jueves, 13 de junio de 2013

Xi Jinping reclama un espacio en Las Américas


Promesas financieras en Centroamérica y México, estratégicas en Estados Unidos

Publicado el lunes 10 de junio de 2013

Antonio Sánchez-Gijón.– Las visitas de los jefes de estado de las dos mayores potencias mundiales (Estados Unidos y China) en el plazo de un mes a un mismo pequeño país, Costa Rica, hubiera hecho pensar en el pasado que las dos se estaban disputando la amistad o la alianza de ese minúsculo actor internacional, para reforzarse cada uno en su rivalidad frente al otro. Pero la geopolítica ya no es el lenguaje que hoy hablan las relaciones internacionales. Es la geoeconomía. En efecto, el presidente Barack Obama visitó San José el 3 de mayo pasado, y allí se encontró con los jefes de estado de todos los países centroamericanos más el de la República Dominicana.

Objetivo de aquella reunión: profundizar las relaciones comerciales, despejar el camino a mayores inversiones de los Estados Unidos en la zona, y discutir la función que el istmo centroamericano puede jugar en la fusión económica y comercial entre el Pacífico y la región del Caribe, rica en petróleo. Se trata de dos inmensas cuencas marítimas que dentro de muy pocos años estarán mejor comunicadas cuando se inaugure el ensanche del canal de Panamá, que permitirá el paso de barcos gigantescos que pondrán en los mercados de uno y otro lado cantidades inmensas del gas licuado de Norteamérica.  Aparte, por supuesto, de discutir la mejora de la lucha contra el crimen organizado en Latinoamérica y la migración ilegal.

La visita de Xi Jinping, esta pasada semana, a Costa Rica ha sido parte de su "tarjeta de presentación" ante el hemisferio occidental como nuevo presidente de la República Popular de China, en un viaje que le ha llevado además a  Trinidad-Tobago, México y los Estados Unidos. El éxito de esta última visita, que terminó este último sábado - sin duda la más importante para los intereses de una potencia mundial como China - se ha visto reforzado por la versión benigna que de sí mismo ha lanzado el líder chino en Mesoamérica, un área incluida en la esfera de influencia de los Estados Unidos.

Pero aunque el lenguaje es geoeconómico, la dialéctica que le da soporte sigue siendo geopolítica. El anterior liderazgo chino, del que ahora Xi Jinping toma el relevo, emprendió dos iniciativas para romper el cerco que la geografía pone a la masa continental china, que debe mantener sus comunicaciones con el sur de Asia, África y el Mediterráneo a través de un enjambre de aguas territoriales pertenecientes a potencias medianas o pequeñas, no siempre amistosas con el gigante oriental. Dos vectores de comunicación deberían orillar este "cerco", en opinión de Pekín: carreteras y oleoductos a través de Birmania, desde China interior al océano Índico, y redes de transporte desde China occidental hasta un puerto en Pakistán, en la proximidad del mar de Arabia. Y ahora este intento de surgir con fuerza en el Caribe y el Atlántico.

Grandes esperanzas en Costa Rica...

Expuestas brevemente esas "directivas de seguridad nacional" de China, volvamos al viaje de Xi Jinping a Costa Rica. En la cartera de negociaciones se hallaban la ampliación de la carretera Rio Frio y Limón ($400 millones), en la costa atlántica, la ampliación y modernización de la refinería de Moín ($900 millones), la concesión de préstamos blandos, compra de bonos del estado, la financiación de sectores específicos de la actividad, como la flota de taxis  y autobuses, la donación de un estadio, paneles solares, la creación de una zona económica especial con el apoyo del Banco de Desarrollo de China, el chino Merchant Bank y los dos gobiernos, etc. Las cantidades implicadas en todos estos proyectos pueden alcanzar los $2.000 millones. Los dos países se han comprometido a celebrar una Cumbre Empresarial China-Latinoamérica, en noviembre próximo.

La "generosidad" de Xi es un premio de China a un país que rompió sus relaciones con la República China (Taiwán) en 2007, y un peldaño para vincular China con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe. (CELAC). Los dos países están unidos por un tratado de libre comercio (desde 2011). No obstante, el capítulo de donativos e inversiones apenas compensará la desfavorable balanza comercial: exportaciones por $331 millones de Costa Rica a China y 1.440 millones de China a Costa Rica, según las últimas estadísticas.

... y México

Xi Jinping se presentó en México, el pasado día 4, con una comitiva de 119 empresarios. Una comisión mixta discutirá la creación de un corredor de desarrollo industrial entre Salina Cruz en el Pacífico y Coatzacoalcos en el Caribe, a través del istmo, proyecto en que están muy interesados los mexicanos pero que requiere grandes inversiones ($40.000 millones para los diez primeros años).

Los chinos tienen de momento un interés prioritario respecto de México: la prometida reforma de su industria de hidrocarburos. Las reformas que el presidente Peña Nieto se propone emprender en este sector se anunciarán, según espera el gobierno, antes de final de año. Su propósito es captar tecnología y capitales extranjeros, que reanimen este sector clave de la economía, en franca decadencia desde hace bastantes años. El 75% de la exportación de hidrocarburos va dirigida a los Estados Unidos y solamente el 7% a Extremo Oriente. China quiere comprar "industria del petróleo". Su petrolera Sinopec anunció recientemente la compra del 50% de la norteamericana Cheasapeake, por $20.000 millones. En 2009 compró la suiza Addax, por 7.00 millones.

México tiene una relación comercial con China, aún más desproporcionada que la de Costa Rica: en 2012 exportó por valor de $5.700 millones e importó por $56.900 millones.

Una vez más, China no tiene modo de compensar una balanza comercial tan desequilibrada sino con promesas de inversiones. De momento, según anunció Xi Jinping, se cerrarán con México diversos contratos comerciales por valor de $1.000 millones. Se formará una comisión de alto nivel empresarial, y se firmarán varios memorándums de entendimiento en materia minera, energética, universitaria, cultural, etc.

China quiere vestir ya la talla de los Estados Unidos

Mientras las visitas de Xi Jinping a los dos países latinoamericanos ha tenido un carácter marcadamente exploratorio (de los mercados sobre todo, pero también de las relaciones de China con el marco institucional latinoamericano), la realizada al presidente Obama ha tenido un carácter más reivindicativo: China exige un puesto más influyente en las grandes instituciones económicas del mundo, concretamente en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. China duda de la capacidad del FMI para ayudar a sacar a Europa de la recesión, o influir en el comportamiento financiero y fiscal de los Estados Unidos. Pekín depende pesadamente de esas dos zonas económicas: mientras la primera se halla en recesión, la segunda apenas empieza ahora a salir del hoyo.

La debilitación de esos dos mercados ha tenido un profundo impacto en el nivel de vida de la población china. Mientras el consumo representaba el 39% del PIB en la etapa de expansión comercial, ese índice ha bajado ahora al 34%. El gobierno ha mantenido la actividad económica con inversiones descomunales ($4.3 billones entre 2008 y 2010). Pekín, además, tiene en marcha un ambicioso plan multianual de desarrollo del territorio interior, que incluye la incorporación de 400 o 500 millones de trabajadores a sectores modernos de la producción. Hoy día, la fuerza laboral más evolucionada (más de 300 millones) se concentra preferentemente en las ciudades industriales de la costa, y durante los últimos veinte años se ha dedicado a producir para exportar. Ahora necesita producir para consumir si quiere soslayar el riesgo de conflictos sociales.

La entrevista con Obama, que no ha producido acuerdo específico alguno, ha servido para un propósito limitado: tender puentes entre dos personalidades, cada una de ellas con su pequeña lista de agravios. De parte de los Estados Unidos, las acusaciones de ciber-espionaje chino contra sistemas informáticos de naturaleza estratégica en los Estados Unidos y robo de propiedad intelectual por ese medio, así como tibieza china en contener las provocaciones del nuevo líder del Corea del Norte. Los Estados Unidos reclaman la revaluación del renminbi, para ayudar a contener el déficit comercial norteamericano ($315.000 millones en 2012).

China percibe que la liberalización del comercio internacional que Washington predica y practica en su comercio con Europa y Asia-Pacífico le deja fuera, y pide ser incluida y que se tome su moneda, el rinminbi, como divisa de reserva.

El resultado de los dos días de encuentro de Xi y Obama ha sido calificado de "único, positivo y constructivo" por los norteamericanos. Obama mismo calificó ese resultado como "terrific".

"Terrific" pero moderadamente. China se ha llevado un terrible rapapolvo en cuanto al robo de secretos y propiedad intelectual. Al parecer Obama advirtió a Xi de que "si continúa este robo directo de la propiedad de los Estados Unidos, esto va a presentar problemas muy difíciles en las relaciones económicas", en la versión de las palabras del presidente ofrecidas por el director de Seguridad Nacional, Thomas E. Donilon.

China, se excusó Xi, también es víctima de este tipo de ataques. "Esta puede ser un área - sugirió - en la que los Estados Unidos y China pueden trabajar juntos de un modo pragmático".

La "cumbre" informal ha tenido un primer resultado aparentemente positivo: las dos Coreas se reunieron este fin de semana para restablecer la zona económica común, cerrada hace meses por el bisoño y provocador líder del norte, Kim Jon Un.

En resumen, el largo viaje de Xi Jinping para darse a conocer ha creado expectativas entusiastas en unos (Costa Rica y México) y muy reservadas en otros. Ahora le toca a Xi mover pieza y dar más a conocer sus verdaderas intenciones.

 

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