martes, 15 de mayo de 2012

Monti, colocado en preferente para entrar en el 'núcleo duro' europeo

Berlín y Roma realizan preparativos en la sombra
Publicado el jueves 3 de mayo de 2012 en Capital Madrid
Antonio Sánchez-Gijón.– El último entretenimiento geopolítico de Europa ha sido la cuestión de quién compartirá la corona bicéfala (si tal cosa existe) de Europa si el presidente Sarkozy pierde la elección presidencial este próximo domingo, cosa bastante probable. Es decir, quién será el nuevo "partenaire" de la canciller Angela Merkel; porque se da por supuesto que si Sarkozy pierde, su sucesor en el Elíseo, François Hollande, no puede ocupar ese lugar por hallarse en los antípodas ideológicos de la alemana y por propugnar políticas de expansión para remontar la crisis del euro, contrarias a las restrictivas impuestas por la pareja Merkozy.
Los italianos se han precipitado a candidatear a su primer ministro, Mario Monti, de quien se espera que introduzca en las rígidas políticas de austeridad vigentes una vocación por el crecimiento. Sin embargo, la posible aparición en escena de un líder socialista en Francia puede más bien ser la ocasión para una estructura distinta del liderazgo europeo. Veamos las dos cosas.
¿Monti en el doble liderazgo?
Una reciente revelación del diario La Repubblica daba cuenta de unas tratativas secretas entre la mano derecha de Monti, Enzo Moavero, y el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, con el fin de teatralizar una "fuerte sincronización política" en el Bundestag y en el parlamento italiano, en las respectivas tramitaciones de los tratados europeos de Estabilidad Fiscal y de reforma del Mecanismo Europeo de Estabilidad. Merkel y Monti estarían presentes en Berlín y Roma durante los actos de aprobación parlamentaria, y harían una "declaración solemne" sobre el común destino europeo. El diario ve en esta puesta en escena la intención de sustituir a París por Roma "en el trato privilegiado con Berlín".
Esta iniciativa, si es cierta y se materializa, no debería ser tratada con escepticismo o ironía. Europa lleva dos o tres años conducida a cara de perro a lo largo de un lúgubre camino de penitencia fiscal. No le vendrían mal uno o dos discursos de esperanza y redención. Nadie en Europa se ha tomado la molestia en ese tiempo en emplear algo de buena retórica para consolarnos en este purgatorio. Con Monti, además, los europeos "periféricos" nos veríamos más identificados con Roma que con París, porque es un país tan pecador como cualquier otro del sur europeo.
Muchos ven en aquella iniciativa un intento de Angela Merkel de contar con un socio fiel que sustituya a Sarkozy si éste pierde la presidencia. Hollande representa lo que Merkel quiere barrer de Europa: complacencia con unas estructuras socioeconómicas a las que ella atribuye la crisis del euro. Desde luego el programa electoral de Hollande es incompatible con todo lo que se ha estado haciendo en Europa en los últimos años, y aún si Hollande reformara su programa de gobierno, todo el proceso puesto en marcha para alcanzar la solvencia fiscal y financiera tendría que volver a la sala de montaje. Y aún en el mejor de los casos difícilmente estaría a punto para la cumbre europea de junio.
En la cuestión del coliderazgo europeo, el problema es que Italia no tiene el peso económico ni geopolítico que Francia. Además, mientras otros líderes europeos pueden tener carisma o prestigio, un presidente francés siempre goza de un grado connatural de influencia. Italia, además, se halla inmersa en la reconstrucción de su debilitada fábrica fiscal y financiera, mientras Francia, a pesar de los problemas de su banca, se halla de momento a salvo.
Ocurre también que Alemania y Merkel se van a mover, se están moviendo, para acomodarse a las nuevas circunstancias. Antes de la cumbre de junio se celebrarán elecciones en dos estados de la República Federal  (Schsleswig-Holstein y Rhin Norte-Westfalia). Merkel no tiene más remedio que contar con el partido socialdemócrata para aprobar los pactos europeos, pues la constitución exige una mayoría de dos tercios, que sólo aquéllos le pueden asegurar, pero le exigen a cambio que  introduzca la tasa Tobin e inversiones europeas para estimular el crecimiento. La canciller dio a entender recientemente que pronto se ocupará de esta cuestión: "Puedo imaginar una mayor potenciación del Banco Europeo de Inversiones", dijo recientemente al Leipziger Volkszeitung.
Títulos todavía insuficientes
Monti no está mostrando grandes resultados de sus planes de reforma. La cerrada oposición de los sindicatos obligó al gobierno a moderar el proyecto de ley de reforma laboral. Los jueces seguirán conservando la potestad de recolocar en su empresa a los trabajadores que habiendo sido despedidos por razones económicas rechacen la indemnización. Esta fue una imposición del Partido Democrático, miembro de la coalición que apoya a Monti.
Los recortes fiscales que Monti se propone realizar en este año palidecen en comparación con los del gobierno español. Aunque todos los ministros han recibido instrucciones de hacer recortes importantes de cara al próximo presupuesto, para este año se ha propuesto un recorte de sólo euros 4.200 millones. El diputado de Futuro e Libertà, Italo Bocchino, ha dicho que esta exigua reducción es "una tomadura de pelo del gobierno a los italianos". Por otra parte, causará irritación en Berlín el propósito de Monti de no computar en el déficit las inversiones públicas.
Como en el caso español, gran parte de los recortes se difieren parcialmente al futuro. Se especula con la necesidad de que el recorte sea más del 27% del presupuesto actual de euros 295.000 millones, esto es, unos 80.000 millones. También se prevé para el cuarto trimestre la subida del IVA, desde el 10% al 12% y del 21% al 23% según sus tipos.
Puede que la parsimonia y carencia de drama que tienen las reformas de Italia se deban a que el paro, aunque crece rápidamente, no representa todavía la tragedia que en España. Si, según Eurostat, en diciembre del 2011 el paro era del 8,9%, en marzo ha alcanzado el 9,8. Donde más alarmante resulta es entre la juventud de 15 a 24 años, con un paro de 35,9%.
Está bien que Italia se incorpore al núcleo central del liderazgo europeo. Junto con Merkel y Hollande, Monti puede moderar al presidente neófito. Junto a Merkel y Sarkozy, podrá moderar a Merkel.

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