martes, 15 de mayo de 2012

Hollande y Merkel, una relacción cada vez más incierta


Publicado el lunes 14 de mayo de 2012 en Capital Madrid

Antonio Sánchez-Gijón.– El encuentro en Berlín entre François Hollande y la canciller Merkel inmediatamente después de la toma de posesión de la presidencia francesa por aquél, iba a ser la ocasión de familiarizarse y medirse mutuamente los dos personajes, y poco más, porque después del encuentro todo iba a quedar pendiente del resultado de las elecciones parlamentarias francesas en junio próximo, que son las que aclararán con cuánto respaldo cuenta el nuevo presidente para desafiar las duras reformas impuestas por la canciller a las políticas económicas de los gobiernos de la zona euro.
Los problemas acumulados en la última semana en la euro-zona van a dar al encuentro del duopolio franco-alemán un carácter de "gabinete de crisis". Las crisis (bancaria de España y de naturaleza política en Atenas) se han desbocado en estos últimos días, amenazando el frágil programa de rescate de Grecia y anunciando la posibilidad de un programa de rescate para España.
Otro factor de desconcierto ha sido introducido por los desastrosos resultados de la cristiano-democracia en las elecciones celebradas ayer en el estado de Renania del Norte-Westphalia, lo cual añade incertidumbre a la fortaleza de las posiciones tomadas contra viento y marea por la canciller. Esos resultados alientan a Hollande a esperar un fortalecimiento, en Alemania, de la oposición socialdemócrata, contra la inamovible política de la actual canciller. Pero veamos cada cosa por su lado.
Capitalizar los bancos, capitalizar al estado
Al día siguiente de rescatar y nacionalizar Bankia, el gobierno español impuso a los bancos españoles la obligación de una recapitalización por euros 28.000 millones. Analistas europeos y norteamericanos estiman esa cantidad insuficiente, a la luz del hecho de que Bankia misma, con préstamos inmobiliarios por valor de 35.000 millones, posiblemente tenga casi la mitad de esa cantidad comprometida en activos dudosos. La deuda inmobiliaria con la totalidad de las entidades bancarias españolas rebasa con mucho los euros 200.000 millones, y el Banco de España estima que el 21% del total son "non performing", y hasta el 60% se halla en diverso grado de compromiso.
El nivel de recapitalización de los bancos exigido por Bruselas rebasa no sólo la capacidad de los bancos españoles sino también la del gobierno de darles su respaldo financiero. La situación se complica por el hecho de que los bancos han estado comprando, en los últimos meses, deuda del estado, hasta situarla en más de euros 200.000 millones. Al parecer en el consejo de ministros del 11 de mayo se especuló con la posibilidad de equilibrar la posición acreedora de los bancos con respecto al estado, por la asunción por parte del estado de las posiciones deudoras de los bancos. Pero estas son ideas difícilmente practicables en tiempo útil, y la medida más conducente en un tiempo relativamente corto sería el rescate de los bancos por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y el Mecanismo Europeo de Estabilidad, a lo que Angela Merkel no parece hacerle ascos.
La crisis griega, consistente en la falta de acuerdo entre los partidos para formar gobierno, está a punto de entrar en otra dilación, a la espera de que surja una nueva mayoría electoral que permita formarlo. Entretanto aumenta la cantidad e intensidad de las voces que piden la salida griega de la moneda común.
Roces probables entre Francia y Alemania
Hollande y Merkel necesitan darse tiempo el uno y la otra para no tener que declarar la incompatibilidad de sus posiciones públicas, consistentes básicamente en que Francia exigirá un pacto de crecimiento complementario del pacto d estabilidad fiscal, y en que Alemania no puede consentir una desviación de los objetivos de déficit establecidos por tratado y exigidos por puntillosos organismos de la Unión. El presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, respalda la creación de estímulos al crecimiento, pero Juncker cesará pronto en su cargo, y la sucesión puede ser tomada por Hollande como una oportunidad de ceder algo a Alemania, para que Alemania ceda algo en lo del crecimiento. Y así admitiría que el actual ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäuble, ocupase el puesto de Juncker y supervisase un programa expansivo. El ministro alemán acaba de manifestar que no da por excluida la posibilidad de ese cambio de puesto.
Sin embargo, el posible pase de Schäuble al Eurogrupo reduciría aún más la posibilidad de que el Banco Central Europeo entre siquiera a considerar la emisión de eurobonos. El presidente del Banco Central alemán, Jens Weidmann, declaró en Le Monde de ayer domingo que "una modificación de los estatutos del Banco Central Europeo sería peligroso". Hollande necesita algo a cambio de resignarse a la imposibilidad de crear los eurobonos en algún momento futuro.
Los desastrosos resultados de la cristiano-democracia en las elecciones celebradas ayer en el estado de Renania del Norte-Westphalia añaden incertidumbre a la fortaleza de las posiciones tomadas contra viento y marea por la canciller. Esos resultados alientan a Hollande a esperar un fortalecimiento, en Alemania, de la oposición socialdemócrata, contra la inamovible política de la actual canciller.
Lo malo es que el bisoño presidente ya está bastante frustrado por la negativa de plano, por parte de Alemania, a reabrir el pacto fiscal de estabilidad, signado por 25 países el pasado 2 de marzo, tema que era uno de los puntos prioritarios de su programa electoral. A este respecto el presidente Weidmann fue también rotundo con las pretensiones de Hollande: "Está claro que hace falta rechazar su reivindicación de campaña, de deshacer el pacto fiscal europeo... Hay una costumbre europea que exige que se cumplan los acuerdos que se firman". De una forma menos ruda había dicho lo mismo pocos días antes la canciller: "En Alemania pensamos, y yo también lo pienso, que el pacto fiscal no es negociable".
Hollande asume su presidencia con no muy buenos augurios en el tema fiscal. El Fondo Monetario Internacional ha dado a entender que Francia no alcanzará en 2013 el objetivo de déficit del 3%, situándolo más bien en 3,9%. Esta brecha debe ser vista en perspectiva, considerando el enorme esfuerzo fiscal llevado a cabo por el presidente Sarkozy: Francia registró en 2009 un déficit fiscal del 7,5% del PIB, y el de este año, fijado por el presidente saliente, es del 5,3%, similar al que el gobierno español se ha comprometido a alcanzar.
Los recortes necesarios para mantener el actual compromiso francés de déficit son difícilmente compatibles con el programa electoral de Hollande, que comprende incentivos a la industria, 60.000 puestos de enseñanza nuevos y mantenimiento del nivel de empleo de la administración. De todas formas, el déficit de este año se estima que alcanzará los euros 84.800 millones, debido en parte a que la economía apenas crece, estimándose para este año en 0,5%.
Resumiendo, es difícil que el encuentro Hollande-Merkel de pasado mañana arroje luz sobre las más críticas cuestiones europeas, pues no se han despejado incógnitas fundamentales en ninguno de los países mencionados en este artículo: Grecia, España, Francia y Alemania.

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