La ingeniería financiera en socorro de la moneda común
Publicado el 30 de septiembre de 2011
Antonio Sánchez-Gijón.- Lo de ayer en el Bundestag fue sólo un combate ganado por Angela Merkel (523 votos contra 85). No una batalla, sólo un combate. La batalla podrá darla por ganada cuando los parlamentos de los países que todavía no lo han hecho aprueben la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Con la duda de Eslovaquia, se espera que los otros lo hagan. Si Eslovaquia no lo aprueba, no se ha conseguido nada. De todas formas, Eslovaquia, muy renuente a aprobarlo, depende demasiado de las inversiones alemanas como para crearle a la gran potencia comercial del centro de Europa un problema que equivaldría a una crisis política grave, e infligirle a la euro-zona una estocada mortal. Crucemos los dedos.
Pero una batalla es sólo el episodio de una guerra. La guerra aquí es la de la supervivencia del euro, y hay quien piensa que se trata de la supervivencia misma de la Unión Europea. De la Unión como la piensan y quieren sus países fundadores, principalmente Francia y Alemania, y los otros países que se adhirieron a ella atraídos por una perspectiva de unión política y económica crecientes, o para consolidar su recién estrenada vocación democrática, como España y los países de Europa del Este. Porque hay países que quieren sólo la unión económica, no la política. Me refiero a Gran Bretaña. El actual ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido asiste con fruición a lo que él cree el cumplimiento de sus vaticinios de 1998, cuando se lanzaba el euro. Ya dije entonces que “el euro es un edificio en llamas sin salida”, acaba de recordarnos William Hague en The Spectator. Y añadió, como quien no está echando leña al fuego, que el euro “se ha convertido en un monumento a la locura colectiva”.
Hay quien está preparando todo un sistema de armas nuevo. El primer ministro francés, François Fillon, acaba de proponer “una nueva ingeniería financiera para contener el desafío de los mercados”, cuyo primer resultado es “el esfuerzo que estamos haciendo frente la especulación financiera contra la zona euro”. Fillon tiene una hipótesis de trabajo: el fondo FEEF de 440.000 millones euros puede producir un efecto palanca cuatro o cinco veces mayor, suficiente para atender las necesidades de Grecia, Portugal, Irlanda e Italia.
Hay indicios de que el ministro de Finanzas alemán, Schäuble, podría estar conforme. Aunque aumentar el volumen del fondo sería “una idea estúpida” (como aseguró para calmar a los socios liberales de la coalición gobernante), cree que es posible usar el fondo como colateral, al objeto de levantar fondos que sirvan de garantía para superar integralmente la crisis de pago, sin necesidad de acudir al Banco Central Europeo. Partidario de esta idea se ha mostrado también Ollie Rehn, comisario de Finanzas y Economía de la Unión. Si Angela Merkel decidiera poner la idea en práctica, muy probablemente los liberales se saldrían de la coalición gobernante y habría que convocar elecciones o formar un gobierno de “gran coalición” con los socialdemócratas.
Es posible que en su alegato contra los especuladores Fillon incluyera a Barak Obama. El presidente norteamericano no tuvo pelos en la lengua para señalar las debilidades europeas: “Los europeos no se han recuperado de la crisis de 2007, y nunca abordaron todos los desafíos con que se enfrentaba su sistema bancario” - declaró el presidente el pasado lunes en California. “Lo cual – añadió - se ve ahora agravado por lo que está sucediendo en Grecia. E insistió: “(los europeos) están pasando por una crisis financiera que asusta al mundo, y tratan de tomar medidas responsables, pero esas acciones no han sido tan rápidas como hubiera sido necesario”. Tampoco se quedó corto el secretario del Tesoro, Geithner, al decir recientemente que la crisis europea era “el riesgo más serio con que se enfrenta hoy día la economía mundial”.
No es de extrañar que bajo esta presión psicológica del “líder de Occidente” se hayan desatado las más agoreras predicciones, como la de Attila Szalay-Berzevicki, del banco italiano Unicrédito SpA, que ha dado recientemente al euro por “prácticamente muerto”.
Un problema de Euro-Europa es saber si el mundo está sólo impaciente con la interminable crisis del euro, o si más bien está incómodo con la misma existencia de la moneda común. El euro está cercado hoy por muestras de desconfianza. Standard and Poors indicó esta semana que si el FEEF extendía sus garantías a otros países endeudados aparte de Grecia, el rating alemán se vería perjudicado. Es más, el arma propuesta por Fillon, la de usar el leverage del FEEF, tendría “efectos deletéreos” sobre el crédito de Alemania.
También Alemania está considerando utilizar otra arma para esta guerra: adelantar a 2012 la entrada en vigor del Mecanismo Europeo de Estabilidad. El argumento es que cuando todos los parlamentos hayan aprobado la ampliación del fondo, no hay razón para esperar a poner en vigor el MEE con 80.000 millones euros de capital, y pueda servir de colateral para préstamos del BCE. De este modo la eurozona haría posible declarar la insolvencia de determinados países sin necesidad de arrastrar todos los demás.
Hoy por hoy, el único país al borde de la insolvencia es Grecia, con la que Euro-Europa se encuentra en un dilema: o dar cobertura financiera a su insolvencia, asignando pérdidas a bancos, particulares y gobiernos, o propiciar su salida del euro, incentivándola con un fuerte subsidio, que le permita reconstruir toda su estructura productiva.
Pero la guerra va a reemprenderse pronto en otros frentes: el más peliagudo, el italiano, algo menos el español, luego el belga, y también el francés. En fin, que hay que estar muy desesperado para echarle valor a guerras que en principio parecen perdidas. A veces se ganan.
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