Es muy difícil que conserve la
paridad con Alemania
Publicado el
lunes 7 de mayo de 2012 en Capital Madrid
Antonio Sánchez-Gijón.– El presidente de la República
que los franceses se han dado este domingo se verá obligado a introducir las
reformas económicas, sociales e institucionales que Alemania llevó a cabo entre
el 2003-2007, y los países mediterráneos emprendieron entre 2010 y 2012. En
opinión del economista e historiador Nicolas Bavarez, Francia y Europa
"deberán decidir en el curso de los próximos años reinventarse o salirse
de la historia universal" (Le Monde, 6 de mayo). Las reformas de
Alemania conllevaron una fuerte devaluación del costo de la unidad de trabajo:
tomando 1999 como base 100, esos costos se habían reducido a 87 en 2011.
Con esto Alemania aumentó drásticamente su
competitividad, lo que ha permitido a su economía crecer, crear empleo y
producir excedentes comerciales y por cuenta corriente (euros 158.000 millones
y 135.000 millones respectivamente en el último ejercicio). En ese tiempo la
tasa de desempleo pasó del 12% al 6%. Y ha podido asumir el stress que
causa sobre su imagen de solvencia el hecho de mantener en pie la arquitectura
del euro, a pesar de las crisis de diversa naturaleza que aquejan a los países
de la eurozona.
Durante este tiempo, Francia no realizó ninguna
reforma significativa. Su producción se halla por debajo del nivel del 2007, su
tasa de desempleo por encima de la alemana y sus bancos comprometidos con las
deudas de otros países. Su déficit comercial alcanzó los euros 70.000 millones
en 2011. Su deuda pública se espera que alcance el 90% del PIB en 2012. Para
atenderla debe buscar en los mercados de capital euros 180.000 millones en 2012
y 200.000 en 2013. Su actual tasa de desempleo es del 10%. Es sabiduría
convencional de los expertos que cuando un país pide dinero para sufragar sus
gastos corrientes está indicando que ha entrado en crisis económica.
Pérdida global de la competitividad
Francia, sin embargo, ha logrado mantener su posición
central en todas las grandes decisiones que han dado una nueva
institucionalidad al euro en los últimos dos o tres años. Este es un
mérito que raramente se le ha reconocido al presidente Sarkozy, y que se
explica por la influencia de que Francia goza en la arquitectura política de
Europa, como contrapeso de una Alemania demasiado poderosa. Esta centralidad,
esta vanidad si se quiere, ha sido perjudicial para la toma de conciencia de
los franceses respecto de la pérdida global de competitividad de su economía.
Es dudoso que pueda seguir manteniendo esa posición privilegiada si el gobierno
no emprende el camino que muchos otros ya tomaron.
Se da por descontado que las reformas de los países
mediterráneos tardarán mucho más en dar fruto que las alemanas. Pero para que
lo logren es imprescindible que los países con economías mayores tiren de ellos
con su demanda. Como básicamente el modo de que los países del sur salgan de su
marasmo es a través de la devaluación de sus factores de producción (impedidos
como están de recurrir a la devaluación de la moneda nacional, a la que
renunciaron cuando aceptaron el euro), su principal esperanza de redención es
que las economías grandes y las solventes tiren de la demanda de sus productos
y servicios.
La fuerza de esta demanda está condicionada por la
capacidad de producir una revaluación de los factores internos en otros países
más saneados. Una vez más, Francia queda por detrás de Alemania a este
respecto: mientras desde 2008/9 Alemania ha revaluado sus factores de
producción 2,72%, Francia sólo lo ha hecho 1,87% (Paul de Grauwe, Center for
European Policy Studies, 2 de mayo 2012).
Francia está recargada por un pesado sistema social
que absorbe el 33% de la riqueza del país, y que no puede ser sufragado sin
déficit para las cuentas del estado. El gasto público alcanza el 56,6% del PIB
y los ingresos del fisco se llevan el 49% de la riqueza nacional. El saldo es
sufragado por una deuda pública que crece, pero que no da para satisfacer las
demandas de bienestar, especialmente las de los seis millones de franceses que
viven descontentos en los suburbios de las grandes ciudades, con explosiones
periódicas de violencia contestataria. Gran parte de esos problemas se originan
en la dificultad de integrar plenamente más de cinco millones de inmigrantes,
la mayoría de ellos musulmanes que se sienten excluidos de la promesa
republicana.
El futuro de su influencia, en cuestión
Francia ha estado influyendo en Europa por encima de
su peso específico durante el quinquenio presidencial de Sarkozy. Las razones
económicas de esto ya han sido mencionadas. Otras son de naturaleza
histórica, como su influencia en muchos países del África Subsahariana. Otras
son de naturaleza científica y tecnológica, con importantes empresas de rango
global, en la autoindustria, la aeroespacial, la biotecnología, etc. Hay
también razones geopolíticas. Una de ellas es el poderío militar francés, el
mayor de Europa y que incluye el arma nuclear.
En esta esfera ha ocupado un terreno que Alemania no
ha querido jugar; mejor dicho, del que Alemania no ha hecho sino retirarse.
Este factor militar era también clave para asegurar un factor de equilibrio
político con Gran Bretaña, a la que le une un tratado bilateral de fusión de
muchos de sus recursos defensivos. Era y es también un factor de influencia en
el seno de la OTAN, y por tanto de influencia suplementaria sobre Washington.
Otro factor de influencia es la soberanía sobre un puñado de posesiones
ultramarinas que le dotan de grandes zonas económicas marítimas exclusivas y
bases para proyectar poder e influencia en el entorno.
Una pérdida de "punch" francés en Europa
dejaría a Alemania más libre para imponer una interpretación restrictiva de la
disciplina fiscal recientemente aceptada por los países de la euro-zona. Sin
embargo, no puede haber comienzo de la recuperación económica de Francia si no
se hacen explícitas las causas de su estancamiento. Reconocerlas producirá
automáticamente una devaluación de su capacidad de influencia, pues ya no habrá
razón para seguir pretendiendo que Francia tiene derecho a ponerse "au
dessus de la mêlée" que afecta a tantos otros socios europeos, y autoridad
para seguir refrendando las normas que promulga Berlín.
Lo paradójico, sin embargo, es que sin tomar una alta
dosis de la medicina alemana que Sarkozy y Merkel han prescrito a los otros
socios del euro, no será posible una recuperación de la salud económica de
Francia. Si el paciente francés se niega a tomarla, entonces todos los socios
del euro, incluida Francia, sufriremos una crisis aguda de euritis.
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