre siempre trae tormentas.

EURO-EUROPA ADOPTA LOS ESTÁNDARES ALEMANES


La política de los países periféricos, condicionada por Berlín

Publicado el viernes 2 de septiembre de 2011
Antonio Sánchez-Gijón.–   Primero la crisis financiera se convirtió en una crisis económica. Ahora la crisis económica se ha convertido en una crisis política. ¿Cómo se puede llamar, si no, a que el Parlamento español haya de reformar la Constitución para demostrar que va a estar en el futuro en condiciones de hacer frente a sus deudas, y poder así seguir recibiendo recursos financieros que gastará en parte en pagar, y en parte aplicará a reavivar su desfalleciente economía? ¿No es cierto también que la crisis económica ha sacudido los equilibrios de poder europeos, de tal modo que Alemania es hoy el centro de gravedad económica, y que eso le da influencia y peso para determinar el curso de Europa, o adoptar un curso propio separado de ella si así lo prefiere?
Un "poder geoeconómico", llama Hans Kundnani, director editorial del European Council on Foreign Relations, a la Alemania de la canciller Merkel.
La naturaleza política de la crisis quedó subrayada aún más el pasado miércoles cuando el consejo de ministros presidido por la Sra. Merkel aprobó el aumento de la participación alemana en el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, y a la salida del consejo el ministro de Hacienda, Wolfgang Schäuble se permitió advertir que los créditos del FEEF sólo se concederán a los países que presenten "un programa de reforma". Si consideramos que todos los otros países de la zona euro contribuirán hasta el 73% del fondo, y Alemania sólo lo hará con el 27%, cabe preguntarse por qué atribuimos a Alemania un poder casi omnímodo.
Yo me atrevería a proponer la siguiente hipótesis: llega un momento en el desarrollo técnico y social de las naciones en que todas consideran útil regirse por un mismo patrón o stándard para las funciones esenciales de la producción económica o social: una vez fue el sistema de mediciones en la navegación, al adoptar  las naciones marítimas el patrón inglés, y otra vez fue la adopción por las naciones continentales del sistema métrico decimal, siguiendo el patrón francés.
En los dos casos, los patrones adoptados fueron tomados de potencias en el goce de su máximo prestigio e influencia. Hoy el patrón de la gobernación económica y fiscal (reconozcámoslo humildemente en el resto de Europa) lo sienta Alemania. Que también se halla en el auge (otro auge más en su historia) de su prestigio e influencia. Pero un prestigio cuya naturaleza exige alguna cualificación. Y esta cualificación dice que entre el poder económico y el poder político de Alemania se percibe como una disonancia, un no ajustado acorde entre la voz y el instrumento. Por lo menos esto es lo que muchos perciben. Veamos.
Se busca una brújula
A primeros de agosto, nada menos que el padrino político de Ángela Merkel, el ex canciller Helmut Kohl, dijo que Alemania "ha perdido la brújula". En marzo pasado el antiguo ministro de Asuntos Exteriores Joschka Fischer escribió que "Alemania ha perdido toda su credibilidad". Los dos. Kohl y Fischer, traslucían su rechazo a la decisión del gobierno alemán de no apoyar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la moción para ejercer el derecho de protección sobre la población libia amenazada por el coronel Gadafi, acusando a aquél de haber abandonado la política exterior tradicional que ligaba Alemania a sus aliados occidentales, para unirse en su abstención a potencias no aliadas (Brasil, Rusia, China). Esta idea la remachaba el ex ministro de Exteriores francés, Hubert Védrine, también sobre el mismo asunto de Libia: "Alemania ha retornado a su egotismo orgánico y está, como Francia, sólo preocupada por sus propios intereses nacionales".
Otro bloque de críticas y suspicacias se dirige a la actuación de Alemania en torno a la crisis del euro. Unos critican su falta de celo; así, el ex primer ministro británico, Gordon Brown, escribió hace pocos días en The New York Times que "la reciente falta de actuación de Alemania desde una posición de fuerza pone en peligro no sólo al país mismo, sino el proyecto entero del euro, que Alemania elaboró durante decenios". Otros critican lo contrario, el exceso de celo: así, el presidente de la República Federal, Christian Wulff, quien recientemente cuestionó la legalidad de la compra por el Banco Central Europeo de bonos soberanos de los países deudores de la zona euro. (Casi todos los anteriores testimonios traídos a Vds. por gracia de Der Spiegel).
No falta quien percibe como una falta de concordancia con Europa, acompañada de irreflexiva impulsividad, la renuncia definitiva a la energía nuclear anunciada hace poco por la Sra. Merkel y el cierre de todas las plantas, pocos meses después de que ella misma hubiese prolongado su vigencia, debilitando así la posibilidad de una política energética común europea. Esto, unido al énfasis creciente en el gas ruso como fuente energética principal de Alemania, ha suscitado la sospecha de una deriva de Alemania hacia el Este.
El consejo de ministros del pasado miércoles, sin embargo, dio muestras de conocer bien el rumbo, y lo ha marcado al decidirse, contra muchos pronósticos, a aumentar la contribución alemana al FEEF desde los 123.000  euros actuales a los 211.000 del fondo renovado. Con ello la Sra. Merkel se enfrenta a cierto riesgo político: el de que esta decisión gubernamental no sea aprobada por el Bundestag. El riesgo no es muy alto, sin embargo; en una cámara de 620 diputados, necesitará el 29 de septiembre, cuando la medida se ponga a votación, 311 votos para conseguir su aprobación. Pueden votar "no" (tal como están los cálculos al día de hoy) unos veinte o treinta diputados  cristianodemócratas, pero el gobierno puede contar, con mucha probabilidad, con los votos suficientes de socialdemócratas y verdes.
Los europeos quieren una Europa unida, pero no hay unión si no existe y se ejerce un poder centrípeto fuerte. La naturaleza de este poder puede ser benigna o maligna, pero no parece que el de Alemania, una nación que hasta recientemente se preciaba de ser "un poder civil", vaya a marchar sobre Europa, sobre todo cuando sus fuerzas armadas no son "contrincante" para las de Francia o Gran Bretaña. Alemania, sin embargo, posee una economía y una población muy superiores a las otras dos.
Y no le falta ascendiente  cuando se considera que, para crear el euro, comprometió en cierta medida la solidez del marco a favor de los países menos productivos de la famosa periferia europea, léanse los países mediterráneos e Irlanda. Los beneficios de la adopción de la moneda común alcanzaron a todos, sobre todo el de la facilidad de obtener créditos a precios inusualmente bajos en los países menos avanzados de la zona. Estos países, como sabemos muy bien,  sufrieron una especie de "mal de bajura" (de los intereses, claro), y de ahí las diferentes burbujas que han estallado en Grecia, España, Portugal, Irlanda, etc.
Lo que hace posible Alemania al aumentar el Fondo es consolidar el pago de los plazos de la deuda de cada euro-país, desde una media de siete años y medio a posiblemente cuarenta, a unos intereses medios de 3,5%, muy por debajo de los 6% o 7% que hoy afligen a algunos países del sur. La garantía, además, no tendrá ya base nacional, sino europea. Es lógico, pues, que el garante final, Alemania, imponga condiciones de naturaleza política a los que gocen de la famosa "facility" crediticia, y no porque el fondo lo haya formado ella en su mayor parte, que ya hemos visto que no, sino porque su economía política ha sido tomado por todos como el patrón o standard común.
Si Alemania es tomada, como parece que va a ser, como fuerza centrípeta de la unidad europea, toda nuestra preocupación es mantener en torno a ella el juego de fuerzas necesario para mantener la maquinaria rodando y en equilibrio. Para ello, cada país debe mantener su propio peso específico, y no volver a ponerse en riesgo de perderlo, condicionado por la fuerza centrípeta.