Publicado el jueves 17 de noviembre de 2011
Antonio Sánchez-Gijón.– Este jueves ha comenzado en Bali la décimo nona conferencia de la asociación de Países del Sudeste de Asia (ASEAN en su acrónimo en inglés). Suena anodino y rutinario: ¿otra cumbre más de las arbitrarias organizaciones que tratan de dar sentido a las divisiones del mundo en bloques económicos y políticos? No lo es. Miremos el escenario. Por el lado izquierdo entra un país de 50 millones de habitantes y más de 600.000 km2 de extensión, con inmensos recursos naturales, y que ha estado apartado de los negocios del mundo por casi cuarenta años: Birmania. Por el lado derecho entra el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que se unirá este viernes a la reunión bajo el parasol de la sexta ASEAN-Pacific Conference.
Es raro que un presidente de los Estados Unidos acuda a estas reuniones. Obama llega a la "cumbre" haciéndose anunciar mediante la inauguración de una nueva base naval en Darwin, norte de Australia.
El capítulo más novedoso de la agenda es Birmania. No todos los días se aleja geopolíticamente de China un país grande por territorio y demografía. Birmania ha estado aislado del mundo durante cuatro decenios bajo un régimen militar ligeramente menos salvaje que el de Corea del Norte. Aunque socio natural de ASEAN, su economía estaba en total discordancia con la del resto de los países del sudeste asiático, plenamente capitalistas (como Singapur, Tailandia, Malasia, etc.) o en camino de serlo, como Vietnam. Los militares lo controlaban todo, desde los negocios a la prensa.
El marco de seguridad internacional se lo daba China. Pekín había empezado a dominar uno de los factores geográficos principales de Birmania: el rio Irrawady. Ya se está desarrollando un plan hidrográfico de siete presas, con un costo de $3.600 millones, sobre ese río, construidas por China. La mayor, la de Myitsone, en el norte del país, se halla en fase de trabajos preparatorios, lo que implica centenares de millones de dólares ya gastados. La electricidad que generase suministraría la red china. Las minorías étnicas de los estados de Kachin y Shan, que iban a resultar fracturadas por las presas, se hallaban alzadas en armas.
De pronto se produce un hecho tan inexplicable como pueda serlo un sortilegio oriental. En el 2010 el régimen cambia de rumbo, y decide convocar las primeras elecciones generales en veinte años. La líder democrática y premio Nobel de la paz, Aung San Sun Kyi, todavía desconfiada, y que llevaba en ese momento quince años de arresto domiciliario, llama a que los seguidores de su partido clandestino, la Liga Nacional para la Democracia, boicotee las elecciones.
Éstas se celebran en noviembre de aquel año. Las gana (como no podía ser de otra forma) el partido del gobierno. Seis días después el gobierno libera a Aung San Sun Kyi, y pasa a invitarla a una serie de reuniones sobre los siguientes pasos a dar para hacer de Birmania un país más responsable ante su pueblo y más abierto al mundo. El presidente y la disidente se reunieron el pasado agosto. La LND está ahora pensando presentarse a unas elecciones secundarias que se celebrarán antes de fin de año.
El nuevo gobierno tomó posesión en marzo pasado, bajo la presidencia de Thein Sein, un antiguo general. Éste sabe que su puerta al mundo occidental pasa por la valiente premio Nobel. El 17 de agosto el gobierno introdujo otra novedad: convocó a 40 organizaciones civiles para invitarlas a aportar iniciativas para la modernización y democratización del país. Organizaciones internacionales de derechos humanos y sociales fueron llamadas a aportar sus ideas.
En octubre se aprobaron los sindicatos libres. En ese mes se anunció una liberación de presos políticos; se estima que había unos 2.000, y que el 30% ya están libres. La prensa también se siente más libre. El gobierno la estimula hasta cierto punto; por ejemplo, atribuye a su campaña la presión para la suspensión de la gran presa china.
Cambio de aliados
En septiembre, marcando otro acontecimiento raro y significativo, y casi coincidiendo con la suspensión de la presa de Myitsone, Thein Sein viajó a India. Birmania está alarmada por la emigración china (de uno a dos millones) asentada en el norte del país. El inesperado giro político-diplomático de Birmania ya empieza a tener padrinos occidentales. Hace unos meses tuvo lugar la visita del senador norteamericano y ex candidato a presidente John McCain. Acaba de visitar Birmania una delegación de la Unión Europea para asesoramiento en materia de reforma de un sistema financiero rudimentario. Uno de sus objetivos es levantar poco a poco la prohibición de cargar intereses a los préstamos, razón por la cual, claro, no había crédito merecedor de tal nombre. Desde el 1 de noviembre en el país ya hay algunos cajeros automáticos. En estos días llegará a Birmania el ministro británico de Desarrollo Internacional, con una ayuda de $300 millones para los cuatro próximos años.
El giro exterior de Birmania es de momento un puro cálculo de intereses nacionales. Así lo declara implícitamente el director del gabinete del presidente de Myammar (nombre todavía oficial de la que siempre fue Birmania): "De lo que Occidente debe darse cuenta es de que en la escena geopolítica internacional, dado sobre todo el ascenso de China, necesita a Myammar. En esta coyuntura crítica, Washington y otros deben facilitar la conexión de Myammar con el mundo exterior".
Birmania no pertenece al área de libre comercio de la ASEAN, y desea hacerlo. Ha puesto grandes esperanzas en la presidencia del grupo, que le corresponderá en el año 2014. Quiere que esa ocasión represente para Birmania lo que los Juegos Olímpicos para Pekín. También quiere que las sanciones comerciales que le fueron impuestas por Occidente sean levantadas.
La Conferencia Pacífico-ASEAN no puede leerse más que en términos de contención de China por los Estados Unidos, y como afirmación del poder norteamericano en un momento de retirada de Iraq y pronto de Afganistán. El comercio con esta zona no es muy voluminoso: unos $180.000 millones, con un balance favorable a ASEAN. El juego del equilibrio del poder con China, sin embargo, lo es todo. Sobre todo en una región del mundo donde los países no gastan en su propia defensa mas que un escuálido 1% del PIB. No es de extrañar, pues, que los países del sudeste asiático estén encantados de facilitar el encaje de los Estados Unidos en su arquitectura de seguridad, y que éstos a su vez les ayuden a hacer del XXI el proverbial "Siglo del Pacífico". Birmania no quiere perder la ocasión. Está "open for business".
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