domingo, 2 de octubre de 2011

ANTES MEDVEDEV-PUTIN. AHORA PUTIN-MEDVEDEV

Publicado el 26 de septiembre

GEOESTRATEGIA

La extraña pareja, hacia el triunfo electoral

Antonio Sánchez-Gijón.- Vladimir Putin será, desde marzo del 2012, presidente de Rusia. Y lo seguirá siendo, si así lo desea, hasta 2024, en dos mandatos sucesivos de seis años cada uno. Para entonces habrá estado al frente de Rusia más tiempo que Breznev (sólo 18 años) pero menos que Stalin (30) al mando de la Unión Soviética, y también menos que Pedro el Grande (43) y Catalina la Grande (34) al mando del Imperio Ruso. Así lo decidió el pasado sábado, día 24 de septiembre, el congreso del partido Rusia Unida, al aprobar por aclamación su candidatura. Con esa medida se despeja también la duda de si el próximo año llegaría la hora del zarevich Medvedev, actual presidente ruso, quien deferentemente acalló, de cara al congrso del partido, todas las insinuaciones que él mismo venía haciendo los últimos meses sobre su autopostulación a un segundo mandato presidencial.

Es una pena que Putin vaya a estar tan poco tiempo en el timón de Rusia (no más de doce años más), porque los gobernantes rusos nunca lograron terminar en vida el programa de modernización que se habían propuesto. Medvédev, por poco tiempo presidente de Rusia, era visto en estos últimos años por Occidente como el ansiado reformador y modernizador. De él ya se puede decir, cuando le quedan pocos meses en el Kremlin, lo que el historiador ruso Nicolás Riasanovsky escribió de la interminable e inabada obra modernizadora de Pedro el Grande: “Quería occidentalizar y modernizar totalmente el gobierno, la sociedad, la vida y la cultura de Rusia…, (pero) está muy lejos de haber alcanzado este fin prodigioso, (porque) las medidas tomadas se adecuaban mal entre ellas y dejaban enormes huecos...”

Es posible que Putin dé algunos pasos más en la titánica tarea de modernizar Rusia porque él sí parece estar en la clave de la gobernación en su país. Esta clave figura como el segundo de los principios de la Instrucción que Catalina la Grande dio a la comisión de reforma legislativa, en 1767, que decía así: “el soberano es autócrata porque no hay otra autoridad, fuera de la que se centra en su persona, que pueda actuar de manera adecuada en un Estado de tan vasta extensión”. Es de esperar que Putin, el futuro autócrata de tan vasto país, tome nota también del primer principio de la Instrucción, que dice así: “Rusia es una potencia europea” (las citas se encuentran en Alejandro Muñoz Alonso, “La Rusia de los Zares”).

Pero volvamos a nuestros días. Los once mil participantes del congreso de Rusia Unida, celebrado en Moscú, prorrumpieron en vivas cuando escucharon a Medvedev pedir el voto para Putin y a Putin anunciar que Medvédev sería su primer ministro, en una reedición de la fórmula inaugurada en 2008, por la que el zarevich subió al trono y el zar se rebajó a zarevich. Putin lo explicó con todo candor: “Hace algunos años acordamos lo que debiamos hacer de cara al futuro”. Y Medvedev confirmó: “En efecto, discutimos este posible giro de los acontecimientos el día en que formamos nuestra unión de camaradas”.

Y no es que el estilo de Putin sea desaconsejable para un país “tan vasto”. Gracias a su talante autoritario y su dominio de todas las claves secretas del poder en Rusia, como ex agente del KGB, Putin la salvó de la desintegración, aunque eso sí, por una vía despótica que privaba a los rusos de seguridad jurídica, mantenía el control policial sobre la población y engrasaba la maquinaria del sistema con la corrupción a grande y pequeña escala.

Putin parece haber comprendido los límites de su forma de gobernar. Ante su partido anunció un programa reformista: “Debemos hablar abiertamente… de la peligrosa desigualdad social, de la violencia, la corrupción, sobre el sentimiento de injusticia y vulnerabilidad que la gente tiene cuando trata con las ramas del gobierno, los tribunales y los agentes de la ley”. En cuanto a la corrupción, me permito anotar, el índice de Transparency International sitúa a Rusia en el puesto 154 de 178.

Así que Putin le ha quitado el viento a la vela que soplaba por Medvedev, la gran esperanza de la reforma. Los seguidores del presidente se sienten traicionados, porque siempre les había prometido reformas, y aún logró introducir algunas durante su mandato, y daba a entender que esperaba un segundo turno en el Kremlin para consumar su obra. En el congreso, Medvedev aún hizo un esfuerzo para dorar sus galones de reformador: “Sigo dispuesto a continuar mi trabajo para la modernización del país, desde el interior del gobierno”.

Maniobras en todas las direcciones

Tratando de frenar los pinitos que Medvedev hacía al promoverse como aspirante a un segundo mandato, Putin preparó una jugada, que no le ha salido demasiado bien. Para cerrar cualquier brecha por la que los sectores liberales de la sociedad rusa pretendieran entrar de forma independiente en la Duma, en junio encomendó a un hombre de negocios y multimillonario, Mijail Projorov, la formación de una agrupación política de aquella orientación, Causa Justa, para acudir a las elecciones parlamentarias del próximo diciembre. Projorov resultó respondón, y seguro de sus $13.000 millones de fortuna (por lo menos), puso condiciones, como la dimisión de Vladislav Surkov, el “ideólogo” del grupo, y hombre del Kremlin que había instrumentado la maniobra. Por supuesto, Projorov ya ha perdido el favor de Putin, y ha devenido en persona desconocida para la televisión. Se duda de que Causa Justa pueda superar el 7% de votos necesarios para entrar en la Duma.

Putin debe también encarar el flanco nacionalista, liderado por Vladimir Zirinovsky, que lleva en esas faenas veinte años. Para ello, Surkov se ha puesto a resucitar un partido, Patria, que él mismo había creado para las elecciones del 2004.

Mientras la clase política se entretiene en mantenerse en el poder, por fas o por nefas, el país vive sus problemas. Aunque en 2010 la producción fabril creció considerablemente, Putin advirtió que la inflación era el primer problema de la economía. Otro es la gran fuga de capitales. Y otro más el hecho de que el 40% de los jóvenes entre 18 y 24 años desea emigrar. Putin también dio algunos pasos en la privatización de la economía, como dos participaciones pequeñas en los bancos VTB y Sperbank. El gobierno ha anunciado un programa de infraestructuras de $500.000 millones. Falta por ver hasta qué punto Putin presidente asumirá el programa liberalizador anunciado por Medvedev en el foro económico de San Petersburgo, en junio pasado: “no estamos construyendo – dijo el actual presidente -  un capitalismo de estado. No es mi opción. La economía rusa debe estar dominada por la empresa pública y por los inversores privados”.

El tiempo se agota para Rusia. Se prevé que en 2014 los ingresos por el petróleo y el gas serán superados por la compra de los insumos necesarios para mantener la economía, que ha estado beneficiándose en los últimos años  por los altos costes de la energía.

La jugada Putin-Medvedev, lejos de dar seguridades a la comunidad internacional, confirma que Rusia tiene dificultades para prescindir de las viejas mañas. Veremos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario