China y Rusia amagan con abrazar el régimen de sanciones
Publicado en Capital Madrid.com el 9 de septiembre 2011
Antonio Sánchez-Gijón.- El informe del Organismo Internacional de la Energía Atómica sobre el programa nuclear de Irán, después de que sus inspectores visitaran las instalaciones nucleares de ese país, el pasado agosto, y que iba a ser elevado esta semana al pleno de ese organismo, formado por 35 países, da a entender de forma muy circunspecta que Teherán está haciendo caso omiso de su obligación de poner de manifiesto sus actividades y de abrir sus instalaciones a los inspectores. Los informes de las agencias de inteligencia occidentales, por el contrario, dicen lo mismo que el OIEA, pero a las claras.
“El Organismo – dice el informe del OIEA – no puede dar seguridades sobre la ausencia de material y actividades nucleares no declaradas en Irán, y por lo tanto (no puede) concluir que todo el material nuclear sirva para actividades pacíficas”. Sin embargo, la información que altos ex funcionarios de las administraciones norteamericana y canadiense, dedicados al seguimiento y control de la proliferación nuclear, han puesto a disposición del Hudson Institute de Washington para un seminario sobre esta materia, que se celebra esta semana, contiene datos que sólo pueden explicarse para un programa de armamento nuclear. Veamos.
Irán debe cumplir dos tipos de obligaciones respecto del OIEA: admitir las inspecciones rutinarias como firmante del tratado que lo creó, así como las que se derivan del llamado Protocolo Adicional, que se ocupa principalmente de la ampliación de las actividades e instalaciones de nueva planta. Las primeras las cumple rutinariamente; las segundas no las cumple desde hace varios años. Por eso los nuevos programas y actividades que se van a citar son técnicamente clandestinos:
- La conversión y enriquecimiento de uranio por láser y gas con centrifugadoras ultrarrápidas.
- La planta de enriquecimiento de Natanz, que los grupos de oposición dieron a conocer en 2002. Esta planta tiene hoy día 8.000 centrifugadoras IR-1, que desde 2007 ha producido 4.400 kg. de uranio enriquecido al 3,5% (bajo enriquecimiento), adecuado para reactores nucleares pero no para armas.
- Desde febrero del 2010 Irán ha comenzado el enriquecimiento de uranio a 20%, alegando que lo necesita para su reactor nuclear de investigación. En realidad, Irán puede suministrarse de cuanto uranio de esta calidad necesite porque Rusia, con la que mantiene un programa de cooperación nuclear, tiene 100 toneladas disponibles. Irán espera contar con 250 kg. de uranio/20% para finales de 2012. Elevar ese uranio al grado arma no tardaría más de 62 días, según el Bipartisan Policy Center, una fundación dirigida por senadores norteamericanos que declara promover políticas de consenso.
- La parte del proceso de enriquecimiento más difícil de ocultar es la que va de 3,5% al 20%. Desde ahí al uranio de grado-arma la producción es fácil de ocultar.
- Irán ha anunciado planes para construir diez plantas más de enriquecimiento, pero no ha indicado ni características ni emplazamientos.
- Irán sigue trabajando en su reactor de agua pesada, que puede producir plutonio para armas de esta naturaleza. Un escenario probable es que Irán se procure una bomba de plutonio al año, desde 2014.
- Paralelamente, Irán conduce investigaciones sobre fuentes de neutrones, explosivos de alta potencia y vehículos de re-entrada en la atmósfera, que apuntan a la tecnología de los misiles porta-cabezas nucleares.
- Se sospecha que todo el programa nuclear está bajo el mando y control del Cuerpo de la Guardia Republicana, la fuerza militar clave de Irán, que no obedece al gobierno sino al “líder espiritual” de la revolución, Alí Jamenei. Esta estructura de subordinación pone al programa nuclear al resguardo de cualquier limitación derivada de las presiones diplomáticas y políticas que pueda sufrir el gobierno, por parte de la comunidad internacional.
El programa nuclear de Irán debe ser contemplado sobre el telón de fondo de las revoluciones árabes y el cambio de la escena estratégica en Oriente Medio y Golfo Pérsico. Los Estados Unidos se están retirando de Iraq, y en el mejor de los casos dejarán en el país sólo una fuerza de entrenamiento del ejército iraquí. Irán espera llenar el vacío. Algunas fuerzas que apoyan al gobierno de Iraq gravitan claramente en la órbita de Teherán. Hay un potencial revolucionario reprimido en casi todos los países del Golfo, por causa de que sus mayorías de confesión chiita sufren opresión bajo monarquías sunnitas. Es natural que el régimen chiita de Irán quiera erigirse en protector de las poblaciones mayoritarias de su secta. Este designio, sin embargo, es contrario a los intereses de los Estados Unidos e Israel por razones geopolíticas, y de Europa por razones de seguridad energética.
La política occidental de sanciones al régimen de Irán está causando graves daños al régimen de los ayatolás. Incluso Rusia y China, que siempre declararon oponerse a las sanciones, han empezado a dar signos de adherirse a ellas. Veamos primero cómo se endurecen las sanciones occidentales. Tres días después de que el presidente Obama revelara que los tres puertos principales de Irán están bajo el control de la Guardia Republicana, el gigantesco consorcio danés Maersk de transporte marítimo anunció (30 de junio) que se retiraba de los tres, y otras compañías siguieron su ejemplo, poniendo en grave aprieto suministros esenciales para la economía iraní. Objeto principal de las sanciones es la industria del petróleo; se calcula que debido a ellas se han frustrado proyectos de inversión en esta industria por valor de $60.000 millones. El petróleo es la sangre económica del sistema de los ayatolás; desde 2007 ha generado ingresos de $500.000 millones. Las transacciones bancarias iraníes se ven seriamente perjudicadas por las restricciones impuestas por los gobiernos occidentales a los bancos de sus respectivos países.
Las sanciones de Occidente también han tenido efecto sobre el comportamiento de China. El grupo de gas CNPC está retrasando el ritmo de sus trabajos en el polígono Pars de gas natural. Otro gigante chino, CNOOC, recibió la orden del gobierno de Pekín de parar sus trabajos en Pars Norte. Sinopec está retrasando sus trabajos en el polígono de Yadavaran. China, sin embargo, ha aumentado considerablemente, en lo que va de 2011, sus importaciones de petróleo iraní. Es su forma de encender una vela a Dios y otra al Diablo. En estos momentos de crisis financiera internacional, el entendimiento entre Pekín y Washington es clave para la estabilidad de la economía global, como pusieron en evidencia el pasado agosto el vicepresidente Biden, en su visita a Pekín, y el vicepresidente chino, Xi Jinping.
Rusia también encuentra el modo de presionar a Teherán, prevaricando en compromisos ya adquiridos. Así, no ha cumplido las fechas de terminación de la planta nuclear de investigación de Busher, a pesar de las protestas iraníes. Rusia se ha echado atrás en el contrato de suministro del sistema de defensa aérea S-300, ganándose demandas judiciales interpuestas por Teherán, posiblemente porque considera que en estos momentos un contrato de esa naturaleza resulta muy provocativo para Occidente.
Las señales enviadas por China y Rusia a Teherán parecen indicar que se toman en serio las alarmas lanzadas por el OIEA, y que tratan de añadir peso a las presiones ya ejercidas por Occidente. También a Moscú y Pekín les va mucho en el futuro del régimen de no proliferación nuclear. Ahora bien, si el programa de armamento nuclear de Teherán no sucumbe a las presiones, nos encontraremos entonces en un panorama estratégico internacional totalmente cambiado y se abrirá otra “guerra fría” que, a diferencia de la que vio Europa el siglo pasado, se librará en la que es probablemente la zona más inestable del mundo.
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