España no debería precipitarse
Antonio Sánchez-Gijón.– Una de las claves del comportamiento de Irán bajo la presión de las sanciones internacionales es que el próximo marzo el país celebra elecciones al majlis o parlamento, en momentos en que la economía está en declive, la inflación fue del 15% en 2010 y se espera que alcance el 18% en este año. Desde este punto de vista, las nuevas sanciones que la Unión Europea acaba de imponer a Irán buscan afectar el equilibrio de poderes interno, estimulando el descontento contra el gobierno por parte del electorado.
El descontento popular está siendo contenido a costa de la economía. La demanda interna está apoyada por fuertes subsidios que el tesoro iraní no está en condiciones de mantener más tiempo; de hecho, hay planes para ir reduciéndolos en los meses próximos. Otra vía de debilitamiento financiero han sido las fuertes inyecciones de divisas para mantener el precio de la moneda, que de todas formas se ha devaluado aceleradamente.
Lo que le falta en términos de rendimiento económico el régimen lo trata de suplir azuzando la tensión nacionalista. En este sentido, la intensificación de las sanciones al régimen por su programa nuclear le viene a los ayatolás de perlas. De momento... Pasadas las elecciones, la historia será muy otra. El estado iraní deriva el 65% de sus ingresos de los hidrocarburos. En el último año la producción ha bajado una media de 300.000 barriles al día, en parte debido a crisis con sus clientes y en parte a ineficiencias de sus instalaciones. Irán no domina, ni tiene acceso a, muchos componentes importantes del sistema productivo de hidrocarburos.
Parte del descenso de las rentas del petróleo se debe a una menor demanda temporal de China. Pekín busca nuevos suministradores. Recientemente el primer ministro chino Wen Jiabao visitó Arabia Saudí, los Emiratos árabes Unidos y Qatar. La compañía nacional china de petróleos mantiene un conflicto con Irán y ha sido amenazada de expulsión en favor de compañías nacionales. Sin embargo, estos desacuerdos no son más que tropiezos más o menos inoportunos, dado que los suministros iraníes son una cuestión de seguridad estratégica para China. La reversa también es cierta: China representa el 22% del mercado de los hidrocarburos iraníes.
Sobre todo, ir paso a paso.
La reducción de las compras a Irán por parte de Grecia, Italia y España (principales clientes europeos de sus hidrocarburos), a consecuencias de la nueva ronda de sanciones, puede ser motivo de un nuevo descenso de la producción iraní. No obstante, España no debería apresurarse a imponer las nuevas sanciones; primero, tiene seis meses para cumplir los contratos vigentes, y segundo, la cuestión de las sanciones tiene mucho de escenificación para tapar un denso juego de iniciativas diplomáticas más o menos secretas u oficiosas.
Esas iniciativas, a su vez, tratan de acercar el momento en que Irán, Arabia Saudí, Estados Unidos, Europa, Rusia y los emiratos se sienten a la mesa a negociar un equilibrio interno de poderes que dé a Irán el reconocimiento e influencia a que cree tener derecho por su tamaño, demografía, economía y posición geopolítica, y que según Teherán se ven injustamente refrenados por potencias extrañas. Desde esta perspectiva, la carrera de Irán hacia el arma nuclear puede que no sea en este momento más que una baza negociadora.
Es muy probable que las potencias occidentales, e Israel, hayan estado más preocupadas por el proyecto iraní de crearse una esfera de influencia en Medio Oriente que por su desarrollo nuclear. La alianza de hecho entre Teherán y Damasco y la salida de los Estados Unidos de Iraq, con la consiguiente entrada de la influencia iraní sobre el gobierno de Bagdad, son la ocasión para un nuevo cálculo de los cambios geopolíticos que se puedan considerar admisibles. Los Estados Unidos tienen interés en dar a conocer a Teherán su apreciación de lo que podría estar en condiciones de admitir. A ello obedece con toda probabilidad una comunicación verbal procedente de Estados Unidos, y que Teherán alega haber recibido recientemente, y que Washington no ha negado.
En busca del gran acomodo
Ni China, ni Rusia, ni Japón ni la India se van a unir a las sanciones contra Irán. Ninguna de esas potencias está en principio inclinada a apoyar la democracia de los árabes y defender un Israel que ven como potencia expansionista en territorios que no le pertenecen. En ese sentido, la "pelea" es entre Irán y Occidente, que cuenta con el apoyo de sus clientes en la región, principalmente Arabia Saudí.
Las sucesivas denuncias contra el alegado programa de armamento nuclear siempre se han quedado a dos pasos de afirmar que Irán está a punto de construir su bomba atómica. Incluso el ministro de defensa israelí, Ehud Barack, no cree que exista en este momento un peligro inminente por parte de iraní. Fuentes de la inteligencia israelí han dado a conocer su estimación de que Irán no ha tratado todavía de construir el arma nuclear. La última estimación de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos dice lo mismo.
En resumen, al tiempo que se incrementan las sanciones contra Irán, crecen los indicios de que se va a intentar un acomodo. El problema es que este acomodo tiene que ser aprobado por los principales agentes de la región: los árabes por un lado, Turquía por otro e Irán por un tercero. Si cae Siria, Irán exigirá barra libre en Iraq como compensación. Hasta ahí se podría llegar sin remover demasiado el estanque de tiburones. Otra cosa sería si un Irán con nuevo celo revolucionario intentase alterar el relativo sometimiento en que viven los chiitas dentro de las sociedades árabes mayoritariamente sunitas en la región del Golfo. Sería difícil, sin embargo, llegar a un acomodo que repugnase a Arabia Saudí.
Como se ve, no es fácil remontarse con clarividencia hacia el futuro, más allá de algunos hard facts, como que Irán está en declive económico, que su industria petrolífera se está quedando atrasada y no rinde, que aunque su liderazgo podría resistir la presión occidental, ello sería a un alto costo social que podría debilitarle en las próximas elecciones parlamentarias. Y todo por un programa nuclear que se supone ya debía haber producido un primer ensayo a cielo abierto.
Publicado el 26 de enero 2012 en Capital Madrid.com
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