domingo, 12 de agosto de 2012



El Peterson Institute ve difícil salvar el Euro
La competitividad, la única base segura para que España salga de la crisis
Publicado el lunes 13 de agosto de 2012 en capitalmadrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.– El informe titulado "El futuro de la euro-área", presentado ante el subcomité de Asuntos Europeos, una de las ramas del comité de Relaciones Internacionales del Senado de los Estados Unidos, y cuyo autor es Simon Johnson, del Peterson Institute for International Economics y profesor del MIT, en colaboración con Peter Boone, es un análisis inmisericorde sobre las posibilidades de que el euro se rompa. Hay una brecha intelectual difícil de cerrar entre lo que se especula en ese informe y las seguridades que nos daba la pasada semana el ministro de Economía, Luis de Guindos, sobre que "la parte sustancial del ajuste está hecha. No habrá nuevas medidas; con las que hemos aprobado será suficiente", declaró.
El informe Peterson cita episodios de creación de uniones monetarias que acabaron fracasando. En 1991, la reciente rublo-zona fracasó al derrumbarse la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Dentro de la entonces Comunidad Económica Europea, todos los mecanismos de cambio monetario creados como paso previo al euro fallaron. A finales de los 90, Argentina ligó el valor del peso al dólar, y aunque al principio la decisión tuvo gran éxito, al final fracasó porque "los políticos y la sociedad no fueron capaces de hacer los ajustes necesarios para mantener su estructura en pie".
Mirando con ojos críticos a los políticos y la sociedad española en este agobiante verano de 2012, no se puede asegurar que van a ser capaces de "hacer los ajustes necesarios", o de hacerlos sin crear de camino una crisis institucional. Mientras Andalucía rechaza de plano adoptar el mismo volumen y calendario de ajustes que el gobierno ha dispuestos o va a disponer para todas las comunidades, Cataluña da muestras de querer llegar al mismo punto (los ajustes), pero a través de una vía de confrontación institucional. Si lo primero ataca la consistencia contable de la programación fiscal, lo segundo dificulta o impide la colaboración política entre el gobierno de una comunidad como la catalana (cuyas acciones no pasan desapercibidas en Europa) y el gobierno central. Ninguna de las dos actitudes favorece la capacidad del gobierno español para cumplir sus compromisos, al no poder presentar sus decisiones como fruto de un consenso nacional.
Camino peligroso del BCE
Volviendo al informe Jonhson-Boone, su tesis de partida es que "los sucesivos planes para restaurar la confianza en la zona euro han fracasado". Los costos de financiación son demasiado elevados, tanto para los bancos como para los gobiernos. La aparición del riesgo crediticio soberano ha vuelto insolventes a los bancos y a las naciones. Esto a su vez ha creado presiones sobre la economía que han hundido a la periferia europea en la recesión. Las deudas de los gobiernos han rebasado ya sus límites sostenibles, y deben ser asistidos por el BCE, que "ha emprendido un camino peligroso", ya que al tiempo que provee de liquidez al sistema financiero para evitar su colapso, debe luchar para no comprometer la confianza en el euro.
Es necesario disipar las esperanzas de que el BCE vaya sacar su "gran bazooka", aconseja el informe. Ese arma financiera se empleó en Estados Unidos como medida de respaldo a un programa de estabilidad puesto en marcha una vez que daba signos de éxito; fue como una medida disuasoria de última instancia. En Europa, "muchas naciones del euro tienen demasiada deuda con riesgo de impago". Un rescate por el BCE volverá opacos sus balances, por lo que los inversores se retraerán. La quiebra de un país rescatado arrojaría sobre Alemania el 43% de las pérdidas, y otras comparables sobre los países solventes de la euro-zona, lo que desde luego no están dispuestos a admitir.
Lo más significativo para España, de lo contenido en ese informe, es que "esta medida por sí misma no va a resolver los problemas de competitividad o los grandes déficits en la periferia", la cual seguirá necesitando agresivas políticas fiscales y reducción de salarios para mejorar su competitividad respecto de Alemania. Esto se debe a que un rescate por el BCE contribuirá a la devaluación del euro, ayudando así a Alemania a mantener su ventaja competitiva sobre los países periféricos. Desde este punto de vista el aumento de la competitividad debe venir por vías distintas de las fiscales y financieras originadas en las estructuras del euro.
Esas vías distintas son todas internas a los países: "reducir los déficits presupuestarios y mejorar la competitividad... por medio de grandes recortes salariales, recortes del gasto del sector público, cambios en la política fiscal para atraer inversiones y una política estable", aconseja el informe.
Aún si se aplicaran esas medidas en los países gravemente deficitarios, el informe se muestra escéptico sobre la posibilidad de supervivencia del euro. El ejercicio de mantenerlo vivo es tan complejo y tan lleno de contradicciones que no puede descartarse su caída, debido a un riesgo no calibrado. El informe señala de modo directo la alta sensibilidad, ante cualquier variación en las condiciones de los mercados de la deuda, por parte del mercado europeo de riesgos de intereses (swaps), cuya tasa es fijada por 44 bancos europeos, la mitad de los cuales pertenecen a naciones en dificultades. "Si las tasas de interés del euro-swap reflejaran riesgos de crédito y de inflación por temor a una ruptura del euro, el mercado dejaría de funcionar". Esto, a su vez, tendría "consecuencias mayores sobre la financiación de los ‘soberanos' europeos".
En España, entre la demagogia y la rebeldía
De las seis reformas mencionadas en el memorándum de entendimiento para la concesión del rescate a la banca española por €100.000 millones, tres recaen sobre el ámbito de competencias casi exclusivas del gobierno: la contención del déficit, el saneamiento del sector bancario y la consolidación fiscal. Las otras tres requieren el concurso de la sociedad, sea dando su consenso para asegurar el éxito, o para soportar pacíficamente las consecuencias: la reforma del mercado laboral, el reajuste de las pensiones a las posibilidades reales del sistema, y el estimulo al empleo juvenil con vistas al crecimiento.
Amplios sectores de la sociedad no ayudan. En las últimas semanas han aumentado los rasgos demagógicos de protestas como la de los mineros y la de los supuestos jornaleros de Andalucía que asaltan comercios. El presidente de la Generalidad catalana, Artur Mas, dice a 300 altos cargos de su partido que "sois los generales de un ejército que es la Generalitat", para añadir: "todo apunta a un conflicto creciente con el estado". Su consejero de Interior, Felip Puig, pedía el pasado viernes un referéndum sobre el pretendido pacto fiscal, como si la Generalidad tuviera jurisdicción sobre uno de los atributos esenciales del estado, su soberanía fiscal.
Entretanto, ni en Cataluña, ni en Andalucía, ni prácticamente en ninguna parte nadie piensa en reducir TV públicas, "embajadas" en el extranjero, empresas públicas inactivas o improductivas, subvenciones clientelares, colusiones corruptas entre partidos y gobiernos autonómicos, etc., todo eso detrayendo cada día un poco de la capacidad de España pare incrementar su competitividad.

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