martes, 15 de mayo de 2012

LOS ISLAMISTAS EGIPCIOS INTENTAN CONTROLAR TODO EL PODER

Publicado el 2 de abril de 2012 en Capital Madrid

Antonio Sánchez-Gijón.- El partido religioso Libertad y Justicia (Hermanos Musulmanes) que obtuvo una resonante victoria en las últimas elecciones al parlamento egipcio, y que además domina la asamblea que ha de dar una nueva constitución al país, acaba de lanzar la definitiva apuesta por la totalidad de los poderes políticos de Egipto al presentar un candidato presidencial para unas elecciones que se celebrarán a dos vueltas a partir de mayo (días 23-24, y 16-17 de junio). El único bloque de poder que podría contrarrestar el de la Hermandad es el que  las fuerzas armadas recibieron intacto del régimen del depuesto presidente y general, Hosni Mubarak. Y parece que ese bloque va a moderar las ansias de los “hermanos”. Película de los hechos.
Este sábado la Hermandad anunció que su candidato sería Jairat el-Shater, el segundo alto cargo de la organización, empresario, millonario y durante doce años prisionero del régimen anterior. El-Shater ha declarado su preferencia por un gobierno islamista, pero tolerante respecto de la pluralidad política y religiosa del país.
La Hermandad, con esta selección de un candidato, ha roto la promesa hecha antes de las elecciones parlamentarias de renunciar a presentar uno, con el indudable objetivo de no alarmar prematuramente a las fuerzas armadas y a las potencias extranjeras sobre la amenaza de su control absoluto del poder. Finalmente, eso es lo que pretende.
Segunda promesa rota
Hay un interés desacostumbrado por estas elecciones, a la que ya se han presentado novecientos candidatos de todo pelaje. Aparte de el-Shater, uno de los pocos con notoriedad es el ex-ministro de Exteriores de Mubarak y ex-secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa. Otro menos conocido pero más inquietante es Hazem Salá Abu Ismail, alineado con la ideología de los salafistas, quien predica la instauración de los códigos legales islámicos y muestra hostilidad a Occidente.
El PLyJ justificó su decisión en el hecho de que figuras del antiguo régimen, como Omar Solimán, anterior jefe de inteligencia y vicepresidente, se estaban postulando para la elección presidencial.
Los sectores más moderados y centristas del espectro político egipcio consideran que la del candidato presidencial no es la única promesa que la HM rompe. Después de ganar las elecciones parlamentarias, los “hermanos” y los salafistas prometieron que la redacción de una nueva constitución sería un proceso abierto a todas las fuerzas políticas y religiosas, y que debería redactarse con un amplio consenso.
Una vez ganadas las elecciones parlamentarias abrumadoramente, la Hermandad volvió a calmar las ansiedades de los otros grupos prometiendo que el parlamento sólo nombraría el 40% de los miembros de la asamblea constitucional, dejando el 60% de los puestos para no parlamentarios, representativos de la vida social y académica. A la hora de la verdad, el parlamento, dominado por los “hermanos”, determinó que su composición sería 50-50.
Finalmente, la mitad parlamentaria de la asamblea constituyente incluyó sólo catorce diputados no pertenecientes a la HM o Nour. Sólo seis eran cristianos. Y sólo seis son mujeres. Puede decirse que no hay representación de los jóvenes que hicieron la revolución que tumbó a Mubarak.
Los dos partidos islamistas alienaron aún más a los grupos moderados o liberales del espectro político al nombrar para la asamblea constituyente, como miembros no parlamentarios, a hombres de negocios, banqueros, sindicalistas, etc., relacionados de una forma o de otra con ellos. Cinco partidos políticos laicos de la izquierda y la derecha anunciaron hace pocos días su renuncia a participar en una asamblea constituyente dominada por el PLyJ y Nour. Representantes de la universidad al-Azhar y los cristianos escogidos para la asamblea anunciaron posteriormente que también se retiraban.

Los grupos autoexcluidos prometieron formar su propia asamblea constituyente. Si esto llegase a materializarse, sería previsible que todo el proceso de transición política egipcio entrara en crisis. La señal más fuerte de que esto estaba a punto de ocurrir fue el anuncio de retirada de la universidad al-Azhar. Inmediatamente se sucedieron consultas entre el liderazgo de los islamistas y el jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, mariscal Hussein Tantawi. Después de estas consultas  un representante del partido islamista anunció la voluntad de que diez de sus miembros en la asamblea renunciasen a sus cargos y fuesen sustituidos por diez suplentes centristas. Esta fórmula también fue rechazada por algunos partidos de la oposición parlamentaria.
Los militares trazan el terreno de juego
El país se rige de momento por una declaración constitucional promulgada por los militares una vez depuesto el presidente Mubarak. En noviembre del 2011 emitieron un proyecto de “principios supraconstitucionales”, que esperan ver respetados por todas las fuerzas políticas y que todas ellas no se atreven todavía a desafiar. Esos principios darían a las fuerzas armadas la potestad de administrar su propio presupuesto, que incluye ingresos sustanciales por diversos conceptos, empresariales unos, de servicios públicos otros.
Aunque la HM podría dominar las calles en el caso de una confrontación con la junta militar, es dudoso que lo haga a la vista de la propia experiencia adquirida en su accidentada existencia en Egipto y el antecedente de las elecciones argelinas de 1991, que dieron el poder a los islamistas, provocando una reacción del ejército y el Frente de Liberación Nacional, que sumió Argelia en una larga guerra civil. De hecho, la HM ha operado en estrecha consulta con la junta militar en todo el proceso político egipcio.
La propia existencia de la asamblea constituyente está todavía en el alero: el Tribunal Administrativo Superior debe dictaminar el próximo día 10 si la asamblea ha sido formada conforme a la ley.
A pesar de la crisis política y las consiguientes dificultades económicas, el país aún no ha caído en la falta de suministros básicos. Lo ha logrado emitiendo deuda del tesoro, que ha pasado de 10% de interés al 16% en pocos meses. La junta asegura que el nuevo presupuesto militar se mantiene en niveles moderados (5% del presupuesto total), la mitad de lo reservado para la educación. Los militares, sin embargo, tienen otras fuentes de ingresos, como ayuda exterior ($1.300 millones de Estados Unidos), misiones pagadas de su ejército en el extranjero, proyectos de desarrollo, etc.
La conclusión más clara, aunque quizás todavía provisional, sobre esta crisis es que, en última instancia, y como dijo el teniente general que presentó el presupuesto, “los militares son la última fuente del patriotismo y que no dejarán que el país se hunda”.

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