Promesas financieras en
Centroamérica y México, estratégicas en Estados Unidos
Publicado el
lunes 10 de junio de 2013
Antonio Sánchez-Gijón.– Las visitas de los jefes de
estado de las dos mayores potencias mundiales (Estados Unidos y China) en el
plazo de un mes a un mismo pequeño país, Costa Rica, hubiera hecho pensar en el
pasado que las dos se estaban disputando la amistad o la alianza de ese
minúsculo actor internacional, para reforzarse cada uno en su rivalidad frente
al otro. Pero la geopolítica ya no es el lenguaje que hoy hablan las relaciones
internacionales. Es la geoeconomía. En efecto, el presidente Barack Obama
visitó San José el 3 de mayo pasado, y allí se encontró con los jefes de estado
de todos los países centroamericanos más el de la República Dominicana.
Objetivo de aquella reunión: profundizar las
relaciones comerciales, despejar el camino a mayores inversiones de los Estados
Unidos en la zona, y discutir la función que el istmo centroamericano puede
jugar en la fusión económica y comercial entre el Pacífico y la región del
Caribe, rica en petróleo. Se trata de dos inmensas cuencas marítimas que dentro
de muy pocos años estarán mejor comunicadas cuando se inaugure el ensanche del
canal de Panamá, que permitirá el paso de barcos gigantescos que pondrán en los
mercados de uno y otro lado cantidades inmensas del gas licuado de
Norteamérica. Aparte, por supuesto, de discutir la mejora de la lucha
contra el crimen organizado en Latinoamérica y la migración ilegal.
La visita de Xi Jinping, esta pasada semana, a Costa
Rica ha sido parte de su "tarjeta de presentación" ante el hemisferio
occidental como nuevo presidente de la República Popular de China, en un viaje
que le ha llevado además a Trinidad-Tobago, México y los Estados Unidos.
El éxito de esta última visita, que terminó este último sábado - sin duda la
más importante para los intereses de una potencia mundial como China - se ha
visto reforzado por la versión benigna que de sí mismo ha lanzado el líder
chino en Mesoamérica, un área incluida en la esfera de influencia de los
Estados Unidos.
Pero aunque el lenguaje es geoeconómico, la dialéctica
que le da soporte sigue siendo geopolítica. El anterior liderazgo chino, del
que ahora Xi Jinping toma el relevo, emprendió dos iniciativas para romper el
cerco que la geografía pone a la masa continental china, que debe mantener sus
comunicaciones con el sur de Asia, África y el Mediterráneo a través de un
enjambre de aguas territoriales pertenecientes a potencias medianas o pequeñas,
no siempre amistosas con el gigante oriental. Dos vectores de comunicación
deberían orillar este "cerco", en opinión de Pekín: carreteras y
oleoductos a través de Birmania, desde China interior al océano Índico, y redes
de transporte desde China occidental hasta un puerto en Pakistán, en la
proximidad del mar de Arabia. Y ahora este intento de surgir con fuerza en el
Caribe y el Atlántico.
Grandes esperanzas en Costa Rica...
Expuestas brevemente esas "directivas de
seguridad nacional" de China, volvamos al viaje de Xi Jinping a Costa
Rica. En la cartera de negociaciones se hallaban la ampliación de la carretera
Rio Frio y Limón ($400 millones), en la costa atlántica, la ampliación y
modernización de la refinería de Moín ($900 millones), la concesión de
préstamos blandos, compra de bonos del estado, la financiación de sectores
específicos de la actividad, como la flota de taxis y autobuses, la
donación de un estadio, paneles solares, la creación de una zona económica
especial con el apoyo del Banco de Desarrollo de China, el chino Merchant Bank
y los dos gobiernos, etc. Las cantidades implicadas en todos estos proyectos
pueden alcanzar los $2.000 millones. Los dos países se han comprometido a
celebrar una Cumbre Empresarial China-Latinoamérica, en noviembre próximo.
La "generosidad" de Xi es un premio de China
a un país que rompió sus relaciones con la República China (Taiwán) en 2007, y
un peldaño para vincular China con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
del Caribe. (CELAC). Los dos países están unidos por un tratado de libre
comercio (desde 2011). No obstante, el capítulo de donativos e inversiones
apenas compensará la desfavorable balanza comercial: exportaciones por $331
millones de Costa Rica a China y 1.440 millones de China a Costa Rica, según
las últimas estadísticas.
... y México
Xi Jinping se presentó en México, el pasado día 4, con
una comitiva de 119 empresarios. Una comisión mixta discutirá la creación de un
corredor de desarrollo industrial entre Salina Cruz en el Pacífico y
Coatzacoalcos en el Caribe, a través del istmo, proyecto en que están muy
interesados los mexicanos pero que requiere grandes inversiones ($40.000
millones para los diez primeros años).
Los chinos tienen de momento un interés prioritario
respecto de México: la prometida reforma de su industria de hidrocarburos. Las
reformas que el presidente Peña Nieto se propone emprender en este sector se
anunciarán, según espera el gobierno, antes de final de año. Su propósito es
captar tecnología y capitales extranjeros, que reanimen este sector clave de la
economía, en franca decadencia desde hace bastantes años. El 75% de la
exportación de hidrocarburos va dirigida a los Estados Unidos y solamente el 7%
a Extremo Oriente. China quiere comprar "industria del petróleo". Su
petrolera Sinopec anunció recientemente la compra del 50% de la norteamericana
Cheasapeake, por $20.000 millones. En 2009 compró la suiza Addax, por 7.00 millones.
México tiene una relación comercial con China, aún más
desproporcionada que la de Costa Rica: en 2012 exportó por valor de $5.700
millones e importó por $56.900 millones.
Una vez más, China no tiene modo de compensar una
balanza comercial tan desequilibrada sino con promesas de inversiones. De
momento, según anunció Xi Jinping, se cerrarán con México diversos contratos
comerciales por valor de $1.000 millones. Se formará una comisión de alto nivel
empresarial, y se firmarán varios memorándums de entendimiento en materia
minera, energética, universitaria, cultural, etc.
China quiere vestir ya la talla de los Estados Unidos
Mientras las visitas de Xi Jinping a los dos países
latinoamericanos ha tenido un carácter marcadamente exploratorio (de los
mercados sobre todo, pero también de las relaciones de China con el marco
institucional latinoamericano), la realizada al presidente Obama ha tenido un
carácter más reivindicativo: China exige un puesto más influyente en las
grandes instituciones económicas del mundo, concretamente en el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial. China duda de la capacidad del FMI para
ayudar a sacar a Europa de la recesión, o influir en el comportamiento
financiero y fiscal de los Estados Unidos. Pekín depende pesadamente de esas dos
zonas económicas: mientras la primera se halla en recesión, la segunda apenas
empieza ahora a salir del hoyo.
La debilitación de esos dos mercados ha tenido un
profundo impacto en el nivel de vida de la población china. Mientras el consumo
representaba el 39% del PIB en la etapa de expansión comercial, ese índice ha
bajado ahora al 34%. El gobierno ha mantenido la actividad económica con
inversiones descomunales ($4.3 billones entre 2008 y 2010). Pekín, además,
tiene en marcha un ambicioso plan multianual de desarrollo del territorio
interior, que incluye la incorporación de 400 o 500 millones de trabajadores a
sectores modernos de la producción. Hoy día, la fuerza laboral más evolucionada
(más de 300 millones) se concentra preferentemente en las ciudades industriales
de la costa, y durante los últimos veinte años se ha dedicado a producir para
exportar. Ahora necesita producir para consumir si quiere soslayar el riesgo de
conflictos sociales.
La entrevista con Obama, que no ha producido acuerdo
específico alguno, ha servido para un propósito limitado: tender puentes entre
dos personalidades, cada una de ellas con su pequeña lista de agravios. De
parte de los Estados Unidos, las acusaciones de ciber-espionaje chino contra
sistemas informáticos de naturaleza estratégica en los Estados Unidos y robo de
propiedad intelectual por ese medio, así como tibieza china en contener las
provocaciones del nuevo líder del Corea del Norte. Los Estados Unidos reclaman
la revaluación del renminbi, para ayudar a contener el déficit comercial
norteamericano ($315.000 millones en 2012).
China percibe que la liberalización del comercio
internacional que Washington predica y practica en su comercio con Europa y
Asia-Pacífico le deja fuera, y pide ser incluida y que se tome su moneda, el
rinminbi, como divisa de reserva.
El resultado de los dos días de encuentro de Xi y
Obama ha sido calificado de "único, positivo y constructivo" por los
norteamericanos. Obama mismo calificó ese resultado como "terrific".
"Terrific" pero moderadamente. China se ha
llevado un terrible rapapolvo en cuanto al robo de secretos y propiedad
intelectual. Al parecer Obama advirtió a Xi de que "si continúa este robo
directo de la propiedad de los Estados Unidos, esto va a presentar problemas
muy difíciles en las relaciones económicas", en la versión de las palabras
del presidente ofrecidas por el director de Seguridad Nacional, Thomas E.
Donilon.
China, se excusó Xi, también es víctima de este tipo
de ataques. "Esta puede ser un área - sugirió - en la que los Estados
Unidos y China pueden trabajar juntos de un modo pragmático".
La "cumbre" informal ha tenido un primer
resultado aparentemente positivo: las dos Coreas se reunieron este fin de
semana para restablecer la zona económica común, cerrada hace meses por el
bisoño y provocador líder del norte, Kim Jon Un.
En resumen, el largo viaje de Xi Jinping para darse a
conocer ha creado expectativas entusiastas en unos (Costa Rica y México) y muy
reservadas en otros. Ahora le toca a Xi mover pieza y dar más a conocer sus
verdaderas intenciones.
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