Publicado el
lunes 14 de mayo de 2012 en Capital Madrid
Antonio Sánchez-Gijón.– El encuentro en Berlín entre
François Hollande y la canciller Merkel inmediatamente después de la toma de
posesión de la presidencia francesa por aquél, iba a ser la ocasión de
familiarizarse y medirse mutuamente los dos personajes, y poco más, porque
después del encuentro todo iba a quedar pendiente del resultado de las elecciones
parlamentarias francesas en junio próximo, que son las que aclararán con cuánto
respaldo cuenta el nuevo presidente para desafiar las duras reformas impuestas
por la canciller a las políticas económicas de los gobiernos de la zona euro.
Los problemas acumulados en la última semana en la
euro-zona van a dar al encuentro del duopolio franco-alemán un carácter de
"gabinete de crisis". Las crisis (bancaria de España y de naturaleza
política en Atenas) se han desbocado en estos últimos días, amenazando el
frágil programa de rescate de Grecia y anunciando la posibilidad de un programa
de rescate para España.
Otro factor de desconcierto ha sido introducido por
los desastrosos resultados de la cristiano-democracia en las elecciones
celebradas ayer en el estado de Renania del Norte-Westphalia, lo cual añade
incertidumbre a la fortaleza de las posiciones tomadas contra viento y marea
por la canciller. Esos resultados alientan a Hollande a esperar un
fortalecimiento, en Alemania, de la oposición socialdemócrata, contra la
inamovible política de la actual canciller. Pero veamos cada cosa por su lado.
Capitalizar los bancos, capitalizar al estado
Al día siguiente de rescatar y nacionalizar Bankia, el
gobierno español impuso a los bancos españoles la obligación de una
recapitalización por euros 28.000 millones. Analistas europeos y
norteamericanos estiman esa cantidad insuficiente, a la luz del hecho de que
Bankia misma, con préstamos inmobiliarios por valor de 35.000 millones,
posiblemente tenga casi la mitad de esa cantidad comprometida en activos
dudosos. La deuda inmobiliaria con la totalidad de las entidades bancarias
españolas rebasa con mucho los euros 200.000 millones, y el Banco de España
estima que el 21% del total son "non performing", y hasta el 60% se halla
en diverso grado de compromiso.
El nivel de recapitalización de los bancos exigido por
Bruselas rebasa no sólo la capacidad de los bancos españoles sino también la
del gobierno de darles su respaldo financiero. La situación se complica por el
hecho de que los bancos han estado comprando, en los últimos meses, deuda del
estado, hasta situarla en más de euros 200.000 millones. Al parecer en el
consejo de ministros del 11 de mayo se especuló con la posibilidad de
equilibrar la posición acreedora de los bancos con respecto al estado, por la
asunción por parte del estado de las posiciones deudoras de los bancos. Pero
estas son ideas difícilmente practicables en tiempo útil, y la medida más
conducente en un tiempo relativamente corto sería el rescate de los bancos por
el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y el Mecanismo Europeo de
Estabilidad, a lo que Angela Merkel no parece hacerle ascos.
La crisis griega, consistente en la falta de acuerdo
entre los partidos para formar gobierno, está a punto de entrar en otra
dilación, a la espera de que surja una nueva mayoría electoral que permita
formarlo. Entretanto aumenta la cantidad e intensidad de las voces que piden la
salida griega de la moneda común.
Roces probables entre Francia y Alemania
Hollande y Merkel necesitan darse tiempo el uno y la
otra para no tener que declarar la incompatibilidad de sus posiciones públicas,
consistentes básicamente en que Francia exigirá un pacto de crecimiento
complementario del pacto d estabilidad fiscal, y en que Alemania no puede
consentir una desviación de los objetivos de déficit establecidos por tratado y
exigidos por puntillosos organismos de la Unión. El presidente del Eurogrupo,
Jean Claude Juncker, respalda la creación de estímulos al crecimiento, pero
Juncker cesará pronto en su cargo, y la sucesión puede ser tomada por Hollande
como una oportunidad de ceder algo a Alemania, para que Alemania ceda algo en
lo del crecimiento. Y así admitiría que el actual ministro alemán de Hacienda,
Wolfgang Schäuble, ocupase el puesto de Juncker y supervisase un programa
expansivo. El ministro alemán acaba de manifestar que no da por excluida la
posibilidad de ese cambio de puesto.
Sin embargo, el posible pase de Schäuble al Eurogrupo
reduciría aún más la posibilidad de que el Banco Central Europeo entre siquiera
a considerar la emisión de eurobonos. El presidente del Banco Central alemán,
Jens Weidmann, declaró en Le Monde de ayer domingo que "una modificación
de los estatutos del Banco Central Europeo sería peligroso". Hollande
necesita algo a cambio de resignarse a la imposibilidad de crear los eurobonos
en algún momento futuro.
Los desastrosos resultados de la cristiano-democracia
en las elecciones celebradas ayer en el estado de Renania del Norte-Westphalia
añaden incertidumbre a la fortaleza de las posiciones tomadas contra viento y
marea por la canciller. Esos resultados alientan a Hollande a esperar un
fortalecimiento, en Alemania, de la oposición socialdemócrata, contra la
inamovible política de la actual canciller.
Lo malo es que el bisoño presidente ya está bastante
frustrado por la negativa de plano, por parte de Alemania, a reabrir el pacto
fiscal de estabilidad, signado por 25 países el pasado 2 de marzo, tema que era
uno de los puntos prioritarios de su programa electoral. A este respecto el
presidente Weidmann fue también rotundo con las pretensiones de Hollande:
"Está claro que hace falta rechazar su reivindicación de campaña, de
deshacer el pacto fiscal europeo... Hay una costumbre europea que exige que se
cumplan los acuerdos que se firman". De una forma menos ruda había dicho
lo mismo pocos días antes la canciller: "En Alemania pensamos, y yo
también lo pienso, que el pacto fiscal no es negociable".
Hollande asume su presidencia con no muy buenos
augurios en el tema fiscal. El Fondo Monetario Internacional ha dado a entender
que Francia no alcanzará en 2013 el objetivo de déficit del 3%, situándolo más
bien en 3,9%. Esta brecha debe ser vista en perspectiva, considerando el enorme
esfuerzo fiscal llevado a cabo por el presidente Sarkozy: Francia registró en
2009 un déficit fiscal del 7,5% del PIB, y el de este año, fijado por el
presidente saliente, es del 5,3%, similar al que el gobierno español se ha
comprometido a alcanzar.
Los recortes necesarios para mantener el actual
compromiso francés de déficit son difícilmente compatibles con el programa
electoral de Hollande, que comprende incentivos a la industria, 60.000 puestos
de enseñanza nuevos y mantenimiento del nivel de empleo de la administración.
De todas formas, el déficit de este año se estima que alcanzará los euros
84.800 millones, debido en parte a que la economía apenas crece, estimándose
para este año en 0,5%.
Resumiendo, es difícil que el encuentro
Hollande-Merkel de pasado mañana arroje luz sobre las más críticas cuestiones
europeas, pues no se han despejado incógnitas fundamentales en ninguno de los
países mencionados en este artículo: Grecia, España, Francia y Alemania.
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