domingo, 9 de octubre de 2011

POR QUÉ SE HA LLEGADO AL ACUERDO CON EE.UU SOBRE LA BASE DE ROTA

Publicado el 7 de octure 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– El acuerdo alcanzado por el gobierno español con el de Estados Unidos para desplegar en Rota el primer y principal componente naval  del sistema de Defensa contra Misiles Balísticos (DMB) debe entenderse desde dos niveles distintos del análisis estratégico. El primero de ellos parece apuntar a que, efectivamente, el contingente naval norteamericano basado en Rota (cuatro buques, suponemos que destructores y/o cruceros) estará dedicado a enfrentar la amenaza que un arma nuclear iraní representaría para Europa y Oriente Medio. Ese componente naval operaría en coordinación con el componente terrestre del mismo sistema, instalado en estaciones de misiles antimisiles situados en Rumanía y Turquía. Ocurre, sin embargo, que la posibilidad de que Irán vaya a poseer en el futuro próximo el arma nuclear es de momento sólo una hipótesis de trabajo, sobre la que existen los más contradictorios juicios.

Cada vez que los servicios de inteligencia anunciaban que Irán se hallaba a uno o dos años de disponer de un ingenio nuclear aparecían otros servicios que afirmaban que el programa nuclear iraní había sido cancelado (estimación del National Security Council de Estados Unidos en 2003), o que había sufrido contratiempos que lo hacían inviable por algunos años.

Manteniéndonos aún en este primer nivel de análisis estratégico, lo que desde ahora empezará a desplegarse en el espacio marítimo pone fin a un serio motivo de enfrentamiento con Rusia, que sigue siendo el hermano siamés de la seguridad europea. Moscú se oponía a la configuración del DMB propuesto por el presidente Bush, consistente en la instalación de 10 silos de misiles  en Polonia y un radar de seguimiento en la República Checa e integrando el conjunto en el sistema antimisiles puramente norteamericano. Rusia alegaba que tal despliegue reduce o anula la capacidad de sus fuerzas de disuasión nuclear, de las cuales depende para garantizar de forma integral la invulnerabilidad de su territorio. Al revés que en el caso de la Unión Soviética, Rusia es muy inferior a la OTAN en efectivos armados terrestres y probablemente también aereos.

Esta ansiedad rusa tenía por consecuencia la imposibilidad de negociar entre Washington y Moscú la desnuclearización tanto de Europa como de la escena internacional. Esta era la propuesta más ambiciosa del presidente Obama en materia de seguridad (propósito declarado en Praga, abril 2009). Como solución a la discrepancia, el primer ministro Putin ofreció en 2007 la unificación del sistema de DMB ruso y el de la OTAN, y la utilización de dos emplazamientos de misiles cercanos a  Irán, uno en el sur de Rusia y otro en Azerbayán. La propuesta rusa exigía el rediseño completo del sistema occidental y representaba una merma de la insularidad e independencia del sistema norteamericano. Sobre esta base no podía haber acuerdo. Al mismo tiempo el despliegue del DMB de la OTAN estaba siendo utilizado por Moscú para tratar de crear disensiones dentro de la Alianza. Pero Putin también ofreció algo de crucial importancia para lo del reciente acuerdo hispano-norteamericano: que no se opondría a un sistema antimisiles basado en el mar.

Estados Unidos tenía otro problema. Le era imperativo contar con Rusia para su programa desnuclearizador y antimisiles. En cuanto al primer aspecto, si Washington no logra un acuerdo para la desnuclearización de Europa, se verá en la necesidad de renovar las armas de  este tipo desplegadas en el continente, debido a su creciente obsolescencia, lo que constituiría una ingente tarea logística a un costo hoy día prohibitivo para una economía en  dificultades. Por lo tanto, había que mantener a Rusia en el diálogo de la desnuclearización de Europa, y para ello era conveniente revisar el programa DMB.

La cuadratura del círculo parece haberse encontrado en el acuerdoMoscú-Washington (de momento tácito)  para consentirse mutuamente la creación de dos sistemas DMB autónomos pero coordinados.

Una evolución en múltiples direcciones

Es en este punto donde entra el segundo nivel de análisis estratégico, que gira entorno a por qué se ha llegado a él.  Aquí hay varios factores a considerar. Uno de ellos es la previsión de que en el futuro aparecerán potenciales amenazas distintas a la única presente hoy día, es decir, no sólo hay que contemplar un Irán nuclear. Los vectores de la amenaza iraní tienen alcance corto y medio. Irán está muy lejos de alcanzar la capacidad de fabricar misiles intercontinentales. Sin embargo,  desde finales del decenio pasado China está dando grandes pasos en la carrera de misiles de largo alcance. De momento esta expectativa no figura en el diálogo público sobre el sistema DMB, pero constituye una hipótesis estratégica altamente probable, que sobrepasa en importancia la cuestión de Irán.

Un segundo factor a considerar es el énfasis que los análisis puramente militares ponen en una defensa basada en un menor número de cabezas nucleares estratégicas, y prácticamente el no uso de nucleares tácticas. Ello es posible por el crecimiento exponencial de la eficacia de los misiles de cabeza convencional y de la precisión de su puntería.

Un tercer factor es el efecto político que tendría entre algunos países europeos el que Estados Unidos retirase sus armas nucleares de Europa. Algunos países del Este se oponen a esa retirada, por temor a Rusia, y Turquía misma podría abandonar su compromiso de no nuclearización si la garantía ofrecida por Washington no incluye el arma nuclear. La elección de Rumanía y Turquía como pilares terrestres del DMB constituye una garantía para estos países vis a vis Rusia.

Un cuarto factor es que la creciente  precisión de los sistemas antimisiles permite su despliegue móvil sin pérdida de efectividad. Su movilidad, además, crea una incertidumbre para los operadores del armamento nuclear hostil. Las plataformas móviles por excelencia son los barcos. En el caso que nos ocupa, ocurre que los misiles antimisiles que se desplegarán son de desarrollo naval. Se trata del sistema Aegis (del que por cierto están dotadas las fragatas españolas) y del misil SM-3 de tierra, que también resultó de un desarrollo naval.

En quinto lugar está la coincidencia de todos estos desarrollos con la discusión, desde la segunda parte del último decenio, de la necesidad de una estrategia naval de la Alianza, debate que se desató con anterioridad incluso a la discusión del reciente Concepto Estratégico de la OTAN. Esta discusión venía impuesta por el riesgo de tráficos clandestinos de armas de destrucción masiva, la irrupción de la piratería como una amenaza a las vías de transporte marítimo (90% del comercio mundial), y la extrema dependencia de los suministros energéticos de las vías marítimas (80% del tráfico de hidrocarburos).

En sexto lugar está la necesidad de que la Alianza integre en escenarios dispersos un conjunto de capacidades que se hallaban concentradas, durante la Guerra Fría, en o en torno a Europa Occidental. Desde el fin de aquélla, han entrado en escena las nuevas amenazas de Oriente Medio, el terrorismo internacional y el despertar de África como un foco de crisis y de oportunidades de desarrollo.

Es aquí donde yo creo que entra España, con su acuerdo de basar en Rota los efectivos del DMB aliado. La marina norteamericana se está guiando en estos momentos por lo que ellos llaman el Global Fleet Station, un concepto por el que se establecen en diversos puntos del globo pequeños efectivos navales en torno a una misión de primer rango, como sería su posición en el DMB, pero con aptitud para desarrollar otras funciones de naturaleza distinta. La posición de Rota en el extremo occidental del Mediterráneo, a unas pocas millas de la costa africana, y con proyección sobre la costa oeste de África, posee una gran polivalencia. España ya ha participado en algunos de los programas de la marina norteamericana para la creación de capacidades navales en países de áfrica occidental.

El acuerdo sobre Rota es un éxito indudable del gobierno, que ofrecerá, sin duda, oportunidades para la modernización conceptual y material de las capacidades militares españolas.

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