lunes, 6 de agosto de 2012



Los rebeldes sirios no ganan pero el Régimen pierde
Hacia una guerra civil en toda regla
Publicado el 6 de agosto de 2012 en Capital Madrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.-.– La batalla de Alepo va tomando forma al tiempo que la segunda batalla de Damasco puede estar llegando a su fin, sin que los rebeldes sirios hayan conseguido aún asegurarse una base firme de operaciones, o desplegarse a lo largo de un frente definido de bastiones locales. La suerte que corran los rebeldes en Alepo puede determinar el cambio de naturaleza del conflicto, pasando de ser una rebelión armada al status de guerra civil.
Las guerras civiles suponen, en el derecho internacional, la asunción de una calidad particular, diferente de una rebelión armada o insurgencia, y se presta a la apertura de oportunidades diplomáticas para las potencias con intereses en la zona. Este hecho también se puede concebir a la inversa: son las tomas de posición de los estados con intereses en la zona respecto de los contendientes lo que suele transformar la rebelión en guerra civil. Basta para ello que una o varias potencias reconozcan al bando rebelde como poder legítimo con derechos de beligerancia, esto es, derechos de recibir legalmente ayuda de quienes quieran reconocerlos como poder legítimo. La rebelión contra la República Española de julio del 36 cambió de naturaleza cuando dos potencias del sistema de estados europeos, Italia y Alemania, reconocieron el gobierno formado por el general Franco.
En el caso de Siria, esta posibilidad ha estado bloqueada mientras ha durado la mediación de las Naciones Unidas, encomendada al antiguo secretario general de la organización, Kofi Annan, quien dimitió recientemente de esta tarea por no haber logrado su objetivo de que gobierno y oposición se sentasen a negociar una salida pacífica a la crisis. Su dimisión ha deslegitimado en cierta manera a la ONU como organismo con jurisdicción para encauzar la resolución del conflicto.
Otro golpe, quizás esta vez letal, contra la función de las Naciones Unidas en el conflicto, lo propinó la pasada semana la Asamblea General, al aprobar una resolución de rechazo a la impotencia del Consejo de Seguridad, que fue quien encomendó la tarea mediadora a Annan. El bloqueo diplomático así creado podría ser alegado por cualquier potencia con intereses en la zona para extender a los rebeldes su derecho de beligerancia, y justificar así una ayuda abierta y directa... Pero esto no es probable mientras las condiciones sobre el terreno no cambien.
A lo largo de diecisiete meses del estallido de la rebelión contra el régimen, la guerra está siendo llevada a cabo por los rebeldes mediante ataques puntuales, sorpresivos, dentro de ciudades y poblaciones dispersas, moviéndose de unas a otras según patrones de oportunidad, reflejando la debilidad de sus medios de combate, pero también confirmando con cada ataque su resolución y capacidad organizativa.
Una muestra de que las cosas pueden estar cambiando es que la batalla que han presentado en Alepo está siendo apoyada por una serie de escaramuzas y encuentros sistemáticos sobre las vías de acceso a esa capital, con el fin de impedir u obstaculizar la llegada de refuerzos para las unidades el ejército que combaten en Alepo. Los convoyes deben atravesar trechos de las rutas controlados por los rebeldes, por lo que deben ser protegidos por helicópteros. Se estima que la mitad de los helicópteros de que disponía el ejército están fuera de servicio. Mientras los focos de rebelión de Damasco estaban siendo extinguidos ayer domingo mediante bombardeos aéreos, los rebeldes de Alepo se mostraban desafiantes, conscientes de que se acercaban las fuerzas del gobierno, a pesar de que han sido atacadas a lo largo de las rutas de acceso.
Tres causas de debilitamiento
Si el comportamiento militar de los rebeldes refleja su relativa debilidad en términos de número de combatientes y armamento, su estrategia de desgaste produce resultados, positivos para ellos y nefastos para el régimen. Hay tres causas de debilitamiento del régimen.
La primera es el agotamiento que sufre el elemento humano del ejército, movilizado de modo continuo durante más de un año, para acudir a un foco de resistencia detrás de otro. El mismo movimiento de fuerzas hacia Alepo deja desprotegidas ciudades donde la rebelión parecía haber sido sofocada, como Idlib, Homs, Rastan, etc.
La segunda causa es el prohibitivo coste financiero y el acelerado consumo de recursos materiales que la rebelión le supone. Con unas reservas de $17.000 millones a principios del 2011, el gobierno tuvo que enviar a Moscú la pasada semana una misión presidida por el viceprimer ministro Qadri Jamil, en solicitud de ayuda financiera y el envío de carburantes. Como pago Damasco ofrece a Rusia la exportación del crudo que no puede exportar a su mercado natural en Europa debido al régimen de sanciones impuesto por Occidente. Un producto, el crudo, del que Rusia ciertamente no tiene gran necesidad. Es muy significativo que Rusia se haya negado a servir a Siria más helicópteros que los que Damasco ya tenía contratados con anterioridad a la resolución de la ONU que pedía suspender el suministro de armas a los beligerantes.
También significativo, desde el punto de vista simbólico, es el envío de tres buques de asalto de la marina rusa, con más de 300 infantes de marina, de visita al puerto de Tartus, donde Rusia tiene una base naval. El alcance diplomático de esta visita queda aún por valorar. Una posible interpretación es que Rusia empieza a considerar la necesidad de evacuar su personal destinado en Siria.
La tercera causa de debilitamiento es el goteo de defecciones de militares de alta graduación. La más notoria fue la de hace un mes, del jefe de una brigada de élite del ejército, y miembro del círculo íntimo de Asad, el general Tlas, quien está tratando de ofrecerse a la oposición como punto de contacto entre el Ejército Libre de Siria y los mandos del ejército todavía leales, los cuales, de momento, siguen siendo mayoría. Pero el goteo continúa: la última, la del general de brigada Nasr Mustafá, subjefe del servicio de inteligencia de la fuerza aérea, el pasado 2 de agosto. Es significativo el hecho de que Nasr pertenece a la minoría alauita, la misma del presidente Asad, y que es políticamente hegemónica en las estructuras del poder.
De los patronos del régimen de Asad, Rusia e Irán, el primero da muestras de que no se lo juega todo por Damasco, aunque su intervención mediante suministro de armas y dinero podría ser decisiva para salvar al régimen, mientras que el segundo, que desea defender a toda costa el régimen, no tiene los medios para hacerlo.
Aunque los rebeldes no puedan dar un vuelco a la situación por sus propios medios, pueden estar seguros de que el régimen está cada vez más debilitado y más solo. Lo cual puede acelerar el reconocimiento del consejo de gobierno de los rebeldes como beligerante legítimo, y por tanto como titular a la ayuda de las potencias que quieran prestársela.

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