Geoestrategia
EL PAÍS VASCO Y AFGANISTÁN EN PARALELO
Antonio Sánchez-Gijón.- Establecer un paralelo entre el proceso político que el presidente Obama espera desencadenar en Afganistán y el que está en marcha en el País Vasco gracias a la legalización de Bildu, con el apoyo o por lo menos la neutralidad del gobierno, puede parecer un ejercicio de futilidad. No lo es. Se trata de dos procesos políticos, que supuestamente están llamados a superar una situación de conflictividad armada. Para entendernos: los dos procesos parten del supuesto de que lo que ha ocurrido y ocurre tanto en el País Vasco como en Afganistán es una guerra, según el clásico criterio de Clausewitz, de que ésta “es un acto de fuerza destinado a obligar a nuestro enemigo a hacer nuestra voluntad”.
En el caso de Euzkadi, ETA ha dado en el último año todas las muestras necesarias de voluntad de que una organización política, sostenedora de su línea ideológica y con su mismo objetivo estratégico, cuya última edición es Bildu, tuviera el paso libre a las instituciones a través de un proceso formalmente democrático; proceso sancionado por el Constitucional con su polémica sentencia, y coronado por unos resultados electorales favorables a su instalación en instituciones clave de aquella región de España. ETA, pues, ha conseguido lo que quería, por lo menos para esta fase concreta del conflicto. Un conflicto, claro está, de naturaleza política como requiere la definición de Clausewitz, y que no es otro que el que se genera por su voluntad de conseguir la independencia del País Vasco, por la fuerza si es necesario. Lo dicho no prejuzga si Bildu es o no un brazo de ETA, o si sólo es una apuesta de ETA de la que Bildu sería instrumento inocente…, aunque todos tengamos nuestras sospechas.
En el caso de Afganistán el proceso que quiere desencadenar el presidente Obama está más atrasado que el que puso en marcha hace algunos años el gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero, al negociar o “conversar” con ETA con vistas, según se nos aseguraba, a su abandono de las armas y su disolución. Aunque el proceso de negociación con los talibanes (para entendernos, la ETA de Afganistán) se reduce hasta ahora a tentativas infructuosas, Robert Gates, el secretario de Defensa de los Estados Unidos saliente, no ve otra alternativa: “siempre hemos dicho que casi todas las guerras terminan con una salida política” (reciente declaración a la CNN). El presidente Obama se mostró no menos ansioso por entrar en negociaciones, cuando el 23 de junio, alabando a los soldados de Afganistán, en Fort Drum, Nueva York, les dijo: “gracias a vosotros hay señales de que los talibanes pueden estar interesados (may be interested) en considerar un arreglo político, que puede ser crítico para la consolidación de ese país”. Con esta misma vaga expectativa comenzaron los intercambios gobierno-ETA.
Naturalmente, los objetivos políticos de las guerras no se alcanzan de golpe: no todo el territorio en disputa se puede ocupar en una sola campaña. Delimitemos, pues, los territorios “conquistados”: Bildu, ya controla dos instituciones mayores (diputación general de Guipúzcoa y ayuntamiento de San Sebastián), así como los consistorios de numerosos lugares y un considerable poder financiero; sus primeros actos políticos significativos han sido para indicar que rechazan partes del ordenamiento legal español: retirada de la bandera nacional y del retrato del rey, amenaza de no entregar su cuota para la financiación del ejército y la policía, etc. Los talibanes, por su parte, dominan provincias enteras del este y del sur del país, ejercen su actividad terrorista por todo el territorio que no controlan (como en el norte, donde acaban de matar a dos soldados españoles), y ejercen su peculiar legalidad allí donde el poder del gobierno no llega. Pronto iremos viendo, en Euzkadi, qué formas adopta la acción política que antes se manifestaba con las pistolas y la “kale borroka”. El país está expectante.
Se ha dicho antes que la vía política para que los Estados Unidos salieran del conflicto está en sus inicios. Así parece confirmarlo un “alto funcionario de la administración”, citado por The New York Times: de momento, los contactos no pueden ser calificados de “conversaciones”, y mucho menos de “conversaciones de paz”. Esta incertidumbre es acorde con las palabras de Obama antes mencionadas. Entonces cabe la pregunta: ¿cómo un presidente de los Estados Unidos basa su estrategia para la guerra y para la salida política del conflicto en hipotéticas intenciones del enemigo? Los republicanos acusan a Obama de preparar la retirada de Afganistán como una medida electoral que le ayude a la reelección en 2012, del mismo modo que al Sr. Zapatero se le acusó de mantener negociaciones con ETA para asegurarse un tercer mandato. Los juicios de intenciones son muy difíciles de refutar o de probar, pero por conciencia ciudadana tendemos a no creer que unos gobernantes que han sido elegidos por el pueblo puedan ser tan mezquinos. Sin embargo, en ambos casos el ansia mostrada por los dos gobiernos, por dar salida política a un conflicto violento, erosiona su capacidad negociadora y reduce los incentivos de la otra parte a avenirse al arreglo.
Obama puso en su día muy alto el listón para la reintegración de los talibanes al proceso político: el desarme, la ruptura con al-Qaida, el reconocimiento del gobierno afgano elegido democráticamente y la aceptación de la constitución afgana. Se considera muy poco probable que los talibanes acepten esas condiciones, por lo que Obama puede encontrarse en la misma tesitura que el gobierno español, que no ha conseguido que se cumpla al menos una de las condiciones con las que se justificaban las negociaciones con ETA: su desarme. Por no mencionar que el vicepresidente del gobierno se ha visto obligado, hace tres días, a lanzar advertencias a Bildu sobre las posibles consecuencias de su incipiente incumplimiento de la legalidad.
Debemos considerar también los efectos morales resultantes de la adopción de las medidas políticas. El anuncio de la salida de las fuerzas norteamericanas de Afganistán, de forma pautada, desde julio de 2011 hasta la retirada total en 2014, ha creado un incentivo para que los talibanes no se avengan a la negociación de la paz o lo hagan sólo si imponen sus condiciones más extremas. Esto no lo puede ignorar Obama; por tanto, cabe preguntarse por qué lo ha hecho. La respuesta es que quiere desentenderse en cierta medida de Afganistán y concentrarse en rediseñar el mapa geopolítico de la región con el foco puesto en Pakistán, el país que ha sido calificado como “el más peligroso del mundo”.
En cuanto al País Vasco, es previsible que la estrategia de ETA y la de Bildu se reorienten a una fase superior de su lucha política: a la formación de un frente independentista, que transformará los equilibrios “geopolíticos” dentro de Euzkadi, con el objetivo de poner al PNV en su órbita, y ellos en el centro.
Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.