jueves, 9 de agosto de 2012




Las necesidades electorales de Merkel condicionan la crisis del Euro
Una eventual recesión de Alemania dañaría sus opciones
Publicado el jueves 9 de agosto de 2012 en Capital Madrid.com
Antonio Sánchez-Gijón.– La hasta ahora omnipotente Angela Merkel se va a ver a plazo medio reducida a la penosa condición de candidata política a la caza de votos. En enero del 2013 se celebrarán elecciones en Baja Sajonia, en septiembre de ese año en Baviera, y las elecciones generales en septiembre u octubre del próximo año. La canciller necesita que el electorado no la repudie con sus votos por una de las siguientes razones (o las dos): porque el euro se ha roto, poniendo en crisis el mercado único europeo del que tanto se beneficia Alemania, o porque, salvado el euro, lo ha hecho al coste de una recesión en la economía europea, inducida por la aplicación estricta de los planes de austeridad y estabilidad impulsados o impuestos por Bruselas y Berlín, lo que produciría parecido estancamiento en la economía alemana.
Entre esos dos precipicios (rotura o depresión) corre el estrecho sendero por el que los países que actualmente se cree que se hallan al borde del abismo (España, Italia, Eslovenia, etc.) pueden escapar a terreno llano, con tal de que hagan sentir al electorado alemán que ellos son también agentes del mismo sistema monetario que el de Alemania y que, por esa vía, inciden en el juego político interno, del mismo modo que las determinaciones tomadas por el cuerpo político alemán (sus partidos, su Tribunal Constitucional, su Bundesbank, etc.) tienen efectos directos y contundentes en los cuerpos políticos de España e Italia. Véase si no la portentosa toma del poder en Italia por un tecnócrata no elegido por su parlamento (Mario Monti), con el apoyo casi unánime de las fuerzas políticas alemanas.
Parlamentarismo puritano
Si las elecciones generales se celebrasen hoy, dos de los tres miembros de la coalición gobernante (la Unión Cristiano Demócrata y la Unión Social Cristiana) las ganarían con facilidad, según las encuestas más recientes, aunque quizás el tercer grupo, el Partido Liberal, no entraría en el Bundestag. El problema para Merkel es mantener hasta bien entrado el año próximo el respaldo personal que ahora recibe del electorado. Un 65% se siente satisfecho con su modo de hacer las cosas (3% más que en mayo), y el 57% lo está respecto de su situación económica personal. Por lo tanto, Merkel tiene margen para operar en la crisis europea, siempre que evite la rotura y la depresión, para lo que debe contar con los socios europeos, sobre todo con los que están bajo el punto de mira de los mercados.
Pero eso es precisamente a lo que importantes fuerzas políticas alemanas no están dispuestas. Véase la escandalizada reacción de algunos a estas palabras de Mario Monti, en declaraciones del 6 de mayo a Der Spiegel: "Si los gobiernos se dejan atar completamente por las decisiones de sus parlamentos, sin proteger su propia libertad de acción, el resultado más probable será la ruptura de Europa antes que una integración más profunda".
Las palabras de Monti fueron recibidas por un coro alemán de jaculatorias parlamentaristas: el portavoz segundo en el parlamento del partido socialdemócrata dijo que "la aceptación del euro y su rescate se refuerzan a través de los parlamentos nacionales, no debilitándolos". El ministro de Exteriores, Guido Westerwelle, afirmó que "necesitamos reforzar, no debilitar, la legitimación democrática"; los portavoces de la USC hablaron de "ataque a la democracia", y de que "los alemanes no están dispuestos a eliminar la democracia para financiar las deudas italianas".
Pero Monti recibió el mandato de su parlamento precisamente bajo la condición de que conservaría su libertad de acción para ayudar a Italia a atravesar la crisis. Para otra cosa, el parlamento italiano (y los gobiernos europeos) ya tenía a Berlusconi, elegido repetidamente por mayorías suficientes.
Lo que Monti hizo con sus declaraciones fue reivindicar el papel de la política, cuya ejecución, en los regímenes constitucionales europeos corresponde al gobierno, no al parlamento, que sólo se reserva el derecho de refrendar las decisiones gubernamentales que requieren reformas legislativas.
Es evidente que la canciller alemana se dio a sí misma el margen político discrecional que consideró necesario para aprobar en el Consejo Europeo la creación del Mecanismo Europeo de Estabilidad, aprobado posteriormente por el Bundestag, y que debe aún recibir la bendición del Tribunal Constitucional. Así que criticar a Monti por decir lo que es obvio revela el instinto predominante entre algunas fuerzas políticas alemanas, de remplazar la política por determinaciones tomadas en Consejos Europeos que, aunque son representativos, no son exactamente ejemplos de parlamentarismo.
Los partidos y los políticos alemanes, con esta fiebre de legitimismo democrático que parece embargarles, no hacen sino tomar postura ante el electorado de cara al declive económico que se entrevé para el inmediato futuro. El índice industrial está en su nivel más bajo desde hace tres años. El Ifo Business Climate Index cayó en julio; las exportaciones han detenido su plurianual expansión. La crisis de consumo en Europa está pasando factura al motor más potente de su economía.
La canciller no puede permitirse que la crisis muerda en Alemania. Por eso es la primera interesada en que Grecia no se salga del euro (a pesar de que su vicecanciller, el liberal Philipp Rösler, piensa que su salida no le causaría "horror"), y en que España e Italia se apresuren a sujetarse a planes de "rescate", que le permitan alegar ante su electorado que las economías de ambos países estarán bajo el estricto control de instancias superiores, sin margen "nacional" para liberalidades financieras o fiscales. Entre esas instancias superiores estaría inevitablemente el Tribunal Constitucional alemán, que recientemente reclamó para sí el derecho de supervisar todos los planes de rescate con los que el gobierno alemán se compromete. El sentido de sus sentencias lo tendremos el próximo 12 de septiembre, cuando debe pronunciarse sobre el MEE. Que por cierto, fue salvado en el Bundestag con votos socialdemócratas, lo que prueba el estrecho margen político de que dispone Merkel.
Economía "numerizada" o economía política
Como no podía ser de otra forma, la política interna alemana está determinando la política de Berlín respecto del euro. Esto es lo que se pierde de vista cuando se tiene la mirada puesta en los déficits, cuentas y deudas de hoy, esto es, en la economía "numerizada", meramente cuantitativa, olvidando que una moneda única es un producto político cien por cien, inventado y promovido por Alemania por dos motivos políticos esenciales para ella: 1) sellar de modo inquebrantable su fusión con Europa, renunciando a cualquier margen para nuevas tentaciones hegemónicas, haciéndose así una potencia fiable, y 2) ayudarse a financiar la integración de la Alemania del Este en una sola nación y estado.
Este último fin necesitaba ser financiado, y Alemania lo logró gracias a su inmensa capacidad de producción, la creación de estándares europeos para la comercialización, medio ambiente, régimen laboral, etc., que transformaron los patrones de producción en otras naciones del euro, y la creación de un enorme mercado de 330 millones de consumidores, muchos de ellos en países que no estaban en condiciones de operar en ese mismo mercado con la eficacia de los agentes industriales y comerciales de Alemania.
El mantenimiento de la unidad de mercado de la zona euro adquiere así el rango de prioridad estratégica para Alemania, y para conseguirla Alemania deberá estar dispuesta a pagar un determinado coste, lo mismo que la adopción por los otros países, sobre todo por los deficitarios, de los estándares de competitividad establecido por Alemania, será también el costo a pagar por mantenerse en la unidad de mercado.
Pero el cómo y el cuándo no dependen tanto de cuadrar números y balances como de acomodos políticos. En ese sentido, España, Italia y tutti quanti gozan todavía de toda su capacidad y su libertad políticas. Que a su vez puede producir un impacto significativo sobre la evolución de las cosas políticas en Alemania.

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