Los independentistas vascos
miran esperanzados a Cataluña
Bildu va a las elecciones con un
mensaje conciliador
Publicado el jueves 23 de agosto de 2012
Antonio Sánchez-Gijón.– En Bilbao, este miércoles,
Laura Mintegi se presentó a los medios como candidata a lendakari por EH Bildu,
en las elecciones al Parlamento de Euskadi, convocadas para el 21 de octubre
próximo. Es la primera en dar este paso. Las palabras de Mintegi dan a entender
que se halla dispuesta a hablar de todo y con todos de cara a la formación del
nuevo gobierno vasco: "Nuestro talante democrático - dijo - jamás nos
permitiría decir a priori que rechazamos ninguna opción". No es
constructivo ni saludable, añadió, descartar a priori el diálogo y el acuerdo.
"Decimos que buscamos consenso, lo hemos hecho y lo estamos
haciendo", añadió.
Quería distanciarse así de las declaraciones
adelantadas ya por el partido socialista de Euskadi y el partido popular del
País Vasco, de que no pactarían con una formación que consideran
independentista. Sin embargo, la Sra. Mintegi rehuyó pronunciar la palabra
independencia. Pero sí pronunció su precursor: el derecho de soberanía. El
objetivo de EH Bildu, añadió, es lograr un sistema "soberano... con
mayores cotas de decisión", al objeto de cambiar el actual "modelo
socioeconómico".
Mintegi ha puesto tanto énfasis o más en el mensaje
social que en el soberanista: la coalición, dijo, apuesta por "políticas
de izquierdas" con reforma fiscal progresiva, jornada laboral de 35 horas,
renta básica para todas las familias, reforzamiento del sector público y
moratoria en la construcción de grandes infraestructuras.
La dulcedumbre de maneras con que esta señora se
presenta en público parece destinada a calmar la alarma creada entre las
fuerzas políticas españolas no nacionalistas por la posibilidad de que en el
País Vasco se forme un gobierno soberanista PNV-Bildu, que bajo la presión de
esta última fuerza adopte un programa más o menos directo de insumisión
constitucional. No hay más que oir las tertulias radiofónicas o leer las
columnas habituales para sentir que a las ansiedades creadas por la crisis
económica se sobrepone ahora, entre amplias capas de la opinión, este desafío
potencial. La vicepresidenta del gobierno, Sra. Sáenz de Santamaría, reconoció
ayer, en un intercambio informal con periodistas, que al ejecutivo le preocupa
"muchísimo" que en las elecciones vascas puedan ganar los partidos
independentistas.
Aunque en las elecciones del 21 de octubre se prevé
una mayoría nacionalista, falta ver si el soberanismo con que se identifica al
PNV equivale al independentismo a que siempre ha aspirado la izquierda
abertzale. De momento el PNV se contenta con proclamas más o menos oblicuas a
favor de un "nuevo status político" para el País Vasco. Dado que al
PNV se le atribuye más información y experiencia sobre lo que es y no es
posible en estos momentos en que la Unión Europea y España se hallan atenazadas
por la crisis del euro, es difícil de creer que ese partido pudiera salir en la
próxima legislatura vasca con un programa independentista, lo que plantearía un
desafío constitucional al estado, minando del todo la confianza en la
viabilidad de la economía española, y por lo tanto de la vasca.
Resistencias a la
"centralización"
Las fuerzas nacionalistas de izquierdas ven en los
actuales ajustes económicos el medio que usa el gobierno de Madrid para
recortar los derechos que a las autonomías dan sus estatutos, en un proceso
deliberado de recentralización. El diario Gara de ayer alegaba como prueba de
ese intento este texto del programa electoral del partido popular, que llevó al
Sr. Rajoy a la Moncloa: "Hablar de comunidades autónomas es hablar de los
servicios del bienestar. Sus problemas de financiación, sus carencias de
gestión y la falta de coordinación entre todas ellas están repercutiendo
directamente en la sostenibilidad de los servicios públicos esenciales".
El gobierno, afirma un editorial de ese diario
independentista, está decidido a ahogar a las comunidades, no sólo política
sino también económicamente. El "colapso económico en comunidades a priori
ricas como Nafarroa y Catalunya es el mayor símbolo del fracaso en el que está
encallado el modelo de Estado de las autonomías", sentenciaba en su
edición de ayer.
Los nacionalistas vascos miran con expectación las
tensiones entre Barcelona y Madrid, a la espera de que en Cataluña se acabe de
producir la irrupción de un frente soberanista, amagado recientemente por el
gobierno de la Generalidad en torno a la cuestión del pretendido pacto fiscal.
Si éste es rechazado por Madrid, Artur Mas, presidente de la Generalidad,
debería, en opinión de los nacionalistas vascos, convocar a comicios en otoño.
La relativa coincidencia temporal de los dos procesos electorales, con
programas semejantes en algunos puntos, propinaría un golpe severo al estado de
las autonomías, y haría de la cuestión de la soberanía en Cataluña el tema
central de la vida política catalana, y de rebote en el País Vasco. O a la
inversa, claro.
La opinión soberanista vasca dedica igual acuciosidad
a la supuesta crisis del régimen autonómico de Navarra. Esta comunidad ha visto
duplicarse su deuda, afirman aquellas fuentes, entre 2009 y 2011. En 2007 la
cuota de deuda pública de cada navarro era de 951 euros, y hoy lo es de 3.800,
alega Gara.
Navarra está lejos, sin embargo, de cumplir las
expectativas que los independentistas vascos tienen puestas en un choque
Madrid-Barcelona por causa de los recortes. Mientras las deudas con que
Cataluña tiene que lidiar alcanzan los €42.000 millones, las de Navarra son
sólo €2.450 millones, nada insuperable en términos relativos. Pero hay trampa
en esto, señalan los nacionalistas vascos: Navarra ha recibido una financiación
encubierta del gobierno central por €1.700 millones, aparentemente "perdonados"
por el gobierno de Madrid, al condonar al gobierno de Pamplona el cobro ilegal
que venía realizando del IVA por la venta de coches producidos en Navarra y
destinados a la exportación.
Si ese argumento es cierto, no hay duda de que esta
financiación encubierta del déficit navarro debería merecer en algún momento la
atención de Bruselas, porque en última instancia recaerá en el saco sin fondo
de la deuda española.
Todo ello prueba - piensan los independentistas - que
el alabado concierto económico navarro, "niño modelo" del régimen
autonómico, no es más que una fachada.
Miremos con aprensión los "idus" del otoño:
puede que los astros nos deparen algunos rayos y centellas a un extremo y otro
de los Pirineos.