jueves, 29 de diciembre de 2011

APORTE (IMPERTINENTE) A LA AGENDA EXTERIOR DE RAJOY

Publicado el lunes 21 de noviembre de 2011

Antonio Sánchez-Gijón.– ¿A dónde debe Mariano Rajoy realizar su primera visita oficial, una vez investido presidente del gobierno de España? Olvídense de Marruecos. Rabat ha dado ya bastantes muestras de saber cuidarse de sí mismo sin crear problemas a sus vecinos. ¿A Berlín entonces? Ahí precisamente no; acudiría como peticionario y a que le releyeran la cartilla que ya le dieron al Sr. Zapatero. Su primera visita debe ser a un país del sur de la eurozona. Rajoy puede jugar a su favor el pequeño valor simbólico de que es un primer ministro que no ha sido puesto por la presión de los mercados o de los powers that be de Europa.
A Lisboa primero. ¿Por qué? Porque es nuestro hermano siamés de la Península y porque, a diferencia de Papademos y Monti, tiene un jefe de gobierno surgido de las urnas populares. Y después a Italia y Grecia. ¿Y por qué primero a estos tres? Porque es en ellos donde se halla focalizado el actual doble problema euro/deudas (y por tanto problema de Europa), y porque sus experiencias con la deuda muestran muchas similitudes con las nuestras. Y además porque llevamos mucho tiempo escuchando la voz del norte y pocas veces la del sur.
Los cuatro países mediterráneos han sufrido, uno tras otro, el contagio de una serie de crisis encadenadas: fiscal, financiera y, a la postre, económica. Han sido tratados por el resto de países europeos bajo el poco halagador y común remoquete de PIIGS (junto con Irlanda), o como Club Med (sin Irlanda). La implicación era clara: sufrían de gobiernos disfuncionales y de hábitos sociales poco recomendables, eran y son sociedades poco productivas; su aparente prosperidad era un espejismo causado por las transferencias de la UE y favorecida por un sistema crediticio laxo, si no manirroto. Los cuatro han vivido por encima de sus medios, y por ello, una nación tras otra, deben ofrecer planes individuales convincentes de austeridad, si no quieren entrar en bancarrota, causada por unas tasas de interés de su deuda inasumibles. Deben saber además que los otros países del euro no están en condiciones más que de salvar de la bancarrota a los dos más pequeños, Grecia y Portugal (una vez salvada Irlanda), no a los dos más grandes, Italia y España.
Si ésta es la experiencia reciente de los cuatro del Sur, ¿qué ocurría y ocurre al norte? En estos meses se ha formado un directorio franco-alemán (aunque bajo el liderazgo de Berlín), que decide sobre la creación y financiación del fondo europeo de rescate (FEEF), la aplicación de sus fondos y la política crediticia del Banco Central Europeo, y ahora se nos anuncia la reforma del tratado de Lisboa, con la discusión de una nueva estructura institucional de la Unión. Todo, todo, planteado y discutido en el norte.
Es necesario que cualquier reforma de la Unión, incluso la del Banco Central Europeo, se haga teniendo en cuenta los esfuerzos realizados por los PIGS en esta crisis, con vistas a corregir sus desequilibrios estructurales, pero sin perder de vista que el objetivo último de esos esfuerzos es el aumento de su productividad, de modo que permita crear los excedentes necesarios para recuperar el equilibrio fiscal.
Un punto de acuerdo esencial para los cuatro países del Club Med debe ser éste: no está permitida la salida del euro a ninguno de los cuatro. Si el anuncio de la posibilidad de que a Grecia se le concediese una quita del 50% de su deuda ha provocado la retracción del crédito a Italia, España, y hasta a la misma Francia, imaginemos el efecto que produciría el anuncio de la salida griega del euro. Si sale Grecia, ¿por qué no Portugal? Un Portugal fuera del euro se convertiría en un competidor con ventaja sobre España, pudiendo devaluar a voluntad un escudo soberano; la deuda bancaria portuguesa a entidades españolas se esfumaría. Portugal pasaría a orbitar en la esfera británica de la UE, en pro de una Unión tipo "libre mercado".
Lo que Rajoy pueda sacar de estas hipotéticas consultas en el sur no será por sí la solución a los problemas del euro y deuda. Eso está en manos de Alemania, y subsidiariamente de Francia. Pero debe aspirar a conseguir una modulación de las posturas de los cuatro países del sur, para que el eje franco-alemán encuentre un frente de sensibilidades y de ideas bien armonizadas con las que tener que tratar, en alguna medida, como conjunto, y no uno por uno.
Sin embargo, es inevitable (y seguramente también deseable), seguir a Alemania en algunos de los puntos en que se ha hecho fuerte la Sra. Merkel. Por ejemplo, el rechazo a emitir eurobonos. Éstos sólo serán posibles cuando se reforme institucionalmente la UE y la euro-zona. El presidente del Eurobank, Draghi, está perfectamente alineado con Merkel en este punto. No se deben dar batallas perdidas.
Los países del sur deben ser conscientes siempre de un punto fuerte del que gozan: Alemania también depende del resto de Europa. Los otros países europeos reciben el 60% de las exportaciones alemanas, de las que resultan nueve millones de empleos alemanes. Por eso Merkel reconoció el pasado lunes día 19 que "nuestra responsabilidad no cesa en la frontera de nuestras naciones".
La reforma institucional de la Unión
Pero además de la agenda euro/deuda acaba de abrirse otra: la de la reforma institucional de la Unión Europea, que puede crear brechas entre el Reino Unido y sus incondicionales, y los países fuertemente unidos a, o dependientes del eje Berlín-París.
Aunque no estará investido todavía como presidente del gobierno, Rajoy debe "personarse" de alguna forma en la cumbre de la Unión, este 9 diciembre en Bruselas, donde se va a abrir el debate sobre la reforma de los tratados de la UE.
Para entonces ya debería haber formulado en términos de programa de gobierno su programa electoral, y enfatizar la importancia que atribuye a la disciplina fiscal, pero al mismo tiempo apelar a los principios inherentes a una unión política, y que como tal ésta asuma que los factores de producción dentro de la zona euro deben cohesionarse y acercarse lo suficiente para fortalecer la competencia. Hoy hay una gran brecha entre el norte y el sur de Europa: el sur es entre un ¼ y un 1/3 menos competitivo que el norte.
Lo más urgente, sin embargo, de la agenda del Sr. Rajoy como presidente será encontrar ayuda en Europa para enfrentarse a la embestida de los mercados, que se están negando a comprar deuda española, reforzando así el peligro de que España entre en suspensión de pagos y posible bancarrota. El problema es que las reformas estructurales, como las que se consideran para la Unión, son a largo plazo, mientras que los mercados están erosionando el euro y nuestra deuda día a día. Schäuble se da hasta finales de 2012 o mediados 2013 para tener disponibles las nuevas estructuras políticas europeas. Pero antes habrá que pasar por lo que el ministro alemán pronostica: "Sólo podremos tener unidad política si pasamos antes por una crisis" (entrevista al NYT, nov. 18). Más brutalmente claro no se puede ser.
El fortalecimiento de la unión política lleva consigo ciertas consecuencias, como la necesidad de nuevos instrumentos de gobernación financiera, con transferencia de facultades a la Comisión, y la elección de un presidente europeo. ¿Estará pensando la Sra. Merkel, si gana las elecciones legislativa del 2013, en Europa para el final de su mandato alemán en 2017? No estaría mal que estas cosas se fueran dilucidando un poco.
Volviendo al Sr. Rajoy y sus dos agendas europeas, debe también combatir la idea de que la federalización creciente de los 17 del euro va a suponer una división con respecto a los 10 restantes de la Unión, que es lo que está tratando de hacernos creer el Reino Unido. Sin embargo, no debe minusvalorarse la capacidad británica de resistir las tendencias alemanas a la reforma y a la creciente unidad institucional. Por ejemplo, puede merecer la pena evaluar si la tendencia de los mercados a vender sus bonos de deuda soberana europea, observada en los últimos días, tiene algo que ver con esto. Voces de todo el mundo anglosajón (Reino Unido, Canadá, Estados Unidos) han dicho de una forma o de otra: "Ya os lo dijimos, la Unión Monetaria no puede durar. Por no hacernos caso ahí tenéis a MF Global, que ha quebrado por haber tomado bonos europeos por 6.000 millones de euros".
En fin, Sr. Rajoy, vaya Vd. a Europa lo más apoyado y arropado que pueda por los compañeros de esta barca que zozobra en el Mediterráneo. Véales y traten todos de hablar con una voz común.

No hay comentarios:

Publicar un comentario