Antonio Sánchez-Gijón.-
El partido religioso Libertad y Justicia (Hermanos Musulmanes) que obtuvo una
resonante victoria en las últimas elecciones al parlamento egipcio, y que
además domina la asamblea que ha de dar una nueva constitución al país, acaba
de lanzar la definitiva apuesta por la totalidad de los poderes políticos de
Egipto al presentar un candidato presidencial para unas elecciones que se
celebrarán a dos vueltas a partir de mayo (días 23-24, y 16-17 de junio). El
único bloque de poder que podría contrarrestar el de la Hermandad es el
que las fuerzas armadas recibieron
intacto del régimen del depuesto presidente y general, Hosni Mubarak. Y parece que
ese bloque va a moderar las ansias de los “hermanos”. Película de los hechos.
Este sábado la
Hermandad anunció que su candidato sería Jairat el-Shater, el segundo alto
cargo de la organización, empresario, millonario y durante doce años prisionero
del régimen anterior. El-Shater ha declarado su preferencia por un gobierno
islamista, pero tolerante respecto de la pluralidad política y religiosa del
país.
La Hermandad, con esta
selección de un candidato, ha roto la promesa hecha antes de las elecciones
parlamentarias de renunciar a presentar uno, con el indudable objetivo de no
alarmar prematuramente a las fuerzas armadas y a las potencias extranjeras
sobre la amenaza de su control absoluto del poder. Finalmente, eso es lo que pretende.
Segunda
promesa rota
Hay un interés
desacostumbrado por estas elecciones, a la que ya se han presentado novecientos
candidatos de todo pelaje. Aparte de el-Shater, uno de los pocos con notoriedad
es el ex-ministro de Exteriores de Mubarak y ex-secretario general de la Liga
Árabe, Amr Moussa. Otro menos conocido pero más inquietante es Hazem Salá Abu
Ismail, alineado con la ideología de los salafistas, quien predica la
instauración de los códigos legales islámicos y muestra hostilidad a Occidente.
El PLyJ justificó su
decisión en el hecho de que figuras del antiguo régimen, como Omar Solimán,
anterior jefe de inteligencia y vicepresidente, se estaban postulando para la elección
presidencial.
Los sectores más
moderados y centristas del espectro político egipcio consideran que la del
candidato presidencial no es la única promesa que la HM rompe. Después de ganar
las elecciones parlamentarias, los “hermanos” y los salafistas prometieron que
la redacción de una nueva constitución sería un proceso abierto a todas las
fuerzas políticas y religiosas, y que debería redactarse con un amplio consenso.
Una vez ganadas las
elecciones parlamentarias abrumadoramente, la Hermandad volvió a calmar las
ansiedades de los otros grupos prometiendo que el parlamento sólo nombraría el
40% de los miembros de la asamblea constitucional, dejando el 60% de los
puestos para no parlamentarios, representativos de la vida social y académica.
A la hora de la verdad, el parlamento, dominado por los “hermanos”, determinó
que su composición sería 50-50.
Finalmente, la mitad
parlamentaria de la asamblea constituyente incluyó sólo catorce diputados no
pertenecientes a la HM o Nour. Sólo seis eran cristianos. Y sólo seis son
mujeres. Puede decirse que no hay representación de los jóvenes que hicieron la
revolución que tumbó a Mubarak.
Los dos partidos islamistas
alienaron aún más a los grupos moderados o liberales del espectro político al
nombrar para la asamblea constituyente, como miembros no parlamentarios, a hombres
de negocios, banqueros, sindicalistas, etc., relacionados de una forma o de
otra con ellos. Cinco partidos políticos laicos de la izquierda y la derecha
anunciaron hace pocos días su renuncia a participar en una asamblea constituyente
dominada por el PLyJ y Nour. Representantes de la universidad al-Azhar y los
cristianos escogidos para la asamblea anunciaron posteriormente que también se
retiraban.
Los grupos autoexcluidos
prometieron formar su propia asamblea constituyente. Si esto llegase a
materializarse, sería previsible que todo el proceso de transición política
egipcio entrara en crisis. La señal más fuerte de que esto estaba a punto de
ocurrir fue el anuncio de retirada de la universidad al-Azhar. Inmediatamente
se sucedieron consultas entre el liderazgo de los islamistas y el jefe del
Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, mariscal Hussein Tantawi. Después de
estas consultas un representante del partido
islamista anunció la voluntad de que diez de sus miembros en la asamblea
renunciasen a sus cargos y fuesen sustituidos por diez suplentes centristas.
Esta fórmula también fue rechazada por algunos partidos de la oposición
parlamentaria.
Los
militares trazan el terreno de juego
El país se rige de
momento por una declaración constitucional promulgada por los militares una vez
depuesto el presidente Mubarak. En noviembre del 2011 emitieron un proyecto de
“principios supraconstitucionales”, que esperan ver respetados por todas las
fuerzas políticas y que todas ellas no se atreven todavía a desafiar. Esos
principios darían a las fuerzas armadas la potestad de administrar su propio
presupuesto, que incluye ingresos sustanciales por diversos conceptos,
empresariales unos, de servicios públicos otros.
Aunque la HM podría
dominar las calles en el caso de una confrontación con la junta militar, es
dudoso que lo haga a la vista de la propia experiencia adquirida en su
accidentada existencia en Egipto y el antecedente de las elecciones argelinas
de 1991, que dieron el poder a los islamistas, provocando una reacción del
ejército y el Frente de Liberación Nacional, que sumió Argelia en una larga
guerra civil. De hecho, la HM ha operado en estrecha consulta con la junta
militar en todo el proceso político egipcio.
La propia existencia de
la asamblea constituyente está todavía en el alero: el Tribunal Administrativo
Superior debe dictaminar el próximo día 10 si la asamblea ha sido formada
conforme a la ley.
A pesar de la crisis
política y las consiguientes dificultades económicas, el país aún no ha caído
en la falta de suministros básicos. Lo ha logrado emitiendo deuda del tesoro,
que ha pasado de 10% de interés al 16% en pocos meses. La junta asegura que el
nuevo presupuesto militar se mantiene en niveles moderados (5% del presupuesto
total), la mitad de lo reservado para la educación. Los militares, sin embargo,
tienen otras fuentes de ingresos, como ayuda exterior ($1.300 millones de
Estados Unidos), misiones pagadas de su ejército en el extranjero, proyectos de
desarrollo, etc.
La conclusión más
clara, aunque quizás todavía provisional, sobre esta crisis es que, en última
instancia, y como dijo el teniente general que presentó el presupuesto, “los
militares son la última fuente del patriotismo y que no dejarán que el país se
hunda”.
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