lunes, 27 de febrero de 2012

"Venga, Medvedev. Echa a Assad de una vez"

Y no le facilites a Putin la victoria en marzo
Antonio Sánchez-Gijón.– Lo que separa a Bashar al-Assad de una condena por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de su probable caída es el derecho y la voluntad de la Rusia de Putin de vetar la resolución. A su vez, lo que desacreditaría la esperada victoria de Putin en la elección presidencial del próximo marzo sería una declaración del actual presidente ruso, Medvedev, pidiendo al presidente sirio que abandone el poder. Sería un golpe directo contra el apoyo que Putin presta al presidente sirio.
Con esa jugada Medeved se rehabilitaría ante la opinión pública rusa, debilitaría la relación de sumisión que tiene respecto del actual primer ministro, y aumentaría sus posibilidades de mantener su imagen como portavoz de las clases medias profesionales y educadas, acomodadas pero políticamente impotentes por el control total de la vida política que ejerce el Kremlin. Medvedev fue, hasta no hace mucho, más popular que Putin entre la gente joven.
El 24 de diciembre pasado se celebraron en varias ciudades de Rusia las manifestaciones contra el régimen más masivas desde las que derribaron el efímero régimen golpista que quiso restaurar la Unión Soviética en 1991. La blogosfera está llena de voces de protesta. Para el próximo día 4 hay convocada otra tanda de manifestaciones. Estemos atentos.
La imagen de Medvedev quedó dañada cuando en septiembre pasado reveló el pacto confidencial que tenía con Putin para cederle el puesto de presidente en marzo de este año, cuando toca renovar la presidencia, pasando él a su vez al puesto de primer ministro. ¿Un Medvedev liberalizador y modernizador que se agarra al poder con pactos de palacio? El trato asegura a Putin dos mandatos más, de seis años cada uno. La identificación de Putin como uno de los dos baluartes defensivos (el otro es el Irán de los ayatolás) de un al-Assad presidente vitalicio es demasiado obvia para que no se le pase por la cabeza a todos y cada uno de los rusos.
En Occidente la victoria de un partido político en unas elecciones generales por el 49,3% de los votos parecería un éxito arrollador. Ese fue el porcentaje que el partido de Putin, Rusia Unida, obtuvo en las elecciones a la Duma del pasado 4 de diciembre. Para el primer ministro, sin embargo, fue un duro golpe: en las elecciones del 2007 Rusia Unida había obtenido el 64,3%. Todas las otras fuerzas políticas, incluso los comunistas, avanzaron considerablemente en diciembre. También le ha causado mucho disgusto comprobar que cuenta con el apoyo de "sólo" el 60% de la población rusa, según una reciente encuesta sobre popularidad de los líderes. No debe extrañarnos su decepción pues durante sus mandatos como presidente y como primer ministro siempre mantuvo su popularidad por encima del 70%.
La aparente victoria de Rusia Unida no fue muy limpia, y fue menor que lo que parece. Los monitores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea denunciaron en su informe la colusión entre el gobierno y el partido de gobierno; el resultado electoral estuvo sesgado "por la falta de independencia de la administración electoral, la parcialidad de los medios y las injustificadas interferencias de las autoridades del estado a diversos niveles". El porcentaje medio del 49,3% para Rusia Unida resulta al incluir en el cómputo los resultados obtenidos en las regiones del Cáucaso Norte, que se hallan bajo el férreo control de la policía y del ejército rusos, y tienen unos dirigentes políticos totalmente cooptados por el Kremlin (Putin ganó por encima del 90% de media en la región). La comisión electoral rusa sigue actualmente en lo mismo: rechazó hace pocos días la candidatura presentada por el partido Yabloko, del liberal Yablinski.
¿Resolución esta semana?
Naturalmente, todo lo dicho más arriba sobre la posibilidad de que el presidente rompa con Putin en lo de Siria es pura especulación. Pero una especulación muy racional desde la óptica del poder. Sería un modo de que Medvedev replicara al bloqueo que Putin practica contra algunas iniciativas suyas y de salvar algo de prestigio después del infausto pacto. El presidente había puesto mucho capital político en un proyecto de ley para la elección directa de los gobernadores regionales, recientemente presentado a la Duma, pero posteriormente Putin dijo que esa cuestión seguía abierta.
Enlacemos ahora la situación rusa con la crisis siria. Hasta ahora el Kremlin se ha negado a considerar cualquier resolución que implique el abandono del poder por al-Assad, y lo más que ha propuesto es el diálogo entre las fuerzas rebeldes y el gobierno. Las fuerzas rebeldes se han negado a ese diálogo, después de que el gobierno anunciara repetidas veces medidas de gracia y conversaciones, para a continuación incrementar la represión, y no se contentan sino con la caída del régimen.
Un nuevo proyecto de resolución occidental y/o de la Liga Árabe, que será seguramente presentado esta semana, trata de "reclutar" a Rusia, pidiendo que Assad ceda el poder al vicepresidente para que éste forme un gobierno de concentración nacional. La oposición siria apoya este enfoque, y ha rechazado hasta ahora el papel de Rusia como mediador y patrono de unas conversaciones en Moscú.
Si Rusia sigue obstaculizando una dura resolución contra al-Assad, Occidente puede de todas formas presentarla formalmente al Consejo y desafiar a Rusia a que la vete. Es lo último que desea Putin de cara a las elecciones de marzo. Tampoco Medvedev se sentiría feliz, pues quedaría en evidencia la colusión entre los dos para instituirse en una especie de al-Assad bicéfalo.
Moscú teme poner en riesgo la posición diplomática privilegiada de que goza en Damasco, y las ventajas de contar con una base en el Mediterráneo gracias a Siria. Un Damasco bajo influencia occidental y de la Liga Árabe podría poner en cuestión la base y las ventas de armas rusas, y se crearían oportunidades para que aumentase la influencia de Turquía y se disminuyese la de Irán, el otro alfil que Rusia contrapone a la influencia de Occidente en Oriente Medio.
 Publicado el 2 de febrero 2012 en Capital Madrid.com

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