domingo, 9 de octubre de 2011

POR QUÉ SE HA LLEGADO AL ACUERDO CON EE.UU SOBRE LA BASE DE ROTA

Publicado el 7 de octure 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– El acuerdo alcanzado por el gobierno español con el de Estados Unidos para desplegar en Rota el primer y principal componente naval  del sistema de Defensa contra Misiles Balísticos (DMB) debe entenderse desde dos niveles distintos del análisis estratégico. El primero de ellos parece apuntar a que, efectivamente, el contingente naval norteamericano basado en Rota (cuatro buques, suponemos que destructores y/o cruceros) estará dedicado a enfrentar la amenaza que un arma nuclear iraní representaría para Europa y Oriente Medio. Ese componente naval operaría en coordinación con el componente terrestre del mismo sistema, instalado en estaciones de misiles antimisiles situados en Rumanía y Turquía. Ocurre, sin embargo, que la posibilidad de que Irán vaya a poseer en el futuro próximo el arma nuclear es de momento sólo una hipótesis de trabajo, sobre la que existen los más contradictorios juicios.

Cada vez que los servicios de inteligencia anunciaban que Irán se hallaba a uno o dos años de disponer de un ingenio nuclear aparecían otros servicios que afirmaban que el programa nuclear iraní había sido cancelado (estimación del National Security Council de Estados Unidos en 2003), o que había sufrido contratiempos que lo hacían inviable por algunos años.

Manteniéndonos aún en este primer nivel de análisis estratégico, lo que desde ahora empezará a desplegarse en el espacio marítimo pone fin a un serio motivo de enfrentamiento con Rusia, que sigue siendo el hermano siamés de la seguridad europea. Moscú se oponía a la configuración del DMB propuesto por el presidente Bush, consistente en la instalación de 10 silos de misiles  en Polonia y un radar de seguimiento en la República Checa e integrando el conjunto en el sistema antimisiles puramente norteamericano. Rusia alegaba que tal despliegue reduce o anula la capacidad de sus fuerzas de disuasión nuclear, de las cuales depende para garantizar de forma integral la invulnerabilidad de su territorio. Al revés que en el caso de la Unión Soviética, Rusia es muy inferior a la OTAN en efectivos armados terrestres y probablemente también aereos.

Esta ansiedad rusa tenía por consecuencia la imposibilidad de negociar entre Washington y Moscú la desnuclearización tanto de Europa como de la escena internacional. Esta era la propuesta más ambiciosa del presidente Obama en materia de seguridad (propósito declarado en Praga, abril 2009). Como solución a la discrepancia, el primer ministro Putin ofreció en 2007 la unificación del sistema de DMB ruso y el de la OTAN, y la utilización de dos emplazamientos de misiles cercanos a  Irán, uno en el sur de Rusia y otro en Azerbayán. La propuesta rusa exigía el rediseño completo del sistema occidental y representaba una merma de la insularidad e independencia del sistema norteamericano. Sobre esta base no podía haber acuerdo. Al mismo tiempo el despliegue del DMB de la OTAN estaba siendo utilizado por Moscú para tratar de crear disensiones dentro de la Alianza. Pero Putin también ofreció algo de crucial importancia para lo del reciente acuerdo hispano-norteamericano: que no se opondría a un sistema antimisiles basado en el mar.

Estados Unidos tenía otro problema. Le era imperativo contar con Rusia para su programa desnuclearizador y antimisiles. En cuanto al primer aspecto, si Washington no logra un acuerdo para la desnuclearización de Europa, se verá en la necesidad de renovar las armas de  este tipo desplegadas en el continente, debido a su creciente obsolescencia, lo que constituiría una ingente tarea logística a un costo hoy día prohibitivo para una economía en  dificultades. Por lo tanto, había que mantener a Rusia en el diálogo de la desnuclearización de Europa, y para ello era conveniente revisar el programa DMB.

La cuadratura del círculo parece haberse encontrado en el acuerdoMoscú-Washington (de momento tácito)  para consentirse mutuamente la creación de dos sistemas DMB autónomos pero coordinados.

Una evolución en múltiples direcciones

Es en este punto donde entra el segundo nivel de análisis estratégico, que gira entorno a por qué se ha llegado a él.  Aquí hay varios factores a considerar. Uno de ellos es la previsión de que en el futuro aparecerán potenciales amenazas distintas a la única presente hoy día, es decir, no sólo hay que contemplar un Irán nuclear. Los vectores de la amenaza iraní tienen alcance corto y medio. Irán está muy lejos de alcanzar la capacidad de fabricar misiles intercontinentales. Sin embargo,  desde finales del decenio pasado China está dando grandes pasos en la carrera de misiles de largo alcance. De momento esta expectativa no figura en el diálogo público sobre el sistema DMB, pero constituye una hipótesis estratégica altamente probable, que sobrepasa en importancia la cuestión de Irán.

Un segundo factor a considerar es el énfasis que los análisis puramente militares ponen en una defensa basada en un menor número de cabezas nucleares estratégicas, y prácticamente el no uso de nucleares tácticas. Ello es posible por el crecimiento exponencial de la eficacia de los misiles de cabeza convencional y de la precisión de su puntería.

Un tercer factor es el efecto político que tendría entre algunos países europeos el que Estados Unidos retirase sus armas nucleares de Europa. Algunos países del Este se oponen a esa retirada, por temor a Rusia, y Turquía misma podría abandonar su compromiso de no nuclearización si la garantía ofrecida por Washington no incluye el arma nuclear. La elección de Rumanía y Turquía como pilares terrestres del DMB constituye una garantía para estos países vis a vis Rusia.

Un cuarto factor es que la creciente  precisión de los sistemas antimisiles permite su despliegue móvil sin pérdida de efectividad. Su movilidad, además, crea una incertidumbre para los operadores del armamento nuclear hostil. Las plataformas móviles por excelencia son los barcos. En el caso que nos ocupa, ocurre que los misiles antimisiles que se desplegarán son de desarrollo naval. Se trata del sistema Aegis (del que por cierto están dotadas las fragatas españolas) y del misil SM-3 de tierra, que también resultó de un desarrollo naval.

En quinto lugar está la coincidencia de todos estos desarrollos con la discusión, desde la segunda parte del último decenio, de la necesidad de una estrategia naval de la Alianza, debate que se desató con anterioridad incluso a la discusión del reciente Concepto Estratégico de la OTAN. Esta discusión venía impuesta por el riesgo de tráficos clandestinos de armas de destrucción masiva, la irrupción de la piratería como una amenaza a las vías de transporte marítimo (90% del comercio mundial), y la extrema dependencia de los suministros energéticos de las vías marítimas (80% del tráfico de hidrocarburos).

En sexto lugar está la necesidad de que la Alianza integre en escenarios dispersos un conjunto de capacidades que se hallaban concentradas, durante la Guerra Fría, en o en torno a Europa Occidental. Desde el fin de aquélla, han entrado en escena las nuevas amenazas de Oriente Medio, el terrorismo internacional y el despertar de África como un foco de crisis y de oportunidades de desarrollo.

Es aquí donde yo creo que entra España, con su acuerdo de basar en Rota los efectivos del DMB aliado. La marina norteamericana se está guiando en estos momentos por lo que ellos llaman el Global Fleet Station, un concepto por el que se establecen en diversos puntos del globo pequeños efectivos navales en torno a una misión de primer rango, como sería su posición en el DMB, pero con aptitud para desarrollar otras funciones de naturaleza distinta. La posición de Rota en el extremo occidental del Mediterráneo, a unas pocas millas de la costa africana, y con proyección sobre la costa oeste de África, posee una gran polivalencia. España ya ha participado en algunos de los programas de la marina norteamericana para la creación de capacidades navales en países de áfrica occidental.

El acuerdo sobre Rota es un éxito indudable del gobierno, que ofrecerá, sin duda, oportunidades para la modernización conceptual y material de las capacidades militares españolas.

LIBIA, LA TAREA HECHA, LA TAREA POR HACER

Rubalcaba y Rajoy deben abrir al nuevo régimen un hueco en su agenda
Publicado el 3 de octubre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– Ahora que el gabinete del Sr. Rodríguez Zapatero ha asumido la resignada condición de gobierno transitorio, al que no  se le puede ir con demasiadas peplas, y que la plana mayor del partido que con toda probabilidad deberá formar el siguiente gobierno no tiene cabeza mas que para afianzar su casi segura victoria, es urgente llamar la atención sobre un dossier abierto que afecta tanto a la seguridad como a los intereses nacionales: el futuro de Libia, al que nadie, aquí, parece prestarle demasiada atención. Por eso le prestaré alguna, haciéndolo hacia atrás y hacia delante, es decir, sacando por un lado las enseñanzas de la implicación de España en la casi finalizada campaña que ha arrojado al coronel Gadafi del poder, y tratando por otro de prever la dinámica de acontecimientos que exigen programar la participación de España en el apoyo europeo y aliado a la reconstrucción y consolidación institucional y democrática de aquel país.

Primero entremos en la intervención armada en virtud de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, que mandataba a la OTAN impedir las represalias del gobierno Gadafi contra la población civil, y para ello autorizaba a la alianza a imponer una zona de interdicción aérea. España se apuntó al listón bajo de las misiones de naturaleza militar: vigilancia aérea contra una fuerza aérea libia aniquilada en los primeros días de la campaña y patrullas navales para controlar unas fuerzas navales libias apenas existentes. Esto significó que los medios de combate españoles no participaron en las acciones decisivas de la campaña: por ejemplo, el avance de las tropas de Gadafi sobre Bengazi, muy al principio del conflicto, que fue parado en seco por los ataques aéreos aliados. Otro momento táctico decisivo fue el ataque a las fuerzas gubernamentales de Misrata, que permitió la consolidación de las posiciones rebeldes. Sería interesante saber si las fuerzas navales españolas empleadas en la misión participaron en al poyo a los rebeldes en Misrata.

Otro aspecto mucho más interesante (e intrigante) que los anteriores es el de las razones de haber adoptado el gobierno un perfil tan bajo para la participación española. Aquí surge una sospecha, sobre la que se debería interrogar a la ministra de Defensa Sra. Chacón. Los ataques aéreos que pusieron fueran de combate el armamento pesado de Gadafi se realizó con proyectiles de precisión y armas guiadas por control remoto. Estas son precisamente las armas que permiten a un jefe de campaña reducir drásticamente el riesgo de daños colaterales sobre la población civil y las propiedades. ¿Dejó de asumir España misiones de ataque por carecer de cantidades significativas de este tipo de armas? ¿Hay tan pocas que sería penoso reponerlas en momentos de crisis económica y presupuestos militares decrecientes?

Otro interrogante de interés, que debería ser contestado por el gobierno o planteado por la oposición, es el de las lecciones aprendidas por las fuerzas españolas en términos de vigilancia y reconocimiento, y redes de mando y control, técnicas que al parecer han planteado en la campaña de Libia desafíos interesantes, de los que se puede sacar conclusiones sobre la suficiencia del stock de material existente, las carencias identificadas y las enseñanzas operativas obtenidas. La operación rebelde y aliada sobre los reductos gadafistas de Trípoli constituyó un ejemplo de coordinación de los efectivos aire-tierra, y se hizo evidente la importancia crítica de este aspecto concreto de cualquier campaña militar; si no se dominan las técnicas particulares es prácticamente imposible ganar la superioridad militar, y si no se practica no se aprende a hacerlo.

La ministra de Defensa dio cuentas al Congreso, a primeros de junio, sobre la ejecución de la participación española. Tres meses después sería oportuno volver a hacerlo por alguna vía, aun cuando el Congreso haya levantado sus sesiones. Si hasta principios de junio el total de salidas de aviones de combate de la coalición había sido de 10.000, hasta el día de hoy son ya alrededor de 24.000. Este número, que parece impresionante, es aproximadamente la mitad del esfuerzo dedicado por la OTAN a la operación de Kosovo frente a Serbia  en 1999: 150 salidas diarias en la campaña libia frente a 300 de media en la campaña kosovar.

La participación española en la campaña de Libia no debe, sin embargo, ser minusvalorada en términos políticos. Por lo menos el gobierno mostró su voluntad de no mostrarse ajeno al conflicto, cuando la mayor parte de los miembros de la OTAN lo hicieron, y de modo notable Alemania y Polonia, dos de los países considerados cruciales.

La futura cooperación necesaria

Pero todo esto es ya prácticamente agua pasada. Quedan ahora las acciones con que España puede contribuir a asegurar un proceso democrático en Libia y a la creación de instituciones modernas y competentes, en un país que siempre ha carecido de ellas. A este respecto no recordamos más que una breve visita de la ministra de Exteriores, Dª. Trinidad Jiménez, a Bengazi, y el retorno de nuestro embajador a Trípoli. Urge salir al encuentro de personalidades y grupos sociales y políticos libios, dispuestos a entrar en un diálogo sobre democracia, derechos humanos, constitución, etc. Hay que impedir por todos los medios legales posibles que en Libia se implante un régimen integrista musulmán, que ponga al cuello de los libios la rueda de molino de la sharía como constitución y código.

En esa tarea deberían participar organizaciones no gubernamentales, así como agrupaciones profesionales de la abogacía, la judicatura, profesorado constitucionalista, etc. Los centros de estudio y fundaciones de los partidos políticos deberían salir al encuentro de personas competentes que muestren afinidades ideológicas. La Agencia Española de Cooperación al Desarrollo debería tener ya un programa diseñado y dotado económicamente. Los candidatos a la presidencia del gobierno, Sres. Rubalcaba y Rajoy, debieran hacer un hueco en sus campañas para informarse e intercambiar opiniones con algunas personalidades o grupo libios invitados a España o que vengan a recabar apoyos de cualquier tipo. En fin, que debemos dar muestras de que este país, aunque lastrado por la crisis económica, no registra encefalograma plano en sus constantes vitales internacionales.

Especial atención merece la formación de las futuras policía y fuerzas armadas libias. La riqueza potencial de Libia les permitiría un equipamiento y dotación de primer orden. Otro factor crítico de cooperación futura habría de ser el control de los flujos migratorios hacia Europa, función que en cierta medida venía haciendo el gobierno de Gadafi y que, por tanto ahora ha entrado en crisis. Todo esto es algo en lo que, como se puede suponer, están ya metidas hasta las cejas las policías y fuerzas armadas de Francia, Gran Bretaña y otros.

Sería una pena que, entre un gobierno cesante y otro (el próximo) en rodamiento durante algunos meses, nadie prestase la atención necesaria a un país vecino, en su momento de necesidad, y de cuyo futuro dependen en alguna medida nuestra seguridad y el porvenir de legítimos intereses económicos y políticos.

domingo, 2 de octubre de 2011

LA GUERRA DEL EURO TRAS LA VICTORIA DE MERKEL

La ingeniería financiera en socorro de la moneda común

Publicado el 30 de septiembre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.- Lo de ayer en el Bundestag fue sólo un combate ganado por Angela Merkel (523 votos contra 85). No una batalla, sólo un combate. La batalla podrá darla por ganada cuando los parlamentos de los países que todavía no lo han hecho aprueben la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Con la duda de Eslovaquia, se espera que los otros lo hagan. Si Eslovaquia no lo aprueba, no se ha conseguido nada. De todas formas, Eslovaquia, muy renuente a aprobarlo, depende demasiado de las inversiones alemanas como para crearle a la gran potencia comercial del centro de Europa un problema que equivaldría a una crisis política grave, e infligirle a la euro-zona una estocada mortal. Crucemos los dedos.

Pero una batalla es sólo el episodio de una guerra. La guerra aquí es la de la supervivencia del euro, y hay quien piensa que se trata de la supervivencia misma de la Unión Europea. De la  Unión como la piensan y quieren sus países fundadores, principalmente Francia y Alemania, y los otros países que se adhirieron a ella atraídos por una perspectiva de unión política y económica crecientes, o para consolidar su recién estrenada vocación democrática, como España y los países de Europa del Este. Porque hay países que quieren sólo la unión económica, no la política. Me refiero a Gran Bretaña. El actual ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido asiste con fruición a lo que él cree el cumplimiento de sus vaticinios de 1998, cuando se lanzaba el euro. Ya dije entonces que “el euro es un edificio en llamas sin salida”, acaba de recordarnos William Hague en The Spectator. Y añadió, como quien no está echando leña al fuego, que el euro “se ha convertido en un monumento a la locura colectiva”.

Hay quien está preparando todo un sistema de armas nuevo. El primer ministro francés, François Fillon, acaba de proponer “una nueva ingeniería financiera para contener el desafío de los mercados”, cuyo primer resultado es “el esfuerzo que estamos haciendo frente  la especulación financiera contra la zona euro”. Fillon tiene una hipótesis de trabajo: el fondo FEEF de 440.000 millones euros puede producir un efecto palanca cuatro o cinco veces mayor, suficiente para atender las necesidades de Grecia, Portugal, Irlanda e Italia.

Hay indicios de que el ministro de Finanzas alemán, Schäuble, podría estar conforme. Aunque aumentar el volumen del fondo sería “una idea estúpida” (como aseguró para calmar a los socios liberales de la coalición gobernante), cree que es posible usar el fondo como colateral, al objeto de levantar fondos que sirvan de garantía para superar integralmente la crisis de pago, sin necesidad de acudir al Banco Central Europeo. Partidario de esta idea se ha mostrado también Ollie Rehn, comisario de Finanzas y Economía de la Unión. Si Angela Merkel decidiera poner la idea en práctica, muy probablemente los liberales se saldrían de la coalición gobernante y habría que convocar elecciones o formar un gobierno de “gran coalición” con los socialdemócratas.

Es posible que en su alegato contra los especuladores Fillon incluyera a Barak Obama. El presidente norteamericano no tuvo pelos en la lengua para señalar las debilidades europeas: “Los europeos no se han recuperado de la crisis de 2007, y nunca abordaron todos los desafíos con que se enfrentaba su sistema bancario” - declaró el presidente el pasado lunes en California. “Lo cual – añadió -  se ve ahora agravado por lo que está sucediendo en Grecia. E insistió: “(los europeos) están pasando por una crisis financiera que asusta al mundo, y tratan de tomar medidas responsables, pero esas acciones no han sido tan rápidas como hubiera sido necesario”. Tampoco se quedó corto el secretario del Tesoro, Geithner, al decir recientemente que la crisis europea era “el riesgo más serio con que se enfrenta hoy día la economía mundial”.

No es de extrañar que bajo esta presión psicológica del “líder de Occidente” se hayan desatado las más agoreras predicciones, como la de Attila Szalay-Berzevicki, del banco italiano Unicrédito SpA, que ha dado recientemente al euro por “prácticamente muerto”.

Un problema de Euro-Europa es saber si el mundo está sólo impaciente con la interminable crisis del euro, o si más bien está incómodo con la misma existencia de la moneda común. El euro está cercado hoy por muestras de desconfianza. Standard and Poors indicó esta semana que si el FEEF extendía sus garantías a otros países endeudados aparte de Grecia, el rating alemán se vería perjudicado. Es más, el arma propuesta por Fillon, la de usar el leverage del FEEF, tendría “efectos deletéreos” sobre el crédito de Alemania.

También Alemania está considerando utilizar otra arma para esta guerra: adelantar a 2012 la entrada en vigor del Mecanismo Europeo de Estabilidad. El argumento es que cuando todos los parlamentos hayan aprobado la ampliación del fondo, no hay razón para esperar a poner en vigor el MEE con 80.000 millones euros de capital, y pueda servir de colateral para préstamos del BCE. De este modo la eurozona haría posible declarar la insolvencia de determinados países sin necesidad de arrastrar todos los demás.

Hoy por hoy, el único país al borde de la insolvencia es Grecia, con la que Euro-Europa se encuentra en un dilema: o dar cobertura financiera a su insolvencia, asignando pérdidas a bancos, particulares y gobiernos, o propiciar su salida del euro, incentivándola con un fuerte subsidio, que le permita reconstruir toda su estructura productiva.

Pero la guerra va a reemprenderse pronto en otros frentes: el más peliagudo, el italiano, algo menos el español, luego el belga, y también el francés. En fin, que hay que estar muy desesperado para echarle valor a guerras que en principio parecen perdidas. A veces se ganan.

ANTES MEDVEDEV-PUTIN. AHORA PUTIN-MEDVEDEV

Publicado el 26 de septiembre

GEOESTRATEGIA

La extraña pareja, hacia el triunfo electoral

Antonio Sánchez-Gijón.- Vladimir Putin será, desde marzo del 2012, presidente de Rusia. Y lo seguirá siendo, si así lo desea, hasta 2024, en dos mandatos sucesivos de seis años cada uno. Para entonces habrá estado al frente de Rusia más tiempo que Breznev (sólo 18 años) pero menos que Stalin (30) al mando de la Unión Soviética, y también menos que Pedro el Grande (43) y Catalina la Grande (34) al mando del Imperio Ruso. Así lo decidió el pasado sábado, día 24 de septiembre, el congreso del partido Rusia Unida, al aprobar por aclamación su candidatura. Con esa medida se despeja también la duda de si el próximo año llegaría la hora del zarevich Medvedev, actual presidente ruso, quien deferentemente acalló, de cara al congrso del partido, todas las insinuaciones que él mismo venía haciendo los últimos meses sobre su autopostulación a un segundo mandato presidencial.

Es una pena que Putin vaya a estar tan poco tiempo en el timón de Rusia (no más de doce años más), porque los gobernantes rusos nunca lograron terminar en vida el programa de modernización que se habían propuesto. Medvédev, por poco tiempo presidente de Rusia, era visto en estos últimos años por Occidente como el ansiado reformador y modernizador. De él ya se puede decir, cuando le quedan pocos meses en el Kremlin, lo que el historiador ruso Nicolás Riasanovsky escribió de la interminable e inabada obra modernizadora de Pedro el Grande: “Quería occidentalizar y modernizar totalmente el gobierno, la sociedad, la vida y la cultura de Rusia…, (pero) está muy lejos de haber alcanzado este fin prodigioso, (porque) las medidas tomadas se adecuaban mal entre ellas y dejaban enormes huecos...”

Es posible que Putin dé algunos pasos más en la titánica tarea de modernizar Rusia porque él sí parece estar en la clave de la gobernación en su país. Esta clave figura como el segundo de los principios de la Instrucción que Catalina la Grande dio a la comisión de reforma legislativa, en 1767, que decía así: “el soberano es autócrata porque no hay otra autoridad, fuera de la que se centra en su persona, que pueda actuar de manera adecuada en un Estado de tan vasta extensión”. Es de esperar que Putin, el futuro autócrata de tan vasto país, tome nota también del primer principio de la Instrucción, que dice así: “Rusia es una potencia europea” (las citas se encuentran en Alejandro Muñoz Alonso, “La Rusia de los Zares”).

Pero volvamos a nuestros días. Los once mil participantes del congreso de Rusia Unida, celebrado en Moscú, prorrumpieron en vivas cuando escucharon a Medvedev pedir el voto para Putin y a Putin anunciar que Medvédev sería su primer ministro, en una reedición de la fórmula inaugurada en 2008, por la que el zarevich subió al trono y el zar se rebajó a zarevich. Putin lo explicó con todo candor: “Hace algunos años acordamos lo que debiamos hacer de cara al futuro”. Y Medvedev confirmó: “En efecto, discutimos este posible giro de los acontecimientos el día en que formamos nuestra unión de camaradas”.

Y no es que el estilo de Putin sea desaconsejable para un país “tan vasto”. Gracias a su talante autoritario y su dominio de todas las claves secretas del poder en Rusia, como ex agente del KGB, Putin la salvó de la desintegración, aunque eso sí, por una vía despótica que privaba a los rusos de seguridad jurídica, mantenía el control policial sobre la población y engrasaba la maquinaria del sistema con la corrupción a grande y pequeña escala.

Putin parece haber comprendido los límites de su forma de gobernar. Ante su partido anunció un programa reformista: “Debemos hablar abiertamente… de la peligrosa desigualdad social, de la violencia, la corrupción, sobre el sentimiento de injusticia y vulnerabilidad que la gente tiene cuando trata con las ramas del gobierno, los tribunales y los agentes de la ley”. En cuanto a la corrupción, me permito anotar, el índice de Transparency International sitúa a Rusia en el puesto 154 de 178.

Así que Putin le ha quitado el viento a la vela que soplaba por Medvedev, la gran esperanza de la reforma. Los seguidores del presidente se sienten traicionados, porque siempre les había prometido reformas, y aún logró introducir algunas durante su mandato, y daba a entender que esperaba un segundo turno en el Kremlin para consumar su obra. En el congreso, Medvedev aún hizo un esfuerzo para dorar sus galones de reformador: “Sigo dispuesto a continuar mi trabajo para la modernización del país, desde el interior del gobierno”.

Maniobras en todas las direcciones

Tratando de frenar los pinitos que Medvedev hacía al promoverse como aspirante a un segundo mandato, Putin preparó una jugada, que no le ha salido demasiado bien. Para cerrar cualquier brecha por la que los sectores liberales de la sociedad rusa pretendieran entrar de forma independiente en la Duma, en junio encomendó a un hombre de negocios y multimillonario, Mijail Projorov, la formación de una agrupación política de aquella orientación, Causa Justa, para acudir a las elecciones parlamentarias del próximo diciembre. Projorov resultó respondón, y seguro de sus $13.000 millones de fortuna (por lo menos), puso condiciones, como la dimisión de Vladislav Surkov, el “ideólogo” del grupo, y hombre del Kremlin que había instrumentado la maniobra. Por supuesto, Projorov ya ha perdido el favor de Putin, y ha devenido en persona desconocida para la televisión. Se duda de que Causa Justa pueda superar el 7% de votos necesarios para entrar en la Duma.

Putin debe también encarar el flanco nacionalista, liderado por Vladimir Zirinovsky, que lleva en esas faenas veinte años. Para ello, Surkov se ha puesto a resucitar un partido, Patria, que él mismo había creado para las elecciones del 2004.

Mientras la clase política se entretiene en mantenerse en el poder, por fas o por nefas, el país vive sus problemas. Aunque en 2010 la producción fabril creció considerablemente, Putin advirtió que la inflación era el primer problema de la economía. Otro es la gran fuga de capitales. Y otro más el hecho de que el 40% de los jóvenes entre 18 y 24 años desea emigrar. Putin también dio algunos pasos en la privatización de la economía, como dos participaciones pequeñas en los bancos VTB y Sperbank. El gobierno ha anunciado un programa de infraestructuras de $500.000 millones. Falta por ver hasta qué punto Putin presidente asumirá el programa liberalizador anunciado por Medvedev en el foro económico de San Petersburgo, en junio pasado: “no estamos construyendo – dijo el actual presidente -  un capitalismo de estado. No es mi opción. La economía rusa debe estar dominada por la empresa pública y por los inversores privados”.

El tiempo se agota para Rusia. Se prevé que en 2014 los ingresos por el petróleo y el gas serán superados por la compra de los insumos necesarios para mantener la economía, que ha estado beneficiándose en los últimos años  por los altos costes de la energía.

La jugada Putin-Medvedev, lejos de dar seguridades a la comunidad internacional, confirma que Rusia tiene dificultades para prescindir de las viejas mañas. Veremos.

SER PERIFERIA O NO SERLO. ESA ES LA CUESTIÓN

Publicado el 24 de septiembre 2011

Hay que inventar la forma de ganar centralidad

Antonio Sánchez-Gijón.- A veces he pensado que la caracterización de España como uno de los países de la periferia de Euro-Europa (junto con Portugal, Irlanda, Italia y Grecia) encerraba un equívoco intelectual, que empezaré a exponer de una forma visualizable: imaginemos un espacio urbano organizado (digamos, una ciudad),  que se forma en torno a los centros de poder usuales: ayuntamiento, gobierno civil, iglesia, bancos, las calles de los artesanos que producen la riqueza de la ciudad, y las casas y palacios de los vecinos más distinguidos, que extraen las rentas de sus tierras en el extrarradio. Están ahí porque sus antepasados se asentaron sobre una pieza de territorio superdotada de recursos: un río navegable, minas, cruces de caminos, árboles frutales por doquier, etc. A medida que crece la lejanía respecto del núcleo próspero disminuyen las ventajas de situación y se va formando la periferia, generalmente menos rica y menos desarrollada, pero siempre al servicio del centro urbano. Este fue el modo de desarrollo de la civilización medieval europea, y es el modo en que, quinientos años después, hoy se estructuran las relaciones de poder entre los estados de la Euro-zona.

Cuando esos centros urbanos medievales, creadores de una comarca populosa y laboriosa, se daban en un gran espacio geopolítico favorable, entonces aparecían  reinos ricos y se creaban los estados institucionalmente desarrollados. Ésta fue la suerte de Europa central, asentada sobre numerosos ríos navegables con salida al mar, buenos puertos naturales, amplía geografía para pastos y cultivos, y además minas de hierro y carbón, posibilitando así la aparición de sociedades demográficamente dinámicas, príncipes poderosos, riqueza potencial que aumentaba con el comercio, etc. Son las condiciones que hicieron posible más tarde las grandes potencias de Centro-Europa: Alemania, Holanda, Bélgica, Francia, Dinamarca, Austria, etc., así como los grandes poderes militares, sobre todo el Imperio Austriaco, Francia y Alemania.

Modos de ser periferia

El equívoco está en creer que la única forma de organización europea es este prototipo medieval, replicado en el siglo XXI. Aunque muchas veces se olvida, en esos quinientos años la periferia de entonces se volvió centro, y el centro medieval se convirtió en cierto modo en periferia. Ello fue posible gracias al espíritu emprendedor de unos pocos y a los designios expresos de unos cuantos gobernantes y élites sociales, que ensancharon el horizonte geopolítico que constreñía Europa. Pero caractericemos primero la periferia medieval de algunas de esas naciones que situamos hoy día en la periferia del siglo XXI.

España tenía una geopolítica que era el reverso de la del centro de Europa: pocos puertos naturales, ningún río navegable, cordilleras que aislaban unas regiones de otras, tierras ásperas excepto en la periferia, malos y largos caminos, poco hierro y carbón, escasa potencia demográfica, una parte sustancial del territorio por conquistar a los moros, y reinos aliados en una lista interminable de tratados efímeros.

Italia era un rompecabezas de estados, de gran potencia demográfica, una riqueza ligada a un río caudaloso, el Po, con algunos buenos puertos en su áspera geografía costera, caminos milenarios con el centro de Europa, comercio mediterráneo pujante, etc. Gran parte de estas ventajas se perdieron con el declive de Venecia y la entrada de los turcos en el Mediterráneo, lo que propició la caída de Italia bajo la hegemonía de otras potencias mediterráneas políticamente unidas y abiertas a los mares exteriores, como España y Francia.

Grecia era un frágil imperio bizantino, fracturado en centenares de islas, estratégicamente insostenible frente a los invasores turcos, etc. Portugal era la periferia de la periferia, y sólo gozaba de la pequeña ventaja geopolítica de un gran puerto natural en Lisboa.

Pero dos de los países mencionados, Portugal y España, lograron poco a poco convertir su condición periférica en central. Lo hicieron gracias a su conquista de mares y tierras y a su contribución a la fenomenal expansión del comercio de las materias primas procedentes de sus posesiones ultramarinas. Ello dio a España la hegemonía en gran parte del centro de Europa y en el Mediterráneo occidental, y estuvo a punto de consolidar un poder mundial con la unión hispano-lusa de Felipe II y sucesores.

En el apogeo de esta estructura de dominación apareció otra ingeniosa forma de hacer de la periferia centro. Fue el de Inglaterra. Inmune, gracias al foso del Channel, a los ataques terrestres que todas las potencias continentales padecían, Inglaterra contaba con buenos puertos naturales, abundante madera y un espléndido puerto fluvial, el Támesis. En el siglo XVI, Inglaterra renunció a sus aspiraciones territoriales sobre la corona de Francia, a favor de una política contraria a cualquier hegemonía continental, y para impedirla sólo tenía necesidad de enviar expediciones militares, poco numerosas y ocasionales, en ayuda de cualquiera de los dos grandes ejércitos europeos que en un momento dado se hallase perdiendo la guerra. Mientras Europa se desangraba en conflictos armados, Inglaterra “equilibraba” a las potencias europeas, navegaba y comerciaba, y así logró su gran imperio mundial, a finales del siglo XVIII.

Hoy, perdido su imperio, Inglaterra (bueno, el Reino Unido) es todo lo europea que necesita ser para mantener su influencia en el concierto continental, e introducir alguna “maniobra de diversión”, como el tratado de defensa franco-británico de noviembre de 2010, que aleja a Francia de su compromiso con la Política Europea de Defensa. Mientras tanto, el Reino Unido sigue gozando de gran parte de las condiciones económicas y políticas que dieron soporte a su imperio, como el lugar privilegiado que ocupa en el comercio y las finanzas mundiales. Y sigue gozando, como siempre, de la ventaja de su cercanía a los grandes puertos y a los ríos navegables de Centro Europa, así como de sus conexiones con las redes ferroviarias europeas, que era el último atributo con el que no contaba desde que los ingleses dieron a los continentales el ferrocarril.

Pensar en ser esto o lo otro

España, cuando perdió su centralidad continental con la guerra de Sucesión, se encontró con el tremendo problema de mantenerse unida a la Europa Central, hallándose como se hallaba aislada por los Pirineos y las distancias, e interferido su comercio y navegación por la política naval británica y las apetencias imperiales francesas. Desde entonces todas las energías de España se consagraron a mantener su independencia y a quebrantar su aislamiento geopolítico. Esta lucha contra el aislamiento la vemos hoy todavía, por ejemplo, en los planes para desarrollar el famoso eje Mediterráneo de transporte ferroviario o el tercer acceso ultrapirenaico al continente. Las redes de transporte de las naciones centrales de Europa son un hecho más que centenario, mientras que para España (y aún más para Portugal)  es un proyecto lanzado al tercer decenio de este siglo en el mejor de los casos.

Todo lo cual me lleva hacia atrás, al ya mencionado equívoco de la periferia El centro es centro porque hay periferia. En ese sentido, el centro, si quiere seguir siéndolo, debe reconocer los derechos de la periferia por el mero hecho de mantenerse en la periferia. El centro debe también algo a la periferia. Así que nuestros gobiernos no deben ser tímidos en exigir las condiciones que le permitan superar los rigores de ser periferia. Que los gobernantes y expertos digan cómo: ¿a través de los eurobonos, o tal vez con algún esquema de ecualización fiscal? No lo sé. Y si no nos lo dan, entonces habría que pensar si hay modo de dejar de ser periferia.

Pero entonces alguien preguntará: ¿y cómo pensáis dejar de ser periferia, si ya no hay Nuevos Mundos y andáis siempre a la cola de los indicadores de prosperidad y de capacitación humana para alcanzar la prosperidad, con vuestros bajos índices educativos, vuestras costumbres ancestrales tan poco “europeas”, vuestras disidencias nacionalistas en el interior, el poco espíritu emprendedor de vuestra juventud, etc., etc.? Pues bueno, yo no sé cómo. Pero sí sé que lo uno o lo otro: o cohesión integral dentro de la euro-zona, adaptándonos a la estricta disciplina “a la alemana”, o zona periférica disidente o rebelde.

Yo no puedo imaginar cómo le iría a España como zona periférica disidente o rebelde. Es un caso muy complejo, y contrario a la tradición histórica española. Pero sí puedo imaginar el caso de una Grecia disidente, ya que tiene un pasado europeo muy corto y goza de buena posición geopolítica al lado de, o frente a, Turquía, y puede gozar de las ventajas de un tratado de libre comercio con Europa, una moneda propia que pudiera devaluar cuando quisiese, con centenares de islas aptas para alojar paraísos fiscales, puertos innumerables y vía de tráfico energético de primer orden.

Me gustaría que los que saben se pusieran a pensar en cómo exigir el precio justo de nuestra condición periférica, o alternativamente inventar un modo novedoso y estimulante de salirse de la periferia. Como Grecia puede hacer si le da por ahí.

La operación libia contribuye a una Política Europea de Defensa

Publicado el lunes 19 de septiembre de 2011
España pierde una oportunidad de estar con Francia y Reino Unido
Antonio Sánchez-Gijón.– La intervención occidental en Libia ha supuesto un golpe de prestigio e influencia para Francia y Gran Bretaña en ese país, y aún incluso entre las fuerzas populares que han promovido la llamada "primavera árabe" en otros países de la región. También ha significado una revalidación de los principios y fines de la Alianza Atlántica, la cual empleó de forma decisiva sus considerables recursos militares en ayuda de un país de su zona de influencia que había dado muestras de querer liberarse de una tiranía, dándole así la oportunidad de acceder a la democracia.
En contraste con esos dos efectos, hemos visto que la Unión Europea no ha sido capaz de materializar en Libia algún aspecto concreto de su proclamada Política Exterior y de Seguridad Comunes (PESC), y ha pasado, como tal institución, prácticamente desapercibida por los libios.
Lo dicho en el anterior párrafo no quiere decir que Europa como tal haya estado ausente de Libia. La intervención de los europeos en ese conflicto se ha hecho al modo histórico tradicional, de coaliciones temporales de determinadas naciones para fines concretos, en orden a romper o restablecer un cierto status quo, en cumplimiento de una responsabilidad como agentes poderosos del sistema internacional, y en seguimiento de sus legítimos intereses políticos y económicos.
Incluso desde el punto de vista de la filosofía que inspira la formación de la Unión Europea, la experiencia libia puede entenderse como una forma de "cooperación reforzada" por la que los países de la Unión que lo deseen avanzan en la unificación de una política particular común, creando para ello las instituciones pertinentes y poniendo en "pool" sus medios, siempre que ello se haga a favor de los principios y fines propuestos por los tratados de la Unión. El euro es quizás el ejemplo más patente de una cooperación reforzada.
Alemania se mantuvo al margen de la iniciativa desde el primer momento, en un gesto que ha sido considerado un error por gran parte de sus fuerzas políticas. Alemania no puede quedarse al margen de una "cooperación reforzada" como ésta, con la excusa de que la operación libia no era propiamente cuestión de la PESC. Si la PESC ha de realizarse algún día, no lo hará sino a través de la acumulación voluntaria y progresiva de contribuciones nacionales, hasta que surja en la opinión pública europea una noción de intereses estratégicos compartidos, a manera de común denominador de su seguridad.
La noción de seguridad común se adquiere a través de ejercicios de seguridad practicados en común. La práctica consigue la perfección.
España, una oportunidad perdida
El caso de España es otro más de oportunidad perdida. La contribución española a la operación de Libia está a la cola en el baremo de efectivos aportados a la coalición. Con cuatro aviones de combate, dos de apoyo, un submarino y una fragata, en términos de eficacia militar su contribución es comparable aproximadamente a las de Holanda, Bélgica, Suecia y Canadá, que no son países mediterráneos, y desde luego muy inferior a las de Turquía y Emiratos Árabes Unidos. Al disponer que nuestros aviones no se empleasen en operaciones de interdicción de las fuerzas gadafistas, a nuestros presidente del gobierno y ministra de Defensa se les pasó por alto el hecho de que cuanto menos castigadas fueran las fuerzas de Gadafi, más tiempo tendrían para dedicarse a la represión, con el consiguiente efecto de aumento de bajas en la población civil.
La estupefaciente política española, tanto de los gobiernos del partido socialista como del popular, de no comprometer a las fuerzas armadas españolas en misiones de combate (como en Iraq y Afganistán), las somete a un proceso de "gendarmerización", si se me perdona el neologismo. Se las priva de adquirir y perfeccionar, a través de la práctica, las artes que justifican su razón de ser, esto es, la capacidad de combatir, y se las reduce a tareas secundarias y apoyo de las fuerzas de otros países más arrojados. La disposición de ánimo timorata que informa la cultura española de defensa se deja sentir en la recientemente publicada Estrategia Española de Seguridad, grandilocuente documento elaborado por el anterior secretario general de la OTAN, Javier Solana, en el que no aparece ni una sola vez la palabra combate, y la palabra guerra lo hace en los más hipotéticos de los casos, como son la nuclear, la química y la bacteriológica.
El futuro incierto de la PESC
Pero volvamos a la tesis de la cooperación reforzada en materia de defensa. Me refiero concretamente a la que acordaron en noviembre de 2010 el primer ministro británico, Cameron, y el presidente francés Sarkozy, con su Tratado de Cooperación para la Defensa y la Seguridad. Ambos países, que no han renunciado a tener influencia en el mundo, desde luego están lejos de haber entrado en su cooperación reforzada  a beneficio de la Unión; mucho menos Gran Bretaña, que siempre puso a la OTAN por delante de la PESC, en la que no cree. Eso no quita que el Reino Unido haya estado alineado con el resto de los países europeos en Bosnia, Kosovo y Afganistán, aparte de Iraq y otras operaciones menores.
Los dos países se han visto en gran medida empujados a unirse, debido a las restricciones presupuestarias, que obligan a penosos recortes de gastos en nuevos sistemas de armas, y al sacrificio de algunos de los efectivos actuales. Su influencia en el mundo sólo puede mantenerse a través de la cooperación. El tratado atribuye importancia a mantener una fuerza expedicionaria, un grupo de combate naval, un programa conjunto de sostenimiento del avión de transporte A400M, desarrollo común de material y tecnología para la siguiente generación de submarinos nucleares, satélites de comunicación militar, plataformas no tripuladas de vigilancia aérea y de combate, etc.
Los analistas de defensa se preguntan si el tratado empujará a los dos países hacia un reforzamiento de la dirección OTAN o la dirección PESC. Es evidente que la operación libia se ha inclinado del lado OTAN, lo que puede indicar una debilitación de la propensión francesa a priorizar siempre la perspectiva PESC. Pero tal perspectiva no podrá nunca madurar si Alemania no se une a los más activos de sus socios de Unión Europea y de Alianza Atlántica, y otros países se mantienen como si están pero no se espera demasiado de ellos. La PESC, un poco por salvar la cara, se unió a la operación libia el 1 de abril, cuando ya las operaciones de interdicción estaban en marcha, aportando una misión militar de ayuda humanitaria, esto es, para evacuar refugiados, llevar alimentos y medicinas y ese tipo de cosas, tan importantes sin duda, pero sin capacidad para determinar el curso de los acontecimientos. Vamos, operaciones tipo gendarmería, a la que tan aficionados son los ministros de Defensa españoles.

Bielorrusia devalúa y el régimen se debilita aún más

Publicado el viernes 16 de septiembre de 2011
La actividad de la industria nuclear se reanuda en la región
Antonio Sánchez-Gijón.– La última dictadura en suelo europeo, Bielorrusia, se encuentra en la misma indeseable situación que Grecia: tener que ser rescatada por poderes ajenos. Hasta ahora venía siendo ayudada financieramente por algunos bancos europeos y por Rusia. Bielorrusia fue importante para Rusia desde un punto de vista geopolítico, mientras Ucrania se mantenía en la esfera occidental. Ahora que la Ucrania del presidente Yanukovich está de nuevo a partir un piñón con Moscú, el papel de Bielorrusia se ha devaluado significativamente, lo que no quiere decir que Rusia la vaya a dejar caer, pero sí que le apretará las tuercas, por ejemplo, presionándola para que privatice industrias nacionalizadas en las que Rusia tiene interés especial. Por otra parte, los bancos europeos han empezado a retirar su apoyo a Lukashenko, forzados moralmente por la oposición al presidente, por lo que éste corteja ahora al Fondo Monetario Internacional.
El rublo bielorruso cotizaba en mayo pasado a 3.155 por $1. El gobierno, ahogado en deudas y con las reservas al mínimo, declaró su libre convertibilidad. No tardó mucho en depreciarse a 4.930 por $1. A mediados de septiembre cotiza ya a 8.600/$1, En lo que va de año la inflación se ha disparado un 50%. En junio Bielorrusia obtuvo una ayuda económica de $3.000 millones de Rusia y otros países de la zona ex soviética. Extrañamente, hasta el pasado agosto Bielorrusia obtenía capital extranjero a través de negociaciones con el Royal Bank of Scotland y otros bancos: $1.850 millones en el último año. A primeros de agosto el RBS, bajo presión y denuncias de movimientos de derechos humanos, anunció que suspendía sus operaciones crediticias a favor de Bielorrusia. Ahora el presidente Lukashenko busca desesperadamente un préstamo de $8.000 millones que cubra en parte el déficit comercial del 2010, de $9.300 millones. La actividad comercial se ha desplomado y la inflación ha subido un 40% en lo que va de año.
Gran parte de los males vienen de la "burbuja electoral" creada por el propio Lukashenko para afrontar la campaña electoral de 2010, que le había de dar su cuarto mandato. El primero lo había inaugurado en 1994, y fue llevado al triunfo por una campaña personal contra la corrupción. De cara a las últimas elecciones, Lukashenko decretó alzas salariales y ordenó a los bancos prestar grandes cantidades de dinero para activar una economía pesadamente dependiente de industrias nacionalizadas. Lukashenko ganó las elecciones bajo sospechas de fraude; la Organización Europea de Seguridad y Cooperación (OSCE) denunció múltiples irregularidades. La oposición llevó a cabo masivas protestas que fueron duramente reprimidas.
Centenares fueron encarcelados, y se abrió juicio por "vandalismo" contra un puñado de ellos. La OSCE también fue castigada: sus oficinas de Minsk fueron cerradas por el gobierno. Los manifestantes dieron en reunirse semanalmente en la plaza Oktiabr, contentándose con prorrumpir en aplausos, lo que es respondido con brutalidad por la policía, que se lleva detenidos algunos de ellos. Los opositores más recalcitrantes son condenados a largas penas.
Lukashenko ha reformado la constitución cuando le ha convenido. En 1996 un referéndum le dio poderes extraordinarios sobre el parlamento. Otro referéndum, en 2004, levantó la restricción constitucional de un máximo de dos mandatos para cualquier presidente. Las elecciones parlamentarias del 2008 dieron todos los escaños a su partido.
Contrabando con Polonia
Con una renta per capita de unos $5.500, los belorusos deben ingeniárselas para sobrevivir. Una de las actividades estrella era el contrabando de gasolina a Polonia; la gasolina, de origen  ruso, está fuertemente subsidiada dentro de Bielorrusia, y al pasar clandestinamente a Polonia deja beneficios a millares de familias que se atreven a cruzar. Lo mismo ocurre con otros productos de industrias nacionales, igualmente subsidiados por el estado.
La Unión Europea no le ha plantado cara seriamente a Lukashenko: sólo a primeros de año le excluyó del visado europeo junto con algunos de sus compinches, sin duda de resultas de la escandalosa represión de los otros candidatos presidenciales, sometidos a juicio por acusaciones especiosas. Sanciones impuestas anteriormente duraban lo que Lukashenko tardaba en tener necesidad de hacer un gesto conciliatorio de cara a Occidente, así, puso en libertad algunos disidentes después de que la Unión protestara porque, en 2002, la OSCE había sido expulsada por primera vez.
Belorusia mantiene un hilo de contacto con el mundo democrático gracias a Lituania, con la que el comercio es intenso. Vilnius se opone generalmente a que a su vecino del sur se le impongan sanciones. Se especula también con la posibilidad de que el gobierno lituano, por medio de su fiscal general, haya desvelado a Minsk las cuentas secretas de un opositor de Lukashenko, Ales Bialatski, mantenidas en Lituania para financiar su organización clandestina, Viasna. Minsk le acusa de evasión fiscal. Esta comunicación comprometedora fue hecha bajo la excusa de cumplir un acuerdo de cooperación contra el terrorismo, aunque el ministerio de Exteriores lituano se oponía. Lituania debe una explicación sobre este incidente.
La utilización de un instrumento legal contra el terrorismo para hacer viable la persecución de un opositor es tanto más inquietante cuando se esta celebrando en Minsk un juicio contra dos hombres acusados de haber perpetrado a primeros de abril un atentado contra el metro de la capital, que costó la vida a 12 personas y causó más de 200 heridos.
Los lituanos tienen sus propios motivos de alarma con respecto a Bielorrusia. Al parecer, el gobierno bielorruso va a aprobar pronto la construcción de una planta nuclear a 40 km. de la frontera lituana, con ayuda de Rusia. Rusia misma tiene en construcción una planta nuclear en Kaliningrado, el enclave en torno a la que fue la Königsberg alemana, patria de Kant. Lituania tuvo que cerrar su propia planta nuclear, de origen soviético, hace años, como condición para su ingreso en la Unión, pero se propone ahora construir una nueva en Visaginas. También Estonia se propone contruir un pequeño reactor y Finlandia se está dotando de otra más.
Tanta actividad nuclear en torno a Bielorrusia, que es un conducto obligado de tránsito del gas ruso hacia Europa, hace de esta región de nuestro continente un cruce de intereses nacionales, potencialmente inestable. La desaparición del régimen de Lukashenko y la llegada de la democracia a Bielorrusia constituirían una valiosa baza que compensaría a Occidente por la pérdida de Ucrania. ¿Está la Europa de la crisis del euro en disposición de afrontar los dilemas de la zona?

Hay un 'Terror Valley' en Pakistán

Publicado el lunes 12 de septiembre de 2011
Al-Qaida, bien, y en compás de espera
Antonio Sánchez-Gijón.– Pakistán tiene abierto un Silicon Valley del terror. En él están instaladas las más inventivas y letales organizaciones del mundo, y todas están "open for business". A él acuden emprendedores militantes de todo el globo; la mayoría son musulmanes de toda la vida, pero no faltan los conversos recientes. La mayoría, también, proceden de países confesionalmente islámicos, pero no faltan de Europa, de Estados Unidos, de Filipinas, del Cáucaso. Muchos de los emprendedores llevan al Valley un proyecto para un acto de terror concreto en un lugar concreto; otros acuden a  a aprender la tecnología que les falta, o el entrenamiento en las técnicas de organización de redes, o a que les den la patente de validez religiosa del acto de terror que se proponen emprender.
El despliegue del Terror Valley sobre el territorio es muy complejo. Aunque sus infraestructuras físicas mayores están implantadas en territorio pakistaní, tiene también base social y filiales en Cachemira, Afganistán y regiones interiores de Pakistán. Terror Valley está formado básicamente por corporaciones: las más antiguas, por ejemplo, son Jaish-e-Moahmed, Harkat-ul-Jihad-al-Islami, Harkat-ul-Ansar, etc., que nacieron para ayudar a los musulmanes en la primera guerra de Pakistán e India por Cachemira. Luego llegaron los talibán de Afganistán, para luchar contra los soviéticos que habían ocupado su país.
Ellos trajeron al que llegaría a ser el Steve Jobs (o Bill Gates, si se prefiere) de Terror Valley: Osama Bin Laden y su innovadora empresa, al-Qaida, con el prestigio que le daba haber acometido y ejecutado importantes actos de terror en África y el Golfo Pérsico contra los kafires, principalmente cristianos. En paralelo crecieron Lashkar-e-Jhangvi y Sipah-e-Sahaba-e-Pakistan, con excelentes ideas sobre cómo matar eficazmente chiitas, sufíes y cristianos de Pakistán y Afganistán.
No hay mercado que se resista a estos emprendedores del terror: Tehrik-e-Taliban-e-Pakistan ha elegido precisamente Pakistán para colocar su producto, y no duda en  derribar cuanta barrera le pueda oponer el corrompido y occidentalizado estado pakistaní, con su policía y ejército. Pero Terror Valley no conoce de lealtades nacionales; es como la tecnología, que sirve para los buenos y para sus enemigos los malos.
Así que el ejército pakistaní también abrió su empresa en Terror Valley, con Laskar-e-Taiba, que no se mete en conflictos sectarios, sino que sirve los intereses geopolíticos del ejército, tratando de hacer imposible la pacificación de Afganistán en los términos deseados por Estados Unidos y la coalición internacional (y se supone que también por el presidente afgano, Ahmid Karzai), y poniendo obstáculos a la competencia de la India en ese prometedor mercado. Pero el ejército no concede monopolios, así que se mantiene abierto a la colaboración con todos los otros agentes de Terror Valley, como hacen las universidades norteamericanas con Silicon Valley.
Para eso tiene al Inter Services Intelligence (ISI), al que todo el mundo mira suspicaz e injustamente cuando muere un periodista aquí, una candidata a la presidencia del gobierno allá, etc., etc. Aunque mirado bien, la colaboración del ISI con los grupos de terror puede tener alguna ventaja para Occidente, porque se le acredita el tener prohibido, por lo menos a Laskar-e-Taiba, que cometa atentados contra Occidente.
Toda una industria del Terror
Cada una de estas corporaciones del terror comprende laboratorios, industrias, centros académicos y escuelas de aprendices. Si en Silicon Valley todo empezó en un garage, en Terror Valley hay un tipo de edificio que permite reunir bajo un mismo techo y sobre un mismo solar casi toda la cadena de producción de ideas y productos: la mezquita. En ellas hay salas para consejos de administración que asignan fondos y entregan material operativo, donde intercambian información  y ofrecen seminarios formativos; en ellas se forman y motivan los terroristas, muchos de  ellos ambiciosos jóvenes que buscan un codiciado premio: la instantánea concesión de las setenta y dos vírgenes proverbiales, reservadas para ellos por Alá cuando mueran en defensa de la fe, como si de ambiciosos tecnólogos, ansiosos por ganar su primer millón,  se tratara. Pero no contentos sólo con captar el mejor talento disponible en el mercado, los empresarios de Terror Valley se dedican también a formar y captar las futuras generaciones: así, en el país, Pakistán, hay dos millones por lo menos de niños metidos en las madrasas, donde muchos de esos que se pasan el día dándose cabezazos sobre el Corán (los elegidos, vamos) ofrecerán su tiernas vidas por el triunfo de la fe a través del terror sagrado.
Aunque no es rara la competencia entre las diversas empresas del terror, lo más común y productivo es la colaboración. A ella ayuda una modalidad de la fe musulmana que recorre a todas transversalmente: la escuela deobandi del Islam, que en otras latitudes se llama salafista, caracterizada por su rigorismo e interpretación literal del Corán. Esa colaboración se produce en lo que se ha dado en llamar "un archipiélago de micro-emiratos de la sharía en el cinturón pastún" de Afga-Pakistán (Seth G. Jones, en Survival, del International Institute for Strategic Studies, agosto-septiembre 2011).
Terror Valley es admirado tanto por su alta letalidad como por su alcance global, acreditados por los casi tres mil muertos en pocas horas del 11 de septiembre del 2001, y los casi doscientos de Madrid, el 11 de marzo del 2004, y los cincuenta de Londres en 2005. Todas estas operaciones fueron posibles gracias a que sus agentes "tienen mucho mundo", son verdaderos cosmopolitas como corresponde a estos tiempos de globalización. Este cosmopolitismo facilita que la empresa terrorista se difunda mediante  franquicias. Por ejemplo, el ataque a Madrid fue concertado entre un tunecino, Sarhane Ben Abdelmajid Faket, y un marroquí, Amer Azizi, quien, con base en Pakistán, había escalado puestos altos hasta llegar a ser el segundo del jefe operativo de al-Qaida.
El encuentro preparatorio entre los dos tuvo lugar a mitad de camino entre España y Pakistán, en Turquía. El ataque a Londres fue coordinado por un iraquí. Dos pakistaníes planearon la voladura de varios aviones sobre el Atlántico, en 2006, y como se pasaron de cosmopolitismo, viajando demasiado frecuentemente entre Londres y Karachi, fueron descubiertos antes de poner en marcha su refinada tecnología. Es lo que tiene Terror Valley: que continuamente inventa nuevos procedimientos; por ejemplo, se han conocido el del tacón de zapato y el del calzoncillo para volar aviones, añadiendo a sus mortíferos inventos un simpático estilo doméstico.
El futuro de al-Qaida, la más prestigiosa marca de Terror Valley, es de momento una incógnita. Después de la muerte de su líder, ben-Laden, el pasado 2 de mayo, y la de su mano derecha operativa, el libio Atiya Abdel Rahman, caído el pasado 22 de agosto, se calcula que al-Qaida se ha quedado en Pakistán con unos 300 agentes bajo el remoto liderazgo del egipcio al-Zawahiri, todos los cuales de momento prefieren mantener un perfil bajo, para no llamar con sus movimientos la atención de los servicios de inteligencia norteamericanos. Suponemos que ese compás de espera es sólo el descanso que se merecen los mejores tecnólogos del terror, que tan próspero porvenir han abierto a su Valle. Pero no hay peligro de que baje la actividad terrorista. Para suplir temporalmente a al-Qaida, los micro-emiratos de Pakistán innovan incansablemente día y noche.