jueves, 29 de diciembre de 2011

MERKEL TIENE UNA NUEVA EUROPA PARA TODOS NOSOTROS

Publicado el jueves 15 de diciembre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– No ha habido ningún atisbo de alivio para España en el discurso de la canciller alemana, Angela Merkel, ante el Bundestag, el miércoles por la mañana. Para ella, el futuro se compone de dos etapas: la primera, la unión fiscal: "Ya no nos contentamos con hablar de la unión fiscal: hemos empezado a hacerla realidad". Los más optimistas estiman que esta etapa durará al menos tres meses, porque los 23 gobiernos comprometidos en firme con tal unión, más los tres que aún no se han comprometido, deberán hacerla realidad a través de tediosas negociaciones multilaterales.
La segunda etapa de lo propuesto por la Sra. Merkel consiste en completar "el curso de una nueva Europa..., de la que no hay vuelta atrás". Recordemos que el camino de la Unión Europea está empedrado de Nuevas Europas, y que cada una tomó años construir. Merkel añadió que las decisiones tomadas en el Consejo Europeo de la pasada semana representan los cambios estructurales que harán posible solucionar los problemas de la moneda única.
Como dentro y fuera de Europa todo el mundo se ha cansado de decir que los más urgentes problemas financieros se evaporarían si el Banco Central Europeo se comportara como emisor de último recurso, es posible que la Sra. Merkel nos esté anunciando implícitamente que cuando ella tenga su unión fiscal en la faltriquera, entreabrirá la ventanilla del BCE.
Nadie a este lado, nadie al otro
Pero de abrir la caja del banco, nada. Entre aquella primera etapa y la segunda  parece situarse la intrigante alusión de la Sra. Merkel en su discurso de ayer a "un contrato intermedio". Quizás consista éste en darse consuelo unos a otros, para sostener la esperanza de que (con sus propias palabras), "si tenemos la paciencia y la resistencia necesarias, y no dejamos que los reveses nos desanimen, y si nos movemos de modo constante hacia una unión fiscal y de estabilidad, y completamos la unión económica y monetaria..., entonces habremos conseguido, como he dicho desde el comienzo de la crisis, lo que siempre ha sido nuestro objetivo".
La Sra. Merkel ya no tiene adversarios en sus flancos. La pasada semana se libró del principal obstáculo que encontraba a sus planes dentro del Consejo Europeo, gracias al veto británico a la unión fiscal y la consiguiente autoexclusión del primer ministro David Cameron respecto de los otros veintiséis de la Unión. El miércoles fueron sus socios liberales de coalición opuestos al fondo de rescate europeo los que se quedaron aislados en su juego político, al dimitir el secretario general del partido, Christian Lindner, como protesta contra el propósito del partido de someter la cuestión a una votación interna.
La sutil conexión entre las posturas de Cameron y los liberales la estableció Lindner al decir hace poco que el promotor de la iniciativa plebiscitaria, el diputado Frank Schäffler, "es como el David Cameron del Partido Liberal Demócrata". El ministro de Economía, Philipp Rösler, que es el presidente de los demoliberales, aseguró el pasado miércoles que  bajo su mandato no habría en el partido escisión antieuropea.
Cada uno de los discursos mayores de la Sra. Merkel ilumina de modo particular lo que ha dicho en el anterior. El 2 de diciembre, también en el Bundestag, había vaticinado que "resolver la crisis de la deuda es un proceso y este proceso tardará años". Dijo además: "no estamos hablando sólo de una unión fiscal, sino de crear una nueva". Y aquí cabe la pregunta del lego: ¿se refería sólo a una nueva unión fiscal o a la nueva Unión Europea que ahora nos promete y que nadie vio venir? Desde hace meses hay en curso en Alemania un debate, entre filosófico y político, sobre el futuro de Europa, que denota la existencia de un fermento intelectual (que antes solíamos esperar principalmente de Francia), y que merecería cierta atención de parte de nuestras fuerzas políticas, aunque el horno de nuestros partidos no están para estos bollos en momentos en que el PP está metido a gobernar y los del PSOE afilando los dientes para su congreso.
Derecho de veto retirado
Entretanto, a los españoles nos cae en suerte seguir arrastrando los pies por nuestras crisis de deuda pública,  privada y bancaria, y el consiguiente paro, unido todo  a una inflación que no cede a la puerta de una recesión, y cuando el nivel de convergencia económica de las personas con la media de la  eurozona ha retrocedido al nivel del 2002.
La corriente de pensamiento predominante en España en torno a la crisis es una réplica de la opinión en gran parte de Europa (menos en  Alemania), y en el Reino Unido y los Estados Unidos: antes que una crisis de pagos o fiscal, el problema de la eurozona es de financiación, por un lado, y de productividad global por otro.
La historia económica reciente de España parece confirmarlo en todos sus extremos: hasta el 2007 o el 2008 no había problema notable de deuda, al mantenerse ésta en torno al 60% del PIB, por debajo de las deudas de Francia y Alemania. Fue la aceleración de la política social del gobierno Zapatero, espoleada por la voluntad de ganar las elecciones generales del 2008, lo que rompió la barrera psicológica ínsita al sistema fiscal español, de mantener razonablemente estables las obligaciones del estado. El aumento de las políticas sociales causó un empeoramiento neto de los costos de producción social, y por tanto la pérdida de competitividad global de nuestra economía. Ésta sólo se está recuperando en algunos sectores, a costa de la mano de obra que pasa al paro, como se manifiesta en la mejora de las exportaciones.
Según la, al parecer, irresistible estrategia de la Sra. Merkel nos redimiremos sólo a través de la abstinencia y la penitencia; a lo que los españoles ya estamos resignados, porque el Sr. Rajoy ya lo ha aceptado prácticamente de modo incondicional, como muestra el hecho de que su promesa de exigir el derecho de veto de España sobre cualquier arreglo que saliese de la cumbre europea de la pasada semana ha sido discretamente puesta en sordina. Así que sólo nos queda suspirar por el momento en que la prometida Nueva Europa de la Sra. Merkel se haga realidad, mucho después de que hayamos puesto  en "pool", junto con los otros del euro, la soberanía fiscal.
Pero cuando la Nueva Europa llegue, preparémonos, porque todos sus integrantes quedarán expuestos a los recios vientos de competitividad, que nos soplarán desde los cuatro cuadrantes del globo, donde hay muchas sociedades con cientos de millones de profesionales tanto o más preparados que los españoles, y algunos miles de millones de trabajadores dispuestos a trabajar por un poco menos que los nuestros,

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