Antonio Sánchez-Gijón.– El informe de Standard&Poor`s sobre España, en su justificación de rebaja del rating de España en sus emisiones de deuda a largo plazo, también degrada de forma velada la calificación de la calidad política del liderazgo ejercido en la crisis del euro por Francia y, sobre todo, Alemania, pues son los líderes de estos dos países, el presidente Nicolas Sarkozy y la canciller Angela Merkel, quienes la han interpretado, explicado y gerenciado de principio a fin. Téngase en cuenta que la descripción que hace el informe de las causas internas españolas de la rebaja vienen enmarcadas por un contexto de insuficiencia de la respuesta europea a la crisis, que se viene arrastrando desde hace dos años, con varias "cumbres" europeas e incontables encuentros bilaterales Sarkozy-Merkel y de sus equipos económicos, sin darle salida definitiva.
El informe dice expresamente sobre ese contexto: "La rebaja refleja nuestra opinión sobre el impacto de la profundización de los problemas políticos, financieros y monetarios en la Eurozona". Luego emite un juicio negativo sobre la cumbre de la UE del 9 de diciembre pasado: el acuerdo político allí alcanzado "no provee suficientes recursos adicionales o flexibilidad operativa para reforzar las operaciones de rescate europeas, o para proporcionar suficiente apoyo a aquellos países de la Eurozona sujetos a mayores presiones de los mercados". Parece claro que no es sólo España la que debe interiorizar la degradación de su crédito, sino también deben hacerlo los líderes políticos de la eurozona respecto de la degradación de las deudas de los otros ocho países que han sufrido la misma suerte.
A los dos líderes se les han ido abriendo frentes de crisis uno detrás de otro. Primero fue Irlanda, luego Grecia, después Portugal y por fin Italia y España. Y al final nada menos que nueve. Merkel y Sarkozy se han revelado como dos diligentes jefes de estado mayor: han diagnosticado la situación, han impuesto a todos la obligación de extraer los recursos que ellos decían necesitar para enfrentar la crisis (fondo europeo de estabilidad, ayudas de trastienda por parte del Banco Central Europeo, etc.), y han preparado un complejo plan de campaña (estabilidad fiscal, recapitalización bancaria) pero se han mostrado incapaces de ganar en uno sólo de los frentes. Es más, estos dos generales están a punto de perder Grecia. Y si cae Grecia, dicen muchos, cae este otro y el de más allá, y después el euro.
España y su competitividad
No debemos, sin embargo, ser injustos con aquellos dos líderes centroeuropeos: gran parte de la responsabilidad española hay que atribuirla a la disfuncionalidad mostrada a lo largo de la crisis por el gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero, autor de una reforma laboral que necesita otra reforma laboral, e incapaz de contener el déficit del estado y de someter a las autonomías a la disciplina fiscal.
Lo más interesante del informe de S&P, sin embargo, es la remisión que hace de la crisis financiera generada por los desequilibrios fiscales en la periferia de la eurozona a problemas de otra naturaleza. Los problemas fiscales son "una consecuencia de los crecientes desequilibrios exteriores y de las divergencias en competitividad entre el núcleo de la UEM (Unión Económica y Monetaria) y los países que se ha venido en llamar ‘periféricos'". Si éstos no se atienden, advierte de inmediato el informe, "un proceso de reformas basado únicamente en el pilar de la austeridad fiscal tiene el riesgo de provocar su propio fracaso".
El problema de la competitividad en España, sigue diciendo, se ve agravado por los "desequilibrios estructurales entre ahorro e inversión", lo que refleja, al entender de cualquiera, un estado de opinión pesimista de los españoles sobre la economía, que les induce al ahorro y desincentiva los riesgos entrañados en la inversión.
En realidad, todos los análisis de fondo sobre la crisis del euro ponen su origen en la pérdida creciente de competitividad de la mayoría de los países europeos ante las grandes transformaciones que han cambiado la economía mundial. La primera de ellas es la multiplicación de las ofertas al capital internacional de nuevas oportunidades de inversión; la segunda es la emergencia en los últimos quince o veinte años de centenares de millones de ofertantes de mano de obra, más o menos cualificada, en varias regiones del mundo: principalmente Asia, pero también Latinoamérica. Compiten sin los costos inherentes a la protección social universal que las economías internas de cada país europeo deben ofrecer a su población y, sobre todo, a sus asalariados.
La importancia de elegir bien las prioridades
Siendo la suerte futura del estado de bienestar la gran cuestión social del momento, gana urgencia el debate ideológico en las campañas de los Sres. Rubalcaba y Chacón por el liderazgo del partido socialista. Sin embargo, la necesidad de elegir un sucesor del Sr. Zapatero no ha podido llegar en momento más inoportuno, porque las elecciones de Andalucía están a la vuelta (finales de marzo); y de cara a unos comicios tan decisivos sobre el futuro del PSOE, nadie quiere un debate que amenace fracturas internas. Lo que toca, pues, es un "patriotismo de partido". El debate queda aplazado hasta 2013. Entretanto el PSOE se arreglará con slóganes: el partido aspira al "cambio inteligente", a un "liderazgo compartido", a "un proyecto socialista renovado", etc. (Antonio Elorza, El País, 14 de enero).
Cualquiera pensaría que si uno busca el aumento de su competitividad debería empezar por allí donde se concentra mayor poder de decisión. Pero el presidente del gobierno, Sr. Rajoy, tampoco parece dispuesto a superar las rutinas de una parte de la acción de gobierno, la que atañe a la política exterior, que hoy es principalmente una variable de la política económica. Su elección de Marruecos como país que recibirá su primera visita oficial es un tributo a supuestas tradiciones diplomáticas, que con las urgencias de hoy no tienen ningún sentido. No hay ningún asunto vital que despejar con Rabat, y urgente sólo está el de los pescadores andaluces, que da sólo para el ministro del ramo. Hay mejores destinos donde aplicar el valor simbólico de una primera visita.
Desde luego la primera no podría hacerla ni a Francia ni a Alemania, donde parecería que el Sr. Rajoy llegaba a rendir pleitesía. Quizás al disidente Londres..., pero está Gibraltar. Estaba también Roma, con la que últimamente nos meten en el mismo saco. Y desde luego siempre Portugal, nuestro hermano siamés geopolítico, con afinidad de lengua y cultura, con realidad y potencial económicos muy elevados para ambos. Piénsese en esto: si la posibilidad de que la crisis de Grecia desemboque en una bancarrota, con su consiguiente salida del euro, nos produce escalofríos, imagínense lo mismo pero en Portugal. Así que, si Portugal cae, es muy difícil que España no la siga.
Publicado el 16 de enero de 2012 en Capital Madrid.com
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