Los republicanos de Carolina del Sur optan por el peleón frente al pulido
Antonio Sánchez-Gijón.– Newt Gingrich es peleón. Mitt Romney es pulido. El peleón ha dejado k.o. al pulido en las primarias del partido republicano de Carolina del Sur, celebradas anteayer, por 41% de los votos contra 27%. Ahora Gingrich es la estrella ascendente del Great Old Party, aunque no se sabe por cuánto tiempo más. Si Gingrich representa en este momento las bases conservadoras del partido, conmocionadas por la crisis económica y quejosas de su retroceso social, Romney representa a los sectores centristas y las élites en ascenso económico y social.
Si no se produce una simbiosis programática entre las dos alas del republicanismo, será muy difícil desalojar al actual inquilino de la Casa Blanca. Y aún más difícil le resultará si Obama logra crear en los próximos meses unos cientos de miles de empleos y da pruebas, a medida que se acerca el final de su actual mandato, de que la economía se recupera. Pero todo ello a condición de que los votantes no olviden que muchos de los problemas económicos actuales tienen su origen en las políticas del presidente republicano George W. Bush, sus déficits presupuestarios y las dos guerras que emprendió, en Iraq y Afganistán.
¿Y por qué un republicano como Gingrich, conocido por la pugnacidad que mostró en sus veinte años de vida parlamentaria y su antigua presidencia de la Cámara de Representantes, ha arrebatado el centro de la escena al favorito de la dirección republicana, cuando nunca se le consideró con madera presidenciable dado su carácter excéntrico y un tanto imprevisible?
El GOP busca un segundo "round"
Hay que remontarse a dos años ha, cuando el GOP se hallaba "sublevado" contra lo que creían ataques contra los fundamentos de la vida americana provenientes de la presidencia Obama, siempre vista por ellos como débil, con un programa oculto de naturaleza socialdemócrata, manirrota con el presupuesto y entregada a proyectos ilusorios de grandes obras públicas, trenes de alta velocidad, energías renovables, hostil a la industria petrolífera y flaqueante en la defensa de Israel. Aquella insatisfacción había tenido su salida en el movimiento del Tea Party, que proponía una restauración de los principios más tradicionales del American Way of Life. Esta convocatoria, más sentimental que racional, tuvo un éxito aplastante en las elecciones al Congreso del 2010. Como esta victoria no se ha traducido en el derrumbe del programa político del presidente Obama, esas bases suspiraban por un segundo "round". El liderazgo del partido, sin embargo, se dio por satisfecho con bloquear todas y cada una de las iniciativas legislativas de Obama, hasta lograr un Congreso incapaz de legislar en muchas cuestiones urgentes para la economía. El combate de las bases republicanas había entrado en vía muerta.
La impresión de que Mitt Romney era el candidato preconizado por el liderazgo del partido defraudó a esos sectores "tradicionalistas", que han dictaminado que no creen que el ex-gobernador de Massachussets esté preparado para la pelea, precisamente por su carácter moderado y negociador. Y ello a pesar de su historial como hombre "pro-bussiness", hostil a los sindicatos. Se veía en él un elevado grado de esa cosa indefinible que se ha dado en llamar en esta campaña "elegibilidad" (electability), una sensación que el candidato a la presidencia ha de transmitir como hombre de éxito en la política, con buen nivel cultural y experiencia mundana etc. Pero, en Carolina del Sur al menos, la cuestión era otra.
En cierto modo, Romney demostró en una entrevista televisada durante la campaña que no había captado el ánimo de los votantes del estado sureño. Predijo que vencería a Obama en la cuestión de crear empleos. Preguntado por la entrevistadora qué haría si Obama, que había heredado una situación económica muy mala, acababa su actual mandato creando empleo, contestó que "en algún momento las cosas tienen que ir a mejor, pero no creo que el presidente Obama esté ayudando a ello". Era como conceder al contrincante tu mejor argumento. Pero un argumento que, a su vez, resultaba decepcionante para el electorado conservador, que lo que ha venido preguntándose todos estos años no tiene tanto que ver con la economía, como con quién defiende en el partido republicano los valores tradicionales, puestos en peligro, según ellos, por los cambios en la legislación sobre costumbres, los programas asistenciales incondicionales, el aborto como un derecho, los derechos de los homosexuales, etc.
El liderazgo se percibe en TV
Tampoco el factor socio-económico estuvo ausente de las conciencias durante la mini-campaña de Carolina del Sur. Las bases del partido republicano se han visto tan sacudidas por el desempleo y los embargo de viviendas como cualquier otro grupo. No fue del gusto de ninguno de ellos saber que Romney, un empresario de éxito, paga sólo 15% de impuestos, porque sus ingresos proceden de rentas del capital, que se han visto muy beneficiadas por las sustanciales rebajas de impuestos del presidente George W. Bush, y que Obama no ha podido eliminar por la denodada resistencia republicana en el Congreso.
Romney posee esa cultura económica que se echa de menos en Europa, sobre todo en estos momentos: su trabajo en la empresa Bain&Company consistía, como se sabe, en comprar empresas en declive, reestructurarlas, recapitalizarlas y venderlas con altos beneficios. Naturalmente, teniendo que poner en la calle a buen numero de trabajadores. En este sentido, se le ha recordado durante sus campañas una frase equívoca pronunciada por él hace tiempo: "Me gusta poder despedir a gente que me presta servicios". Impecable desde el punto de vista de la libertad de mercado y de contratación, fue una pifia mayor cometida por un político. Consciente de ello, no tardó en alegar en su defensa que las restructuraciones llevadas a cabo con su ayuda dieron lugar a la creación de cien mil empleos nuevos.
Falta por ver si el diapasón que Carolina del Sur ha tocado marcará el tono del resto de la campaña por la nominación republicana. En materia de valores tradicionales, el candidato que allí obtuvo la tercera posición, Nick Santorum, bate al mismo Gingrich en conservadurismo. No hay duda de que Romney bate a Gingrich en experiencia empresarial y económica.
Pero quizás la cuestión se dilucidará en torno a esa cosa indefinible, pero reconocible, de quién tiene capacidad de liderazgo. Es algo visual y audible a un tiempo. En la campaña de Carolina del Sur Gingrich fue el vencedor. Según dos tercios de los votantes, fueron los debates televisados el factor determinante de su decisión de voto. Los expertos auguran el declive de la importancia de la propaganda electoral y un peso mayor de los debates en la formación de los estados de opinión. No estaría de más que los partidos españoles tomaran nota, antes de que mostremos nuestra rebeldía con enormes bostezos por sus rutinarias y aburridas proclamas, lanzadas sin que nadie les chiste en público.
Publicado el 23 de enero 2012 en Capital Madrid.com
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