lunes, 27 de febrero de 2012

No se percibe un terreno de entendimiento sobre la paz

Fernández Díaz, hizo saber por medio de entrevistas concedidas a dos diarios de Madrid que "las leyes... se pueden aplicar de forma distinta con ETA disuelta". Se refería el ministro a la política de dispersión de los presos etarras por cárceles de todo el territorio nacional. Por si se nos había escapado su afirmación de lo flexible que puede ser la ley, añadió de inmediato: "¿Me he explicado? A buen entendedor, con pocas palabras bastan. Cuando ETA deje de existir, la ley podrá aplicarse de otra manera porque habrán desaparecido las causas de esa política". Hay, pues, un antes y un después de la ley si ETA desaparece.
El antes y el después es interpretado por la izquierda abertzale, en el documento que sus portavoces publicaron ayer por la mañana, después de conocerse las palabras del ministro, de forma diferente: hay que lograr una "justicia transicional que establezca un conjunto de medidas políticas y jurídicas", entre las que se incluye la necesidad de terminar con la actual política penitenciaria y la política de "represión, acoso policial y detenciones", así como con los juicios y encarcelamientos. Para la izquierda abertzale, pues, el hecho de que ETA haya dado por finalizada su actividad armada sería causa suficiente para que la ley no siguiese aplicándose contra ella.
Aparentemente no puede haber mayor distancia entre lo que el gobierno cree posible conceder bajo ciertas condiciones y lo que los simpatizantes de ETA exigen. Sin embargo, en el comunicado hay un punto más que el abertzalismo demanda, pero que no depende del gobierno el concederlo  o no: "la imperiosa legalización de Sortu". A este respecto dice el ministro en su entrevista: "La decisión corresponde al Tribunal Constitucional. Acataremos lo que decida. Otra cosa es lo que yo crea o piense, pero no sería prudente manifestarlo".
Alguno podría pensar que la cuestión de la continuidad de ETA y la de la paz dependen de si Sortu es legalizada o no. Así parece pensarlo el lendakari Patxi López, quien opinaba el pasado día 19, en declaraciones al diario Gara, que la permanencia de Arnaldo Otegui en la cárcel es "contraria a la opinión y el sentimiento de la sociedad vasca". Le sigue en esa opinión el Partido Nacionalista Vasco, cuyo líder Íñigo Urkullu exigió recientemente al lendakari que convocase elecciones "para que la izquierda abertzale esté representada" en el parlamento vasco.
En resumen, el próximo escenario del conflicto creado por la existencia de ETA parece desplegarse en torno a una decisión que para muchos está ya predeterminada por la legalización efectiva de la coalición Bildu y la legalidad de la presencia de Amaiur en el parlamento español, que el Constitucional no tendría más remedio que tomar en consideración. Por otra parte, si Sortu no es legalizado no sería arriesgado predecir desde ahora que ETA rechazaría más firmemente que nunca su disolución, o incluso que reconsideraría su abandono "definitivo" de las armas.
Sin embargo, los que piensen que la legalización de Sortu podría ser motivación suficiente para que ETA abandonase las armas, deben seguir leyendo el largo comunicado de ayer domingo, de la izquierda abertzale, que dice: "el cese unilateral de una de las violencias no es sinónimo de paz. Y es que existen otras violencias. Así, la política represiva de los Estados debe cesar para poder empezar a hablar de un escenario de no violencia y de auténtica democracia".
Más adelante, el comunicado declara que "La política de represión, acoso policial y detenciones contra militantes independentistas, así como los juicios y encarcelamientos deben terminar definitivamente".
La vuelta al hogar
A la exigencia de que se suspenda la política penitenciaria y a la de que el estado deje de aplicar la ley, se une el mandato a los estados español y francés para "deshacerse de, o readecuar, los operativos armados y represivos creados para el conflicto". Asimismo, da por supuesto que en el conflicto se están aplicando "legislaciones de excepción", que "deberán desaparecer".
También afirma que "es necesaria la vuelta al hogar de todos y todas las presas (sic) y exiliadas, procediendo a adoptar las medidas necesarias para que, tras un largo periodo de ausencia, puedan adecuarse a la vida ordinaria".
ETA y los gobiernos español y francés, continúa el comunicado, "deben abrir un proceso de diálogo y acuerdo" que incluirá la liberación de todas las personas encarceladas, porque "No hay conflicto armado en el mundo que mantenga a centenares de personas encarceladas por décadas cuando el mismo ha terminado". Más adelante, sin embargo, no se muestra tan seguro de que haya terminado: "Un conflicto que se remonta siglos atrás no desaparece de un instante a otro".
Más adelante el comunicado sufre "un subidón" metafísico que trasciende toda historia conocida por los historiadores: "Generaciones de jóvenes vascos no resistieron y lucharon a través de la historia porque les gustase, no; miles y miles lucharon porque se sintieron reprimidos, excluidos y dominados por Estados y políticas ajenas a su cultura, identidad y dignidad como pueblo que somos y hemos sido por milenios ".
Todo ese tono imperativo se hace un poco más dúctil al final del comunicado, cuando parece dar a entender que la izquierda abertzale pide a los estados español y francés, "que se reconozca y acepte la existencia de una realidad histórica, lingüística, social, económica y cultural llamada Euskal Herría... Una pluralidad que todos debemos reconocer y respetar".
Para terminar, el comunicado parece hacer depender la paz de la concesión del derecho de autodeterminación. "El reconocimiento de este derecho no significa predeterminar nada sino otorgar a la sociedad la capacidad de decidir. Reconoce que es la sociedad vasca la que en última instancia debe acordar sobre su futuro".
En resumen, el comunicado exige que la ley deje de aplicarse a los miembros activos de ETA, que ETA negocie con dos estados soberanos, que los estados deben liberar a los presos y rehabilitarlos en la vida civil, reconocer una entidad históricamente especulativa como Euskal Herria, y conceder el derecho de autodeterminación a los grupos humanos y sociales que tienen un sentimiento muy acendrado, pero subjetivo, de ser un pueblo que ha sido oprimido por los demás durante algunos miles de años.
No debe extrañarnos que el proceso de paz vaya a ser muy largo (si es que va a haber proceso): entre el férreo practicismo de la ETA y los entretenidos relatos historicistas de sus seguidores es difícil encontrar un terreno firme que permita afianzar la paz.
Publicado el 27 de febrero 2012 en Capital Madrid.com

PUTIN QUIERE LA PRESIDENCIA DE RUSIA PARA RESTAURAR EL PODER PERDIDO

Esperaba  que Europa le ayudaría
Antonio Sánchez-Gijón.- El gobierno de Rusia se acerca a las elecciones presidenciales del 4 de marzo subido en la cresta de una ola de promesas de reformas económicas, militares y políticas, de tan ambiciosa y contradictoria naturaleza que es improbable que el seguro ganador, Vladimir Putin, logre concertar los instrumentos necesarios para llevarlas a cabo.
Las reformas se proponen alcanzar dos objetivos estratégicos de largo alcance: devolverle a Rusia el papel central que tuvo en los asuntos de Europa hasta la caída del régimen soviético, en 1991, y restablecer su rango de potencia mundial mediante un ambicioso plan de rearme.
El Kremlin lleva varios meses celebrando seminarios y encuentros entre hombres de negocios, economistas y financieros con el fin de  restructurar las grandes empresas propiedad del estado, abriéndolas al capital extranjero y a la competencia. La esperanza es que el clima favorable a los negocios así creado atraiga fuertes inversiones, preferiblemente procedentes de Europa. Se han aprobado medidas liberalizadoras del régimen de propiedad empresarial y se le ha dado el cese a buen número de funcionarios políticos que estaban al frente de grandes empresas. Un cálculo optimista inicial preveía que de aquí hasta el 2015 la apertura empresarial atrajese inversiones por $200.000 millones.
La crisis del euro, sin embargo, ha obligado a hacer entrar en juego las vastas reservas de divisas (estimadas en $600.000 millones, la mitad de ellas en euros) que el estado ruso posee, y que en principio debían aplicarse preferentemente a los planes de rearme.
Con una balanza de pagos totalmente favorable y cero deuda exterior, debido a los ingresos por hidrocarburos, Rusia está metida en una ola de crecimiento económico: 4,3% en 2011 y una estimación de 3,5 a 4% en 2012. Esta sensación de prosperidad refuerza la resistencia a los planes de privatización por parte  de los aparatchiks que todavía controlan las empresas estatales. Las circunstancias en Europa les favorecen, ya que el capital occidental sólo entraría ahora en Rusia si se le ofreciesen activos infravalorados, cosa que Rusia no tiene necesidad de aceptar en estos momentos.
Una fuente alternativa de inversiones podrían ser las grandes fortunas hechas al abrigo de las primeras privatizaciones a la caída del comunismo. Se estima que la salida de capitales rusos en 2011 alcanzó los $70.000 millones. Pero esto es difícilmente aceptable para Putin, cuya popularidad como líder reformista se hizo en gran parte en su lucha contra el dominio que sobre la vida política ejercían los llamados “oligarcas”.
Pero hay oligarcas y oligarcas. Los de la primera clase son los desobedientes, como el ex-zar del gas Jodorkovski, que está entre rejas, y los de la segunda son los que aceptan entrar en el juego político de Putin. Uno de ellos es Mijail Projorov, empresario minero que hizo una fortuna estimada por Forbes en $18.000 millones.
Projorov se presenta a la elección presidencial por el partido Causa Justa, fundado en 2011, en una maniobra que todo el mundo atribuyó al Kremlin y fue entendida como destinada a atraer votos de los sectores modernizadores de la clase media,  al objeto de que no fueran a partidos opuestos a Rusia Unida, como los nacionalistas y los socialdemócratas.
Para tratar de neutralizar las fuerzas ultranacionalistas representadas por el candidato Vladimir Zirinovski, Putin ha lanzado en las últimas semanas una furibunda campaña contra los Estados Unidos, en la persona del embajador recientemente nombrado, Michael McFaul, al que acusa de dar instrucciones y financiar los grupos de opinión que tratan de encontrar el apoyo de las fundaciones norteamericanas dedicadas a la promoción de elecciones libres.
Recuperar el rango de gran potencia
La otra dirección estratégica, la militar, se propone establecer a Rusia como la potencia dominante de Asia Central, y mantener una cierta capacidad para hacer sombra al poderío militar de los Estados Unidos en el resto del globo. Lo primero  le será facilitado por la retirada de Afganistán, por parte de Estados Unidos y la OTAN, prevista para finales del 2014. La aspiración rusa es establecer una Unión Euro-Asiática que reúna todas las repúblicas que habían formado parte de la Unión Soviética. De cara a Occidente, otro objetivo esencial es impedir la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas, y ya lo ha conseguido en lo que respecto a Ucrania y Georgia.
Las fuerzas armadas rusas han sufrido un fuerte deterioro en los últimos veinte años. Sus limitaciones se pusieron en evidencia en la guerra de Georgia, del 2008. Prácticamente han estado viviendo de los armamentos y equipos dejados por la Unión Soviética. Aunque se han creado nuevos prototipos de armas, ya no existe la planta industrial y los equipamientos materiales y humanos para mantener cadenas de producción actualizadas. La industria militar depende hoy críticamente de sus ventas al extranjero de los sistemas de armas de la generación anterior. Rusia produce casi el 25% de todas las ventas internacionales de armas (2011).
El Programa Estatal de Armamentos 2011-2020 se propone invertir $650.000 millones para las fuerzas dependientes del ministerio de Defensa y otros $100.000 millones para los otros servicios de seguridad.
Pronósticos
La elección presidencial parece hoy por hoy cosa juzgada: Putin ganará por más del 58% de los votos, según el Centro de Estudios de la Opinión Pública, por lo que no será necesaria una segunda vuelta. Este mismo centro pronostica el 14,8% de los votos para el líder del partido comunista Guennadi Ziuganov, el 9,4% para el ultranacionalista Zirinovski, el 8,7% para el Mijail Projorov y el 7,7% para el socialdemócrata Serguei Mirónov.
El ideario de Putin quedó expuesto en un artículo suyo publicado a principios de febrero en el Washington Post (“Mi visión de una Rusia mejor”). Putin se dirige en él a “un público más próspero, educado y exigente”. Este nuevo público es el resultado de “nuestros esfuerzos”. El votante debe rehuir “un circo de candidatos que compiten entre sí con propuestas cada vez menos realistas”. Debemos crear “un sistema en el que sea posible y necesario ser honrado”.
Aunque en el artículo llama a luchar contra la corrupción mediante la represión y la separación del poder ejecutivo respecto del sistema de controles, es notable la ausencia de cualquier alusión a la reforma y a la independencia del poder judicial.
Un pronóstico razonable de las expectativas de la segura nueva presidencia de Putin (su tercera) sería aproximadamente éste: moderará el fervor privatizador que le embargaba hasta hace unos meses en su apertura a Europa, tratará de componerse con las grandes fortunas para que inviertan en la renovación tecnológica y empresarial del país, y pondrá al que sin duda será su primer ministro, el actual presidente Medvédev, a seguir animando a los sectores modernizadores de la sociedad a que se mantengan fieles al proyecto tecnocrático de Rusia Unida, mientras recupera posiciones en la competición de grandes potencias. Y después, a por la cuarta presidencia.
Publicado el 23 de febrero 2012 en Capital Madrid.com

FERNANDEZ DÍAZ LIMITA LA “DIMENSIÓN POLÍTICA” A LOS PRESOS

El debate de la autodeterminación, para el próximo parlamento vasco
Antonio Sánchez-Gijón.- Las recientes palabras del ministro del Interior, Sr. Fernández Díaz afirmando que “el problema de ETA tiene una dimensión política” tenía tanto contenido como cada cual quisiera meterle dentro. Por ejemplo, podía querer decir: dado el alto el fuego definitivo anunciado por ETA el 20 de octubre, el gobierno atenderá en la medida de lo posible las demandas del Partido Nacionalista Vasco y el PSOE-PSE para mejorar la situación de los presos etarras que puedan acogerse a los beneficios de la  ley penitenciaria. ¿O quizás quería decir?: si ETA abandona las armas, será irremediable que pase a primer plano la cuestión de la autodeterminación.
La declaración hecha ayer domingo por el mismo ministro en el congreso del PP parece confirmar que, de momento, cualquier posible consulta política se reducirá a la primera opción: podrán acogerse a los beneficios penitenciarios los presos que muestren arrepentimiento  y pidan a ETA su desaparición. Sin embargo, la otra cuestión, la de la autodeterminación, tarde o temprano la encontraremos en el plato de nuestra política nacional como hueso duro de roer.
Lo que impide que el hueso ya esté servido es la ilegalización de Sortu por sentencia del Tribunal Supremo. Esta puede verse corregida por la próxima decisión del Tribunal Constitucional sobre su supuesta inconstitucionalidad. Incluso si el TC confirmara la sentencia y Sortu no pudiera constituirse como partido político legal, quedaría pendiente la necesidad y conveniencia de que las fuerzas políticas abertzales que ocupan unas pocas e importantes posiciones institucionales en el País Vasco (sobre todo en Guipúzcoa) se articulen en un partido político legal. Lo mismo puede decirse de la coalición Amaiur, con representación en Cortes.
Es difícil concebir unas elecciones generales en el País Vasco el próximo año sin que las fuerzas independentistas estén formalmente constituidas de alguna forma, bajo  las normas y garantías de la Ley de Partidos. Impedirlo equivaldría a poner en riesgo la paz, y sería un motivo de dudas sobre la legitimidad del sistema político español. Esto es así, y no hay que darle muchas vueltas. El de la autodeterminación es un debate inevitable, siquiera sea porque será el caballo de batalla de las fuerzas independentistas que previsiblemente se instalarán en el próximo parlamento vasco.
La primera fuerza constitucionalista del País Vasco, el PSE, lleva tiempo tratando de salir al encuentro de esta cuestión. “Autodeterminación” es el término claro y conciso que se esconde debajo del eufemismo “derecho del pueblo vasco a decidir” usado frecuentemente por los socialistas. El propio PSOE y el gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero mantuvieron conversaciones y negociaciones con ETA, sobre el supuesto de que el objetivo era articular ese supuesto derecho, tal como cuenta Jesús Eguiguren en su libro “ETA, las claves de la paz”. En su opinión, el gobierno de España debe limitarse “a asumir lo que le demandan los vascos. Al fin y al cabo siempre hemos dicho que éste es un problema entre vascos” (volveré sobre este último punto). Es tanto su deseo de que Euskadi se mantenga dentro de España, que ha ofrecido recientemente a los soberanistas la idea de una constitución propia de lo que él llama Euskal Herría, aunque no independiente de España o de Francia. Es posible que el PSE no quiera ni oír hablar de una propuesta tan innovadora, dado que ahora le interesa no ir más allá de la cuestión de los presos, para lo que debe mantener un diálogo con el gobierno, contenido dentro de un marco posibilista, y cuestiones como “constitución vasca” o “derecho a decidir” son divisivas. Pero llegará el 2013, y al PSE  le convendrá seguir moviéndose en la zona ambigua tan bien encarnada por Eguiguren, tratando de llegar al segmento de la opinión  vasca que está dispuesta a ceder en las palabras con tal de que no se produzca una alteración sustancial del status quo.
Así que la cuestión de la autodeterminación estará presente, lo mismo que las formas contemporizadoras descritas más arriba, en el parlamento y en la actividad política del País Vasco. Otra cosa es que esta cuestión llegue al parlamento español. En contra de lo que dice el Sr. Eguiguren, éste no es sólo “un problema entre vascos”. Para empezar, la constitución española no reconoce el derecho de autodeterminación. Éste es ya un gran obstáculo para que la cuestión sea tratada parlamentariamente. Pero aún en el caso de que la constitución fuera reformada en el sentido de admitir el derecho de autodeterminación, o a decidir, están las cuestiones “fundamentantes” del pueblo vasco y del pueblo español.
Ascenso metafísico a Euskal Herría
La noción de pueblo vasco es de naturaleza tanto histórica como cultural. La historia vasca ha sido a través de los siglos  “un plebiscito cotidiano” a favor de la unidad de España. Ha sido así hasta que se produjo el cisma cultural del aranismo, a finales del siglo XIX, un fenómeno  con proyección potente sobre la sociedad vasca pero no totalizador.
El pueblo español, por otro lado, se autocomprende como integrador de varias identidades culturales, con las que ha vivido una historia común de muchos siglos, y que sigue necesitando todas y cada una de ellas para realizarse. Este es el sentimiento que, además, sin duda embarga a los miles de familias vascas que se vieron obligadas a emigrar al resto de España, debido a la odiosa presión ejercida contra ellos (cuando no crímenes directos sobre sus personas) por los secesionistas.
Aunque es cierto que estas consideraciones son de orden emocional  (espiritual si se quiere), sin una valencia constitucional específica, lo mismo puede decirse de ese sentido de identidad de pertenencia a una supuesta Euskal Herría, especie de ascensión a los espacios metafísicos de lo que siempre habíamos llamado País Vasco o últimamente Euskadi.
Por último señalaré lo incompatible de todas esas pretensiones de nación o estado separados con la estructura geopolítica donde se insertan tanto España como el País Vasco. Éste se halla situado a caballo de una de las dos puertas de acceso de la Península Ibérica a la masa continental europea. Es demasiado pretender que España sea indiferente a este hecho, y acepte tener que verse mediada por un estado independiente en sus tráficos con Europa. No hay estado que se respete, y más si está constituido como tal desde hace siglos, que acepte una servidumbre como ésa. Ceder fronteras no es sólo perder territorio, es también perder soberanía.
A esto replicarán los secesionistas que España no debe temer, porque estando todos en una Europa unida, ¿cómo se le iba a ocurrir a Euskal Herría obstaculizar los tráficos esenciales para España? Lo que merece a su vez réplica: ¿por qué un pueblo como el vasco, que goza de todos derechos de cualquier pueblo europeo, quiere ejercer un derecho que no le añade nada fundamental y que resta seriamente a otro?
En resumen: aunque el debate sobre la autodeterminación del País Vasco es constitucionalmente imposible, políticamente es inevitable.
Publicado el 20 de febrero 2012 en Capital Madrid.com

La crisis convierte a los políticos en competentes contables

El instinto parece haberse refugiado en el BCE
Antonio Sánchez-Gijón.– El pánico creado en Madrid por la filtración de la agencia Reuters sobre el supuesto engaño del Gobierno español en torno al déficit previsto para el 2012 muestra que nuestra comprensión de la crisis del euro está ofuscada por la necesidad anímica que tenemos de encontrar una verdad firme y segura, pura e incontrastable, es decir, un dogma al que abrazarnos, desde cuyos presupuestos podamos reconstruir de abajo arriba un orden de certezas y realidades que nos permitirá alcanzar un mañana seguro y libre de imponderables. Ese dogma de nuestros días es que la economía (o la macroeconomía) es una ciencia exacta.
Así que si el Sr. Rajoy dijo a sus socios del Eurogrupo que sus cálculos indicaban que España había entrado en el 2012 con un déficit de las cuentas públicas del 8%, y no del 6% como había pronosticado el gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero, no podía ser por otra razón que la del puro cálculo político y poder decir a final de año que gracias a sus desvelos y al enorme sacrificio del pueblo español se había conseguido, efectivamente, contener el déficit al 4,8% prometido por él, Rajoy, a pesar de que el déficit heredado era aún mayor de lo confesado por el anterior gobierno.
Es decir, que el "submarino" que lanzó el bulo (alguien instalado en una  vicepresidencia de la Unión Europea, ocupada por un histórico del socialismo español, claro está) aplicaba a los cálculos del gobierno de Rajoy el mismo corolario que el Sr. Rajoy había aplicado a los cálculos del Sr. Rodríguez Zapatero, a saber: que dado que la economía es una ciencia exacta, las medidas tomadas por dos agentes (dos gobiernos) a unos mismos hechos materiales (los datos macroeconómicos) no podían arrojar magnitudes diferentes (las previsiones sobre el déficit arrastrado), de lo que resulta que el gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero mintió al admitir un déficit del 6%, tratando de poner un paño caliente a la catástrofe que dejó en herencia al Sr. Rajoy.
Cuesta comprender cómo los grandes responsables políticos o económicos encargados de sacarnos de la crisis (a los que se les debe suponer altas dosis de formación económica y política) se reducen a sí mismos a la categoría de contables. Es imposible hacer una previsión de déficit con un margen de credibilidad aceptable si no se hace precisamente con eso, con un margen de error razonable.
Este curso político 2012 está lleno de imponderables económicos. Las previsiones del déficit serán probablemente muy distintas antes y después de las elecciones andaluzas, mejor dicho, antes o después de que se forme un nuevo gobierno andaluz. Lo mismo que el ministro de Economía alemán, Schäuble, llama a Grecia "un pozo sin fondo", la Andalucía de Chávez y Griñán, a la luz de los ERE falsos, Mercasevilla, etc., etc., se podría comparar a un puro "fondo de reptiles" a la vieja usanza: sobres por aquí y por allá para amigos, primos y compadres. Habrá que esperar a que se puedan purgar las cuentas andaluzas (siempre que el PSOE pierda las elecciones) para estar seguros de que los déficits de las diversas ramas de la administración no van a distorsionar las previsiones sobre el  español.
Contra el dogma de la economía como ciencia exacta también milita un hecho inmaterial: el tiempo, que aunque es cuantificable en su pura progresión, no nos revela por adelantado la intensidad y la concentración de los acontecimientos que pueden coincidir bajo su transcurso. ¿Qué pasa con las previsiones si la previsible protesta social desemboca en una revolución social? ¿Por qué tiene que ser una previsión de déficit del 4,4%, y no una de entre el 4,5 y el 6%, que toma en cuenta previsibles errores de cálculo, así como da cierto margen para imprevistos?
Otra gota de sangre
Lo absurdo de estas situaciones en que la política recula ante la contabilidad lo hemos visto desde principios de semana en el punto muerto alcanzado entre la tripleta negociadora y el gobierno de Atenas, en torno a una "gota de sangre helena" más, de 325 millones de euros, que los griegos debían todavía conceder para poder recibir el torrente de 130.000 millones del rescate. Es decir, todo se podría ir al traste porque los contables no estaban dispuestos a conceder un 0,25% de margen.
Ese puntilloso deseo de cuadrar las cuentas al céntimo y grabarlas a fuego en la piel de los pueblos puede que denote un sentimiento íntimo, secreto, que embarga a los políticos que detentan  la vara alta por la virtuosa trayectoria de sus economías: Alemania, Holanda, Finlandia, Austria, etc., y que sólo un empresario de éxito, de una empresa que puede hablar de tú a tú a los gobiernos, se atreve a expresar, como ha hecho el CEO del gigante electrónico Bosch, Franz Fehrenbach: que Grecia "no tiene sitio en la Unión Europea". Esto sí que es coger el toro por los cuernos y no por los asientos contables.
Por encima de este desolado cuadro de balances y cuentas de resultados en que nos tienen metidos los políticos, brilla con luz propia lo que es capaz de hacer un hombre de números que no quería meterse en este lio del euro. Me refiero a Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, que con su golpe maestro del último diciembre, de decretar el "acceso ilimitado" al crédito por parte de los bancos de la zona euro, impidió que el problema de la deuda soberana se convirtiera en un colapso del sistema bancario. La calma así conseguida dio oportunidad a la creación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y al establecimiento de un Mecanismo Europeo de Estabilidad permanente, agrupando recursos próximos al billón de euros, mil millones arriba, mil millones abajo, con esa indeterminación propia de una realidad fluida con la que los políticos no parecen reconciliarse, tan adictos como son en los últimos tiempos al principio de "las cuentas claras" y "cuadrar balances".
La economía, como dijo Napoleón de la estrategia, es "un arte de ejecución", poco científica y desde luego no exacta. Incluso si los "contables" del euro obligasen a todos los países de la moneda común a cuadrar y equilibrar sus balances particulares, aún harían falta los políticos para introducir los cambios de tipo social, educativo, material y moral necesarios para salvar a Europa, no por la solidez pétrea de su moneda, sino por la competitividad de su economía
Publicado el 16 de febrero 2012 en Capital Madrid.com

Testimonios del embajador alemán en Madrid

A propósito de lo revelado por el semanario Der Spiegel sobre el 23-F
Antonio Sánchez-Gijón.– El semanario alemán Der Spiegel ha publicado un extracto de un teletipo del embajador alemán en Madrid en 1981, Lothar Lahn, en el que da cuenta a su ministro de la conversación amistosa que ha mantenido con el rey Juan Carlos el 26 de marzo, es decir, poco más de un mes después del intento de golpe de estado de febrero. Lahn da cuenta de unas tomas de postura de la persona real, que venían incoándose desde unos años antes, debido a la profunda enemistad entre don Juan Carlos y el presidente del gobierno Adolfo Suárez. Soy testigo de que además había una animadversión soterrada del rey y de los altos mandos militares hacia el vicepresidente del gobierno encargado de los asuntos de defensa, tte. general Manuel Gutiérrez Mellado, de lo que diré algo pronto.
Según el cable del embajador alemán, el rey "no dio muestras de antipatía o agravio respecto de los autores,  sino más bien comprensión, y acaso simpatía". La responsabilidad de la intentona recae en el entonces presidente del gobierno, Adolfo Suárez, porque (dice el semanario) había fracasado en "establecer relaciones con los militares"  y no tomó en cuenta sus "deseos justificados". El rey, además, habría dicho al embajador que los insurrectos "sólo querían lo que todos pretendemos, el restablecimiento de la disciplina, orden, seguridad y calma". El rey, al parecer, había instado a Suárez a atender las "ideas de los militares", pero sin éxito.
Por puras razones profesionales, por un lado, y de larga amistad con una persona con acceso e influencia directa sobre Adolfo Suárez, por otro, reuní una serie de testimonios que confirman lo que dice el embajador. Vayamos por partes, de lo más antiguo a lo más nuevo.
Yo venía publicando en el diario El País, desde mi ingreso en el periódico en 1976, informaciones y artículos analizando la política de defensa española, que en aquellos tiempos era más bien la política de cada uno de los cuarteles generales, como lo había dispuesto Franco. A mí me parecía que la marina era el servicio con una actitud más profesional pero también extremadamente conservadora; la fuerza aérea se estaba poniendo al día en armamento y doctrina, pero procuraba no llamar la atención. El ejército, por el contrario, padecía graves tensiones, unas de tipo ideológico (la clandestina Unión Militar Democrática, etc.), otras de desconcierto ante la falta de respuesta eficaz a los asesinatos de ETA y otros grupos extremistas, que habían tomado a los militares del ejército como blanco preferente.
El gobierno estaba abrumado por la presión militar y las continuas muestras de descontento que gran parte del generalato daba, rayanas en algunos casos en la insubordinación.
Yo había establecido contactos ocasionales con un coronel de carros de combate, destinado, creo recordar, en el gabinete de Gutiérrez-Mellado. Le pedí que gestionase una entrevista mía con el tte. general. Y en efecto, me la consiguió, y Gutiérrez-Mellado me citó en el palacio de la Moncloa a primeros de diciembre de 1976. Entonces empezaron a ocurrir cosas curiosas.
Un almirante en retiro, padre de un amigo mío, me llamó un día para decirme que le gustaría hablar conmigo. Nos reunimos y me hizo un extenso alegato contra el tte. general y vicepresidente del gobierno, en base a su aparente incapacidad de encauzar el descontento militar. Luego me llamaron dos o tres militares de alta graduación (retirados) con el mismo fin.
Yo, naturalmente, estaba escamado, pues todo ello parecía obedecer a una operación bien planeada para condicionar mi opinión. Mi suspicacia, sin embargo, se debilitó algo cuando fue el entonces coronel Emilio Alonso Manglano, al que yo conocía desde los días del diario "Madrid" y que tenía reputación de ser uno de los hombres de la Zarzuela en los servicios secretos, quien me llamó. La conversación con Manglano me convenció de que la crisis militar no era cuestión de algunos descontentos, sino que se trataba de un choque de instituciones: la corona y el gobierno.
Acudí a la entrevista en La Moncloa. Para mi desconcierto, el tte. general me dijo que era la primera entrevista de prensa que concedía, y que si daba noticia de que había tenido lugar "le meteré en un castillo". Naturalmente, podría escribir mis impresiones y opiniones sin atribución. Se mostró muy beligerante y algo destemplado con los jefes militares que le atacaban. Profirió una segunda vez la amenaza del castillo. Le pregunté si la tensión que se estaba viviendo no se aliviaría si el gobierno anunciaba que se proponía acelerar todo lo posible el ingreso de España en la Alianza Atlántica. Ello daría seguridad a los militares sobre el anclaje de España en el mundo occidental y les tranquilizaría respecto de su futuro profesional. Me dijo que no era posible: en ese momento había una oposición cerrada del partido socialista, lo que podría crear más motivos de división en medio de una crisis económica profunda y otra de terrorismo.  Saqué la impresión de que no tenía más apoyo que el de Adolfo Suárez.
Lo que publiqué era muy crítico con él, sobre todo porque se mostró destemplado y a la defensiva ante desafíos tan graves. Mi artículo venía a sugerir que no era en ese momento el hombre para superar la crisis militar. Años después me dijo que le había dolido mucho lo escrito por mí. Yo lo lamenté. Pero yo no había acudido a él más que para hablar de política de defensa y me encontré a un hombre librando una batalla personal. Que, por otra parte, culminó con coraje excepcional el 23 de febrero en el Congreso de los Diputados.
Dos hilos que conducen al 23-F
Tres años después pude recoger el hilo de ese desencuentro entre don Juan Carlos y Adolfo Suárez. El hilo pasó por dos manos. La primera era la de Rafael Calvo Serer, presidente del diario "Madrid" y hombre próximo a círculos monárquicos leales a don Juan de Borbón. Rafael siempre traía noticias frescas a las reuniones con su tertulia. Pocas semanas antes del 23 de febrero habló de "un grupo de 100 oficiales con mando de tropa" que estaban dispuestos a intervenir. Esto fue más o menos en los mismos días en que se supo que el diputado socialista Enrique Múgica se había reunido con el general Armada en Jaca. Cosa significativa si se tiene en cuenta que en febrero el rey nombró  al general segundo jefe de estado mayor del ejército. Todo lo dicho en este párrafo no es nada revelador, pues en su momento se supo y se analizó. Sin embargo, a la luz de lo dicho por el embajador Lahn, quizás al nombramiento de Armada se le pueda dar una interpretación diferente de la que se dio después del golpe: que el rey le había devuelto al ejército, para que no ejerciera presión de cualquier tipo sobre él.
El último testimonio que recibí por el segundo hilo es el más sugestivo, pues muestra hasta qué punto don Juan Carlos estaba dispuesto a deshacerse de Suárez a cualquier precio. Me vino por Eduardo Navarro Álvarez, un viejo amigo mío del colegio mayor Santa María de Europa con quien mantuve larga amistad. Eduardo había sido vicesecretario general del Movimiento cuando Suárez era el secretario general. Luego fue subsecretario de Gobernación y desde ese puesto preparó para Suárez reformas y leyes políticas.
Suárez, que se llevó a Navarro a su bufete cuando dejó el gobierno, le había confiado lo siguiente: un día fue convocado por el rey a la Zarzuela. Al entrar, para su sorpresa, se encontró en una sala a cuatro altos mandos militares. El rey se excusó un momento y salió, dejando a Suárez con los tri-estrellados. Éstos le pidieron que presentara la dimisión. Suárez preguntó por qué razón: uno de ellos le dio una respuesta algo truculenta. Suárez anunció su retirada del cargo y, de hecho, de la vida política activa.
Todos los que me hicieron las confidencias han muerto. No podrán ni confirmar ni negar lo que aquí relato. Tampoco soy ya rehén de mi promesa de no revelarlas. Lo único que puede tener algún significado son los testimonios de un observador de la vida nacional que miraba por los huecos por los que sus contactos le permitían de vez en cuando observar  una España convulsa.
Publicado el 13 de febrero 2012 en Capital Madrid.com

LA CRISIS DE SIRIA PRODUCE UNA SOBRECARGA DEL SISTEMA INTERNACIONAL

Antonio Sánchez-Gijón.- La crisis siria se está complicando con la crisis de Irán. Las tensiones diplomáticas generadas por los dos conflictos se desarrollan sobre un fondo de cálculos y ambiciones geopolíticas de varias potencias, de tal forma que aumenta la posibilidad de que un factor imprevisto, una percepción de riesgo o amenaza mal calculado, produzca una reacción en cadena como las bien conocidas que dieron lugar a buen número de conflictos de alcance mundial. A continuación, un análisis de los acontecimientos diplomáticos relevantes, seguidos de un examen de su respectivo fondo geopolítico.
El caso más caliente (que no el más amenazante) es el de Siria. Un día después de que el presidente sirio Bashar al-Assad asegurara al ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, durante la visita de éste a Damasco el pasado día 7, que se proponía abrir de inmediato una vía de diálogo con el movimiento de oposición, los ataques contra la población (esta vez en Homs) se recrudecieron. Lavrov había arriesgado su credibilidad al asegurar que Assad “está entregado a la tarea de parar la violencia independientemente de dónde venga” (declaraciones suyas a la agencia Novosti).
Añadió que “hemos recibido confirmación por parte del presidente de Siria de que está preparado para cooperar en el esfuerzo de terminar la violencia, acompañado de un diálogo con las fuerzas políticas”. Con esas palabras parecía que Rusia se hacía cómplice de al-Assad al dar por buena una promesa que éste ha roto repetidamente. Pero el ministro añadió algo que debió disgustar al sirio: “Hemos confirmado nuestra disposición a facilitar la rápida terminación de la crisis con base en la iniciativa de la Liga Árabe”. La tal iniciativa pide que el poder sea asumido por el actual vicepresidente sirio, que sería quien abriese el diálogo con la oposición. Desde ese punto de vista, la misión de Lavrov en Damasco llevaba en su seno una contradicción insuperable.
Rusia debe medir bien sus pobres bazas en este juego. Su apoyo al régimen sirio le ha alienado a la mayor parte de los países árabes, quizás con la excepción de Iraq y Argelia. Su mención de  la resolución de la Liga Árabe puede ser una mano tendida hacia ella, a sabiendas de que con al-Assad nada se puede hacer sino abandonarlo a su suerte.
Rusia se halla en un proceso de regeneración geopolítica que tiene sus escenarios principales en Europa Oriental y Asia Central. Ha sustraído Ucrania al magnetismo occidental y mantiene a Bielorusia como fiel satélite. Todas las naciones del antiguo imperio soviético en Asia están una vez más en la órbita o bajo la influencia de Moscú.  Rusia es la potencia regional hegemónica en esos inmensos territorios. En opinión del ministro turco de Exterior, Ahmed Davutoglu, “en las NN.UU. hemos visto volver la lógica de la Guerra Fría”, en referencia al veto ruso y chino a la resolución contra Damasco.  La conexión siria daba a Rusia un cierto alcance mundial con su acceso al Mediterráneo a través de los puertos de Tartus y Latakia. Rusia, sin embargo, puede perder estas posiciones por su apoyo incondicional a al-Assad sin que el núcleo de sus intereses esenciales se vea afectado. Lo mismo que Putin ha reconstruido a lo largo de diez años el poder económico de Rusia y su esfera de influencia tradicional, esa mínima proyección ultramarina puede ser restablecida más adelante, si es que por la revolución siria llegara a perderse.
Damasco y Teherán se necesitan
Veamos ahora el cálculo sirio. Esencialmente se centra en mantener el dominio de la familia Assad y de la minoría alauita, con sus aliados chiitas y cristianos, como clave de la estabilidad de Siria. Puede que haya algo de verdad en esa pretensión, como lo había en el de los poderes tiránicos de Sadam Hussein como clave de la estabilidad de Iraq. Para mal o para bien, el régimen de los Assad, con todo su costo de sangre, ha mantenido al país unido. La Siria postcolonial había sido una serie continua de revoluciones y golpes de estado. Ese cálculo volvió prudentes a los Assad: después de sus derrotas ante Israel, se han abstenido de provocarlo directamente, prefiriendo trazar su propia esfera de interés en Líbano y apoyar las milicias de Hezbolá y Hamas como aguijón contra Israel. Hoy día el sostén estratégico de Siria es el régimen de los ayatolás de Irán. De ellos recibe armas, dinero, inteligencia y fuerzas de represión. Su suerte se halla unida a la de Irán.
Siria es el puente de la proyección estratégica de Irán sobre el Mediterráneo y el brazo para ayudar al estrangulamiento de Israel cuando sea posible. De Siria depende que Irán pueda ejercer contra Israel cualquier represalia en caso de un ataque contra sus instalaciones nucleares. Esa capacidad de represalia depende de la de Hezbolá para desencadenar ataques contra Israel con las decenas de miles de misiles que Irán le ha facilitado.  O al menos éste es el cálculo. Otra cosa es que Hezbolá quiera poner en riesgo sus vidas y su posición clave en el juego político libanés. También hay que medir el efecto que ese alineamiento puramente chiita con Irán tendría sobre un mundo árabe sunita profundamente sospechoso de las intenciones de los ayatolás. Las poblaciones chiitas de los países controlados por monarquías sunitas podrían ser seriamente reprimidas como una amenaza potencial.
Irán ve cada día estrecharse su libertad de acción. La última visita de los inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica a sus instalaciones nucleares terminó con informes que parecían confirmar las ambiciones de armamento nuclear. El gobierno israelí está convencido de que alcanzará esa capacidad en este año. La bomba es la herramienta  que le falta para  ordenar en su favor las relaciones de poder e influencia en el negocio del petróleo en el Golfo.
Teherán está en una carrera contra reloj doble: proteger sus instalaciones nucleares en galerías rocosas inmunes a las bombas subterráneas israelíes y dominar la técnica de cargar y cebar las cabezas nucleares. Estados Unidos cree que aún no domina esta capacidad pero Israel no parece convencido. Entretanto, el liderazgo militar iraní cree ganar tiempo con advertencias. Así, el segundo jefe de las fuerzas armadas dijo anteayer que Israel y los Estados Unidos están sujetos a la capacidad de represalia de Irán. El embajador iraní en Moscú fue un poco más atrevido con una declaración paralela a la agencia rusa Interfax: “Irán está en muy buena posición para infligir represalias contra América en todo el mundo. Un ataque contra Irán sería un suicidio”. Cuánto hay de “farol” en estas advertencias, es difícil de evaluar, considerando que en el régimen se están aguzando las tensiones entre el presidente Ahmadineyad y el líder supremo Alí Jameni.
Euforia de Israel
Israel es la última incógnita de que se ocupará este análisis. El lunes pasado llegó a Washington el ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, uno de los “halcones” del liderazgo israelí.  La opinión especializada de Washington da por seguro que dentro de este año se producirá el ataque. La izquierda israelí parece no oponerse ahora a esta peligrosa operación. El momento es ideal desde el punto de vista diplomático. Se acercan unas elecciones presidenciales en Estados Unidos, y el voto judío, que habitualmente se inclina a los demócratas, está en juego para un presidente Obama que “cometió” el pecado de abrir su mandato con un intento de apertura hacia Teherán, y que desde entonces ha mantenido la oferta a pesar de los rechazos iraníes. El primer ministro Netanyahu es consciente de su capacidad de presión sobre Obama, como quedó demostrado durante su última visita a Washington, cuando rechazó la petición del presidente de retrasar su plan de construir más asentamientos en los territorios ocupados. De este modo, los israelíes ven a Obama como su “rehén”, lo que les anima, además, a mostrarse inflexibles en su imparable política de asentamientos en los territorios ocupados.
Como resumen de todo lo dicho: Rusia se ha metido a mediadora  y puede salir escaldada. Damasco ha puesto su suerte en manos de Teherán. Irán se halla acosado e Israel es probable que se salga con la suya. Pero claro, están las incógnitas…
Publicado el 9 de febrero 2012 en Capital Madrid.com

Rubalcaba se abraza a Griñán... hasta las andaluzas

Esfuerzo desesperado para no perder la Junta el 25 de marzo
Antonio Sánchez-Gijón.– La designación de José Antonio Griñán como presidente del PSOE es una alianza non sancta entre el nuevo secretario general Rubalcaba y las corrientes andaluzas favorables a la derrotada Carme Chacón.  Estas corrientes fueron apoyadas subrepticiamente, a lo largo del trigésimo octavo  congreso federal del partido, celebrado la pasada semana en Sevilla,  por  el Sr. Griñán. El objeto de la  alianza es que el partido dé una muestra  de unidad inquebrantable entre vencedores y simpatizantes de los derrotados, de cara a las elecciones a la Junta de Andalucía que se celebrarán el próximo 25 de marzo.
Lo dijo Rubalcaba en su discurso de aceptación: dos palabras van a impregnar mi mandato, primero unidad y después cambio. "El PSOE andaluz - dijo - es el corazón y la columna vertebral del PSOE". Palabras comprometedoras, como se apreciará más adelante.
El pacto difiere al incierto futuro el debate interno socialista que pueda dar cuenta de las causas de sus sucesivas derrotas en las elecciones a las comunidades y a las parlamentarias del estado. El Sr. Rubalcaba ha valorado más el cerrar filas que la reflexión sobre la crisis del PSOE. Este pacto por la unidad obligará a los socialistas a tratar de poner sordina, de momento,  a todos los casos de corrupción que afligen a la Junta, así como sobre los índices macroeconómicos y sociales que muestran que Andalucía está a la cola en desarrollo, en educación, en destrucción de empleo, y a la cabeza del paro después de Canarias. Una competición electoral no es, desde luego, el mejor momento para hacer autocrítica o examen de conciencia.
Andalucía, materia delicada
Sin embargo, la asociación del Sr. Rubalcaba con el pobre historial de la Junta, por lo menos durante el mes y medio que queda para las elecciones andaluzas, no contribuirá a reforzar su imagen de renovador de la vía socialista para el conjunto de España. Durante la campaña electoral se verá obligado a defender el negativo  historial de los gobiernos andaluces del anterior presidente de la Junta y hasta ayer presidente del PSOE, Manuel  Chaves, y el del actual titular, Griñán. Ahora bien, ¿tenía otra alternativa a este pacto de mutuos intereses? Seguramente no.
La continuidad de Chaves como presidente del partido hubiera sido una insensatez, una vez que bajo su presidencia se han acumulado las denuncias (de momento sólo denuncias) sobre los casos de corrupción supuestamente perpetrados bajo sus mandatos como antiguo presidente de la Junta. Por no hablar de su aparente inoperancia como vicepresidente tercero del anterior gobierno. El otro líder socialista con poder ejecutivo aparte de Griñán, Patxi López, no era alternativa porque es el secretario del Partido Socialista de Euzkadi, y siempre es conveniente mantener un poco de ficción en eso de las autonomías de los partidos, sobre todo en valles tan arriscados como los vascos. Quedaban algunos barones del partido: quizás José Bono, a quien siempre le ha gustado figurar, pero ¿quién se fía de él a estas alturas de su carrera política? Quizás José Antonio Alonso, que sale de la debacle socialista sin haberse chamuscado apenas. O Trinidad Jiménez, siempre tan bulliciosa y derrotada tantas veces. Por no hablar de Miguel Ángel Moratinos, a quien todavía "no hemos colocao" a la altura de sus merecimientos...
Pero no, lo urgente era cerrar el paso a la división, echar pelillos a la mar de los rencores y salvar al PSOE andaluz. Que siguiera latente la división interna entre rubalcabistas y chaconistas de cara a las elecciones era lo que le faltaba al partido para perder Andalucía. No hace al caso que para los chaconistas Rubalcaba representaba "más de lo mismo" (El País, 4 de febrero). Sin embargo, no hay contradicción que no pueda ser superada por un buen salto dialéctico: así, primero asistimos a la fusión entre, por un lado, los pujos de renovación de la andaluza sobrevenida, Carme Chacón, y del otro el socialismo de clientela de Griñán. Y de allí,  a la síntesis Rubalcaba-Griñán. Pero solo hasta las elecciones. Después es poco probable que Rubalcaba no remueva la charca andaluza.
Griñán fue nombrado por Manuel Chaves consejero de Economía y Hacienda en 2004, y no fue hasta 2005 cuando la Intervención General de la Junta presentó al consejero la primera denuncia por los expedientes de regulación de empleo falsos. Se trata de una supuesta estafa de muchos millones de euros, desviados de los mil millones que desde hace diez años se debían haber aplicado en su integridad a ayudas a las empresas en crisis y a los trabajados enviados al paro. Aunque no hay indicios de que el Sr. Griñán haya sido parte en esos desvíos, y al contrario, que ha sido activo en las denuncias, queda por saber su actividad en torno a esta cuestión entre su nombramiento y las primeras denuncias judiciales.
¿Aparatchik o experto?
Ya sabemos que el Sr. Rubalcaba es objeto de todas las lanzadas de la derecha, que lo retratan como un Fouché versión más o menos maligna. Es cierto que ha estado metido hasta las cejas en situaciones equívocas (elecciones del 2004, caso Faisán), pero también lo es que como aparatchik de la seguridad en Interior ha llevado a cabo una eficaz y tenaz lucha contra ETA. La cual no hubiera sido tan empeñada si él no hubiese estado animado por un gran sentido del estado. Como dijo en su toma de posesión ante el 38 congreso: "No debemos jugar con el PSOE. Somos Partido, Socialista, Obrero y Español, y a ninguna de las cuatro cosas tenemos que renunciar".
El problema es que la "expertise" de que está dotado es de banda estrecha. ¿Qué comprensión de la crisis económica, monetaria  e internacional posee?
Lo que es más importante, ¿qué experiencias ha adquirido en los foros internacionales, más allá de los puramente policiales y de seguridad? En una ribera sur del Mediterráneo donde tenemos fogueados expertos al frente de dos gobiernos (Grecia e Italia), y un vicepresidente del gobierno no menos fogueado (España), es importante que el líder del partido socialista muestre en la oposición comprensión de la realidad económica  y del estrecho marco en que nos movemos todos. La crisis del euro ha puesto en cuestión aspectos importantes  del estado de bienestar, principal bandera y conquista de la socialdemocracia, de la que tanto se precia el partido socialista.
En esto el Sr. Rubalcaba es una incógnita. De momento en su toma de posesión ayer domingo amenazó con ocuparse de los banqueros: ""Nos equivocamos en no meter mano a los especuladores y a los banqueros. No nos puede volver a pasar". No fue la única amenaza: "El PSOE se replanteará seriamente la revisión del acuerdo con la Santa Sede". Veremos lo que queda de esta destemplanza cuando salga del mítin y se siente en su escaño de líder de la oposición.
Publiicado el 6 de febrero en Capital Madrid.com

"Venga, Medvedev. Echa a Assad de una vez"

Y no le facilites a Putin la victoria en marzo
Antonio Sánchez-Gijón.– Lo que separa a Bashar al-Assad de una condena por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de su probable caída es el derecho y la voluntad de la Rusia de Putin de vetar la resolución. A su vez, lo que desacreditaría la esperada victoria de Putin en la elección presidencial del próximo marzo sería una declaración del actual presidente ruso, Medvedev, pidiendo al presidente sirio que abandone el poder. Sería un golpe directo contra el apoyo que Putin presta al presidente sirio.
Con esa jugada Medeved se rehabilitaría ante la opinión pública rusa, debilitaría la relación de sumisión que tiene respecto del actual primer ministro, y aumentaría sus posibilidades de mantener su imagen como portavoz de las clases medias profesionales y educadas, acomodadas pero políticamente impotentes por el control total de la vida política que ejerce el Kremlin. Medvedev fue, hasta no hace mucho, más popular que Putin entre la gente joven.
El 24 de diciembre pasado se celebraron en varias ciudades de Rusia las manifestaciones contra el régimen más masivas desde las que derribaron el efímero régimen golpista que quiso restaurar la Unión Soviética en 1991. La blogosfera está llena de voces de protesta. Para el próximo día 4 hay convocada otra tanda de manifestaciones. Estemos atentos.
La imagen de Medvedev quedó dañada cuando en septiembre pasado reveló el pacto confidencial que tenía con Putin para cederle el puesto de presidente en marzo de este año, cuando toca renovar la presidencia, pasando él a su vez al puesto de primer ministro. ¿Un Medvedev liberalizador y modernizador que se agarra al poder con pactos de palacio? El trato asegura a Putin dos mandatos más, de seis años cada uno. La identificación de Putin como uno de los dos baluartes defensivos (el otro es el Irán de los ayatolás) de un al-Assad presidente vitalicio es demasiado obvia para que no se le pase por la cabeza a todos y cada uno de los rusos.
En Occidente la victoria de un partido político en unas elecciones generales por el 49,3% de los votos parecería un éxito arrollador. Ese fue el porcentaje que el partido de Putin, Rusia Unida, obtuvo en las elecciones a la Duma del pasado 4 de diciembre. Para el primer ministro, sin embargo, fue un duro golpe: en las elecciones del 2007 Rusia Unida había obtenido el 64,3%. Todas las otras fuerzas políticas, incluso los comunistas, avanzaron considerablemente en diciembre. También le ha causado mucho disgusto comprobar que cuenta con el apoyo de "sólo" el 60% de la población rusa, según una reciente encuesta sobre popularidad de los líderes. No debe extrañarnos su decepción pues durante sus mandatos como presidente y como primer ministro siempre mantuvo su popularidad por encima del 70%.
La aparente victoria de Rusia Unida no fue muy limpia, y fue menor que lo que parece. Los monitores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea denunciaron en su informe la colusión entre el gobierno y el partido de gobierno; el resultado electoral estuvo sesgado "por la falta de independencia de la administración electoral, la parcialidad de los medios y las injustificadas interferencias de las autoridades del estado a diversos niveles". El porcentaje medio del 49,3% para Rusia Unida resulta al incluir en el cómputo los resultados obtenidos en las regiones del Cáucaso Norte, que se hallan bajo el férreo control de la policía y del ejército rusos, y tienen unos dirigentes políticos totalmente cooptados por el Kremlin (Putin ganó por encima del 90% de media en la región). La comisión electoral rusa sigue actualmente en lo mismo: rechazó hace pocos días la candidatura presentada por el partido Yabloko, del liberal Yablinski.
¿Resolución esta semana?
Naturalmente, todo lo dicho más arriba sobre la posibilidad de que el presidente rompa con Putin en lo de Siria es pura especulación. Pero una especulación muy racional desde la óptica del poder. Sería un modo de que Medvedev replicara al bloqueo que Putin practica contra algunas iniciativas suyas y de salvar algo de prestigio después del infausto pacto. El presidente había puesto mucho capital político en un proyecto de ley para la elección directa de los gobernadores regionales, recientemente presentado a la Duma, pero posteriormente Putin dijo que esa cuestión seguía abierta.
Enlacemos ahora la situación rusa con la crisis siria. Hasta ahora el Kremlin se ha negado a considerar cualquier resolución que implique el abandono del poder por al-Assad, y lo más que ha propuesto es el diálogo entre las fuerzas rebeldes y el gobierno. Las fuerzas rebeldes se han negado a ese diálogo, después de que el gobierno anunciara repetidas veces medidas de gracia y conversaciones, para a continuación incrementar la represión, y no se contentan sino con la caída del régimen.
Un nuevo proyecto de resolución occidental y/o de la Liga Árabe, que será seguramente presentado esta semana, trata de "reclutar" a Rusia, pidiendo que Assad ceda el poder al vicepresidente para que éste forme un gobierno de concentración nacional. La oposición siria apoya este enfoque, y ha rechazado hasta ahora el papel de Rusia como mediador y patrono de unas conversaciones en Moscú.
Si Rusia sigue obstaculizando una dura resolución contra al-Assad, Occidente puede de todas formas presentarla formalmente al Consejo y desafiar a Rusia a que la vete. Es lo último que desea Putin de cara a las elecciones de marzo. Tampoco Medvedev se sentiría feliz, pues quedaría en evidencia la colusión entre los dos para instituirse en una especie de al-Assad bicéfalo.
Moscú teme poner en riesgo la posición diplomática privilegiada de que goza en Damasco, y las ventajas de contar con una base en el Mediterráneo gracias a Siria. Un Damasco bajo influencia occidental y de la Liga Árabe podría poner en cuestión la base y las ventas de armas rusas, y se crearían oportunidades para que aumentase la influencia de Turquía y se disminuyese la de Irán, el otro alfil que Rusia contrapone a la influencia de Occidente en Oriente Medio.
 Publicado el 2 de febrero 2012 en Capital Madrid.com

Davos corrobora el marasmo económico

El Gobierno de Rajoy haría mal en desanimarse
Antonio Sánchez-Gijón.– Muchos de los mensajes que han llegado a Madrid desde Davos muestran a una élite económica mundial escéptica sobre las posibilidades de que España cumpla el compromiso de déficit a que se ha comprometido el gobierno del Sr. Rajoy, o las de evitar que España caiga en una profunda recesión. El Gobierno, sin embargo, haría mal en desanimarse. La ruinosa herencia dejada por el anterior gobierno se define por la tasa de paro del 23%.
En las últimas semanas hemos visto hasta qué punto el país se halla bloqueado por disfuncionalidades financieras que parecen insuperables (burbuja inmobiliaria, desaparición de la función crediticia de la banca, etc.), indisciplina presupuestaria central y periférica (déficits autonómicos), intentos de "repúblicas económicas autogestionadas" (pretendidos conciertos, Spanair) y, encima de todo ello corrupción desde lo más alto a lo más bajo.
Los testimonios externos aquí aportados sobre nuestra crisis son sólo una muestra recogida en la prensa del domingo, aparte de algún que otro anterior a Davos. Ninguno de ellos contiene una crítica frontal o indirecta al actual presidente del gobierno español. Al contrario, todos tienen un contenido nocionalmente crítico con la política de salida de la crisis impuesta a Europa por la canciller alemana, Sra. Merkel.
Empezaré por algunos testimonios que preceden a Davos. El 7 de enero The Economist saludaba la subida de impuestos anunciada el 30 de diciembre con estas escépticas palabras: "El gobierno del Sr. Rajoy trata de evitar ser azuzado por los mercados de bonos o reñido por Angela Merkel, la canciller alemana. Pero su tarea se vuelve cada día más difícil. El objetivo de déficit para 2012, acordado con la Unión Europea, es del 4,4% del PIB. Dado que no se cubrió el objetivo del 2011, será necesario tapar un agujero de euros 40.000 millones. Los nuevos impuestos cubrirán sólo euros 6.300 millones. Otros 8.900 millones vendrán de recortes. Pero todo eso cubre tan sólo la mitad del agujero".
El consejero económico del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, usó la misma figura literaria empleada por la directora del Fondo, Sra. Lagarde, recordando a España que "el ajuste es un maratón, no un sprint", quizás intentando calmar el fervor ahorrativo del Sr. Rajoy. El gobierno, dijo, está haciendo bien "lo que se necesita hacer". Ya son conocidas las previsiones negativas del Fondo sobre el crecimiento de España en 2012.
Alemania advierte..., y nos advierten sobre Alemania
El ministro alemán de Exteriores, Guido Westerwelle, lanzó el 27 de enero una sutil advertencia a España: "Las reformas estructurales introducidas por Grecia y otros países, y también por España, por ejemplo, merecen respeto y tienen que aplicarse de manera consecuente" (El País, 27 de enero, el énfasis mio).
El tratadista Nouriel Roubini (ya estamos en Davos), hablando de España le dio una estocada a Berlín: "España y la periferia de Europa entrarán en un círculo vicioso si Alemania sigue imponiendo recortes". James O'Neill, de Goldman Sachs, parece hacerle coro: "España muestra lo rápido que la austeridad frena la economía e imposibilita el cumplimiento de los objetivos de déficit". (crónica de Claudi Pérez, El País).
Aunque el ministro de Economía Luis de Guindos dio "buena imagen" en la ciudad alpina, según el parecer de Xavier Sala-i-Martín, profesor de Columbia University, "el sentimiento en Davos respecto a la marca España es negativo, como ya es tradición aquí, aunque la percepción sobre el gobierno ha cambiado". Esa tradición, desde luego, no la ha podido dejar el Sr. Rajoy ni el Sr. de Guindos, nuevos en la plaza por lo menos desde que asumieron sus cargos.
Un influyente y anónimo "jefe de gobierno del Eurogrupo" parece bien informado sobre la política interior española, por lo que se arriesga a opinar: "Ya sé que hay elecciones en Andalucía, pero el momento es ahora. Debe hacer la reforma laboral y del sistema financiero de forma duradera y creíble, y debería ir elaborando unos presupuestos para 2012 con señales claras a corto plazo de fuerte austeridad. Hecho eso, podemos hablar y ser flexibles con países que hacen esfuerzos para no poner en peligro su crecimiento". (Carlos Segovia, El mundo).
El profesor de Yale Robert Shiller hace un paralelo entre las crisis de Estados Unidos y España: "Una burbuja inmobiliaria enorme y problemas financieros a la altura de esa burbuja... A un problema fiscal sobrevenido se le está aplicando la medicina equivocada. Soy pesimista".
El autor de un libro sobre la crisis, Ken Rogoff, es más pesimista aún: "La crisis empieza a tomar dimensiones existenciales: Grecia y probablemente Portugal están desahuciados. España e Italia son la línea roja. Esto ha dejado de ser un problema económico; esta es ya una crisis política y la solución política, de momento, es inadecuada...; el Sur no puede aguantar tres, cuatro años de recesión".
Esta idea se ve suscrita por Fréderic Leroux, gestor de Fondos de la agencia francesa Carmignac: "En cualquier momento (el gobierno español) puede decir que no puede más... España ha hecho unos esfuerzos enormes por reducir su déficit y la recompensa ha sido un incremento del paro. El país no va a poder resolver su problema presupuestario porque no crece". (David Fernández, El País).
Tomando prestada la idea de Rogoff, se puede afirmar que la crisis económica española es en el fondo una crisis política. La pérdida de unas elecciones refleja siempre una pérdida de credibilidad y autoridad. En ese sentido, la derrota aplastante del gobierno socialista en las elecciones del 20 de noviembre se deriva del deterioro de la gobernabilidad de España. El actual gobierno debería calcular bien la combinatoria exacta para completar las reformas de toda España bajo la presión europea, y su necesidad de producir el cambio político en Andalucía, una de las regiones más atrasadas tras treinta años de gobiernos del PSOE. Dicho esto, hay que añadir, por ejemplo, que los éxitos electorales del Partido Popular en la Comunidad Valenciana tampoco pueden hacernos olvidar sus errores y desvíos. Por no seguir adelante...
Junto a las técnicas de gestión económica y social que debe aplicar, el gobierno debe ser consciente de que España necesita con no menor urgencia la restauración de esa autoridad que, formada por métodos democráticos, representa el poder normativo (o coactivo, si se quiere) necesario para mantener a las sociedades unidas y en paz.
Publicado el 30 de enero 2012 en Capital Madrid.com