Berlín y Roma realizan preparativos
en la sombra
Publicado el
jueves 3 de mayo de 2012 en Capital Madrid
Antonio Sánchez-Gijón.– El último entretenimiento
geopolítico de Europa ha sido la cuestión de quién compartirá la corona
bicéfala (si tal cosa existe) de Europa si el presidente Sarkozy pierde la
elección presidencial este próximo domingo, cosa bastante probable. Es decir,
quién será el nuevo "partenaire" de la canciller Angela Merkel;
porque se da por supuesto que si Sarkozy pierde, su sucesor en el Elíseo,
François Hollande, no puede ocupar ese lugar por hallarse en los antípodas
ideológicos de la alemana y por propugnar políticas de expansión para remontar
la crisis del euro, contrarias a las restrictivas impuestas por la pareja
Merkozy.
Los italianos se han precipitado a candidatear a su
primer ministro, Mario Monti, de quien se espera que introduzca en las rígidas
políticas de austeridad vigentes una vocación por el crecimiento. Sin embargo,
la posible aparición en escena de un líder socialista en Francia puede más bien
ser la ocasión para una estructura distinta del liderazgo europeo. Veamos las
dos cosas.
¿Monti en el doble liderazgo?
Una reciente revelación del diario La Repubblica daba
cuenta de unas tratativas secretas entre la mano derecha de Monti, Enzo
Moavero, y el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, con el fin de
teatralizar una "fuerte sincronización política" en el Bundestag y en
el parlamento italiano, en las respectivas tramitaciones de los tratados
europeos de Estabilidad Fiscal y de reforma del Mecanismo Europeo de
Estabilidad. Merkel y Monti estarían presentes en Berlín y Roma durante los actos
de aprobación parlamentaria, y harían una "declaración solemne" sobre
el común destino europeo. El diario ve en esta puesta en escena la intención de
sustituir a París por Roma "en el trato privilegiado con Berlín".
Esta iniciativa, si es cierta y se materializa, no
debería ser tratada con escepticismo o ironía. Europa lleva dos o tres años
conducida a cara de perro a lo largo de un lúgubre camino de penitencia fiscal.
No le vendrían mal uno o dos discursos de esperanza y redención. Nadie en
Europa se ha tomado la molestia en ese tiempo en emplear algo de buena retórica
para consolarnos en este purgatorio. Con Monti, además, los europeos
"periféricos" nos veríamos más identificados con Roma que con París,
porque es un país tan pecador como cualquier otro del sur europeo.
Muchos ven en aquella iniciativa un intento de Angela
Merkel de contar con un socio fiel que sustituya a Sarkozy si éste pierde la
presidencia. Hollande representa lo que Merkel quiere barrer de Europa:
complacencia con unas estructuras socioeconómicas a las que ella atribuye la
crisis del euro. Desde luego el programa electoral de Hollande es incompatible
con todo lo que se ha estado haciendo en Europa en los últimos años, y aún si
Hollande reformara su programa de gobierno, todo el proceso puesto en marcha
para alcanzar la solvencia fiscal y financiera tendría que volver a la sala de
montaje. Y aún en el mejor de los casos difícilmente estaría a punto para la
cumbre europea de junio.
En la cuestión del coliderazgo europeo, el problema es
que Italia no tiene el peso económico ni geopolítico que Francia. Además,
mientras otros líderes europeos pueden tener carisma o prestigio, un presidente
francés siempre goza de un grado connatural de influencia. Italia, además, se
halla inmersa en la reconstrucción de su debilitada fábrica fiscal y
financiera, mientras Francia, a pesar de los problemas de su banca, se halla de
momento a salvo.
Ocurre también que Alemania y Merkel se van a mover,
se están moviendo, para acomodarse a las nuevas circunstancias. Antes de la
cumbre de junio se celebrarán elecciones en dos estados de la República
Federal (Schsleswig-Holstein y Rhin Norte-Westfalia). Merkel no tiene más
remedio que contar con el partido socialdemócrata para aprobar los pactos
europeos, pues la constitución exige una mayoría de dos tercios, que sólo
aquéllos le pueden asegurar, pero le exigen a cambio que introduzca la
tasa Tobin e inversiones europeas para estimular el crecimiento. La canciller
dio a entender recientemente que pronto se ocupará de esta cuestión:
"Puedo imaginar una mayor potenciación del Banco Europeo de
Inversiones", dijo recientemente al Leipziger Volkszeitung.
Títulos todavía insuficientes
Monti no está mostrando grandes resultados de sus
planes de reforma. La cerrada oposición de los sindicatos obligó al gobierno a
moderar el proyecto de ley de reforma laboral. Los jueces seguirán conservando
la potestad de recolocar en su empresa a los trabajadores que habiendo sido
despedidos por razones económicas rechacen la indemnización. Esta fue una
imposición del Partido Democrático, miembro de la coalición que apoya a Monti.
Los recortes fiscales que Monti se propone realizar en
este año palidecen en comparación con los del gobierno español. Aunque todos
los ministros han recibido instrucciones de hacer recortes importantes de cara
al próximo presupuesto, para este año se ha propuesto un recorte de sólo euros
4.200 millones. El diputado de Futuro e Libertà, Italo Bocchino, ha dicho que
esta exigua reducción es "una tomadura de pelo del gobierno a los
italianos". Por otra parte, causará irritación en Berlín el propósito de
Monti de no computar en el déficit las inversiones públicas.
Como en el caso español, gran parte de los recortes se
difieren parcialmente al futuro. Se especula con la necesidad de que el recorte
sea más del 27% del presupuesto actual de euros 295.000 millones, esto es, unos
80.000 millones. También se prevé para el cuarto trimestre la subida del IVA,
desde el 10% al 12% y del 21% al 23% según sus tipos.
Puede que la parsimonia y carencia de drama que tienen
las reformas de Italia se deban a que el paro, aunque crece rápidamente, no
representa todavía la tragedia que en España. Si, según Eurostat, en diciembre
del 2011 el paro era del 8,9%, en marzo ha alcanzado el 9,8. Donde más
alarmante resulta es entre la juventud de 15 a 24 años, con un paro de 35,9%.
Está bien que Italia se incorpore al núcleo central
del liderazgo europeo. Junto con Merkel y Hollande, Monti puede moderar al
presidente neófito. Junto a Merkel y Sarkozy, podrá moderar a Merkel.
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