Mientras Europa del Sur y Francia se
asoman o entran en recesión
Publicado el
lunes 6 de mayo de 2013 en capitalmadrid.com
Antonio Sánchez-Gijón.– El 9 de mayo las instituciones
de la Unión Europea entregarán el Premio Carlomagno a la presidenta de
Lituania, Dalia Grybauskaite. No se quiere premiar a una antigua comisaria de
la Comisión, sino más bien a quien encarna el éxito de tres pequeños países del
norte de Europa en su voluntad de salir de su profunda crisis económica,
intento logrado en dos breves años. Mientras las poblaciones de la Europa del
Mediterráneo y Francia están alzadas en armas contra las políticas de
austeridad impuestas desde Bruselas y Francfort para salir del estancamiento y
salvar el euro, dos de las naciones de la Europa del Báltico no ven la hora de
entrar en la moneda común.
Los países bálticos pasaron el amargo expediente por
el que está pasando el Sur, entre 2008 y 2010, sometiéndose a drásticos planes
de austeridad fiscal. Hoy disfrutan de cuentas saneadas y economías en
crecimiento, y ambicionan entrar en fases tecnológicamente avanzadas de la
expansión industrial.
Dos nuevos candidatos al euro
Todo ello lo hicieron en un clima de relativa paz
social y consenso, a pesar de que en un solo año (2009) efectuaron un ajuste
fiscal medio del 9% del PIB. En Lituania, el mayor de los tres países, la caída
fue del 15% en ese año. Letonia logró su completa rehabilitación fiscal en 2009.
Estonia logró sus objetivos de estabilidad (inflación, deuda y déficit) tan
rápidamente, que el 1 de enero de 2011 se convirtió en el miembro no. 17 de la
Eurozona. Los reajustes han liberado un enorme potencial de crecimiento: los
tres bálticos crecieron a tasas ligeramente superiores al cinco por ciento en
2011, y entre el 2,6 y el 2,8% en 2012, para seguir manteniendo el empuje en el
2013.
La política macroeconómica seguida por los tres fue
exactamente la contraria a la que están siguiendo Grecia y España, de fuerte
incremento de los impuestos, morosas reducciones del gasto fiscal e incipientes
reformas estructurales. Sólo ahora, bajo intensa presión de Bruselas y después
de duros choques con la realidad, el gobierno español nos anuncia la inminencia
de un nuevo paquete de reformas.
La rapidez de los ajustes libró a los países bálticos
de la formación de coaliciones contra la estabilidad fiscal, a diferencia de lo
que hemos visto, una vez tras otra, en Grecia e Italia. Se trata de coaliciones
que empiezan a formarse ahora en España, bajo la égida del partido socialista,
la Junta de Andalucía, Izquierda Unida y el gobierno de la Generalidad
catalana.
Letonia será pronto el miembro no. 18 de la Eurozona.
Ya reúne todos los criterios para hacerlo, y es improbable cualquier veto por
algún miembro del euro. Hace cuatro años el panorama era catastrófico; en 2009
su PIB se encogió un 20%. El desempleo alcanzó el 20%. Fue necesario un
programa de rescate, aplicado por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional,
que incluía una ayuda de €7.500 millones.
La banca sueca prestó su apoyo a la letona. La moneda
nacional, el lat, sujetó su cotización al euro, y así pudo conservar la
credibilidad durante el proceso de reformas. También ayudó a la recuperación el
hecho de que la deuda era relativamente baja; 45% del PIB. El saneamiento de
las finanzas permitió que el gobierno anunciara, a finales del 2012, que
adelantaría el pago de un plazo del crédito otorgado por el FMI, por valor de
€714 millones.
Aunque el desempleo sigue siendo muy alto, el primer
ministro letón, Valdis Dombrovsky, se muestra exultante. Letonia ha ratificado
el Pacto Fiscal y su economía tiene las miras puestas en la exportación.
Dombrovsky da por seguro que Letonia ingresará en el euro en 2014. Sin embargo,
el apoyo de la población a esta medida no está asegurado: se estima que sólo un
tercio de la población se declara a favor. Ello se explica sin duda por el
hecho de que la recuperación económica se ha conseguido a costa de un reajuste
drástico de los salarios.
El ingreso en el euro podría ser sometido a
referéndum. Por lo menos eso es lo que piensa el presidente del Tribunal
Constitucional, Gunars Kutris. Gran parte de la oposición al euro procede de la
población de origen ruso, que ve en la fuerte vocación europeísta del gobierno
una voluntad de poner distancias con el pasado soviético y de reducir la fuerte
influencia cultural y económica que Rusia ejerce todavía sobre Letonia.
Culturas cívica y educativa del Norte y del Sur
La misma fe en el euro del gobierno letón la comparte
el lituano. Esa fe le condujo a un drástico plan de reajuste, que afectó al 12%
del PIB en dos años. Los salarios de la administración fueron reducidos una
media de 20% y las pensiones un 10%. "Nuestro reajuste - declaraba la
presidenta Grybauskaite a Der Spiegel a finales de abril - fue mucho más
profundo de lo que hoy vemos en Europa del Sur. Así pudimos tener crecimiento
al cabo de dos años".
La Sra. Grybauskaite percibe la existencia de una
brecha de cultura cívica entre el Norte y el Sur de Europa, que explica la
diferencia en los ritmos de recuperación de las dos áreas geoeconómicas.
"Las reformas podrían ser más rápidas en algunas otras partes. Hay
diferencias de mentalidad y diferentes ideas sobre lo que es responsabilidad
política en el Norte y en el Sur". Este es el tipo de pensamiento que en
el Sur se atribuye generalmente a la canciller Merkel, pero que ésta no ha
expresado nunca en términos tan descarnados.
Hay otra brecha más significativa si cabe, que es la
de la educación. Lituania, Estonia y Letonia se encuentran los puestos 1, 4 y 6
respectivamente en el número de personas que lograron un grado de educación
superior o media en 2012, mientras que Italia, España y Portugal se quedaban
los puestos 24, 25 y 27, según la Eurostat Statistical Database.
Más atención a este tipo de comparaciones
"odiosas" quizás ayudaría a contemplar los problemas de nuestra
crisis particular con un poco menos de neurosis y un poco más de sobrio
estoicismo y resolución. En el frio Báltico parece que algunos lo están
consiguiendo.
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