sábado, 8 de junio de 2013

El prudente Obama, desbordado en Siria


La iniciativa contra el régimen de Assad está pasando a las fuerzas extremistas

Publicado el lunes 3 de junio de 2013 en capitalmadrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.– Las opiniones públicas de los Estados Unidos y de Europa dieron suspiros de alivio cuando el presidente Barack Obama hizo saber, hace dos años aproximadamente, que no iba a imponer una prohibición de vuelos sobre Siria, al contrario de lo que había hecho contra la Libia de Gadafi. Esta prohibición dejó en tierra la aviación del régimen, a consecuencia de lo cual su ejército se mostró incapaz de aniquilar los reductos rebeldes, lo que tuvo como resultado la caída del régimen y la muerte del extravagante dictador. Gracias a esa medida, Libia aún mantiene la esperanza de que en su territorio podrá consolidarse algún día un régimen razonablemente democrático.

El suspiro de alivio por la decisión contraria del presidente Obama para Siria puede estar convirtiéndose ya en profunda ansiedad. Aumentan las señales de que el conflicto civil sirio se está transformando en uno de tipo internacional, con alineamientos cada vez más definidos de los países y agentes políticos de la región y el ancho mundo. Lleva tiempo funcionando la alineación Irán-Siria con un brazo en las fuerzas políticas de confesión chiita del Líbano, y frente a ésta una alineación de Arabia Saudí, Qatar y Turquía con el apoyo de la diplomacia político-militar de algunos países occidentales. Mientras la primera coalición tiene el respaldo político-diplomático de Rusia, la segunda no cuenta con un apoyo similar de los Estados Unidos.

Las dos coaliciones adversarias confían cada vez menos en que la resolución del conflicto pueda ser conducida a una mesa de negociaciones entre las fuerzas políticas sirias - las del gobierno y las de la oposición armada - para hacer salir el régimen baasista del presidente al-Assad y dar entrada a un régimen constituido mediante procedimientos democráticos.

Estas alineaciones internacionales se desdoblan a su vez en otras de tipo sectario, que enfrentan a poblaciones chiitas y sunnitas, cada una apoyada por ramas extremistas de sus respectivas fes: el movimiento libanés Hezbolá y el iraní de los pashdarán del lado chiita, y el movimiento de  la Yihad Islámica, los salafistas y la organización al-Qaida, por el lado sunnita. Hezbolá figura en la lista que bastantes países occidentales tienen abiertas para agrupaciones consideradas terroristas, mientras que al-Qaida figura invariablemente en todas ellas. Los militantes sunnitas, sectarios o no, están recibiendo apoyo económico de países del Golfo opuestos al régimen de al-Assad.

Trípoli, arrastrada al conflicto

Ya se ha producido el desbordamiento internacional del conflicto por la vía del sectarismo. En efecto, en la ciudad libanesa de Trípoli facciones chiitas y sunnitas, que durante años se han mantenido vigilantes y armadas contra la otra, entraron en combate a mediados de mayo. La paz del Líbano depende del equilibrio entre las dos sectas principales. El ejército libanés no es enemigo para las milicias armadas de Hezbolá, y rehúye la confrontación armada. Hezbolá tiene un stock de decenas de miles de misiles, y dispone de decenas de miles de combatientes, bien entrenados y armados.

El desbordamiento del conflicto a Trípoli se debe a la agitación de los sunnitas de la ciudad, ayudados por rebeldes sirios, como venganza y operación de distracción en respuesta a la ayuda de las milicias de Hezbolá al ejército sirio para poner sitio a la ciudad de Qusair, en manos de los rebeldes desde hace varias semanas. Qusair se halla en el valle del Orontes, a pocos quilómetros de la frontera con Líbano, y es clave para el control de la populosa ciudad de Homs, la cual a su vez es clave para asegurar las comunicaciones entre Damasco y Aleppo en el norte, más la región siria con mayoría de población alauita, y vía de acceso al valle de la Bekaa, la fortaleza tradicional del chiismo libanés y de Hezbolá.

Qusair, una población de 40.000 habitantes en tiempos de paz, se ha quedado reducida a 30.000. La situación militar ya no les permite escapar. Se estima que hay 1.500 heridos, la mayoría sin asistencia médica ni recursos sanitarios.

La Cruz Roja internacional lanzó a finales de semana un llamamiento a dejar salir a la población atrapada; un llamamiento suscrito por el secretario general de las Naciones Unidas. Rusia acaba de oponerse a una declaración de "preocupación"  del consejo de seguridad por la situación de Qusair. Este último fin de semana se consideraba inminente el asalto del ejército sirio, ayudado por Hezbolá, para tomar la ciudad.

Si Qusair cayera en poder de las fuerzas leales al régimen, es previsible que los combatientes que logren escapar se desplacen a Líbano, para obligar a Hezbolá a retirarse de Siria.

Hezbolá está pagando un precio muy alto por su apoyo al régimen sirio. Hasta ahora ha gozado de un prestigio inmenso en todo el mundo árabe, chiita o sunnita, debido a sus éxitos tácticos y políticos sobre Israel. Ahora Hezbolá es visto por la mayoría de los árabes como un aliado de su enemigo secular, Irán, además de agente de la tiranía assadiana. Aunque el líder del movimiento, Hassan Nasralá, describe su lucha en Siria como un combate contra al-Qaida, todos saben que su intervención es una medida desesperada para conservar el régimen de Damasco, que siempre le ha dado apoyo y le ayuda a mantener su hegemonía en Líbano y armarse hasta los dientes para contener a Israel.

Una actitud equívoca con dos lecturas

Del lado opuesto de la frontera sectaria, al-Qaida trata de erigirse en portavoz de la ira sunnita, debido al hecho de que la guerra civil ha producido 80.000 víctimas mortales, la casi totalidad civiles de la mayoría oprimida, esto es, sunníes. Actualmente "al-Qaida en Iraq", que en las últimas semanas ha conducido una campaña de terror que ha causado 300 víctimas mortales iraquíes, intenta su fusión con los yihadistas sirios en una "al-Qaida en Iraq y Siria".

Los intereses tácticos compartidos por las guerrillas yihadista, salafista, y las de al-Qaida, pueden convertirse en el factor determinante de la orientación que ha de tomar el movimiento anti-Assad. Los Estados Unidos se excusan para no ayudar a los rebeldes por el temor a poner en manos de esas fuerzas extremistas recursos militares que puedan volverse contra Occidente, si llegan a ganar.

Los acontecimientos más recientes parecen demostrar la hipótesis contraria: que es la falta de apoyo directo de Occidente a los rebeldes lo que ha causado su debilitamiento militar, el cual está siendo corregido por los extremistas.

Es muy probable que ese efecto se agudice en las próximas semanas. El régimen sirio ha encendido los ánimos del mundo árabe por la brutal represión, a primeros de mes, de las poblaciones de al-Baida y Baniyas, recuperadas por el ejército. En lo que ha sido calificado como una "masacre" se estima que perdieron la vida 200 hombres, mujeres y niños. Baniyas está muy cerca de Tartus, donde Rusia dispone de una base naval, la única que posee fuera de su territorio nacional. Rusia, pues, conoce perfectamente de lo que es capaz el régimen al que apoya con municiones, armas, créditos y cobertura diplomática.

El objetivo estratégico de Rusia llega más lejos que lo que se juega en Siria. Moscú y Washington podrían fácilmente ponerse de acuerdo en dejar caer a Assad después de una conferencia entre las fuerzas moderadas del régimen y las de la oposición, pudiendo Rusia conservar la base de Tartus, sus relaciones comerciales y asegurar el cobro de sus créditos. Pero Rusia no está tan interesada en Siria (que es mucho) como lo está en conservar intactos los intereses estratégicos de Irán, en cuanto son contrapuestos a los de Occidente.

Una prueba de que el juego geopolítico podría ya estar siendo sobrepasado por el conflicto sectario es el llamamiento efectuado el pasado viernes por un conocido clérigo sunnita, jeque Yusef al-Caradawi, egipcio asentado en Qatar, convocando a los fieles de todo el mundo a acudir en defensa de Qusair y calificando a Hezbolá e Irán peores enemigos del Islam que judíos y cristianos.

 

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