Antonio Sánchez-Gijón.– El pasado primero de enero, la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, asumió la presidencia de la Unión Europea. Dinamarca no es miembro de la euro-zona. Todo el mundo se pregunta qué influencia puede tener la primera ministra de un país "no euro" sobre la crisis que afecta a la moneda única de 17 países de la Unión. Pocos le atribuyen la capacidad de influir en los acontecimientos o en superar la crisis. Sin embargo, no está del todo desarmada.
La presidenta, para empezar, está investida de la autoridad que le da la defensa de una Unión Europea de 27 países ante la crisis provocada en el seno de una "cooperación reforzada" de sólo 17. Se trata de una moneda que se creó con vocación de servir de divisa común de toda la Unión. Por tanto, podrá reclamar el derecho a mediar o arbitrar las diferencias que puedan surgir entre la unión de 17 y la Unión de 27. Para ello puede apoyarse en el Tratado para el Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE), cuyo artículo 121 establece las Directivas para Políticas Integradas, y su art. 136 autoriza a la UE "a adoptar medidas específicas para los estados miembros cuya moneda es el euro".
El no acudir a este mecanismo para establecer las medidas de rigor presupuestario acordadas en la última "cumbre" de la Unión, en Bruselas, en diciembre pasado, no añadió prestigio a la Unión ni ayudó a levantar la suspicacia de los mercados respecto del acuerdo intergubernamental a 26. Este acuerdo, aunque sale al paso de las debilidades en la estructura fiscal de la euro-zona, no responde a las amenazas inminentes, de tipo fiscal y financiero, que se ciernen sobre varios países de la euro-zona. Los cálculos más optimistas ponen en marzo la fecha en que será posible aprobar el nuevo tratado intergubernamental. Y dejemos de momento las dificultades prácticas de control sobre su cumplimiento, así como las del sistema de garantías jurídicas que lo aseguren.
¿Quedará la deuda estabilizada?
El caso griego muestra la clase de obstáculos que pueden surgir en el camino del acuerdo. Grecia está tan en peligro de bancarrota ahora como hace dos años y dos gobiernos. El presidente de la Federación Empresarial SEV, Dimitris Desakalopoulos, prevé "hambre" en Grecia si el gobierno no acierta. Aunque el parlamento ha aprobado el presupuesto del 2012, sus previsiones están en el aire mientras no haya acuerdo con los acreedores para compensar su rebaja "voluntaria" del 50% de sus créditos mediante la creación de instrumentos fiduciarios compensatorios. Sin acuerdo, el presupuesto del 2012 no servirá de mucho, pues Grecia no podría afrontar la subida de los intereses de la deuda, y seguramente no recibiría nuevos tramos del fondo de rescate acordado en mayo del 2010.
Si todo va bien en el frente fiscal de la euro-zona, no hay razón para que el problema de la deuda no deje de serlo, si los mercados se contentan con que ésta quede estabilizada. Las posibilidades de reducirla, sin embargo, dependen de que haya crecimiento apreciable en la zona euro, lo que se da por descontado que no se producirá por falta de crédito privado y recortes en el gasto público.
Volviendo al ámbito UE, su Consejo tendrá como tarea más urgente la coordinación de las políticas económicas tanto de los 17 como de los 27, para lo que será especialmente útil la prevista instalación de una estructura del Eurogrupo en Bruselas. Huelga decir que las Euro-cumbres no tendrán en la agenda problemas más urgentes que los del euro.
La presidenta del Consejo deberá estimular a la Comisión para que ejerza su facultad de denunciar desviaciones de los acuerdos de Bruselas, y apelar al parlamento de la UE para que pase cuanto antes legislación que obligue a los estados euro a presentar los proyectos de presupuestos nacionales, para su supervisión por la Comisión. También deberá atender al desarrollo de los mecanismos de sanción para los estados que incumplan sus compromisos presupuestarios, y que serán fijados por un comité formado por los presidentes de las euro-cumbres, la Comisión y el Banco Central Europeo. No hace falta enfatizar cuánto liderazgo y autoridad debe esperarse de quien lleve la presidencia del Consejo. La Sra. Thorning-Schmidt se ha querido preparar bien para su tarea: ha doblado el personal de la embajada danesa en Bruselas, hasta 160.
Sin embargo, una gran sombra se extiende sobre las perspectivas del semestre presidencial europeo. ¿Por qué ninguna de las medidas que se han venido tomando desde hace dos años, por países que están tanto o menos endeudados que Estados Unidos, el Reino Unido y Japón, parecen surtir efecto sobre los mercados, mientras los tres países mencionados no carecen de crédito? Esta pregunta se la hace a sí mismo Stefano Micossi, del Center for European Policy Studies (www.ceps.eu). Lo que ha pasado en la eurozona, afirma Micossi, es que una crisis de liquidez se ha transformado en otra de solvencia, que se ha agudizado al haber fallado la última euro-cumbre en facilitar "un abundante suministro de liquidez", como se ha puesto de manifiesto en las dificultades para promover crédito masivamente ("el gran bazooka" de los comentaristas) mediante el Fondo Europeo de rescate, y el fracaso del Mecanismo Europeo de Estabilidad en conseguir ayuda del Banco Central Europeo.
La agenda política de la UE
En el plano puramente político, el semestre de presidencia danesa se verá previsiblemente afectado por la deriva autoritaria de Hungría, bajo el segundo mandato del primer ministro Viktor Orbán. Su idea de crear "un capitalismo húngaro" no puede ser más inoportuna y contraria a los principios de la Unión. Sin embargo, su política obedece a un malestar difuso en la sociedad húngara, que ha seguido al pie de la letra las recomendaciones del FMI y de la UE, sin lograr la prosperidad anunciada. Su no entrada en el euro quizás haya sido un acierto, al librarse de las restricciones que afectan a la soberanía fiscal de los países integrados en la moneda única.
Con todo, la tarea puramente política más complicada que debe afrontar el Consejo es conciliar al Reino Unido con los otros veintiséis socios de la Unión. El hecho de que los mercados no dudan en apoyar a Londres y la City, mientras remolonean con Euro-Europa, inquieta a muchos con la sospecha de que pueda existir un frente de intereses en favor de la desaparición del euro, que ni siquiera necesitaría formalizarse como tal frente, sino operar bajo una concepción propia de aquello que mueve las economías, que en su caso difiere radicalmente de la de la super-reglamentada Europa del euro.
Publicado en Capital Madrid,com el 5 de enero de 2012.
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