jueves, 29 de diciembre de 2011

EN LA UE, POLÍTICA Y ECONOMÍA, CADA UNA POR SU LADO

Publicado el jueves 29 de diciembre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– Los gobiernos y las opiniones públicas de Europa parece que acaban de descubrir la relación entre la unión política de las naciones que componen la Unión Europea, por un lado, y la viabilidad de una Unión Monetaria, por otro. Sin embargo, esta cuestión ya había sido planteada en 1970 por el Informe Werner, encargado por la Comunidad Económica Europea a quien era entonces primer ministro de Luxemburgo, Pierre Werner. La entonces CEE finalmente adoptó el informe como uno de sus documentos fundamentales..
El informe adolecía de una forma benigna de lo que en lógica se llama petición de principio. Werner venía a afirmar que la unión económica y monetaria de Europa requería de instituciones comunes, las cuales se verían promovidas por la unión política y monetaria. Werner no pretendía confundirnos. Creía que "el progresivo desarrollo de la cooperación política" se alcanzaría si los gobiernos practicaban un poco de cooperación política hoy, un poco de unión monetaria mañana. Así fueron entrando en escena la "serpiente monetaria", "el Mecanismo de Tasas de Cambio, etc., hasta el actual euro. Para demostrar lo que he dicho sigamos el curso de su argumento:
"La unión económica y monetaria significa que las principales decisiones de la política económica serán tomadas al nivel de la Comunidad". Se producirá "la necesaria transferencia de poderes desde el nivel nacional al de la Comunidad". Ello requiere "la creación de las correspondientes instituciones de la Comunidad". Y cierra el círculo vicioso al decir: "La unión económica y monetaria aparece así como fermento para el desarrollo de la unión política, sin el cual, a la larga, no podrá sostenerse".
Desde el principio, pues, no se arbitró bien la cuestión de la jerarquía entre moneda y política. Se hizo la moneda única sin unión política. Hoy los economistas más ortodoxos afirman que debió ser al revés: primero la unión política y luego la monetaria. El fracasado proyecto de constitución europea quiso dar la primacía a la primera, pero su rechazo (en dos países) demostró que los pueblos europeos no estaban preparados para unirse políticamente. Hubo que hacer recurso a la economía.
Francia y Alemania, de acuerdo en incumplir
A partir del intento Werner se habían puesto en marcha, para decirlo de un modo un poco estereotipado, la máquina de pensar fluidamente de los franceses, y la de pensar sistemáticamente de los alemanes. Para Jacques Delors, presidente de la CEE, la voluntad y la decisión política de los gobernantes bastaban para llegar a la moneda única. Para los alemanes, una moneda depende de un banco central, y un banco central depende de unas normas constitucionales, las cuales imponen al Bundesbank la disciplina fiscal y su propia independencia. En aquellos momentos Francia era ejemplo de indisciplina fiscal y Alemania se suponía lo era de todo lo contrario.
La unificación de las dos Alemanias fue la ocasión para una síntesis dialéctica de las dos culturas político-económicas: Francia la aprobaría si Alemania se mantenía unida al resto de Europa mediante la moneda única, y no como un ominoso verso suelto; pero Alemania sólo aceptaría entrar en ella si Francia adoptaba los estándares de disciplina fiscal sentados por el Bundesbank. Este pacto dio lugar a otro, el llamado de Estabilidad y Crecimiento.
Los dos países que lo inspiraron no tardaron en incumplirlo, y éste es un hecho que franceses y alemanes, sobre todo alemanes, deberían explicar a los que están sufriendo los rigores de sus sobrevenidas disciplinas fiscales. Handelsblatt, uno de los principales órganos financieros de Alemania, estimó (edición del 23 de septiembre 2011) las obligaciones fiscales alemanas en euros 5 billones si a la deuda exterior del estado (euros 2 billones) se sumaban todas sus otras obligaciones: pensiones, sanidad, dependencia, etc. Ello representa el 186% del PIB de 2012, cuando el pacto de estabilidad exigía mantener la deuda por debajo del 60%. La deuda actual es oficialmente de sólo 83%.
El BCE, como mandan sus estatutos, no podía oponerse a la demanda de créditos de algunos de los socios del euro, tentados por los bajos tipos de interés. Tampoco podía entrar a discutir la utilidad de sus préstamos, aplicados por los gobiernos de forma que no se correspondía muchas veces con las condiciones y necesidades particulares de sus economías, que mostraban unos niveles de desarrollo, productividad y competitividad muy distantes unas de otras. Menos aún podía oponerse a la venta de deuda pública de cada uno de los países miembros en los mercados de capitales. Es cierto que el crédito insufló desarrollo en todos los socios del euro, pero sin corregir sustancialmente las disparidades de productividad de sus economías. Y la abundancia de crédito determinó la acumulación de deuda. En resumen, el euro circuló sin que se hubiese resuelto el principio de jerarquía entre la unión económica y la política.
Bruselas otorga la primacía a la política
A lo que estamos asistiendo hoy es a la subordinación de la economía a la política, como quieren los economistas académicos. No otra cosa significa el acuerdo del último Consejo Europeo, en Bruselas, para crear una autoridad fiscal a la que deben atenerse los 17 del euro y todos los otros de la Unión menos el Reino Unido. La subordinación la expresó de forma clara el presidente Sarkozy el viernes 8 de diciembre, al siguiente día del Consejo: Francia no adoptaría la nueva "regla de oro" acordada en Bruselas hasta después de la próxima elección presidencial. Algo parecido ocurrirá en los procesos de aprobación del acuerdo en los otros 26 países y mientras tanto el euro seguirá en el retortero de la crisis.
El acuerdo de Bruselas, sin embargo, no está exento de la equivocidad mostrada en su día por el Informe Werner: no es un acuerdo de la Unión sino de los veintiséis que lo aprobaron, y ha sido tomado por el Reino Unido como ocasión para abrir un conflicto político mayor en el seno de la Unión.
El rechazo británico al acuerdo significa en el fondo que el Reino Unido no va a seguir progresando hacia la unión política, y hará lo posible por reducir la UE a poco más que una zona de libre comercio. Esta pretensión encanta a los euroescépticos británicos, sobre todo a los ingleses, que con reflejos históricos bien acendrados ven con suspicacia todo esfuerzo de cualquiera de las grandes potencias europeas de unir al continente, lo cual es más alarmante cuando son Francia y Alemania las que lo están intentando. Gran parte de la prensa británica expresa una hostilidad creciente al euro, y pronostican su ruptura, lo que ayuda a exacerbar la alarma que los mercados de capitales ya viven por su propia cuenta. La City de Londres, que aporta el 15 o 20% del PIB británico, es un adversario natural del euro. ¡Hasta el párroco de la City ha despotricado recientemente contra la moneda europea!
El proyecto del euro tiene una zona problemática causada por la disparidad de desarrollo entre los países que lo forman. Esta disparidad nunca se podrá corregir del todo: las condiciones geopolíticas de las diversas naciones que en él participan no lo consienten. España, por ejemplo, tiene vastas regiones de su territorio sobre las que es muy difícil basar sectores de esa economía avanzada sobre la que, al parecer, debe basarse la fortaleza del euro. Lo mismo que en el ámbito nacional los dispares niveles de potencial económico requieren ajustes por medio de transferencias, la cohesión social (y por lo tanto política) de Europa sólo puede ser asegurada por una proporción adecuada de políticas compensatorias
Quizás el diseño que ha hecho el Sr. Rajoy de la rama económica de su gobierno se atiene al criterio de la prioridad de lo político. La política económica global va a ser su predio exclusivo; al ministro de Economía le corresponde alcanzar el segundo término del título de su cartera: "y Competitividad". La competitividad es el salvoconducto para mantenernos en el euro.

LA 'PRIMAVERA ÁRABE' PIERDE ALIENTO EXCEPTO EN SIRIA

Publicado el lunes 26 de diciembre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– La Primavera Árabe se ha vuelto invierno en Libia, Egipto, Siria, Yemen y Bahrein. La reacción de los poderes, paralizados al principio por la sorpresa, la ha hecho retroceder. Con todo, el historial de las revueltas populares llena una página brillante de la historia de cada uno de los pueblos árabes que la vivieron. Pero sólo eso: una página. Al menos de momento. La única excepción quizás sea Túnez. Gracias a las revueltas populares cayeron cuatro presidentes: Ben Alí, Gadafi, Mubarak y Salé (éste todavía puede resucitar); otro resiste a sangre y fuego, el-Asad. El rey de Bahrein aplastó en dos o tres días las revueltas, y sigue terne en su dictadura.
Las revueltas de las plazas árabes no han desembocado hasta ahora en revolución. Entendámonos: si revolución significa toma del poder por una nueva clase social, eso no ha ocurrido en ninguno de esos seis países. Pero si significa toma del poder por un grupo social portador de una ideología nueva, eso sólo ha ocurrido en Túnez y Libia (aunque aún no podamos definir la ideología de los rebeldes libios). Si significa el desplazamiento de una facción de los que detentan el poder por otra facción de ese mismo poder, eso ha ocurrido en Egipto y Yemen.
Pero todas esas son acepciones muy restrictivas del concepto de revolución. Crane Brinton, en su Anatomía de la Revolución, remite la idea que tenemos de ella a "las grandes mutaciones acaecidas en el pasado en sociedades políticas anteriormente estables". En ninguno de los países árabes desestabilizados por las revueltas ha acontecido, por lo menos por ahora, una "gran mutación", en el sentido de que las sociedades que surgen de ellas vayan a ser radicalmente distintas de las que había antes.
Túnez, donde el partido islamista Ennahda, calificado por todos como moderado, ganó las elecciones generales de octubre, es lo más aproximado a un éxito revolucionario. El más liberal y abierto de los países árabes, Túnez había visto a los islamistas crecer en popularidad durante la dictadura de Ben Alí. El pasado día 23 el parlamento eligió primer ministro a Hamadi Jebali, uno de los líderes de Ennhada. Para alivio de los sectores más liberales del país, el puesto de ministro de Defensa seguirá en manos de un independiente. Pero un movimiento islamista difícilmente puede ser llamado revolucionario pues su vocación es la restauración de unas leyes milenarias que se consideran pervertidas por la modernidad.
El caso que más puede inquietar a Europa es el de Libia, donde el gobierno provisional no se ha hecho todavía con el control de los grupos armados que derribaron al coronel Gadafi. Las columnas rebeldes de Bengazi que liberaron Trípoli se han establecido en la capital y no atienden las llamadas del gobierno provisional para que abandonen la ciudad y entreguen las armas. Por todo el país campean partidas armadas con fidelidades tribales antagónicas. No se descarta choques entre la policía, que se está reconstituyendo, y las partidas de guerrilleros que quieren hacer de su grupo la base del nuevo ejército nacional. Es posible que Al-Qaida esté recogiendo armas letales y reclutando voluntarios. En Libia ha caído un régimen, sí, pero no se sabe qué se ha instalado en su lugar.
Retrocede en Egipto, Yemen y Bahrein, se mantiene viva en Siria
En cuanto a Egipto, si los "hermanos musulmanes" ganan el actual proceso electoral, se sentirán legitimados para reclamar el poder. No parece probable, sin embargo, que el Consejo Supremo Militar se lo vaya a ceder. Puede, no obstante, que obtengan algunos jirones de él. Y dado que los "hermanos" son conscientes de sus limitaciones políticas (falta de experiencia de gobierno, falta de conexiones fuera del mundo árabe integrista), dan todas las señales de que están dispuestos a entrar en pactos de convivencia con los militares. Así que no llamaremos a lo de Egipto revolución entendida como "cambio de régimen".
Cosa parecida pero no igual ocurre en Yemen. Sus diversas facciones han combatido duramente durante un año, y se han infligido millares de bajas. Los recientes arreglos políticos entre las fuerzas enemigas contemplan que la oposición, liderada por el general Ali Mohsen, se hará cargo de los servicios de seguridad y de inteligencia, mientras que el hijo del presidente dimisionario Salé, Ahmed Alí Salé, comandará las fuerzas armadas. El 21 de febrero se celebrarán las elecciones auspiciadas por el Consejo del Golfo Árabe, y después Salé padre abandonará la presidencia. La lucha por el poder, pues, terminará, si todo marcha como está previsto, en match nulo o en reemplazo de una facción del poder por otra.
Siria, desde el punto de vista de la doctrina de la revolución, es el caso más prometedor. La lucha de los rebeldes sirios va dirigida contra una ideología, la del baasismo, versión siria del socialismo nacional; contra una dictadura, la de la minoría étnica alauita sobre el resto de la población, y contra una clase social, la burguesía de los negocios asociada al poder. Por eso son muchos los que se sienten amenazados por los revolucionarios, y de ahí su tenaz adhesión a la tiranía de Bashar el-Asad.
En cuanto a Bahrein, su rey puede decir a su protector el rey de Arabia Saudí, parafraseando al general Paskievich, que tomó Varsovia a sangre y fuego en 1831: "La paz reina en Bahrein". La mayoría chiita seguirá gimiendo bajo la dictadura de la minoría sunita.
Dejando de lado el resultado incierto de la revolución siria, que parece ser la más profunda y de mayores consecuencias, a nosotros los occidentales nos desconcierta la desorientación y pérdida de aliento de las que creíamos revoluciones de la Primavera Árabe. En todas ellas se observa un fenómeno de recesión histórica: el retroceso a formas quietistas de la piedad islámica, sencillas expresiones de caridad hacia los desfavorecidos, pero que ofrecen poco o ningún margen para la liberación de las conciencias. Por no mencionar la amenaza directa a las libertades que supondría el acceso al poder de los salafistas egipcios, que en la primera vuelta de las elecciones han obtenido el 25% de los votos.
Para comprender el alcance y la naturaleza de las revueltas de la Primavera Árabe, y para saber si en ellas se hallaba entrañada una revolución, he enfocado mi memoria sobre una lectura de nuestra experiencia europea..
La Revolución y el antiguo Régimen es, como se sabe, una obra de Alexis de Tocqueville. Es menos popular que su Democracia en América, pero no menos iluminadora, por lo menos en lo que a nosotros los europeos concierne. Su tesis es que cuando estalló la Revolución Francesa, la revolución ya había ocurrido: el poder económico ya estaba en manos de la burguesía; la tierra no estaba en manos de los nobles sino en las de nuevos terratenientes; las clases medias ocupaban las plazas de la administración que antes compraban los nobles para sus hijos; el pensamiento era libre, y la prensa mordaz y crítica. Y eso había sucedido sin alharacas, durante el reinado de Luis XVI, y aún antes de él, como un silencioso proceso de transformación orgánica. Uno saca la impresión de que el Juego de la Pelota, la Bastilla, la guillotina y todo lo demás no fue más que una escenificación tumultuosa, un delirio, muy del gusto de mentes agitadas por el torbellino de ideas desencadenado por la Ilustración.
No ha habido ninguna revolución de las sociedades árabes que haya precedido las revueltas de su Primavera. Ben Alí, Gadafi, Mubarak, el-Asad padre, Salé, todos habían salido del ejército. Los cuatros primeros eran hijos de las revoluciones nacionalistas y socialistas que siguieron a la descolonización. Desde el poder monopolizaron los negocios más apetitosos, y mantuvieron a la gran masa del pueblo en el atraso y la pobreza. Esos jefes militares y jefes de estado no eran ni benignos ni complacientes, a diferencia de Luis XVI. Sus burguesías no eran emprendedoras ni ilustradas, sino oportunistas y sicofantes.
Si seguimos el paradigma de Brinton, que una revolución es una "gran mutación", y a Tocqueville cuando sostiene que la que él estudió ya se había "producido en el pasado", antes de las revueltas, pensaríamos que una revolución sería irrealizable hoy por hoy en el mundo árabe.
Todo lo dicho, sin embargo, no da cuenta del coraje, la audacia y atrevimiento de unas masas de hombres y mujeres, generalmente jóvenes, impuestos muchos de ellos en las claves de la Ilustración de los derechos del hombre, la democracia y el estado de derecho, y que han dejado a veces la vida, otras su libertad, en pro de una "gran mutación" en sus vidas y en la de sus países, cuya naturaleza y destino aún no comprendemos.

EL ABERTZALISMO Y EL ESPAÑOLISMO SE ENFRENTAN A UN NUEVO PRINCIPIO DE REALIDAD

Publicado el 22 de diciembre en Capital Madrid
Antonio Sánchez-Gijón.- Todo el que está inmerso en un conflicto existencial debería preguntarse de vez en cuando si “todavía” se está rigiendo por el principio de realidad. Porque todos solemos partir, para cualquier empresa humana, de un principio opuesto: “ya” estoy bajo el principio de realidad y por eso me empeño tanto en conseguir esto y lo otro.
Viene esto a cuento de cuánto tiempo tardarán los integrantes del grupo (informal) Amaiur en el Congreso en verse traspasados por un rayo de la tempestuosa realidad política, económica y social que nos fulmina cada día. En realidad, el conglomerado abertzale pro-etarra ya ha sido “atacado” alguna vez por el principio de realidad. El hecho mismo de que comparezcan en la escena política sin pistolas indica que han sacado la conclusión de que llevándolas no iban muy lejos.
Un estadio más en su inmersión en el principio que nos ocupa se lee en la declaración del portavoz del grupo, Sr. Antigüedad, en su intervención en el debate de investidura del Sr. Rajoy. Su grupo venía al Congreso, dijo, no en busca de la independencia, ni para exigir “los derechos nacionales de Euskal Herria sin obsesiones identitarias”, que solo reivindicaba, sino para ayudar a “la resolución integral del conflicto”.
Esas palabras pueden quizás indicar que ya se han dado cuenta de que la existencia de un ente que ellos llaman Euskal Herria no es tan evidente para el conjunto de fuerzas políticas que son parte decisiva en el llamado “conflicto”. La totalidad de las fuerzas constitucionalistas actúan bajo la presunción socialmente aceptada de que lo que existe son dos comunidades, País Vasco y Navarra, donde una gran parte de la población habla la lengua vasca y muchos tienen un sentimiento de identidad nacional que otros muchos no comparten. Estos últimos, a los que llamaremos constitucionalistas o españolistas, no ve la razón ni la necesidad de una Euskadi independiente, y menos de esa entidad de geometría variable que es Euskal Herria.
Legitimación del conocimiento
Los antecedentes históricos o ideológicos alegados por los independentistas de Amaiur para apoyar su pretensión no tienen, por la sola fuerza de convicción de que están poseídas sus mentes, suficiente legitimación para que les concedamos el estatus de conocimiento de la realidad. Hay muchas interpretaciones de los antecedentes históricos o ideológicos de la historia de esos pueblos. Algunas refutan o corrigen lo alegado por los etarras e independentistas como su fuente de legitimación, y no están dispuestos a conceder sin un serio debate de ideas el reconocimiento de la validez de sus convicciones.
No perdamos la esperanza de que Amaiur y los abertzales en general vayan cambiando algunos aspectos de su universo mental. El PNV ya lo ha hecho anteriormente. Hay una distancia enorme entre aquella declaración del parlamento vasco, de 1990, que afirmaba que “El ejercicio del derecho de autodeterminación tiene como finalidad la construcción nacional de Euskadi”, y esta otra del Euskadi Buru Batzar, que afirma: “La libertad que reclamamos es libertad para restaurar nuestra personalidad colectiva a partir de valores creados a lo largo de una historia de milenios”. No es lo mismo la áspera y generalmente violenta tarea de construir una nación y la pretensión de “restaurar nuestra personalidad colectiva”. Aunque hemos de observar que atribuir a una comunidad cualquiera la capacidad de crear valores que sean válidos a través de los milenios sería una hazaña que la mayor parte de los filósofos morales considerarían imposible y contradictoria. La historia en realidad tiene como uno de sus principales motores la destrucción y creación constante de valores.
El golpe de realidad sufrido por Amaiur consiste básicamente en el habérsele negado un grupo parlamentario propio, de acuerdo con la letra del reglamento del Congreso. Las reglas tienen carácter normativo, pero lo normativo no se agota en las reglas: es una norma social aceptada universalmente que el arrepentido de la violencia, o el que rechaza la violencia, o el que tiene virtudes o méritos reconocidos, tiene derecho a esperar que “se le incluya”, como al parecer ha ocurrido antes con otras fuerzas políticas que obtuvieron grupo a pesar de haberse quedado estatutariamente sin derecho a él por un escaso porcentaje de diferencia, lo que es una “norma” parlamentaria aceptable.
La declaración del diputado de Amaiur Rafael Larreina de que su grupo se abstuvo en la investidura del Sr. Rajoy “para no participar en la votación de un presidente del gobierno español” denota la falta de sentido de la realidad que todavía afecta a ese segmento del nacionalismo vasco. ¿Cómo se compatibiliza eso con la afirmación dirigida a Rajoy por Antigüedad, de que “estamos condenados a entendernos, no solamente a vernos y a oírnos”? ¿Como es posible tratar de entenderse con alguien cuyo estatus no se reconoce? Tengamos paciencia y esperemos mejores tiempos. Años ha, cuando la izquierda abertzale tenía un contratiempo en el Congreso, ETA pegaba unos cuantos tiros para que se les escuchara.
El debate inevitable
Pero el principio de realidad tiene otra vertiente. Es la que recoge la lluvia fina que disuelve el firme rechazo a hablar de presos, o sobre derechos nacionales del pueblo vasco, mientras hubiera derramamiento de sangre y extorsión por parte de una de las ramas de la izquierda abertzale.
Si desaparece ETA y el País Vasco y España viven un largo periodo de paz, las cuestiones tan irrealistamente planteadas por ETA, los independentistas (y hasta por el PNV como hemos visto), adquirirán toda la fuerza que en una democracia corresponde a un grupo ideológico y social cualquiera. En ese momento esas fuerzas se presentarán en la escena política del País Vasco y España como legitimadas para defender y luchar políticamente por sus ideales. Desde ese momento la batalla será de otra naturaleza, de interpretación de la realidad y la necesidad históricas, pero en su curso se deberá examinar críticamente la relevancia que tales interpretaciones históricas tienen para guiar las determinaciones políticas de una comunidad democrática, a la altura de una sociedad que se mueve en su doble dimensión de española y europea, y a estas alturas del siglo XXI.
Se trata de una confrontación ideológica, de una batalla que debe ser formalmente limpia y democrática, para ganar la voluntad de la mayor parte del pueblo vasco, en pro de una Euskadi española  que no necesita la independencia y cuyo destino está unido al de España a través de “una historia de milenios”. Esta batalla tiene su principal escenario precisamente en el País Vasco, con otro secundario en Navarra, y la debe dar desde ahora el Partido Popular con el apoyo del Partido socialista. Será una batalla enconada, y sería raro que no fuera pervertida por la violencia. Sólo cuando esta batalla ideológica, o de opinión, como se prefiera, haya sido dilucidada, podrá entonces ser elevada a su consideración por la totalidad del pueblo español.

RUSIA ENTRA EN LA OMC Y SE MODERNIZA A LA RUSA


Publicado el 19 de diciembre de 2011
Antonio Sánchez-Gijón.- El viernes 16 de diciembre la Organización Internacional del Comercio abrió sus puertas a Rusia como su miembro no. 154. Moscú deberá ratificar su tratado de acceso en el plazo de 220 días, y 30 días después será miembro de pleno derecho. Ésta quiere ser una oportunidad de Rusia para abrirse al mundo a través de la competencia comercial.
Ese mismo día era asesinado en la capital de Dagestan, una de las provincias rusas del Norte del Cáucaso, Gadzimurad Kamalov, director del periódico local Chernovik, conocido por sus denuncias de la corrupción de las autoridades locales. Es el décimo octavo periodista asesinado por parecidas razones bajo los mandatos del ex–presidente y actual primer ministro ruso. Esta es una de las formas con las que los aparatos de seguridad del estado se aseguran de que Rusia no se abre a la libre competencia política y que ningún enemigo político abrirá una brecha en el duopolio del poder Putin-Medeved.
Aunque la industria y el comercio de Rusia se ahogan en un régimen legal corrupto y controlado por el poder, el pueblo ha dado muestras en las últimas semanas de no soportar más las manipulaciones del sistema sobre el juego político. Las manifestaciones contra los resultados electorales a la Duma (parlamento de la federación rusa), del 4 de este mes, se repiten a lo largo y ancho de las provincias rusas, desafiando el aparato de poder.
El significado de la entrada de Rusia en la OMC y el de las protestas contra Putin hay que verlas bajo la luz de la verdadera naturaleza e intenciones del régimen ruso. Examinaremos primero lo limitado del poder liberalizador de la pertenencia a la organización de comercio, para pasar luego al caso  de las protestas populares.
Privatización bajo garantías para el Kremlin
El director general de la OMC, Pascal Lamy manifestó en el discurso de bienvenida a Rusia con qué ilusión recibe la comunidad internacional la iniciativa rusa: “El acuerdo que acabamos de adoptar es el resultado de un duro trabajo técnico, conducido por un liderazgo político modernizador”. Y añadió: “El resultado permitirá a Rusia integrarse más firmemente en la economía mundial y hacer de ella un lugar más atractivo para los negocios”.
Pero veamos la “ilusionante” iniciativa a la luz de la pasada historia económica de Rusia y el control que sobre ella ha ejercido desde siempre el Kremlin. Hasta el 2010 Rusia llevó a cabo una política económica de cierre al exterior; expulsó a gran parte de las empresas extranjeras que tenían una posición sólida o dominante en muchos sectores de la producción; recuperó para el gobierno sectores industriales que habían sido privatizados por el presidente Yeltsin. Apresó y juzgó, o envió al exilio, a los más notables y poderosos nuevos capitalistas. La figura emblemática es Fedor Jodorkovsky, el multimillonario que lleva ocho años en la cárcel por no haber querido vender sus activos al estado.
Hoy el gobierno se halla en pleno control de los sectores clave. Con ellos en un puño, el pasado año el gobierno lanzó a bombo y platillo un plan de modernización de la economía y de privatización de la empresa. En teoría las reglas de la OMC no permiten al gobierno seleccionar los posibles concursantes a hacerse con empresas rusas más que por criterios objetivos y abiertos a la competencia, pero la OMC ya tiene en su seno a la segunda economía del mundo, China, que combina la actividad empresarial abierta al capital privado con el estricto control de las políticas industriales dictadas o permitidas por el gobierno. Lo que es más, el sector económico ruso más productivo, los hidrocarburos, escapan al régimen de la OMC, y es del petróleo y el gas de donde el gobierno saca para mantener aplacada a la población, cubriendo sus necesidades más básicas.
La crisis del euro, sin embargo, no proporciona el clima más favorable para que los capitales europeos busquen negocios en Rusia. En primer lugar por las escasas ganas de arriesgar capital fuera, cuando las empresas europeas se enfrentan a una posible recesión, y en segundo lugar por el alto coste de instalación de negocios en Rusia (cohechos, pleitos legales, etc.) Esto deja a Rusia más dependiente de las transacciones comerciales con los países del antiguo bloque soviético que, también a causa de la crisis del euro, no tienen esperanzas de una integración de sus economías con la de la Unión Europea, y por otra parte no están fuertemente capitalizados.
Una “fachada Potemkin” detrás de otra
Entrando en el tema político, el régimen no se halla tan conmocionado por las protestas continuas contra la alegada manipulación de las elecciones, como por el hecho de que, a pesar de esa manipulación, el partido de Putin, Rusia Unida, no ha podido apuntarse más que el 46,5% de los votos, catorce o quince puntos menos que en las últimas elecciones. En Moscú, el resultado fue menos del 30%, y en el mismo colegio electoral de Putin fue de 23,7%.
Esto es muy alarmante para el primer ministro, que pretende presentarse a las elecciones presidenciales de marzo próximo. Ante la protesta creciente en las calles de muchas ciudades rusas, Putin se ha puesto al frente de la procesión: ha anunciado que permitirá la celebración de una manifestación en vísperas de Navidad. Su mano de derecha, Vladislav Surkov, ha declarado que Rusia necesita “un partido liberal de masas, o más exactamente, un partido para las comunidades urbanas descontentas”.
El aparato político de Putin está ya manos a la obra: el 12 de diciembre el multimillonario Mijail Projorov anunció en conferencia de prensa que desafiaría a Putin en las elecciones presidenciales. Projorov es el líder de Causa Justa, un partido de ocasión favorecido primero por el Kremlin, que ayudó a lanzarlo en junio pasado, y luego dejado caer. Es también una persona apreciada en Occidente. Otro candidato para animar el juego del pluralismo es un antiguo ministro de Hacienda de Putin, y asesor suyo en el partido,  Alexei L. Kudrin, que ha declarado su intención de presentarse a las presidenciales.
La prensa occidental ha saludado las protestas populares como la manifestación de una creciente masa de partidarios de la democracia y la liberalización. No es eso, sin embargo, lo que dijeron los resultados electorales. Los escaños perdidos por el partido de Putin han sido ocupados por nacionalistas rusos: Rusia para los Rusos, que también ha lanzado su campaña de protestas, y en una de ellas logró reunir a 50.000 personas.
Como se ve, para desentrañar la realidad rusa y determinar si camina de verdad hacia la modernización y la liberalización hay que derribar una “fachada Potemkin” detrás de otra.

MERKEL TIENE UNA NUEVA EUROPA PARA TODOS NOSOTROS

Publicado el jueves 15 de diciembre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– No ha habido ningún atisbo de alivio para España en el discurso de la canciller alemana, Angela Merkel, ante el Bundestag, el miércoles por la mañana. Para ella, el futuro se compone de dos etapas: la primera, la unión fiscal: "Ya no nos contentamos con hablar de la unión fiscal: hemos empezado a hacerla realidad". Los más optimistas estiman que esta etapa durará al menos tres meses, porque los 23 gobiernos comprometidos en firme con tal unión, más los tres que aún no se han comprometido, deberán hacerla realidad a través de tediosas negociaciones multilaterales.
La segunda etapa de lo propuesto por la Sra. Merkel consiste en completar "el curso de una nueva Europa..., de la que no hay vuelta atrás". Recordemos que el camino de la Unión Europea está empedrado de Nuevas Europas, y que cada una tomó años construir. Merkel añadió que las decisiones tomadas en el Consejo Europeo de la pasada semana representan los cambios estructurales que harán posible solucionar los problemas de la moneda única.
Como dentro y fuera de Europa todo el mundo se ha cansado de decir que los más urgentes problemas financieros se evaporarían si el Banco Central Europeo se comportara como emisor de último recurso, es posible que la Sra. Merkel nos esté anunciando implícitamente que cuando ella tenga su unión fiscal en la faltriquera, entreabrirá la ventanilla del BCE.
Nadie a este lado, nadie al otro
Pero de abrir la caja del banco, nada. Entre aquella primera etapa y la segunda  parece situarse la intrigante alusión de la Sra. Merkel en su discurso de ayer a "un contrato intermedio". Quizás consista éste en darse consuelo unos a otros, para sostener la esperanza de que (con sus propias palabras), "si tenemos la paciencia y la resistencia necesarias, y no dejamos que los reveses nos desanimen, y si nos movemos de modo constante hacia una unión fiscal y de estabilidad, y completamos la unión económica y monetaria..., entonces habremos conseguido, como he dicho desde el comienzo de la crisis, lo que siempre ha sido nuestro objetivo".
La Sra. Merkel ya no tiene adversarios en sus flancos. La pasada semana se libró del principal obstáculo que encontraba a sus planes dentro del Consejo Europeo, gracias al veto británico a la unión fiscal y la consiguiente autoexclusión del primer ministro David Cameron respecto de los otros veintiséis de la Unión. El miércoles fueron sus socios liberales de coalición opuestos al fondo de rescate europeo los que se quedaron aislados en su juego político, al dimitir el secretario general del partido, Christian Lindner, como protesta contra el propósito del partido de someter la cuestión a una votación interna.
La sutil conexión entre las posturas de Cameron y los liberales la estableció Lindner al decir hace poco que el promotor de la iniciativa plebiscitaria, el diputado Frank Schäffler, "es como el David Cameron del Partido Liberal Demócrata". El ministro de Economía, Philipp Rösler, que es el presidente de los demoliberales, aseguró el pasado miércoles que  bajo su mandato no habría en el partido escisión antieuropea.
Cada uno de los discursos mayores de la Sra. Merkel ilumina de modo particular lo que ha dicho en el anterior. El 2 de diciembre, también en el Bundestag, había vaticinado que "resolver la crisis de la deuda es un proceso y este proceso tardará años". Dijo además: "no estamos hablando sólo de una unión fiscal, sino de crear una nueva". Y aquí cabe la pregunta del lego: ¿se refería sólo a una nueva unión fiscal o a la nueva Unión Europea que ahora nos promete y que nadie vio venir? Desde hace meses hay en curso en Alemania un debate, entre filosófico y político, sobre el futuro de Europa, que denota la existencia de un fermento intelectual (que antes solíamos esperar principalmente de Francia), y que merecería cierta atención de parte de nuestras fuerzas políticas, aunque el horno de nuestros partidos no están para estos bollos en momentos en que el PP está metido a gobernar y los del PSOE afilando los dientes para su congreso.
Derecho de veto retirado
Entretanto, a los españoles nos cae en suerte seguir arrastrando los pies por nuestras crisis de deuda pública,  privada y bancaria, y el consiguiente paro, unido todo  a una inflación que no cede a la puerta de una recesión, y cuando el nivel de convergencia económica de las personas con la media de la  eurozona ha retrocedido al nivel del 2002.
La corriente de pensamiento predominante en España en torno a la crisis es una réplica de la opinión en gran parte de Europa (menos en  Alemania), y en el Reino Unido y los Estados Unidos: antes que una crisis de pagos o fiscal, el problema de la eurozona es de financiación, por un lado, y de productividad global por otro.
La historia económica reciente de España parece confirmarlo en todos sus extremos: hasta el 2007 o el 2008 no había problema notable de deuda, al mantenerse ésta en torno al 60% del PIB, por debajo de las deudas de Francia y Alemania. Fue la aceleración de la política social del gobierno Zapatero, espoleada por la voluntad de ganar las elecciones generales del 2008, lo que rompió la barrera psicológica ínsita al sistema fiscal español, de mantener razonablemente estables las obligaciones del estado. El aumento de las políticas sociales causó un empeoramiento neto de los costos de producción social, y por tanto la pérdida de competitividad global de nuestra economía. Ésta sólo se está recuperando en algunos sectores, a costa de la mano de obra que pasa al paro, como se manifiesta en la mejora de las exportaciones.
Según la, al parecer, irresistible estrategia de la Sra. Merkel nos redimiremos sólo a través de la abstinencia y la penitencia; a lo que los españoles ya estamos resignados, porque el Sr. Rajoy ya lo ha aceptado prácticamente de modo incondicional, como muestra el hecho de que su promesa de exigir el derecho de veto de España sobre cualquier arreglo que saliese de la cumbre europea de la pasada semana ha sido discretamente puesta en sordina. Así que sólo nos queda suspirar por el momento en que la prometida Nueva Europa de la Sra. Merkel se haga realidad, mucho después de que hayamos puesto  en "pool", junto con los otros del euro, la soberanía fiscal.
Pero cuando la Nueva Europa llegue, preparémonos, porque todos sus integrantes quedarán expuestos a los recios vientos de competitividad, que nos soplarán desde los cuatro cuadrantes del globo, donde hay muchas sociedades con cientos de millones de profesionales tanto o más preparados que los españoles, y algunos miles de millones de trabajadores dispuestos a trabajar por un poco menos que los nuestros,

LOS GASSTOS DE DEFENSA DEBERÍAN ENTRAR EN EL BALANCE DE LOS DÉFICITS

Publicado el lunes 12 de diciembre 2011
Antonio Sánchez-Gijón.- Las crisis de los déficits fiscales, más la del  euro, obligan a los países europeos a reordenar a fondo las prioridades de sus políticas de gasto. En España, el candidato más probable a primero de la lista es su política de defensa, y más concretamente las inversiones en armamento.
Puede que la de Libia haya sido la última gran operación conjunta de seguridad de los países occidentales, ahora que la retirada total de Estados Unidos en Iraq se consumará antes de final de año, y que la fuerza internacional desplegada en Afganistán empezará pronto a replegarse para la retirada total en 2014. Sin embargo, no es recomendable poner la mano en el fuego por que Iraq y Afganistán vayan a quedar pacificados y estables después de las respectivas retiradas. Examinemos ahora algunos casos de planificación político-estratégica que necesariamente se verán revisados a la luz de la salida de la crisis, si es que efectivamente la crisis tiene salida.
El primero de ellos es el tratado de Seguridad y Cooperación franco-británico, firmado hace poco más de un año por David Cameron y Nicholas Sarkozy en el mejor de los climas de entendimiento; un entendimiento que hizo posible que tres meses después el presidente francés lanzara la iniciativa de intervención en Libia, para ser secundada con entusiasmo por el premier británico. El tratado fue tildado con ironía “l’entente frugale”, remoquete de la histórica “entente cordiale” entre los dos países, pensada para prevenir cualquier movimiento hostil de Alemania, en la primera mitad del pasado siglo.
El objetivo del tratado es asegurar la interoperabilidad de las fuerzas armadas de ambos países, al menor costo posible. Los acuerdos básicos consistieron en la creación de un cuerpo expedicionario de combate para las operaciones de tierra, disponible en 2015 (8.000-9.000 hombres), y un grupo de combate naval formado por sus dos marinas.
El tratado comprendía una serie de proyectos destinados a elevar las capacidades de las respectivas fuerzas armadas y su interoperabilidad, y a promover la base tecnológica e industrial de sus economías. Sin el clima de cooperación creado por este tratado es muy probable que la operación de Libia no hubiera sido lanzada. La cooperación de las dos fuerzas armadas fue muy útil a los fines del tratado. Desde los primeros días de combate conjunto se identificaron problemas de comunicación entre las fuerzas en presencia, que fueron superados poco a poco. Se evidenciaron dificultades en la información mutua de inteligencia, y en reconocimiento y vigilancia aéreas. En materia de inteligencia los franceses fueron más audaces; recibieron información de combate desde efectivos desplegados en tierra. También se manifestaron insuficiencias clamorosas, como la del suministro de combustible en vuelo, que hubo de ser suplido por los Estados Unidos. Funcionó bien el apoyo mutuo en la ejecución de las misiones.
El tratado prevé el desarrollo de un avión no pilotado (Unmanned Aerial Vehicle) de altitud media y planeo largo, antesala según se espera de la creación de un UAV de combate. Los UAV son ya una realidad operativa en las fuerzas de Estados Unidos, y les permiten combatir sin arriesgar efectivos humanos.
Un motivo racional de los dos países, Francia y RU,  para intensificar su colaboración bilateral es la de que las alternativas son peores desde un punto de vista económico: la producción unilateral es prohibitiva, y la producción multinacional es disfuncional porque generalmente dispara los costos después de aprobados los proyectos.
En España, falta de control sobre los programas
El caso de España es ejemplar a este respecto. En las cuatro últimas legislaturas (dos del PP, dos del PSOE), el ministerio de Defensa se comprometió a desarrollar 19 Programas Especiales de Armamentos (casi todos multinacionales), por valor de eu23.960 millones. Las obligaciones correspondientes fueron contraídas en su mayor parte por los gobiernos del PP (más de eu16.000 millones), con el objetivo de corregir los atrasos en que incurrieron los gobiernos de Felipe González. Las nuevas obligaciones de los dos últimos gobiernos socialistas fueron de algo más de euros 3.600 millones. Pues bien, la Secretaría de Estado de Defensa estima que los costos habían aumentado casi tres mil millones en 2009, y que los programas acabarán costando entre 33.000 y 36.000 millones. Retengamos estas cifras para hacer luego un enlace mental con la cuestión del déficit público, pero de momento escuchemos un poco de autocrítica.
Es la propia secretaría de Estado mencionada la que echa la culpa de parte de los sobrecostos a la incapacidad de gestión de la administración de la que forma parte. Uno se acuerda aquí de la reciente observación de la Sra. Merkel sobre que un problemas de la economía española es su baja productividad. Pues bien, la S de E dice al respecto de los sobrecostos: este problema se debe en parte a “la notable situación de debilidad de la propia Administración en la gestión de los programas, que propicia que los contratistas adquieran un excesivo poder”. Y a continuación se da un golpe de pecho, en nombre de la gestión ministerial de la Sra. Chacón: “No se ejerce un control riguroso, siendo habituales los retrasos y los sobrecostes, sin que esa dinámica implique exigencia de responsabilidad y depuración de la misma”.
La situación creada por el ministerio de Defensa para que la gestione el Sr. Rajoy es preocupante. Los programas se financian con créditos sin interés del ministerio de Industria, y Defensa le debe 15.000 millones que, naturalmente, le resultará muy difícil de pagar porque sus presupuestos ordinarios no hacen sino bajar de año en año. La estrategia actual de Defensa para enfrentar sus deudas consiste en lograr extender los plazos finales de pago desde el 2025 al 2030, reducir el número de unidades adquiridas (aviones, carros de combate, etc.) pagando por ello una penalización, y vendiendo a terceros algunos de los efectivos contratados. También va a ser difícil mantener el número de 130.000 militares previsto en la ley de la Carrera Militar, del 2007.
Problema universal
La presión para la reducción de los presupuestos de defensa es universal. El “supercommittee” del Congreso de los Estados Unidos para la reducción fiscal prevé cortes de casi $500.000 millones para los próximos diez años.
A primera vista los gastos militares y de defensa son una de las causas de los déficits presupuestarios. Hay, sin embargo, otro modo de mirar esta cuestión. Las fuerzas armadas y las inversiones en defensa (al menos las de la alianza occidental) contribuyen a la seguridad y la estabilidad mundiales, que tan propicias han sido para los negocios internacionales, los “mercados”, los fondos de pensiones, los bancos, los inversionistas, el comercio y la industria.  Representan el costo de transacción de todas las operaciones económicas mediante las cuales han prosperado no sólo los países occidentales, sino en general la comunidad internacional.
El conocimiento de este nuevo paradigma de comprensión de la estructura del sistema internacional se lo debo a un “ensayista político”, Paul Trouillas, quien lo plantea en su artículo “Marchés financieres et sécurité mondiale”, publicado en Le Monde el 1 de diciembre. Su tesis es sencilla: los países occidentales no solo financiaron y ganaron para la democracia la Guerra Fría, sino también las de Yugoslavia, las civiles de África, etc., y sostienen la lucha contra el terrorismo, y todas ellas “las financian por el déficit presupuestario y la deuda”. En algunas otras guerras (Afganistán, Iraq) sólo se ve el precio pagado en sangre, pero se olvida su abrumador costo fiscal.
Y resumiendo, Trouillas dice: “No se gana nada obligando a Francia a pedir prestado para financiar sus operaciones militares en África y en el mundo. No se gana nada obligando a Italia a cesar su participación en la guerra de Afganistán por razones financieras”.
Este es un modo justo de ver las cosas. De ver las cosas de Alemania, por ejemplo. Defendida durante casi cincuenta años por los presupuestos de sus aliados occidentales frente al bloque comunista, y garantizada su paz y unidad por la Alianza, ha podido reconstruirse y prosperar, al tiempo que reducía sus presupuestos de defensa, y hasta permitirse, en este año, abstenerse de intervenir en la operación libia.
Todos esos inputs deberían computar en el cálculo de cualquier déficit.

EL ERROR DE EGUIGUREN: LA IDENTIDAD NACIONAL V ASCA

Publicado el miércoles 7 de diciembre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– El libro de Jesús Eguiguren, "ETA, las claves de la paz", pone en evidencia cuán lejos estaba el partido socialista de Euskadi (PSE) de comprender la fuerza que el mito de una Navarra vascona ejercía sobre el cuerpo ideológico de la banda independentista y terrorista ETA. Esta incomprensión es a su vez incomprensible, porque el PSE ya había tenido tiempo suficiente para saber que la cuestión navarra era la columna vertebral del argumentario etarra sobre el derecho de los vascos a poseer un estado. Por la potísima razón de que Navarra, según los independentistas, fue alguna vez el reino soberano de los vascos.
Una nota de Herri Batasuna, de una fecha tan antigua como enero de 1990, definía el alcance de su pretensión, al declarar ser fundamental "el reconocimiento explícito y respeto a la unidad política territorial - inclusión de Navarra - así como el reconocimiento de que no es cada territorio sino el conjunto de Hego Euskal Herría (Euskadi Sur) el sujeto de la soberanía política". Así que no le valía a los navarros decidir si querían unirse a no a Hego Euskal Herría, sino al pueblo vasco en su conjunto, del que los navarros eran una parte.
Las conversaciones entre Eguiguren y otros miembros del PSE con Batasuna, que se celebraron entre junio y noviembre del 2006, se proponían preparar dos mesas de negociación, una de ellas llamada "técnica" y la otra política. Desde el comienzo de las conversaciones los negociadores del PSE perdieron el control del lenguaje. Antes de empezar, Otegui había presentado a Eguiguren una agenda de las negociaciones, que deberían tener por objeto consensuar "el carácter y la identidad del pueblo vasco", para poder consensuar a continuación los mecanismos que permitieran a la ciudadanía vasca adoptar "libre y democráticamente" decisiones en torno a su futuro político e institucional.
A pesar de la naturaleza inconstitucional del concepto de "pueblo vasco", y a pesar también de que al otro miembro del equipo "conversador" socialista (Roberto Ares) este concepto no le gustase, el PSE siguió adelante con las conversaciones, y al final hubo concesión sobre el dogma de la identidad nacional vasca, aunque rechazó la fusión de Navarra en Euskal Herría, reducíendo esta pretensión a la colaboración institucional entre el País Vasco y Navarra, cosa ya prevista en la Constitución.
Felizmente para el PSE, Batasuna, después de que este acuerdo fuera verbalizado, presentó una exigencia que los conversadores se vieron obligados a rechazar: la de que el País Vasco y Navarra debían formar en el plazo de dos años una única comunidad autónoma. Eguiguren se negó a firmar el acuerdo; y así no quedó su nombre unido al ominoso reconocimiento de la identidad nacional vasca, que era la piedra angular de la pretensión de Batasuna sobre Navarra, basada a su vez en el supuesto de que el pueblo navarro se caracteriza por su identidad vasca.
Una historia que echa mano de mitos
No hay nada en la historia de Navarra y del País Vasco que avale esta tesis. Sus desarrollos históricos diferentes obedecieron a remotos y básicos imperativos de carácter geopolítico: el reino de Navarra se formó en torno al eje del Ebro y sus afluentes pirenaicos, y las provincias Vascongadas en torno a los valles de ríos de la vertiente cantábrica. Fue de la vertiente pirenaica de donde surgió el impulso foral original de Navarra, tomando su fuente del Fuero de Jaca.
Aunque es cierto que los vascos de Vasconia se mantuvieron mayormente libres de la dominación árabe (lo que los vascos antiguos siempre tuvieron como prueba de su limpieza de sangre, y por lo tanto justificante de sus privilegios en una sociedad estamental), no se puede decir lo mismo de los navarros: su dinastía primera tiene su raíz en familias principales convertidas al Islam, pero reconvertidas al cristianismo al ver el imparable progreso de la Reconquista en los territorios cántabros. Así que por este argumento etnicista, puramente aranista, los navarros serían o vascos de sangre impura o simplemente no vascos.
Luego ocurre que los reyes de Navarra fueron dueños de gran parte de lo que hoy llamamos País Vasco sólo durante algo más de cien años, y que a finales del siglo XII la gran mayoría de los señores vascos se pasaron a Castilla. Querían unirse a la lucha contra los moros, y esa lucha la llevaban sobre sus hombros León, Castilla y Aragón, no el rey navarro. Cuando los castellanos cercaban Vitoria en el 1200 el rey Sancho VII el Fuerte estaba en Sevilla, intentando entrar en pactos contra Castilla con el emir moro, Este rey, a pesar de su brillante papel en las Navas de Tolosa (1212), mantuvo a Navarra aislada del juego geopolítico peninsular, en el que los vascos estaban metidos hasta el puño de la espada, y a la postre, por una serie de políticas desatinadas, puso a Navarra en la órbita geopolítica de Francia, donde quedó situada hasta 1512, cuando fue tomada por el duque de Alba en nombre de los derechos de Fernando el Católico, mientras los vascos se lanzaban con su proverbial energía a la conquista de tierras, a medrar en la corte castellana, a nutrir la marina de Castilla y, con el tiempo, a unir su impulso conquistador al de los andaluces y extremeños que se hicieron con América.
El reino de Navarra y las provincias vascas de Castilla se hallaron durante siglos en una guerra permanente de baja intensidad por razón de los pastos y de los puertos. Una de las reclamaciones constantes de los guipuzcoanos a los reyes de Castilla era el mantenimiento y defensa de sus privilegios sobre los puertos, principalmente Fuenterrabía. Este control vasco sobre el puerto aislaba a Navarra respecto del mar, y daba a todos los puertos de la costa una fabulosa renta de situación, de la que también gozaban respecto de los castellanos, por cuanto sus aguas eran salida natural de las lanas y el trigo del interior. No es mero accidente que los movimientos nacionalistas y separatistas de España se proyecten sobre territorios que unen el grueso de los territorios peninsulares a la masa continental europea, por los que los demás deben transitar obligatoriamente para muchos de sus tráficos.
El conceder en unas conversaciones (o en cualquier negociación futura) la existencia de una identidad nacional vasca sería un error de impredecibles consecuencias. Históricamente no está fundamentada y tiene tanta solvencia como el mito de Túbal, fundador de la lengua vasca. Geopolíticamente es un hecho sobrepasado por la civilización moderna, adversa a los pontazgos y fielatos y de naturaleza capitalista, liberal y europea. Culturalmente es como un jardín botánico, bonito pero cerrado.
Volviendo a Eguiguren, al partido socialista y al gobierno que alentó las conversaciones y negociaciones con ETA: su derrota electoral ha evitado que siguieran por el camino ilusorio de una paz negociada a base de concesiones verbales, sin considerar las implicaciones semánticas que de ellas se derivan.

EGIPTO FRENA LA REVOLUCIÓN Y SIRIA LA ALIENTA

Publicado el lunes 5 de diciembre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– Los resultados electorales de Egipto en las elecciones del 28 y 29 de noviembre parecen indicar que el país va a caer en manos de fuerzas que en un lenguaje político occidental llamaríamos contrarrevolucionarias. Por su parte, el conflicto interno sirio parece marchar hacia una guerra civil abierta y la probabilidad de una salida revolucionaria. El régimen recién instalado en Libia no acaba de arbitrar el sentido de su guerra civil: ni se decide a traer un régimen islamista conservador, ni se inclina por la modernización democrática con la ayuda de las potencias occidentales y las árabes que le ayudaron a derrotar al régimen de Gadafi.
Con todo, las fuerzas políticas de cada una de las naciones conmocionadas por la "primavera árabe" no sabrán definitivamente dónde están hasta que la Liga Árabe acabe de proponer y conseguir un nuevo consenso, en cuya formulación tendrá una enorme influencia la forma en que se desenlace la revolución egipcia, que parece abocada a encontrar un nuevo consenso político, que no va a alterar necesariamente la cosas en el sentido de la democracia y la libertad. Y entretelones Arabia Saudí mueve algunos hilos.
La victoria de los islamistas de Egipto fue rotunda: el partido Libertad y Justicia se ha convertido en la fuerza mayoritaria, con cuarenta por ciento de los votos, y el salafista al-Nour en la segunda, con veinticinco por ciento. El primero es la rama política de la conservadora Hermandad Musulmana, y el segundo lo es de la corriente más reaccionaria del Islam. Detrás de ellos se ha colocado una coalición de fuerzas liberales y democráticas, con algo menos del veinticinco por ciento. A primera vista, la "primavera árabe" no ha desembocado en un triunfo de la democracia, después de los éxitos de la más significativa de las revoluciones árabes.
Sin embargo el ambiente político egipcio está dominado todavía por la fluidez de las expectativas. Las elecciones se han celebrado en sólo 9 de las 27 provincias de Egipto. Quedan por celebrar dos procesos electorales más, por los que aún tendrán que pasar la mayoría de los candidatos elegidos en las primeras elecciones. Los hermanos musulmanes parecieron aceptar durante la campaña electoral la pretensión de los militares de seguir siendo por ahora el factor decisivo de última instancia; lo hicieron por temor a que la revolución adquiriera un nuevo impulso bajo las manifestaciones masivas contra los militares y el ministerio del Interior, que sacudieron El Cairo el pasado noviembre, poniendo así en peligro su previsible triunfo electoral.
Los hermanos no paran de dar señales de moderación, mostrándose dispuestos a formar coalición de gobierno con fuerzas más liberales. También se distancian de los salafistas: afirman que no quieren imponer, como éstos, la sharía en lugar de los códigos civil y penal vigentes. En tanto que los hermanos se acerquen a las fuerzas más centristas, aumentarán las posibilidades de que los militares les permitan acceder al gobierno.
Para lograrlo deben aislar la corriente de la Hermandad que ve su triunfo como una oportunidad de que Egipto rompa con Israel, los Estados Unidos y Occidente en general. Los centristas y liberales rechazarán a los hermanos en la medida en que éstos hagan socialmente obligatorias normas estrictamente musulmanas, como no beber alcohol y el papel subordinado de las mujeres. Es poco probable que los hermanos suscriban la exigencia salafistas de la prohibición de intereses en las transacciones crediticias, que les alienarían a los militares, muy metidos en el control de la industria y el comercio exterior.
Es poco probable que los militare toleren la imposición de medidas que hagan aparecer a Egipto como una sociedad atrasada. El jefe supremo, mariscal Tantawi, es inequívoco sobre los poderes que los militares se proponen conservar; el 28 de noviembre declaró que "la posición de las fuerzas armadas continuará siendo la que es, y no va a cambiar con la nueva constitución".
Por mucho que ello cause disgusto a las fuerzas democráticas y modernizadoras de Egipto, las fuerzas armadas siguen siendo la institución en que los egipcios más confían. Se las ve organizadas y disciplinadas, en contraste con el tono marcadamente caótico de la vida social común. Los sectores que en nuestra sociología occidental llamamos modernos son en Egipto, como ocurre en prácticamente todas las sociedades árabes, muy débiles, y se concentran en delgadas capas educadas de la población.
La clase media y la burguesía de los negocios son afines a un capitalismo de estado que hacen trabajar a su favor gracias a la mutua cooptación social con los militares. Estos son rasgos permanentes de las sociedades árabes, y tienen su origen en la fosilización de las ideas y la cultura públicas, que a su vez resulta de un dogmatismo religioso que desaconseja o persigue el libre examen por el individuo.
La alienación del régimen sirio
Si el prestigio y la unidad de la institución militar es en cierta forma el último recurso de la estabilidad de Egipto, no parece que las fuerzas armadas de Siria puedan garantizar la misma función en la revolución que el país está viviendo. El régimen de Bashar el Asad se halla aislado de la Liga árabe, que ha condenado la represión contra el pueblo. Se halla también aislado de casi toda transacción y tráfico con Occidente. Sus tarjetas de crédito ya no les sirven, al menos con relación a Europa y Norteamérica. Pronto puede ocurrir lo mismo con las transacciones con el Golfo Pérsico. Y con los vuelos internacionales a otros países árabes. La clase mercantil constituía hasta ahora, junto con las fuerzas armadas, la base de apoyo del régimen. Se estima que la economía se ha encogido en este año entre el 12 y el 20%; las inversiones decayeron en el año un 50%. El turismo ha perdido $6.000 millones, y está paralizado.
Las fuerzas armadas empiezan a estar divididas. Son frecuentes las defecciones de individuos o unidades, y combates entre desertores y fuerzas leales. Los desertores son sistemáticamente ejecutados si son capturados. Las Naciones Unidas estima que la represión y los combates con los insurgentes han causado ya 4.000 víctimas mortales. Los 950 muertos de noviembre atestiguan la resolución del gobierno de no ceder ni un ápice. Dado que no hay signos de que las fuerzas armadas se dividan de forma decisiva, la última esperanza para la caída del régimen es que la clase de los negocios retire su apoyo a Asad, ahora que se ve abocada a pérdidas irremediables.
El aislamiento del régimen es casi total: sólo está respaldado por Irán, Rusia y China, ninguno de ellos circunvecino. Turquía, que era uno de los puntos fuertes de la diplomacia siria hasta el año pasado, está considerando establecer, con respaldo de una resolución de las Naciones Unidas, una zona de protección dentro de Siria para acoger refugiados y desertores. Ayer domingo vencía el plazo dado por la Liga Árabe para que el régimen aceptara una misión de pacificación. A la hora del cierre de este artículo aún no se había producido la autorización del gobierno. En dos ocasiones anteriores al menos, el gobierno incumplió su promesa de autorizar la visita de una misión de paz árabe.
Estabilización contrarrevolucionaria
La fuerza de fondo que está minando el régimen sirio son las monarquías del Golfo, que ven en la revuelta popular la ocasión de derribar un régimen que funciona como un alfil de Irán. Si el más vocal de los regímenes del Golfo es Catar, el más decisivo es Arabia Saudita. La monarquía saudí se ha estado marcando a sí misma un curso que pueda mostrarse a un tiempo como opuesto a las revoluciones y a los extremismos religiosos. Respecto de lo primero, el experto en Oriente Medio Bruce Riedel opina que los saudíes están haciendo como los soviéticos en la época de Breznef: ninguna revolución en las fronteras del reino será tolerada. Y en el interior del reino ningún desafío del extremismo salafista o chiita será consentido.
Los límites y el alcance de la primavera árabe pueden haber alcanzado ya su desarrollo potencial. La cultura política de los países árabes, por lo menos en el grado de desarrollo alcanzado hasta ahora, no anima a pensar de otra forma

RAJOY ANTE NUESTRO 'SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS' PARTICULAR

Publicado el jueves 1 de diciembre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– En espera de la implementación de las decisiones del Ecofin, que tardarán en llega-, parece que  España no puede esperar ayuda para afrontar su problema fiscal y el encarecimiento de la deuda, ni del Fondo Monetario Internacional, que en caso de prestarla la concederá globalmente a la zona euro; ni  del Banco Central Europeo, al que por estatutos ningún estado puede pedir ayuda. Ni puede tampoco hacer un guiño a éste último para que siga comprando deuda española "de estrangis", so pena de hacer oficial el juego y arriesgarse a que los mercados pongan el grito en el cielo, denunciando la pérdida de credibilidad del euro por extender garantías a un país que, según ellos, está al borde del abismo.
Así, pues, el sr. Rajoy debe dar muestras de estar resuelto a que España enfrente la crisis por sus propios medios. Por eso es inevitable que su estrategia se plantee en dos tiempos, y aproximadamente en estos términos: primero parar el golpe de los "mercados", ofreciendo todo tipo de garantías de que España mantendrá sus compromisos de control del déficit. Como Rajoy tiene fama de hombre serio, nadie va a duda de que tratará de cumplir. Que pueda hacerlo es otra cosa. Los recortes al déficit público anunciados para el 2012 no cubren más que una fracción de las obligaciones que vencen en el año. Lo malo es, sin embargo, que satisfacer esas obligaciones hará enormemente difícil el éxito de la segunda fase de su estrategia, la que debe devolver a España a la vía de crecimiento que asegure de modo permanente el pago de la deuda. A menos que...
A menos que su gobierno se prepare, y él prepare al país, a una situación que se parecerá mucho a una economía de guerra. Es dudoso que el país lo vaya a aceptar pacíficamente. Para lograr sólo esto (que el pueblo español acepte los sacrificios) su gobierno, su partido y los miembros nuevos de las administraciones central, autonómicas y locales, deben anunciar sus propias medidas de austeridad, consistentes principalmente en recortes de sus sueldos y gabelas, aparte, naturalmente, de una reestructuración drástica de todos los programas del gobierno. El total ahorrado por esos sacrificios personales al erario público no aliviará sustancialmente las cuentas públicas, pero en momentos de crisis comparable a los efectos económicos de una guerra lo más importante es la fuerza de convicción que los dirigentes transmiten a la población por su solo ejemplo, para resistir entre todos lo que venga.
Hecho esto en los primeros días de su gobierno, deberá pedir (o imponer, según el caso) sacrificios fiscales dolorosos a las clases más pudientes. Esto tampoco reducirá sustancialmente los déficits, ni aliviará la deuda de modo decisivo. Tampoco la reducirá de modo importante lo que pueda aportar el combate judicial, político y legislativo contra los abusos cometidos por directivos de la banca y las cajas rescatadas por el erario público, al momento de su cese o retiro.  También esto es necesario para mantener la moral colectiva, y para justificar el siguiente paso, más grave y de mayores consecuencias: la petición de sacrificios a la masa de la población, a los diecisiete millones de asalariados, ya que es de ahí de donde saldrá la inmensa suma de muchos pocos que permitirán allegar los recursos con los que pagar la deuda. Y porque también es el mundo del trabajo el que más aceleradamente ha aumentado sus ingresos en los años de prosperidad, sin aumentar su competitividad. Veamos.
El trabajo, en el corazón de la crisis
En la presentación de la evolución de la actividad empresarial en España, realizada el lunes por el director de Estudios del Banco de España, José Luis Malo de Molina,  se pone de manifiesto la existencia en España de  un mercado laboral dividido en tres segmentos. Primero está la segmentación por razón del empleador. De un lado están los salarios públicos y del otro  los del sector privado. Mientras los primeros encajaron una rebaja salarial del 5% promedio en el pasado ejercicio, y una congelación en éste, los del sector privado tuvieron un saldo positivo: subieron una media de 0,8% en 2010.
El mercado de trabajo del sector privado, a su vez, se segmenta en los trabajadores que tienen régimen laboral permanente y los que lo tienen temporal. El segmento sometido a la contratación temporal paga las consecuencias de las rigideces del segmento de contratos fijos, según señala el informe del Banco de España. La resistencia de los salarios a bajar hace del crecimiento del empleo temporal "el principal mecanismo de ajuste de la crisis", según el estudio mencionado. Las expectativas económicas forjadas en 2010, y que fundamentaron los acuerdos de moderación salarial todavía vigentes, no se han cumplido en lo que a creación de empleo se refiere, y por tanto, "la moderación salarial es insuficiente para frenar la sangría del empleo", añade el Sr. Malo de Molina.
La tendencia sostenida de los salarios españoles a crecer desde que se creó el euro explica la pérdida de competitividad de nuestra economía. Se estima que el costo laboral por unidad producida en España creció un 36% desde 1999 hasta final de 2008, mientras que en Alemania lo hizo un 3%. Dada la pérdida de competitividad, el único mecanismo de defensa de la empresa es acudir al despido y al trabajo temporal, que acepta salarios más bajos y condiciones más precarias.
No hace falta recordar que esta ha sido una advertencia constante de  observadores desinteresados de la economía española, y que el Sr. Zapatero ha tratado de corregir con una reciente reforma laboral, que esos mismos observadores consideran insuficiente. No deberíamos seguir engañándonos a nosotros mismos: las estructuras de nuestros sindicatos y de nuestra patronal son de naturaleza corporativa, heredadas de tiempos ya idos hace mucho. Si algunos pedían al Fondo Europeo de Estabilidad que se armase con un bazooka, imagínense el calibre del arma con que debe dotarse el Sr. Rajoy para abrir la muralla Sindical-Patronal.
No hay melodrama en comparar los efectos de la crisis con los de una guerra. Excepto que no corre la sangre, esta crisis es una trituradora de personas. Son los cinco millones de parados y sus familias. Como en las guerras, la juventud pasa a vivir a la intemperie, sin oficio ni beneficio social alguno: son el 40 o 50% de nuestros jóvenes desempleados y sin esperanzas de encontrar trabajo.
A la espera de que el Sr. Rajoy pueda encontrar el apoyo de la euro-zona para ayudar a España a salir de la crisis, urge que tome medidas que desde el primer día den aliento a los que se han quedado en la cuneta, sin ningún tipo de protección por vencimiento de subsidios de cualquier tipo. El equívoco movimiento 15 de Marzo por lo menos en una cosa no se equivoca: en señalarnos la tragedia humana de los que están siendo arrojados a la calle por el  paro o por el desahucio.
Esa masa de personas debe recibir el tratamiento que se da a los damnificados y refugiados de una catástrofe natural o bélica: habitáculos provisionales, pisos alquilados, naves habilitadas, lo que crean necesario los expertos en este tipo de situaciones. Doña Ana Botella, que se está dejando querer como futura alcaldesa de Madrid, no debe perder ni un minuto en demostrar que se lo merece. Del mismo modo, todos los alcaldes de España, pero especialmente los del PP, cuyo gobierno va a imponer los sacrificios que todos tememos.
Solamente cuando se haya hecho lo posible por paliar el drama humano podrá entonces el gobierno entrar en la segunda fase de su estrategia: poner las condiciones paras el crecimiento de la economía, el aumento de la productividad y la reconstrucción del tejido industrial/comercial