martes, 15 de mayo de 2012

Europa mira con lupa el despilfarro autonómico en España


Rajoy consigue, pese a la subida de la prima, tranquilizar en lo demás
Publicado el viernes 13 de abril de 2012 en Capital Madrid

Antonio Sánchez-Gijón.– La incidencia que las cuentas de las autonomías puedan tener sobre la salud general de la economía española está en el foco de atención de Europa, y se ha situado en el centro del debate político en España. Primero fue la presentación de los presupuestos generales del estado. Los mercados los consideraron insuficientemente ahorrativos y castigaron la deuda española. El gobierno se apresuró entonces a añadir 10.000 millones de euros a los recortes. Tampoco así obtuvo su complacencia, como evidenció la gran subida de la prima de riesgo que siguió al anuncio. En respuesta, el Gobierno ha xplicado que 7.000 millones serían recortados de la Sanidad y 3.000 millones de Educación, funciones ambas bajo el control casi total de las autonomías.
Entonces las cosas empezaron a cambiar, cuando quedó claro que las autonomías también iban a comprometerse con las reformas. ¿Influyó esto en que Bruselas, Berlín y París redujesen su escepticismo sobre el esfuerzo y los recortes presupuestarios españoles, lanzando de esa forma un mensaje de calma a los mercados?
Es probable. El portavoz de la Comisión de la UE, Olivier Bailly, tocó ayer dos notas distintas sobre los problemas de España: una de confianza en los bancos españoles; otra con reservas sobre las finanzas públicas por causa de las autonomías. Sobre los primeros aseguró que España no necesitará ayuda financiera para recapitalizar sus bancos. Sobre las segundas dijo que la Comisión no tiene aún una visión completa de los esfuerzos españoles para consolidar sus finanzas públicas: hace falta que Madrid aporte, además de los presupuestos generales del estado, los planes de gasto de las 17 comunidades autónomas: "Hay una diferencia entre el presupuesto del gobierno central y el presupuesto del estado español", dijo. Mientras no los tengamos "no podemos proporcionar una evaluación total ni, por lo tanto, hacer recomendaciones a las autoridades españolas". La previsible batalla entre el gobierno y las autonomías sobre el recorte a tan importantes competencias autonómicas no augura que a Bruselas se le pueda dar una pronta respuesta.
En los otros "negociados" de la crisis las cosas podrían empezar a mejorar a corto plazo. Fue muy positiva la reacción del ministerio de Finanzas alemán ante el nuevo paquete de ahorros anunciado por el gobierno, aunque no incidió en la cuestión de las autonomías. Su portavoz, Johannes Blankenheim, dijo ayer que "desde el inicio de la crisis, España ha llevado amplias reformas en muchas áreas, incluyendo su política financiera, el mercado laboral y el sector bancario", y deploró que "los mercados no reconozcan plenamente estos enormes esfuerzos de reforma". La economía española, comentó, está "mejor que (la de) muchos países industrializados que no forman parte de la zona euro". En la misma línea se manifestó la portavoz del gobierno francés, Valerie Pecresse, quien declaró que "el temor que se expresa hoy sobre la salud de España es excesivo". Hasta el Banco Central Europeo se apuntó a la fiesta española: su consejero Benoit Coeure criticó a los mercados, porque lo que está pasando en estos momentos "no refleja los fundamentos".
Entra Esperanza Aguirre
La centralidad que las cuentas de las autonomías han adquirido en el debate sobre la crisis fiscal y financiera, producida por las deudas pública y privada, empieza a desbordarse hacia el ámbito político y constitucional. Existe el riesgo de que la cuestión se complique por la aparición de tensiones de carácter identitario, que se venían suscitando en Cataluña desde hace meses por su aspiración a un concierto económico y la vía independentista adoptada por el partido de la Generalidad, Convergencia i Unió, y en el País Vasco por la siempre renovada afirmación de soberanismo por sus partidos nacionalistas.
El salto más novedoso y sorpresivo al centro del debate lo ha producido la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, con su petición de que las autonomías devuelvan al estado las competencias en materia de sanidad, educación y justicia. Se estima que las dos primeras representan el 80% del gasto de las comunidades. Aguirre cree que los recortes en las autonomías ahorrarían 48.000 euros, y afirmó la necesidad de "revisar todo el estado de las autonomías de raíz". Las declaraciones de la presidenta de Madrid resultan más "provocativas" si se considera que las hizo al salir de su entrevista con el presidente del gobierno, en el palacio de la Moncloa. Han sido unas declaraciones hechas con una gran nonchalance, seguramente con la intención de agitar el debate. De una forma o de otra, éste está ya lanzado. El presidente del gobierno, sin embargo, quiso mostrar que no "entra al trapo" que le presentaba Aguirre, pues no tardó en manifestar que las autonomías son parte del ordenamiento constitucional, y que no se propone recuperar las competencias señaladas por Aguirre.
Las cuestiones presupuestarias del estado autonómico tienen una tendencia a suscitar problemas constitucionales. No de otra naturaleza es la observación del presidente de la Generalidad catalana, Artur Mas, de que existen comunidades "artificiales". Otro problema no menor es la asentada práctica de los estatutos de autonomía de hacer alusión al "pueblo" andaluz, valenciano, de Cataluña, etc., o la de fijar porcentajes de inversiones netas del estado en obras en sus territorios. Ayer el diario Libertad Digital atribuía al anterior presidente del gobierno, José María Aznar, la afirmación de que la prima de riesgo de España es consecuencia de una nación compuesta por diecisiete mini-estados.
La crisis económica española, sobre la que los problemas fiscales de las autonomías ejercen una gran presión, está ya en el centro de la política europea de España. Sería recomendable que el calor de las disputas políticas en torno a este problema dejara paso a meditados estudios comparativos, a la luz de la propia experiencia española y la de otros estados descentralizados de Europa, federados o no, y unitarios. Labor que, naturalmente, no se puede dejar en manos de los políticos, o no solamente en sus manos.

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