Putin y la Eurozona, ante la incógnita del socialista
Hollande
Publicado el
jueves 10 de mayo de 2012 en Capital Madrid
Antonio Sánchez-Gijón.– Todos los oídos de Europa
Occidental están ahora atentos a los primeros balbuceos de François Hollande
sobre política internacional y sobre la política exterior de Francia (no se
recuerda que haya dicho nada digno de nota en esas materias), pero no se puede
pasar por alto el hecho de que casi simultáneamente ha ascendido de nuevo a la
presidencia imperial de Rusia Vladimir Putin, dos veces presidente y una vez
primer ministro. Putin sí tiene un ambicioso programa internacional, que se
resume en volver a colocar a Rusia al nivel de las otras dos superpotencias,
Estados Unidos y China, y una política exterior específica para Europa, para
que ésta le ayude con capital, tecnología y compras de gas a alcanzar aquel
gran designio.
Chirac había apoyado durante sus mandatos los deseos
rusos de oponerse a la extensión de la OTAN a los países de la antigua esfera
soviética en Europa Oriental, aunque al final no tuvo éxito, ya que
prácticamente todos ingresaron en la Alianza. Schröder se unió a Rusia en
contra de Estados Unidos en la cuestión de la guerra de Iraq, y se opuso a la
Revolución Naranja de Ucrania de 2004-2005, y al ingreso de este país y Georgia
en la OTAN. También puso en marcha el gasoducto Nord Stream por el Báltico, que
libera a Rusia de los peajes de tránsito que pudieran imponer Ucrania,
Belorusia y Polonia. Berlusconi fue instrumental en asociar Gazprom y el Ente
Nazionale Idrocarburi para negocios mutuos y suministro de gas a Europa.
Schröder posee una casa cerca del Kremlin y Berlusconi fue invitado especial de
Putin en su tercera toma de posesión de la presidencia rusa.
De alianzas e intereses
Putin no dio ningún motivo a la canciller Merkel para
sentirse insatisfecha. El capital y la industria alemanes son bienvenidos en la
Rusia de Putin, y lo mismo se puede decir de los suministros de gas ruso a
Alemania, vistos por Berlín como confiables y competitivos. El presidente
Sarkozy, sin embargo, representó para Putin una pérdida neta de influencia
sobre Francia. La reintegración francesa en las estructuras militares
integradas de la OTAN reforzaba una Alianza con la que Moscú y sus pequeñas
alianzas externas no pueden rivalizar en potencial e influencia. El mucho o
poco prestigio internacional que Rusia pudiera tener (por lo menos de cara a
Occidente) lo perdió en su agresión a Georgia en 2008. Su actual alianza
militar con Belorrusia y Kazakstán no impresiona militarmente, y desde luego no
es un banderín de enganche para las libertades. Sin Berlusconi al frente del
gobierno, el presidente italiano ha manifestado su apoyo al llamado escudo
antimisiles que la OTAN desea instalar en facilidades cedidas por diversos
países europeos.
La crisis europea constituye un serio contratiempo para
los planes de Putin, de reconstruir el poderío ruso. Esto le obliga a una
reformulación a fondo de su política económica. Poco después de su toma de
posesión, el presidente ruso anunció la privatización de todas las empresas
estatales fuera de los sectores de materias primas y militar, antes del 2016.
Hace unos años esa medida hubiera sido tomada por los capitales occidentales
como una fabulosa oportunidad de negocios. Hoy día los capitales europeos se
sienten inhibidos por la crisis del euro, por lo que Rusia deberá esforzarse en
generar capitales internos, con la consiguiente reducción de recursos para
atender las demandas de bienestar de una población crecientemente insatisfecha.
En ese contexto, Putin deberá descansar aún más en la
solidez de la Estrategia Nacional de la Energía, formulada en 2003, con el
objeto de confiar a este recurso el peso de la recuperación industrial de
Rusia. Las reservas de petróleo probadas de Rusia ascienden a 77.400 millones
de barriles, y las de gas a 44 billones de metros cúbicos, haciendo de Rusia el
principal productor y poseedor del 25% de las reservas energéticas del mundo.
La mencionada estrategia parece consistir en diversificar su industria
energética, saliendo del poco lucido papel de mero suministrador de materia
prima y entrar en la cadena integral de explotación. Otra faceta es acordar
contratos de duración media-larga, entre diez y quince años, a los que concede
importantes descuentos. Actualmente desea introducirse en el mercado eléctrico
de Alemania, en el suministro de gas a la República Checa, gasoductos con
Turquía, etc.
El liberal frustrado
Aunque los medios de opinión más neutrales están de
acuerdo en que Putin sí obtuvo suficientes votos genuinos en la elección
presidencial, las cifras oficiales del recuento resultaron, en opinión de esos
mismos medios, seriamente hinchadas. Las viejas prácticas todavía perduran: la
manifestación contra Putin en la víspera de la jura del cargo, en las cercanías
del Kremlin, fue aplastada con toda dureza por la policía. De todas formas,
antes de la elección, el portavoz del entonces primer ministro confesó a la BBC
que Putin era "un liberal incomprendido".
Para que acaben de comprenderle, Putin no para
de hacer invocaciones a la democracia y al imperio de la ley. En febrero último
dio una conferencia llena de reverencia por los principios democráticos.
"Creo - dijo - que la democracia incluye tanto el derecho fundamental del
pueblo a elegir el gobierno, como la posibilidad de influir siempre sobre él y
sobre sus procesos de decisión. De ahí que la democracia necesite mecanismos de
acción directa y regular, y canales eficientes para el diálogo, el control
publico, la comunicación y la accesibilidad del poder".
Son promesas ya oídas con anterioridad. Como lo son
sus apelaciones a la moralización del sistema judicial. Recientemente ha
dado a entender que urgirá a la judicatura a revisar el caso del
multimillonario encarcelado Mikail Jodorkovsky, anterior amo de la energética
Yukos. En el mencionado decreto de privatización se dan instrucciones para
sacar a Rusia del puesto 120 en el índice del Banco Mundial de facilidad a la
creación de empresas.
Putin necesita escuchar los primeros pronunciamientos
de François Hollande sobre su política internacional, para readaptar su política
europea a las nuevas circunstancias de Francia y su posición ante el euro. Pero
todavía debe aguardar a dos cosas: a que se produzcan los primeros encuentros
del presidente francés con la canciller alemana y con el presidente de Estados
Unidos. Bueno, pues a esperar como todos nosotros.
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