MARIO MONTI SE UNE A
DRAGHI PARA DIRIGIR EL CURSO DE EUROPA
Publicado el 1 de julio
de 2012 en Capital Madrid.com
Antonio Sánchez-Gijón.-
El presidente del consejo de ministros italiano, Mario Monti, ha sido el gran
triunfador del decisivo consejo de la Unión Europea, celebrado el pasado fin de
semana. Carente hasta ahora de perfil político, dado su definida biografía de
tecnócrata europeo (fue comisario de la Unión) y director de un centro de altos estudios europeos, la
destreza con que sacó a la eurozona de su aparente callejón sin salida le
coloca como interlocutor imprescindible de los otros líderes de los tres países
grandes de la zona euro: Alemania, Francia y España.
Monti ha tenido además
la habilidad de hacer aparecer su actuación como un esfuerzo dirigido
principalmente a apoyar al presidente del gobierno español, y no tanto a
preparar el terreno para que Italia saque provecho de lo acordado, o que el
precedente español, de rescate de su sistema bancario, pueda servir en un
futuro próximo para salvar el sistema bancario italiano.
Lo ha resumido de modo
preciso su compatriota Emma Bonino, antigua comisaria de la UE: el acuerdo fue
posible “gracias a una acción muy decidida de Mario Monti, que encontró un eco
en Rajoy y una mediación en Hollande. Es un resultado por el cual Mario ha
trabajado en interés de toda Europa, en nombre de los intereses de Italia. Si
la salida hubiera sido otra, el euro se habría hundido”.
Monti había “amenazado”
con no levantarse del consejo si antes del lunes no se obtenía el resultado de
un mecanismo de salvación de la banca, de aplicación inmediata en beneficio de
España, y que debe concretarse en la formación de una autoridad bancaria
europea, que extraiga las altas funciones de supervisión de las manos de los
bancos centrales, para ponerlas en las de una nueva autoridad europea. En
realidad, esto, que ha resultado una conquista política muy costosa, estaba ya
previsto por el artículo 127/6 de los tratados de la Unión, que disponen
eventualmente la transferencia de la supervisión bancaria al Banco Central
Europeo. Monti puede apuntarse el haber dado vida a ese olvidado artículo.
La prensa italiana da
al mecanismo creado nada menos que el nombre de “salva-estados”. También lo
llaman “escudo anti-spread”. En todo caso, “Italia – dijo Monti después de la
reunión – no piensa utilizarlo”. Pero añadió a renglón seguido: “al menos de
momento”.
Lo trascendido de los
entretelones de la reunión indica que antes de que ésta comenzase hubo un
encuentro a tres, que fue decisivo: Monti, el presidente del Banco Central
Europeo Mario Draghi, y la canciller alemana, Angela Merkel. Los dos italianos,
poseedores de credenciales europeístas impecables, parecen haber ejercido al
menos tanta influencia sobre la berroqueña Merkel como el anterior presidente
francés, Sarkozy. Muy poseído de su papel en el desenlace del consejo, Mario
Draghi se personó de improviso en la sala de prensa para describir el alcance y
los límites de lo acordado. Todo se desarrollará según las reglas previstas por
el Mecanismo de Estabilidad Monetaria y por el Fondo Europeo de Estabilidad
Financiera, dijo. Nada de intervención por agentes extraños al sistema europeo:
“La Troika no vendrá”, dijo burlón Mario Monti
Monti
y Hollande, en bipolaridad
No sería impensable que
de ahora en adelante la influencia de Mario Monti sobre la correosa Merkel
pueda desplazar, por lo menos en cuanto a sintonías personales, la de Hollande.
El monotema del presidente francés ha sido hasta ahora el pacto para el
crecimiento, concedido de no muy buena gana por la canciller, pero sólo en una
magnitud muy modesta, del 1% del PIB de la Unión. Hollande es un novicio en
términos de experiencia sobre la Unión, por no mencionar la distancia
ideológica de sus alineaciones políticas respecto de las de Merkel.
Falta por ver si el
éxito de Bruselas puede reforzar la influencia de Monti sobre la propia vida
política de Italia. El diálogo con la canciller, dijo Monti, ha sido de “una
cualidad superior a la que a veces mantenemos con los agentes sociales (italianos),
y no porque así lo queramos”. El presidente del consejo italiano mantiene
relaciones tensas con los sindicatos; no son mejores las que mantiene con el
presidente de la gran patronal Confindustria, “respecto del cual me estoy
imponiendo una moderación interpretativa”, dijo Monti.
El gobierno de Monti,
según el pacto parlamentario vigente, puede durar hasta el 2013, y el
presidente de la República no se siente inclinado a revisar esta previsión.
Abrir el calendario electoral ahora sería abrir las puertas al ex-primer
ministro Berlusconi, con todo lo que ello representaría de disfuncionalidad en
esta hora de Europa, tan dependiente de los detalles técnicos, de los que
depende cualquier posible gran acuerdo político. Berlusconi hizo recientemente
unas declaraciones adversas a la continuidad del euro.
Monti ha casi culminado
la reforma laboral. Esta comprende la reducción del personal de la
administración, de un 20% en el caso de los directivos, del 10% de los
directivos intermedios y del 5% para el resto de funcionarios. Está también en
marcha un plan de reducción de las administraciones provinciales y locales. Se
estudia la reducción del número de provincias, según plantillas por el número
de habitantes, superficie, etc. Las
diferentes administraciones son un pozo sin fondo de gastos a través de
empresas públicas, de las que se estima existen 3.127 en todo el país, con un
déficit de euros 7.000 millones, y que son un balneario para políticos y
enchufados de todo pelaje.
El país se halla en
recesión: en el segundo trimestre del 2012 la actividad económica ha caído un
2,6%, según un estudio de Confindustria. Se prevé otro declive para el tercer
trimestre.
Monti ha rebasado ya el
estrecho y enrarecido ambiente político italiano, y se ha situado en el primer
plano europeo. Que siga así, y quizás podrá tarde o temprano ayudar a poner la
política italiana y europea sobre bases profesionales más firmes y solventes.
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