jueves, 29 de diciembre de 2011

DEL DESASTRE DE BERLUSCONI A LA DOMINACION POR EUROPA

Publicado el lunes 14 de noviembre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– El cuadro político-económico de Italia dejado por Silvio Berlusconi a su probable sucesor, Mario Monti, no es tan catastrófico como sus críticos y enemigos nos hacen creer. Italia, como gran parte de las economías nacionales que abrazaron el euro, está luchando contra los cambios de los últimos decenios en la estructura de la economía mundial, que unos atribuyen al traslado de su centro de gravedad a otros meridianos (Nouriel Roubini, de la New York University), y otros a un cambio de época histórica: si Europa falla, nos dice Dominique Strauss-Kahn, se verá sometida a una  dominación económica y cultural.

Lo que ponen en evidencia una serie de analistas económicos de Europa y Norteamérica lo expondremos aquí de modo sumario para entrar en  el caso de Italia, y ver cómo este país ha tratado de capear el temporal, bajo el errático liderazgo de Berlusconi.

Antes de los ochenta del pasado siglo la economía mundial estaba dominada por el conjunto EE.UU-Europa Occidental. En los años 80 emergieron con fuerza en el mercado internacional agentes nuevos: Japón y los llamados Tigres de Asia. En los años 90 empezó la irrupción masiva de China, más Corea del Sur y Taiwán. En los primeros diez años del siglo XXI irrumpieron la India, Brasil, una Rusia parcialmente recuperada del desastre comunista, algunos países de Europa del Este, etc. En total, las poblaciones de esos países aportaron 3.000 millones de nueva mano de obra, que entraron a competir con los salarios altos de las economías desarrolladas y centrales.

La competencia de mano de obra barata impuso una tendencia a deprimir los salarios de la fuerza laboral de los países desarrollados. En Europa, esta depresión fue contrarrestada con las políticas sociales de los gobiernos. El ejemplo más claro es España: cinco millones de parados y crecimiento de las prestaciones sociales bajo el gobierno socialista. Esto condujo a déficits considerables.

Los países desarrollados llevaron a cabo, con el objeto de neutralizar la competitividad de los "emergentes", fuertes planes de inversión que aumentaron tanto la productividad como la masa bruta de bienes y servicios. Hay un exceso de capacidad productiva en las economías desarrolladas, sostienen Roubini y su equipo. Esto vuelve a deprimir los salarios. Consecuencia social de ello: aumenta la desigualdad. Ponerlo esto en evidencia, al menos en España, no es necesariamente demagogia del Sr. Rubalcaba.

Desvíos financieros

Los mayores márgenes de beneficios de las empresas generaron excedentes que, no pudiendo ser aplicados a aumentar una capacidad productiva también excedente, se desviaron a la economía financiera. Es en la economía financiera donde se localiza el comienzo de la crisis y de la recesión en ciernes.

En Europa se produce un fenómeno particular: la población envejece, de lo que resulta una desventaja suplementaria para el trabajador de cualquier clase, que debe sostener el consumo y los beneficios sociales de una población pensionada creciente , lo que incrementa la presión para subir la productividad, lo que a su vez conduce en algunos casos, por ejemplo España, a despedir mano de obra. Esta carga y este paro  retraen el consumo.

El diferencial de productividad y su potencial disruptivo es evidente en la relación entre el norte y el sur de Europa. Charles Grant, del Center for European Reform, de Londres, cree que o se produce "una convergencia de costo por unidad de trabajo entre el norte y el sur, por una reforma efectiva en el sur, o debe haber una Unión de transferencias de carácter permanente, con subsidios de norte a sur". Este temor es el que tiene amedrentada a toda la clase política y financiera de Alemania, y lo que explica en parte su irresolución para confrontar la crisis en sus términos más crudos, que exige que Berlín, que está poniendo sus reglas de gobernabilidad a gran parte de  la euro-zona, asuma el correlato de la cohesión.

Italia sobrevivirá a Berlusconi

En pocos países se observa con mayor claridad la importancia crítica de mantener un coeficiente alto entre capital y productividad como en Italia. Esa relación, en su caso, ha sido baja: durante los últimos diez años, Italia ha mantenido una tasa de inversión del 20% de su PIB (más alta que la alemana), pero su productividad ha aumentado sólo el 1% anual (Daniel Gros, del Center for European Policy Studies). El capital italiano, sencilla y llanamente, apenas rendía beneficios. Los alemanes (o cualquiera) deben atribuir, pues, los problemas de Italia a su sistema político-social adverso a la empresa y a la competitividad, no a la falta de hacendosidad de los italianos.

En algunos aspectos cruciales Italia ha hecho sus deberes: ha mejorado su inversión en capital físico y humano, así como la regulación de productos y trabajo; también sus inversiones en I+D, e infraestructuras (mejor que Alemania), y la calidad de su fuerza de trabajo. Su diferencial con Alemania se ha reducido en todos los aspectos.

Las cifras básicas de Italia no son tan malas. Se puede contar con que su deuda pública se mantenga al 120% del PIB en 2012 (que era de euros 1,9 billones in junio del 2011, según estadísticas del Banco de Italia), aunque el 43% de esa deuda es a acreedores extranjeros. Y también podrá mantener en 2012 un déficit inferior al 4%, menor que la media europea.

Lo que al parecer ha suscitado la  alarma por la deuda pública italiana es que bajo Berlusconi pasó de 97% del PIB en 2009 a 100% en 2011. Pero, ¿es eso suficiente para haber producido la carrera contra el bono italiano? Esa carrera ha hecho urgente entrar en el nuevo año con una nueva planta financiera; Italia debe refinanciar 200.000 millones euros en 2012. Tendrá dificultades para hacerlo a casi el 7% de interés actual. Además, deberá pagar otros 100.000 millones en facturas de todo tipo. El gobierno, sin embargo,  aún puede echar mano de la gran capacidad de ahorro de los italianos.

El problema de Europa no es insoluble. La zona euro tiene menos deuda y déficit público que los Estados Unidos. Su problema es político,

Le falta el liderazgo que ofrezca un plan convincente. Es el caso del Sr. Rubalcaba. Su propuesta de retrasar dos años los reajustes que los otros socios exigen de España carece de fuerza de convicción.


No hay comentarios:

Publicar un comentario