lunes, 8 de abril de 2013

El liderazgo alemán, cuestionado


La crisis de Chipre, una chapuza sin paliativos
Publicado el jueves 28 de marzo de 2013
 
Antonio Sánchez-Gijón.– La Unión Europea, y más específicamente la Eurozona, empiezan a ser percibidas como una experiencia fallida o, en el mejor de los casos, un experimento tan condicionado por problemas y contradicciones internas, que ya no sirve como modelo ni como fuente de ayuda para los problemas de desarrollo de la mayor parte del mundo.
Las medidas tomadas en Bruselas y Nicosia el pasado 16, para hacer frente a la crisis chipriota mediante la puesta en cuestión, por primera vez en la UE, de la garantía de los depósitos bancarios, ha sido vista por muchas voces de la opinión a escala mundial, más como prueba de su inadecuación institucional para sostener el proyecto europeo que como la reparación de una "avería" de uno de sus miembros, que es a lo que sin duda quería limitarse el Eurogrupo en su última reunión. De pronto se pusieron de manifiesto dos cuestionamientos del proyecto europeo: su legitimidad democrática y la calidad de su liderazgo.
Hay poco que añadir sobre la falta de legitimidad democrática de lo dictado a Chipre en Bruselas. Sencillamente, ha equivalido a repudiar el principio sobre el que se sostiene la legalidad de la industria bancaria de ese país. El intento falló a la primera vez porque el parlamento chipriota rechazó la medida y defendió el principio de legalidad, aunque de todas formas debió "tragárselo", tal que un bando de guerra como, con mucha sorna, lo han visto los rusos al compararlo con las expropiaciones y confiscaciones de los bolcheviques cuando asaltaron el poder.
¿Es Alemania el centro del mundo?
En cuanto a la cuestión del liderazgo, hay que volver la vista a Berlín. Alemania ha ido ganando una a una todas las batallas que ha emprendido en pro de la rectitud presupuestaria, la contención y reducción de los déficits, la reestructuración bancaria, la necesidad de tener instituciones comunes antes de mutualizar los riesgos, etc. Todo, todo, ha sido admitido por Europa, sobre todo la del Sur la cual, posiblemente, fuera la que más necesitaba un buen "repaso" de todas esas asignaturas pendientes. Sin embargo, nada ha servido hasta ahora para sacar a los países del euro de su depresión económica y anímica. Es muy posible que aquélla sea la única medicina, pero ello no refuta la aseveración sobre el liderazgo.
Liderazgo es convencer e inspirar. Italia se adentra en la agudización de su crisis política sin que los gobernantes europeos le convenzan de que debe atacar con mayor resolución las causas económicas de su malestar social. Si lo sucedido en Chipre lo ponemos a escala italiana, la crisis del euro y de la Unión bordeará la catástrofe. La Sra. Merkel, cuando echaba una mano a los otros socios en situaciones críticas, se ganaba el derecho a poner normas y condiciones. Hoy la canciller ha perdido visibilidad e influencia, y hasta si se quiere inspiración, enfrascada como está en ganar las elecciones de septiembre próximo. Quien no se cansa de predicar instituciones comunes para todos no está ahora más que para sus intereses puramente "nacionales". Y esto suscita la crítica del antiguo canciller Helmut Schmidt: las instituciones alemanas actúan como si Alemania fuera el centro del mundo.
El espacio de Merkel se ve ocupado con diversa (o adversa) fortuna por algunos de sus ministros. El último, el de Hacienda, que ha sucumbido al síndrome del "Niño Juanito": "Siempre ha sido así - dijo recientemente Wolfgang Schäuble -. Es como en los colegios; cuando tienes mejores resultados, otros con mayores dificultades se sienten un poco celosos". Menos mal que no dijo "otros más torpes". En eso se ha quedado esta temporada el liderazgo alemán: en pellizcos de monja. No todos han perdido el oremus, sin embargo. El director del Fondo Europeo de Estabilidad, Klaus Regling, ha puesto recientemente de relieve los avances hechos por varios países en crisis, bajo sus planes de rescate, y ha dicho que "no entiendo por qué este progreso no es percibido a veces en Alemania".
Da la sensación de que la única figura de rango europeo que sigue "de guardia" es Mario Draghi, gobernador del Banco Central Europeo. Se le atribuye la presión decisiva para que Nicosia se plegara al dictado del Consejo. Se ve que todavía goza del crédito que le da el hecho de que bajo su mandato no se ha declarado aún ningún default de país. Ahora le toca cumplir aquello del pasado verano: "créanme (lo que yo haga) será suficiente". Pero también Draghi está a prueba: debe demostrar que lo de Chipre no es una contradicción del principio - esencial a un mercado único - de la libre circulación de capitales. Lo que a su vez remite a una circulación "demasiado libre" de y hacia otros refugios fiscales asentados en el seno mismo de la Unión, como Luxemburgo, o pegados a su riñón como Liechtenstein.
Si Draghi esperaba alguna ayuda para sostener junto con él el prestigio de la Unión por parte del nuevo presidente del consejo de la Eurozona, Jeroen Diejsselbloem, el pasado día 25 se vio chasqueado. La dificultad que este ministro holandés tiene para hacerse entender se ha puesto en evidencia con la confusión en torno al uso que se le puede dar al modelo chipriota: ¿template?, ¿blueprint? para otros países en dificultades. Aun podemos estar maravillados de que no haya habido una carrera a las cajas de los bancos por parte de los depositantes extracomunitarios, aunque de todos modos su lapsus linguae se ha hecho notar en la prima de riesgo y en las cotizaciones bancarias europeas.
Gran parte del mundo mira otros horizontes
Los años de crisis han debilitado a Europa como modelo de desarrollo y como fuente de financiación para terceros países. Síntoma de ello es la inauguración el miércoles 27 de la conferencia de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), en Durban. Tratan de ponerse a sí mismos y a una gran parte del mundo en desarrollo bajo la tutela de un organismo de ayuda y coordinación financieras, que puede desplazar (o reemplazar según las circunstancias) al Fondo Monetario Internacional, percibido por esos países y muchos otros como centrado sólo en Occidente, y últimamente absorto en la crisis europea.
En la medida en que este grupo de países institucionalice su cooperación económica, su efecto se dejará sentir en las relaciones de Europa con los Estados Unidos. Este país está saliendo de su propia crisis sobre presupuestos contrarios a los reconocidos por Europa. Una Europa inoperante reforzará el giro de Washington hacia Asia, adonde se ve urgido a acudir si quiere que China no se alce como potencia dominante de cualquier nueva institución multinacional. El desapego respecto de Europa se siente también en las crecientes manifestaciones políticas y económicas en Estados Unidos sobre la proximidad del gran despegue de México, y aún del potencial de Argentina, además de Brasil.
Los países del norte de Europa, con Alemania a la cabeza, están convencidos intelectualmente de que los sacrificios que se están asumiendo son el precio de la redención. Los países del Sur ya no están tan convencidos. De momento, sólo les sostiene la fe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario