martes, 28 de junio de 2011

EL PAIS VASCO Y AFGANISTÁN EN PARALELO

Geoestrategia

EL PAÍS VASCO Y AFGANISTÁN EN PARALELO 

Antonio Sánchez-Gijón.- Establecer un paralelo entre el proceso político que el presidente Obama espera desencadenar en Afganistán y el que está en marcha en el País Vasco gracias a la legalización de Bildu, con el apoyo o por lo menos la neutralidad del gobierno, puede parecer un ejercicio de futilidad. No lo es. Se trata de dos procesos políticos, que supuestamente están llamados a superar una situación de conflictividad armada. Para entendernos: los dos procesos parten del supuesto de que lo que ha ocurrido y ocurre tanto en el País Vasco como en Afganistán es una guerra, según el clásico criterio de Clausewitz, de que ésta “es un acto de fuerza destinado a obligar a nuestro enemigo a hacer nuestra voluntad”.
En el caso de Euzkadi, ETA ha dado en el último año todas las muestras necesarias de voluntad de que una organización política, sostenedora de su línea ideológica y con su mismo objetivo estratégico, cuya última edición es Bildu, tuviera el paso libre a las instituciones a través de un proceso formalmente democrático; proceso sancionado por el Constitucional con su polémica sentencia, y coronado por unos resultados electorales favorables a su instalación en instituciones clave de aquella región de España. ETA, pues, ha conseguido lo que quería, por lo menos para esta fase concreta del conflicto. Un conflicto, claro está, de naturaleza política como requiere la definición de Clausewitz, y que no es otro que el que se genera por su voluntad de conseguir la independencia del País Vasco, por la fuerza si es necesario. Lo dicho no prejuzga si Bildu es o no un brazo de ETA, o si sólo es una apuesta de ETA de la que Bildu sería instrumento inocente…,  aunque todos tengamos nuestras sospechas.
En el caso de Afganistán el proceso que quiere desencadenar el presidente Obama está más atrasado que el que puso en marcha hace algunos años el gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero, al negociar o “conversar” con ETA con vistas, según se nos aseguraba, a su abandono de las armas y su disolución. Aunque el proceso de negociación con los talibanes (para entendernos, la ETA de Afganistán) se reduce hasta ahora a tentativas infructuosas, Robert Gates, el secretario de Defensa de los Estados Unidos saliente, no ve otra alternativa: “siempre hemos dicho que casi todas las guerras terminan con una salida política” (reciente declaración a la CNN). El presidente Obama se mostró no menos ansioso por entrar en negociaciones, cuando el 23 de junio, alabando a los soldados de Afganistán, en Fort Drum, Nueva York, les dijo: “gracias a vosotros hay señales de que los talibanes pueden estar interesados (may be interested) en considerar un arreglo político, que puede ser crítico para la consolidación de ese país”. Con esta misma vaga expectativa comenzaron los intercambios gobierno-ETA.
Naturalmente, los objetivos políticos de las guerras no se alcanzan de golpe: no todo el territorio en disputa se puede ocupar en una sola campaña. Delimitemos, pues, los territorios “conquistados”: Bildu, ya controla dos instituciones mayores (diputación general de Guipúzcoa y ayuntamiento de San Sebastián), así como los consistorios de numerosos lugares y un considerable poder financiero; sus primeros actos políticos significativos han sido para indicar que rechazan partes del ordenamiento legal español: retirada de la bandera nacional y del retrato del rey, amenaza de no entregar su cuota para la financiación del ejército y la policía, etc. Los talibanes, por su parte, dominan provincias enteras del este y del sur del país, ejercen su actividad terrorista por todo el territorio que no controlan (como en el norte, donde acaban de matar a dos soldados españoles), y ejercen su peculiar legalidad allí donde el poder del gobierno no llega. Pronto iremos viendo, en Euzkadi, qué formas adopta la acción política que antes se manifestaba con las pistolas y la “kale borroka”. El país está expectante.
Se ha dicho antes que la vía política para que los Estados Unidos salieran del conflicto está en sus inicios. Así parece confirmarlo un “alto funcionario de la administración”, citado por The New York Times: de momento, los contactos no pueden ser calificados de “conversaciones”, y mucho menos de “conversaciones de paz”. Esta incertidumbre es acorde con las palabras de Obama antes mencionadas. Entonces cabe la pregunta: ¿cómo un presidente de los Estados Unidos basa su estrategia para la guerra y para la salida política del conflicto en hipotéticas intenciones del enemigo? Los republicanos acusan a Obama de preparar la retirada de Afganistán como una medida electoral que le ayude a la reelección en 2012, del mismo modo que al Sr. Zapatero se le acusó de mantener negociaciones con ETA para asegurarse un tercer mandato. Los juicios de intenciones son muy difíciles de refutar o de probar, pero por conciencia ciudadana tendemos a no creer que unos gobernantes que han sido elegidos por el pueblo puedan ser tan mezquinos. Sin embargo, en ambos casos el ansia mostrada por los dos gobiernos, por dar salida política a un conflicto violento, erosiona su capacidad negociadora y reduce los incentivos de la otra parte a avenirse al arreglo.
Obama puso en su día muy alto el listón para la reintegración de los talibanes al proceso político: el desarme, la ruptura con al-Qaida, el reconocimiento del gobierno afgano elegido democráticamente y la aceptación de la constitución afgana. Se considera muy poco probable que los talibanes acepten esas condiciones, por lo que Obama puede encontrarse en la misma tesitura que el gobierno español, que no ha conseguido que se cumpla al menos una de las condiciones con las que se justificaban las negociaciones con ETA: su desarme. Por no mencionar que el vicepresidente del gobierno se ha visto obligado, hace tres días, a lanzar advertencias a Bildu sobre las posibles consecuencias de su incipiente incumplimiento de la legalidad.
Debemos considerar también los efectos morales resultantes de la adopción de las medidas políticas. El anuncio de la salida de las fuerzas norteamericanas de Afganistán, de forma pautada, desde julio de 2011 hasta la retirada total en 2014, ha creado un incentivo para que los talibanes no se avengan a la negociación de la paz o lo hagan sólo si imponen sus condiciones más extremas. Esto no lo puede ignorar Obama; por tanto, cabe preguntarse por qué lo ha hecho. La respuesta es que quiere desentenderse en cierta medida de Afganistán y concentrarse en rediseñar el mapa geopolítico de la región con el foco puesto en Pakistán, el país que ha sido calificado como “el más peligroso del mundo”.
En cuanto al País Vasco, es previsible que la estrategia de ETA y la de Bildu se reorienten a una fase superior de su lucha política: a la formación de un frente independentista, que transformará los equilibrios “geopolíticos” dentro de Euzkadi, con el objetivo de poner al PNV en su órbita, y ellos en el centro.

Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.

OBAMA DEFINE SU ESTRATEGIA PARA AFGANISTÁN

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OBAMA DEFINE SU ESTRATEGIA PARA AFGANISTÁN

De la contra-insurgencia a la lucha antiterrorista

Antonio Sánchez-Gijón.- Ayer miércoles día 23 de junio hizo un año que el presidente Obama cesó al general Stanley McChrystal como jefe de las fuerzas norteamericanas de Afganistán y, como secuela de ello, como jefe de la fuerza internacional de estabilización (ISAF), de la OTAN. Lo despidió no por unas declaraciones indiscretas a la revista Rolling Stone (esa fue la excusa oficiosa), sino porque el general estaba convirtiendo los principios puramente militares que guiaban su conducción de las operaciones en principios de la estrategia general de la guerra, un arte eminentemente político, y por lo tanto de la competencia del jefe político, el presidente de los Estados Unidos. Por aquellas fechas Obama no tenía una idea muy clara de la estrategia que debía adoptar.
Este martes 22 de junio Obama dio muestras de tener por fin una estrategia, y la expuso ante toda la nación en la TV. Creo que el presidente de Afganistán, Karzai, habrá leído el texto del discurso de Obama, con alguna ansiedad. Y el gobierno y los militares de Pakistán con algún alivio.
¿En qué consiste la nueva estrategia? El énfasis de la acción militar se pondrá a partir de ahora en la lucha anti-terrorista, no en la lucha contra-insurgencia. El enemigo sigue siendo Al-Qaida, pero los talibanes pueden ser reconciliados. El gobierno afgano irá asumiendo las responsabilidades de la seguridad y las fuerzas norteamericanas se irán retirando. Se invita a Pakistán a que participe más activamente en “asegurar un futuro más pacífico a esta región atormentada por la guerra”. Es decir, se transforma la naturaleza de las operaciones militares, reduciéndolas al antiterrorismo, y se demarca el fin político que define la estrategia: la paz para la región.
¿Qué novedad entraña esta nueva estrategia en relación con la hasta ahora vigente, y que podríamos encarnar en el general McChrystal? En resumen se trata de esto: para la derrota de al-Qaida era preciso atacar a sus aliados los talibanes; como los talibanes dominaban el territorio, había que buscarlos y eliminarlos por todo el país; como los talibanes eran populares entre la población o la coaccionaban hasta la más abyecta sujeción, había que ganarse a la población para que se volviese contra los talibanes; para ganarse a la población había que mostrarle las ventajas de una vida libre de coacción, que le permitiese aspirar a una vida material más próspera; para mostrar las ventajas de unir libertad y expectativas de mejor vida había que construir escuelas, carreteras, hospitales. Cada uno de los pasos en la dialéctica de la contra-insurgencia requería más personal norteamericano y aliado, más dinero, más soldados y más agentes del desarrollo. También más bajas civiles y militares. Como este esfuerzo sólo se podría sostener un número equis de años, era urgente que el gobierno afgano se legitimara a través de unas elecciones libres, por una acción eficaz y pronta, y que garantizase la seguridad de la población por medio de un ejército y una policía de nueva planta, lo que a su vez exigía los esfuerzos incansables de los diversos contingentes de la coalición. Todo ello en una dinámica que creía seguir lo que en las escuelas militares de alto nivel se llama “arte de la operación” (operational art), pero que en realidad se había desparramado en una serie de presunciones sociológicas, culturales y política, que buscaban el huidizo objetivo político de la estabilización del régimen legítimo.

La experiencia adquirida en Iraq
Como se habrá observado, un fin estrictamente militar (la derrota de al-Qaida) había desencadenado una secuencia de hechos estrictamente políticos; esto es: la conducción militar de la guerra se estaba convirtiendo en la estrategia política, o si Vds. prefieren la estaba suplantando. No es que el general McChrystal hubiera querido erigirse en un nuevo MacArthur; más bien se atenía a la doctrina militar vigente, aplicada en esos precisos momentos en Iraq: ofensiva militar primero, ofensiva antiterrorista después, captación de aliados entre unos militantes inicialmente hostiles, reconstrucción de infraestructuras, entrenamiento de las fuerzas armadas y la policía, legitimación del gobierno a través de elecciones, etc. Esta aplicación del “arte de la operación” no era sino una respuesta de las fuerzas de la coalición, prácticamente improvisada, para hacer frente a las catastróficas consecuencias que tuvo el ataque de marzo del 2003 contra el régimen de Sadam Hussein, que rompió todos los equilibrios internos del país y sumió a éste en el caos y una violencia inaudita. Tanto en Iraq como en Afganistán se logró dar el paso entre la lucha puramente antiterrorista y la contra-insurgencia, y subsiguiente estabilización, mediante los dos “surges”, o “irrupciones” de unos cincuenta o sesenta mil soldados en Iraq y treinta mil en Afganistán, en ambos casos bajo el liderazgo militar del general Petraeus, que cesa ahora en Afganistán para pasar a ser jefe de la CIA.
Así, pues, Obama pretende recuperar la conducción estratégica de la guerra de Afganistán, por lo que habrá que describirla sucintamente, según lo que se deduce de sus palabras. Se reenfoca la lucha para centrarla en al-Qaida; se tratará de frenar el impulso de los talibanes para luego cooptarlos políticamente, se entrenará al ejército afgano para que esté en condiciones de defender su propio país. La misión de las fuerzas estadounidenses será menos el combate y más el apoyo; se abrirá una transición hacia el control del gobierno sobre la conducción militar; se buscará la reconciliación del pueblo afgano. El objetivo de las fuerzas USA será no permitir “refugio desde el cual al-Qaida o sus afiliados puedan lanzar ataques contra nuestro país o nuestros aliados”.
Como muchos de los objetivos ya están alcanzados, incluyendo el de la muerte de Ben Laden, ya es posible la retirada paulatina de fuerzas norteamericanas: 10.000 este año, 33.000 el verano próximo, y todas las fuerzas de combate en 2014.
Queda por ver qué efecto tendrá esta nueva perspectiva, menos vocada a la estabilización y más restringida al combate antiterrorista, sobre la coalición de ISAF y la OTAN, algunos de cuyos miembros no tardarán en preparar planes de salida progresiva. De momento, el gobierno español confirmó este jueves pasado que España seguiría con las mismas fuerzas hasta el fin de la misión.
La gran incógnita de la validez de esta estrategia es la reacción de Pakistán. Si este país no es parte de un arreglo regional, como espera Obama, no hay nada asegurado. Pero Pakistán es un país y unas fuerzas armadas muy enfeudados al extremismo islamista, que no sólo opera contra la coalición en Afganistán, sino contra las mismas fuerzas armadas y el gobierno pakisaní, en un caso de esquizofrenia moral y política que es difícil de comprender, y que las fuerzas políticas, sociales y militares del país no parecen poder resolver.

Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.

SIRIA, LA REVOLUCIÓN QUE DA MIEDO

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SIRIA, LE REVOLUCIÓN QUE DA MIEDO

Romper el equilibrio de poder del régimen es de resultados imprevisibles

Antonio Sánchez-Gijón.- No pasan los años por Bashar el-Assad. Su discurso de ayer en la universidad de Damasco, cuyo anuncio había creado una expectación mundial, no es más que un eco de los que pronunció después de tomar posesión del poder, en sucesión de su padre, en el año 2000. Entonces, vino primero lo que parecía la “primavera de Damasco”, pero pronto llegó el invierno de  la defraudación.
Veamos al Assad “primaveral”: la idea-fuerza del comienzo de su presidencia era “desarrollo por medio de la estabilidad”. Creía así poder sintetizar los discursos contradictorios de las fuerzas del régimen. Mientras la vieja guardia se decantaba por la estabilidad (se entiende, el inmovilismo), la nueva insistía en el desarrollo como factor de modernización de una sociedad muy atrasada. A la “vieja guardia” pertenecía el ministro de Defensa, Mustafá Tlass, quien dijo en 2001: “tomamos el poder con nuestra sangre y no vamos a dejar que nadie nos lo arrebate, porque viene de la boca del fusil, y nosotros somos su dueño”.  La “nueva guardia” eran los 80.000 nuevos cuadros del partido baaz que se colocaron en las estructuras del estado cuando en marzo del 2002, Assad decretó que todos los empleados públicos de más de sesenta años pasasen al retiro. Así pudo el nuevo presidente dotarse de una base “popular” propia, distinta de la de su padre.
La dialéctica del ayer resonó en el discurso de este lunes: “No puede haber desarrollo sin estabilidad, y tampoco reforma por medio del vandalismo”, dijo el-Assad en la sentencia identificada como la más expresiva de su discurso. Por otra parte, la llamada que hizo en el 2000 a “pensar democráticamente” es el “diálogo” que ofreció ayer a más de cien personalidades, a las que no nombró.
Puede que Assad pensara en las personalidades liberales y líderes islamistas y kurdos, que en 2005 firmaron la Declaración de Damasco, que pedía “la apertura de canales para un diálogo nacional comprehensivo y equitativo entre todos los componentes y grupos sociales, políticos y económicos del pueblo sirio”. Muchos de sus firmantes habían pasado largos años en prisión bajo Assad padre, y aunque Assad hijo liberó algunos, pronto los metió de nuevo entre rejas, para liberarlos de nuevo en 2010, y volver a enjaular a uno de ellos al menos, el periodista Fayez Sara, este pasado domingo.
La respuesta que las fuerzas de oposición reunidas en Turquía durante las revueltas han dado al discurso presidencial no ha podido ser más negativa. Su portavoz anunció el mismo lunes del discurso “la creación de un consejo nacional para conducir la revolución siria, comprendiendo todas las comunidades y representantes de las fuerzas nacionales dentro y fuera de Siria”, cuyo fin es “derribar el gobierno y llevarlo ante la justicia”.
Si la oferta de diálogo de Assad puede que haya llegado demasiado tarde, lo que ya está aquí es el deterioro de la economía, insinuado en el discurso de Assad: “Lo más peligroso con que nos enfrentaremos – dijo - en el periodo que comienza, es la debilidad o el colapso de la economía siria”. En realidad, su deterioro es uno de los coadyuvantes a la rebelión social. Siria se halla en una situación de déficit de alimentos por dos malas cosechas; sólo los subsidios de los estados ricos del Golfo permiten las importaciones suficientes de trigo. La balanza del petróleo es ahora negativa, y el diesel ha estado durante mucho tiempo fuertemente subsidiado, debilitando así las reservas; recientemente se redujeron los subsidios, lo que puede haber contribuido a la protesta popular. Los refugiados iraquíes de años pasados, o ya se han gastado sus ahorros o han vuelto a su país. La economía, que en años anteriores tuvo crecimientos moderados (4-5%), pero insuficientes para dar empleo a una población mayoritariamente joven, se estancó en 2010, en parte debido a la sequía de cinco años en el este del país, que empobreció a 800.000 campesinos, según estimaciones de un informe de las Naciones Unidas del 2010. El turismo, que estaba en auge, y en el 2010 había producido ingresos por $7.000 millones, está ahora arruinado. Las arcas del estado se van a ver vaciadas por el aumento del 30% de media de los salarios públicos, decretado por el presidente al comienzo de la revuelta.
La frustración más fuerte que la “nueva guardia” del régimen ha sufrido es, posiblemente, la transformación de una economía industrial basada en el monopolio estatal en otra de tipo de “capitalismo corrupto”, al servicio de la familia de Assad y de prohombres del régimen, del partido y de las fuerzas armadas.
Todo este cuadro debe verse sobre dos telones de fondo. El primero de ellos es interno, y representa el equilibrio dentro de la peculiar estructura de poder del régimen. El partido baaz tiene su poder consagrado en la constitución, y trata de revestirse de cierta legitimidad dentro de un Frente Nacional Progresivo, en que entran como fuerzas minoritarias algunos partidos insignificantes y personalidades de algún relieve de las profesiones y de las clases mercantiles de Damasco, Aleppo y otras ciudades. Jueces, rectores de universidad, etc., son nombrados por el presidente. Sin embargo, todo ese aparato no es más que la osatura del estado y de la administración. El músculo está en las fuerzas armadas. Y en el puesto de mando de éstas hallamos la minoría alauita, a la que pertenece el presidente. Aunque los alauitas representan posiblemente (no se hacen censos étnicos) el 7% de la población, ocupan un lugar clave de equilibrio entre las otras minorías (cristianos, kurdos, drusos, chiitas) y la mayoría sunnita, posiblemente más del 75% de la población. Esta posición de los alauitas no es del todo repudiada por los demás sectores, pues al menos asegura un mano fuerte sobre sectas muy banderizas, que recurrieron históricamente a la violencia para dirimir sus disputas. Esta unidad bajo puño de hierro ha asegurado cierta influencia de Siria en la escena internacional. A la pregunta de cómo los alauitas se superpusieron a las otras etnias dentro de las fuerzas armadas, lo responderé con el boletín de inteligencia Stratfor: fueron los franceses quienes en el periodo colonial los auparon al ejército, como medio de contrarrestar la influencia de los sunies nacionalistas del alto mando del ejército colonial. Bastantes años después se auparon a los cuadros del partido nacionalista y socialista Baaz. Con la combinación ejército-partido Hafez el-Assad pudo dar su golpe de estado de 1970 y conformar una quasi-estructura constitucional para la dominación alauita. El 70% de los 200.000 soldados profesionales del ejército son alauitas, lo mismo que el 80% de los oficiales. Los 300 .000 reclutas son en su mayoría sunitas. Los pilotos de aviación son sunitas pero su mantenimiento y comunicaciones están en manos alauitas.
El segundo telón de fondo es el internacional. Todos los vecinos de Siria temen tanto la revolución como el inestable status quo actual. Un nuevo reparto del poder supondría la ruptura de la posición de los alauitas, y estos los cambios en Siria suelen ser sangrientos. Los países vecinos no se hallaban hasta ahora particularmente disgustados con la situación que ya ha entrado en crisis: Israel convivía con Siria sin necesidad de relacionarse; Líbano no puede vivir sin Siria ni con Siria, como siempre; Turquía tenía pacificado el problema kurdo mediante las relaciones estrechas que el primer ministro Erdogan había establecido con Assad, y comerciaban intensamente. Irán contaba con un aliado para sus tejemanejes en Líbano y Palestina. Más lejos aún, los Estados Unidos habían puesto grandes esperanzas en la labor del nuevo embajador, enviado a Damasco en el 2010, para un diálogo y colaboración en materia de seguridad global y paz con Israel. Francia cortejaba a al-Assad para su proyecto de Unión Mediterránea, y esperaba conseguir para Siria un acuerdo de asociación con la Unión Europea.
La liquidación por derribo del régimen de Assad asusta a todos. Y todos elevan preces para que el diálogo que ofreció ayer el Assad y el que exigen los opositores lleguen a hablar el mismo lenguaje. Lo que se halla muy lejos de estar asegurado.

Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.

EL PRECARIO LIDERAZGO DE AL-ZAWAHIRI

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EL PRECARIO LIDERAZGO DE AL-ZAWAHIRI

 Los métodos de combate de al-Qaida, marcados por el oportunismo

Antonio Sánchez-Gijón.- La elección de Ayman al-Zawahiri como nuevo emir de Al-Qaida, abre diversos interrogantes sobre el futuro de ese movimiento terrorista. Hay muy poco de la personalidad de Zawahiri que sugiera que puede calzarse las babuchas de ben-Laden como líder operativo del movimiento o revestirse de su carisma.
Ben Laden reunía muchas condiciones particulares, irrepetibles en cualquier otro sucesor. Aunque los dos poseían el prestigio de haber abandonado por una causa “santa” todas las comodidades de este mundo (ben Laden grandes riquezas de su familia yemení-saudí, Zawahiri la burguesa existencia de su familia egipcia), ben Laden, ayudado por su melancólica figura, arrojaba la imagen de un iluminado por la divinidad, que hablaba de forma pausada y grave, como si hubiese entendido el mensaje que Alá quería dar a los hombres de este siglo. Ben Laden, además, tenía los recursos financieros para financiar a miles de adeptos para que se dedicasen a una vida de acción y violencia contra los supuestos enemigos del Islam. Este importante activo le fue utilísimo para encontrar refugio entre los talibanes de Afganistán, a los que compró armas y recursos materiales. Pero sobre todo, gracias a su dominio de las técnicas audiovisuales, hizo llegar a cientos de millones de “indignados” con los regímenes monárquicos o republicanos del mundo musulmán, un mensaje a un tiempo vengativo y redentor. El soberbio pathos y gancho de sus mensajes visuales, alabados por los especialistas como una obra maestra de la propaganda política, se debían enteramente a su dominio de la imagen, mientras que era a Zawahiri a quien se debía principalmente el mensaje oral. Ya se sabe aquello de más vale una imagen que etc., etc.
Cabe, pues, dudar, que Zawahiri llegue a poseer la capacidad de liderazgo de ben-Laden. Tampoco es que a ben-Laden le quedase mucho que liderar… Bajo su dirección al-Qaida había cosechado una serie de fracasos estrepitosos en Estados Unidos, Reino Unido y quizás también en España. Su eficacia incontestablemente mayor se ha venido dando en simbiosis con los movimientos talibanes de Afganistán y Pakistán, pero estos últimos apenas necesitan ya la inspiración y el consejo de al-Qaida para perpetrar sus ataques suicidas y sus atrocidades.
En Occidente, esos ataques parecen comportar exclusivamente la constante suicida. Por ejemplo, el 2 de junio pasado la rama de propaganda de al-Qaida, As-Sahab, colocó en Internet un video que, después de ensalzar a ben-Laden como mártir, incitaba a los musulmanes de Estados Unidos a hacerse con armas automáticas para realizar ataques “de ocasión”, como el realizado por un oficial médico musulmán del ejército norteamericano en Fort Hood, quien hace más de un año mató a trece soldados. Podría añadirse a esta lista la muerte por bomba corporal de ocho agentes de la CIA en Afganistán, en ocasión de su encuentro con un oficial jordano, supuesto colaborador de la Agencia; el asesinato de un miembro del lobby judío de Estados Unidos; el intento de bomba dentro de un avión en Navidades del 2009, ataques de soldados afganos o iraquíes contra sus compañeros y jefes, etc. Todas ellas acciones crueles y desmoralizadoras, pero de un efecto estratégico nulo. Bien sabe uno de los que intervienen en ese video, Adam Gadanh, lo poco operativo de estas acciones cuando no se cansa de repetir que un gran número de ellos fracasan porque los voluntarios son indiscretos mientras preparan los atentados.
Hay otro factor que condicionará la eficacia del liderazgo de al-Zawahiri. Es el control que pueda ejercer sobre el escenario que al-Qaida consideraba hasta ahora como el más prometedor: el Yemen. En esta región de la yihad, el apellido ben-Laden pesa, porque tiene sus raíces en el norte del país, y se halla vinculado a tribus locales. Ben-Laden había distinguido a sus seguidores de esta parte del mundo con el título de al-Qaida en la Península Arábiga (AQPA), y obedecía a su deseo de cumplir una ambición geopolítica mayor, los ataques a Arabia Saudita. Será muy difícil para Zawahiri mantener esta dirección estratégica, por no hablar de su capacidad para transitar los laberintos de la lucha de al-Qaida en Yemen mismo, donde no faltan líderes muy bregados, que están manteniendo vivo el único frente yihadista significativo. Uno de ellos es Qasim al-Raymi, con fama de fiero y combativo, pero que posee ideas con cierta sofisticación en cuanto a lo requerido para la redención de las masas musulmanas a través de la lucha: “La arena yihadista – ha dicho - necesita todo tipo de capacidades, habilidades y facultades (como) doctores, ingenieros y electricistas. También requiere fontaneros, constructores y contratistas, lo mismo que necesita estudiantes, educadores, vendedores y agricultores. Debe buscar especialistas en los medios, escritores e impresores, fotógrafos y directores…, deportistas…; con esas cualidades, aceleraremos el paso para alcanzar nuestro gran proyecto: establecer un califato islámico” (en la revista del grupo, Sada al-Malahim). Lástima que este “tecnólogo” trabaje para el terror, en lugar de hacerlo al frente de un ministerio de Educación. Tenemos también a otros jefes no menos acreditados por su ferocidad, como el que pasa por predicador principal del grupo, Nasir al-Wahaishy, probable responsable de la muerte de ocho turistas españoles en Yemen, en julio del 2010.
El problema de AQPA, sin embargo, es que la sociedad saudí está fuera de su alcance por el despiadado tratamiento que el gobierno de los Ibn Saud les aplica, y su implantación en Yemen es precaria, en cuanto que las redes tribales de su sociedad no necesitan para nada a al-Qaida para dirimir sus pendencias entre sí  y con el gobierno, mientras que AQPA las necesita a ellas para mantener pequeñas bases de operación en su territorio.
Mirado todo esto sobriamente, y descontando el dolor que aún puedan causar los terroristas de al-Qaida y sus asociados, no parece que la asunción del liderazgo por parte de al-Zawahiri vaya a suponer una inyección de moral y eficacia a un movimiento terrorista que, después de sus grandes “hazañas” del 11-S, el 11-M y otros, ha debido contentarse con actos esporádicos, locales y sin ninguna significación estratégica.

Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.

miércoles, 15 de junio de 2011

Erdogán carece de motivos para estar exultante

Publicado el miércoles 15 de junio de 2011
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Erdogán carece de motivos para estar exultante

Turquía afronta un nuevo periodo político con el reto democrático

Antonio Sánchez-Gijón.– Los electores turcos, aparte de dar la victoria en las elecciones del pasado domingo al primer ministro Erdogan, han enviado un mensaje claro: no queremos la deriva autoritaria en que tu gobierno estuvo embarcado durante los últimos cuatro años. Este contratiempo coincide con otros que la política exterior del gobierno turco está sufriendo en Oriente Medio, donde al menos dos de los gobernantes más cultivados por Erdogan, al Assad de Siria y Gadafi de Libia, han hecho oídos sordos a sus llamadas a la moderación y a las reformas. Una de las líneas de la política exterior de Turquía, consistente en operar como el modelo y guía de los países musulmanes en sus pasos a la democratización y la modernidad, está por los suelos. Pero volvamos a lo electoral.
El mensaje del electorado está cifrado en los siguientes resultados parciales:
1.- El partido de Erdogan, Justicia y Desarrollo, ha perdido seis escaños (de 331 en el parlamento del 2007 a 325 en el de 2011). Esta diferencia aparentemente marginal no lo es tanto cuando se considera que Erdogan reclamaba al electorado 360 escaños (3/5 del total) para aprobar en el parlamento una nueva constitución. Tampoco ha conseguido los 330 que le hubieran permitido pasarla por el parlamento y poder someterla después a un referéndum.
2.- El Partido Popular Republicano, que encarna la tradición kemalista y laicista de la república, y que parecía hallarse en rápido declive bajo un liderazgo cansado y por las ofensivas de desprestigio de que le hizo objeto Erdogan, ha ganado 23 escaños, alzándose con 135, bajo un nuevo lider.
3.- Partidos que hasta ahora no tenían representación por no haber alcanzado en las anteriores elecciones el 10% de los votos, han colado a 35 "independientes" a título individual, promovidos casi todos por el partido pro-kurdo Paz y Democracia.
4.- El partido "ultra" del Movimiento Nacionalista, que muchas encuestas auguraban que no pasaría el techo del 10%, alcanzó el 13%, aunque perdió 17 escaños, quedando en 54.
Político diestro siempre, Erdogan no tardó adaptarse a la nueva situación, y anunció en su discurso de victoria que la constitución se escribiría por consenso: "Si los principales partidos políticos y otros de la oposición lo aprueban, nos sentaremos a hablar y dialogar con los de fuera del parlamento, y con las organizaciones y asociaciones no gubernamentales, para hacer entre todos una constitución liberal".
Queda por ver hasta qué punto Erdogan está dispuesto a corregir la política antiliberal seguida contra la prensa y contra sectores de las élites culturales. Cincuenta y siete periodistas y varios profesores se encuentran en prisión, y también algunos estudiantes por pedir educación libre. El grupo de prensa del diario Hürriyet fue sancionado en 2009 con más de 2,5 millones de euros.
Erdogan, sin embargo, sigue gozando de gran predicamento en las cancillerías extranjeras, gracias sobre todo a su política económica, que ha producido una triplicación de la renta per capita, desde que él tomó el poder en 2002. Con crecimientos anuales entre el 5 y el 9%, Turquía es el único "tigre económico" desde Europa oriental al mar Rojo. Erdogan llevó a cabo una política de desestatalización de la economía, pero sólo a favor de los llamados "tigres de Anatolia", empresarios píos de esa inmensa península, que se precian de ser grandes cotizantes del partido Justicia y Desarrollo y buenos musulmanes.
La presión que la Unión Europea ejercía sobre el gobierno turco para que sus leyes sociales y sus prácticas políticas y económicas se abriesen a stándares europeos era aprovechada por Erdogan en su campaña contra la vieja estructura kemalista de poder, enquistada en las fuerzas armadas, la judicatura y los negocios. Una vez reducidas estas fuerzas hostiles, es Erdogan quien se encuentra en la primera línea de fuego. Su instinto es el de no ceder más que bajo una presión irresistible, pero es dudoso que la Unión Europea siga deseosa de mantener la presión para que Turquía adopte unos stándares europeos que ésta lleva más de veinte años prometiendo. A ello se añaden las reticencias de Francia y Alemania a su ingreso, y la pérdida del entusiasmo de la Unión por la ampliación a una zona del mundo en la que Europa no tiene realmente palancas de influencia; una zona cargada de conflictos irresolubles que llaman a la prevención más que a la asociación. Estos sentimientos de despego son, en igual medida, correspondidos por los turcos, quienes en 2004 daban un apoyo del 73% al ingreso en Europa, y en 2009 sólo del 48%. Turquía es, cada vez más, percibida por Europa como una potencia dotada de los recursos y la ambición necesarios para ser quizás el agente decisivo en su propio espacio geopolitico, pero que le viene grande a Europa, como también le viene incómodamente pasado de número a los Estados Unidos.
Y no es que Erdogan sea modesto en sus ambiciones geopolíticas. Algunas de ellas están al alcance de la mano, como el levantamiento del visado para los naturales de los países vecinos, o la formación de una zona de libre comercio con Siria, Jordania y Líbano. Otras son notables éxitos políticos, como la paz y colaboración con los kurdos de Iraq para facilitar la salida del gas iraquí a través del Kurdistán, la restauración de las buenas relaciones con el enemigo histórico Armenia y la devolución de algunos bienes armenios confiscados, la apertura ya efectuada de un ferrocarril tri-nacional (Turquía, Siria e Iraq), así como la inauguración a finales de año del tren de gran velocidad Konia-Eskisebir.
Hay también proyectos de alcance geopolítico intercontinental, como los discutidos gasoductos Nabucco y South Stream, para enlazar Asia con los mercados del centro y sureste de Europa, pero que siguen sujetos a arreglos polìtico-diplomáticos muy complejos que interesan a Rusia, Azerbayán, Irán y otros.
Aunque Turquía es un firme aliado de la OTAN, que facilita el transito militar y de mercancías hacia Afganistán, podemos estar llegando a un punto en que, teniendo a la vista un Irán nuclear y viendo a la OTAN pasando una crisis de recursos y voluntad en Libia, Ánkara considere que la Alianza ya no representa la garantía segura que había sido hasta ahora, y decida revisar su política de no nuclearización. Nada de esto ha sido dilucidado expresamente en los medios políticos turcos u occidentales, pero está en la naturaleza misma de las relaciones estratégicas entre potencias en ascenso, y Turquía es una de ellas.
Desde anteayer, Erdogan vuelve a estar facultado para seguir ejecutando su programa de liberalización económica. Le queda construir una economía limpia del "capitalismo de compadres". Debe alentar y respetar la sociedad civil y sus instituciones independientes, ampliar los derechos y la protección de las mujeres y de las religiones minoritarias, y consagrarlo todo ello en una nueva constitución. El pueblo turco, los europeos y los países de Oriente Medio se lo agradecerán.
Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.

domingo, 5 de junio de 2011

LA INSEGURIDAD DE ISRAEL, 44 AÑOS DESPUÉS

Geoestrategia

LA INSEGURIDAD DE ISRAEL, 44 AÑOS DESPUÉS

Hay un sueño bíblico bajo el programa del gobierno Netanyahu

Antonio Sánchez-Gijón.- Ayer hizo 44 años que estalló la guerra árabe-israelí que recibiría el nombre “de los Seis Días”. Fue Israel quien lanzó la primera salva, y si no la hubiera lanzado en la madrugada de ese día, o tardase unas horas o un día en hacerlo, es muy posible que Israel hubiera sido vencido y ocupado por masivos ejércitos árabes, y se hubiese acabado la epopeya sionista de crear de la nada un estado en un territorio ocupado por otro pueblo y otra civilización desde muchos siglos atrás.
Cuarenta y cuatro años después Israel tiene su seguridad establecida sobre las mismas arenas movedizas que entonces. Hizo en su momento la paz con Egipto y Jordania, y hasta mantiene un armisticio inestable con la Autoridad Nacional Palestina, pero sigue rodeado de enemigos: Hamas en Gaza y Palestina, Hezbolá en Líbano, Irán en Oriente Medio, por no hablar de grupos de yihad violenta. Y mengua el apoyo de la opinión pública europea. En este tiempo Israel no ha logrado construir una estructura de paz definitiva, tanto por causas ajenas como propias. Entre las causas “propias” están las conflictivas nociones sobre en qué consiste Israel: ¿es el hogar de los judíos del mundo o la tierra concedida por Jehová al pueblo bíblico de Israel? La primera noción, típicamente sionista y secular, ha permitido  los parciales logros de la paz alcanzados hasta ahora. La segunda noción, intransigente  y profética, bloquea continuamente la negociación que podría conducir a la paz.
La primera vez que percibí esta disyuntiva fue precisamente con motivo de la guerra de los Seis Días. En esas fechas yo estaba en la delegación de la Agencia EFE en Londres. Al estallar la guerra, el director de EFE, Carlos Mendo, me mandó partir inmediatamente a Israel, a cubrirla. Para dar una noción de cómo estaban entonces las cosas en España con relación a Israel, no pude obtener en Londres el visado de entrada, indicándome que debía pedirlo en el consulado israelí en Roma, pues allí llevaban los asuntos españoles. Naturalmente, llegué tarde a la guerra, y sólo alcancé a unirme, al día siguiente de mi llegada, a la comitiva de prensa que acompañó al general Dayan en su entrada en la Ciudad Vieja de Jerusalén, tomada el día anterior. En las breves palabras que Dayan intercambió con los periodistas no hubo ni triunfalismo ni profetismo bíblico, sólo un voto en pro de la paz tan pronto como terminara el conflicto armado.
Uno o dos días después me encontré con el Israel bíblico. Fue en la entrevista que mantuve con Menachem Begin, líder de un partido de extrema derecha de Israel. Begin me dijo que la victoria en la guerra llevaría a cumplir la promesa de restaurar el Eretz Israel, el gran Israel, y que Judea y Samaria nunca deberían ser devueltos a los árabes. Judea y Samaria es aproximadamente la Ribera Occidental del Jordán, es decir, lo que queda de la Palestina árabe. Un encuentro pocos días después con colonos de un kibutz, cuyo nombre no recuerdo, me hizo percatarme de que la noción sionista y secular ya había sido penetrada por la bíblica: no había que hacer concesiones con la tierra recién ocupada. La misma impresión recibí, diecisiete años después, de los colonos de otro kibutz, escuchando con cierta consternación que dado que la paz con los árabes no era posible, Israel sólo confiaba en el arma nuclear.
Los dos campos, el sionista y el bíblico, se fundieron en el movimiento de asentamientos en territorio conquistado a los árabes en la guerra de 1967. Hoy son 500.000 los israelíes de las colonias construidas como enclaves territorialmente alargados, que penetran hacia el corazón del territorio palestino, cortándolo en franjas. Israel considera esos asentamientos como prácticamente innegociables. Lo mismo puede decirse del Jerusalén tomado en 1967. Así lo exigen los partidos religiosos y nacionalistas que dan apoyo al gobierno de Netanyahu. En estos más de cuarenta años Israel, con un saber hacer político y diplomático de primera categoría, ha aprovechado la larga lista de errores de juicio y comportamiento que los árabes y palestinos han cometido (el peor de ellos haber abrazado la violencia a lo largo de decnios), y cada uno de esos errores ha sido aprovechado por Israel para una exacción más sobre el territorio palestino. El más garrafal de aquellos errores fue el de los ataques con misiles desde Gaza, cuando este territorio fue tomado por las milicias de Hamás, a pesar  de que Gaza había sido devuelta a los palestinos por el primer ministro Sharon. Pero ninguno de los ataques externos o de terrorismo presentó nunca una amenaza existencial a Israel.
Todo eso fue posible en un marco de estabilidad estratégica, caracterizada por la paz con el Egipto de Mubarak y con el reino de Jordania, el acuerdo tácito y no declarado con la Siria de Assad para no entrar en conflicto caliente (a pesar del bombardeo israelí de una central nuclear siria en 2008) y, como secuela de este acuerdo tácito, tranquilidad en el frente del Líbano y contención del movimiento extremista Hezbolá por orden de Damasco. La única amenaza estratégica a Israel provenía y proviene de Irán; un Irán embarcado en una carrera hacia el armamento nuclear. Estas amenazas, sin embargo, se hallan suficientemente neutralizadas hasta ahora por el compromiso de los Estados Unidos con la integridad y seguridad de Israel.
Sin embargo, la revolución árabe está cambiando el marco estratégico en que era posible la precaria paz israelí. La connivencia de Mubarak con Jerusalén para atar corto al Hamás de Gaza ha caído con él; la frontera entre Egipto y el territorio palestino ya está abierta. Aunque de momento El Cairo se atiene al compromiso de controlar tráficos peligrosos, el futuro gobierno egipcio, salido de las elecciones del próximo otoño, encontrará más difícil mostrarse complaciente con Israel. Un movimiento popular palestino dentro de la zona ocupada, similar a los de otros  países árabes, se dirigirá primero contra el gobierno de Abbas, pero después contra la verdadera “autoridad” en la zona, el gobierno israelí. Siria ya ha lanzado, por primera vez en muchos años, a su juventud “rebelde” contra las barreras de la zona ocupada de su territorio, en un intento de transformar la revolución democrática en una empresa nacionalista que una al pueblo. También sería improbable que un nuevo régimen sirio mantuviese los pactos tácitos de Assad, pues necesitaría echar mano de todas formas de legitimación, entre ellas la hostilidad activa a Israel.
Si no sabemos nada de la posible nueva estructura de seguridad de Israel, desde luego la que no tiene el menor sentido es la que se basa en la afirmación de Netanyahu, de que Israel no puede volver a las fronteras de 1967 porque su territorio legal no tiene suficiente anchura. Por no hablar más que de la guerra asimétrica, ni el Gran Israel ni el Pequeño Israel tienen defensa segura contra las amenazas de la guerra no convencional: terrorismo, agentes químicos o biológicos, basura nuclear, misiles de corto alcance lanzados desde territorios vecinos, etc. Los nuevos gobiernos árabes habrán de tener buenas razones para seguir suprimiendo esas fuerzas violentas en beneficio de un Israel metido en un pequeño y maligno programa de ocupación de tierras legalmente ajenas.
La seguridad de Israel no puede depender solamente de un territorio, ni de una población, ni de una base tecnológica e industrial por muy avanzada que ésta sea, porque para poder hacerlo le falta tamaño en todos los sentidos. Sólo depende de la paz que sea capaz de lograr de sus vecinos, con el apoyo de las otras democracias del mundo. Se trata de consumar el programa sionista sobre la parte de la antigua Palestina a la que legalmente tiene derecho, que la comunidad internacional le dio para lograrlo. El otro programa, el bíblico, necesitará usar de un arma, la nuclear, que no sé si estaba en la biblia, pero desde luego es notoriamente apocalíptica.

Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales. 

viernes, 3 de junio de 2011

LA CIBERDEFENSA YA ESTÁ AQUÍ, TAMBIÉN LA CIBERGUERRA

Geoestrategia

LA CIBER-DEFENSA YA ESTÁ AQUÍ. TAMBIÉN LA CIBER-GUERRA

Antonio Sánchez-Gijón.- La Ciber-defensa está tomando forma. “Tomar forma” en términos de defensa quiere decir tres cosas: que existe un “enemigo” contra el que defenderse; que se ha dado cuerpo a una doctrina específica sobre cuándo y cómo emprender las acciones defensivas, y que se cuenta con una estructura de mando y control sobre todas las operaciones dedicadas a neutralizar los ciber-ataques y realizarlos contra el “enemigo”. Esta última palabra va entre comillas para relativizar el concepto de enemigo, en una situación mundial en que sí hay ataques cibernéticos pero a nadie le parece oportuno declarar a otro enemigo en su acepción legal.
En España, un embrión de esa ciber-defensa parece hallarse en el anunciado Consejo Español de Seguridad, que contará con una sección dedicada a la seguridad y la guerra electrónicas. En los Estados Unidos se creó recientemente el U.S Cyber Command, y el Wall Street Journal informó hace pocos días que se está elaborando una estructura formal para la integración de las ciber-tecnologías de la defensa. El jueves 2 de junio se inauguró en Tallin, Estonia, la conferencia sobre el Centro de Excelencia para la Ciber-defensa Cooperativa, de la OTAN. Aunque España es uno de los países patrocinadores, no figura ningún español entre sus 33 ponentes, lo que puede reflejar una de dos cosas (o las dos): que en España no hay personal preparado para contribuir a un esfuerzo común altamente especializado (lo que cuesta creer), o que no hay suficiente conciencia de lo importante que es trabajar en materia de defensa estrechamente con los aliados (lo más probable). La ciber-defensa interesa por igual a la seguridad militar y a la de la economía, la industria, la banca y los negocios.
Para que nos percatemos de que la necesidad de la ciber-defensa está ahí, uno de los ponentes, Ralph Langner, designa al virus Stuxnet, que atacó hace un año la planta de enriquecimiento de uranio de Irán, como “la primera ciber-arma mundial”. Hace muy pocos días, los ordenadores del primer contratista de armamento de los Estados Unidos, Lockheed Martin, han sufrido un fuerte ciber-ataque, contenido sin causar grandes daños según la empresa.
Ilustremos lo más vivamente posible la existencia del “ciber-enemigo”. En 1982, bajo la presidencia de Ronald Reagan, se cree que una gigantesca explosión de un gasoducto ruso fue causada por lo que entonces no se llamaba todavía un ciber-ataque. En 2007 Estonia denunció ante la OTAN el ataque cibernético contra su infraestructura electrónica, que dejó durante algunos días al país sin este tipo de servicio, e invocó el artículo V de la Alianza, para la defensa colectiva, acusando a Rusia del ataque. La alianza, sin embargo, declinó acusar a este país, ya que la OTAN no define este tipo de acción hostil como “una clara acción militar”. La conferencia de Tallin puede ser la contribución de la OTAN a la demanda insatisfecha de Estonia. También se produjo el ciber-ataque de Rusia a Georgia en 2008.
A primeros del 2010, como se recordará, Google denunció un ataque masivo contra su infraestructura en China, acusando a su gobierno de haber penetrado su red para entrar en el correo electrónico de grupos de derechos humanos, y robar propiedad intelectual. Aunque Google amenazó con abandonar China, al final entró en un compromiso con su gobierno, por el que no sería vehículo para información sobre la Plaza Tiananmen, la secta Falun Gong y la resistencia tibetana a la ocupación china. Debe tenerse en cuenta que en China hay más de 380 millones de internautas, que de todas formas pueden recibir por Google o por otros medios una masa infinita de información, mucha de la cual causa gran contrariedad al gobierno chino.
En marzo del 2009 un grupo de investigadores de Canadá denunciaron un ataque masivo contra centenares de ordenadores de gobiernos de todo el mundo, cuyo origen pudo trazarse hacia una base militar situada en la isla china de Hainan.
Volviendo al virus Stuxnet, se estima que aunque parecía destinado al programa nuclear iraní, sólo el 60% de los “sitios” afectados eran iraníes, y otra de sus víctimas fue el programa espacial de la India. En total, 60.000 ordenadores de todo el mundo fueron infectados.
La percepción de los recursos cibernéticos de un estado como potencial “enemigo” puede verse de forma muy clara en la capacidad china, rusa o de los Estados Unidos para movilizar millares de cibernautas en operaciones de ataque o defensa. El choque accidental de un avión de observación norteamericano y un avión de combate chino en 2001 produjo un asalto masivo contra webs gubernamentales de los EE.UU.  por parte de ‘hackers patriotas’ chinos. Se estima que el gobierno chino tiene en nómina 30.000 bloggers. Los estudiantes de tecnología electrónica están integrados en la estructura de defensa. Existen estructuras cibernéticas de naturaleza para-gubernamental, que agrupan a miles de hackers.
En su confrontación cibernética con China los EE.UU. no son mancos: gozan de una superioridad tecnológica indudable sobre el país asiático, y pueden tener acceso, si su Agencia de Seguridad Nacional se lo propone, al 54% del tráfico asiático con el resto del mundo que transita por su territorio.
Así, pues, debemos reconocer que el primer requisito para una ciber-defensa, (que exista un “enemigo”), parece establecido.
El segundo requisito (una doctrina específica para la ciber-defensa) no parece aún conseguido. La primera dificultad es de tipo legal. La definición de “agresión” más comúnmente alegada es la de la resolución 3314 de la asamblea general de las Naciones Unidas, que supone el uso de cualquier arma por un estado “contra el territorio de otro Estado”. Además, un ciber-ataque puede materializarse meses o años después de ser lanzado, o puede no dejar huella alguna de su autoría, enervando la capacidad de respuesta. Todo esto hace difícil la atribución de responsabilidades. Se incrementa de ese modo el margen de discrecionalidad para la acción militar del estado atacado, lo cual puede desestabilizar el sistema internacional. El mejor modo de no llegar a una represalia masiva (con armas convencionales o nucleares) sería el recurso a “armas” de la misma naturaleza que las del ataque: la ciber-defensa, para lo cual está…
… el tercer requisito (un sistema de mando y control sobre capacidades suficientes), que consiste en una estructura bajo dependencia al más alto nivel político, capaz de “desarrollar e implementar (las ciber-capacidades) para disuadir o denegar a un potencial adversario su capacidad de usar su sistema de ordenadores”, tal como lo ha definido un anónimo mando militar norteamericano, implicado en el desarrollo del nuevo Cyber-Command.
Como el caso de China muestra, cualquier sistema de ciber-defensa necesita el apoyo de millares de ciber-nautas, que en el caso de las naciones occidentales no pueden operar bajo las órdenes del gobierno, sino sólo en uso de su libertad y patriotismo. Aquí reside realmente la clave de una verdadera ciber-seguridad.

Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales

jueves, 2 de junio de 2011

LA CIBER-DEFENSA YA ESTÁ AQUÍ

Geoestrategia

LA CIBER-DEFENSA YA ESTÁ AQUÍ. TAMBIÉN LA CIBER-GUERRA

Antonio Sánchez-Gijón.- La Ciber-defensa está tomando forma. “Tomar forma” en términos de defensa quiere decir tres cosas: que existe un “enemigo” contra el que defenderse; que se ha dado cuerpo a una doctrina específica sobre cuándo y cómo emprender las acciones defensivas, y que se cuenta con una estructura de mando y control sobre todas las operaciones dedicadas a neutralizar los ciber-ataques y realizarlos contra el “enemigo”. Esta última palabra va entre comillas para relativizar el concepto de enemigo, en una situación mundial en que sí hay ataques cibernéticos pero a nadie le parece oportuno declarar a otro enemigo en su acepción legal.
En España, un embrión de esa ciber-defensa parece hallarse en el anunciado Consejo Español de Seguridad, que contará con una sección dedicada a la seguridad y la guerra electrónicas. En los Estados Unidos se creó recientemente el U.S Cyber Command, y el Wall Street Journal informó hace pocos días que se está elaborando una estructura formal para la integración de las ciber-tecnologías de la defensa. El jueves 2 de junio se inauguró en Tallin, Estonia, la conferencia sobre el Centro de Excelencia para la Ciber-defensa Cooperativa, de la OTAN. Aunque España es uno de los países patrocinadores, no figura ningún español entre sus 33 ponentes, lo que puede reflejar una de dos cosas (o las dos): que en España no hay personal preparado para contribuir a un esfuerzo común altamente especializado (lo que cuesta creer), o que no hay suficiente conciencia de lo importante que es trabajar en materia de defensa estrechamente con los aliados (lo más probable). La ciber-defensa interesa por igual a la seguridad militar y a la de la economía, la industria, la banca y los negocios.
Para que nos percatemos de que la necesidad de la ciber-defensa está ahí, uno de los ponentes, Ralph Langner, designa al virus Stuxnet, que atacó hace un año la planta de enriquecimiento de uranio de Irán, como “la primera ciber-arma mundial”. Hace muy pocos días, los ordenadores del primer contratista de armamento de los Estados Unidos, Lockheed Martin, han sufrido un fuerte ciber-ataque, contenido sin causar grandes daños según la empresa.
Ilustremos lo más vivamente posible la existencia del “ciber-enemigo”. En 1982, bajo la presidencia de Ronald Reagan, se cree que una gigantesca explosión de un gasoducto ruso fue causada por lo que entonces no se llamaba todavía un ciber-ataque. En 2007 Estonia denunció ante la OTAN el ataque cibernético contra su infraestructura electrónica, que dejó durante algunos días al país sin este tipo de servicio, e invocó el artículo V de la Alianza, para la defensa colectiva, acusando a Rusia del ataque. La alianza, sin embargo, declinó acusar a este país, ya que la OTAN no define este tipo de acción hostil como “una clara acción militar”. La conferencia de Tallin puede ser la contribución de la OTAN a la demanda insatisfecha de Estonia. También se produjo el ciber-ataque de Rusia a Georgia en 2008.
A primeros del 2010, como se recordará, Google denunció un ataque masivo contra su infraestructura en China, acusando a su gobierno de haber penetrado su red para entrar en el correo electrónico de grupos de derechos humanos, y robar propiedad intelectual. Aunque Google amenazó con abandonar China, al final entró en un compromiso con su gobierno, por el que no sería vehículo para información sobre la Plaza Tiananmen, la secta Falun Gong y la resistencia tibetana a la ocupación china. Debe tenerse en cuenta que en China hay más de 380 millones de internautas, que de todas formas pueden recibir por Google o por otros medios una masa infinita de información, mucha de la cual causa gran contrarierad al gobierno chino.
En marzo del 2009 un grupo de investigadores de Canadá denunciaron un ataque masivo contra centenares de ordenadores de gobiernos de todo el mundo, cuyo origen pudo trazarse hacia una base militar situada en la isla china de Hainan.
Volviendo al virus Stuxnet, se estima que aunque parecía destinado al programa nuclear iraní, sólo el 60% de los “sitios” afectados eran iraníes, y otra de sus víctimas fue el programa espacial de la India. En total, 60.000 ordenadores de todo el mundo fueron infectados.
La percepción de los recursos cibernéticos de un estado como potencial “enemigo” puede verse de forma muy clara en la capacidad china, rusa o de los Estados Unidos para movilizar millares de cibernautas en operaciones de ataque o defensa. El choque accidental de un avión de observación norteamericano y un avión de combate chino en 2001 produjo un asalto masivo contra webs gubernamentales de los EE.UU.  por parte de ‘hackers patriotas’ chinos. Se estima que el gobierno chino tiene en nómina 30.000 bloggers. Los estudiantes de tecnología electrónica están integrados en la estructura de defensa. Existen estructuras cibernéticas de naturaleza para-gubernamental, que agrupan a miles de hackers.
En su confrontación cibernética con China los EE.UU. no son mancos: gozan de una superioridad tecnológica indudable sobre el país asiático, y pueden tener acceso, si su Agencia de Seguridad Nacional se lo propone, al 54% del tráfico asiático con el resto del mundo que transita por su territorio.
Así, pues, debemos reconocer que el primer requisito para una ciber-defensa, (que exista un “enemigo”), parece establecido.
El segundo requisito (una doctrina específica para la ciber-defensa) no parece aún conseguido. La primera dificultad es de tipo legal. La definición de “agresión” más comúnmente alegada es la de la resolución 3314 de la asamblea general de las Naciones Unidas, que supone el uso de cualquier arma por un estado “contra el territorio de otro Estado”. Además, un ciber-ataque puede materializarse meses o años después de ser lanzado, o puede no dejar huella alguna de su autoría, enervando la capacidad de respuesta. Todo esto hace difícil la atribución de responsabilidades. Se incrementa de ese modo el margen de discrecionalidad para la acción militar del estado atacado, lo cual puede desestabilizar el sistema internacional. El mejor modo de no llegar a una represalia masiva (con armas convencionales o nucleares) sería el recurso a “armas” de la misma naturaleza que las del ataque: la ciber-defensa, para lo cual está…
… el tercer requisito (un sistema de mando y control sobre capacidades suficientes), que consiste en una estructura bajo dependencia al más alto nivel político, capaz de “desarrollar e implementar (las ciber-capacidades) para disuadir o denegar a un potencial adversario su capacidad de usar su sistema de ordenadores”, tal como lo ha definido un anónimo mando militar norteamericano, implicado en el desarrollo del nuevo Cyber-Command.
Como el caso de China muestra, cualquier sistema de ciber-defensa necesita el apoyo de millares de ciber-nautas, que en el caso de las naciones occidentales no pueden operar bajo las órdenes del gobierno, sino sólo en uso de su libertad y patriotismo. Aquí reside realmente la clave de una verdadera ciber-seguridad.

Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales