Tregua en la escalada de violencia
en Venezuela
Publicado el
jueves 18 de abril de 2013 en Capitalmadrid.com
Antonio Sánchez-Gijón.– La inminencia de la jura de
Nicolás Maduro -este viernes 19 de abril- como presidente electo de Venezuela
ha impuesto una tregua en la escalada de tensión y enfrentamientos violentos
que siguieron a su proclamación como ganador oficial por la comisión electoral
nacional. Maduro, sin embargo, ha empezado a dar muestras de autoritarismo. Ni
a Maduro y el movimiento bolivariano que le respalda, ni al candidato de la
oposición Henrique Capriles les conviene aparecer como perturbadores de la paz,
con riesgo de que por las calles siga corriendo la sangre, en unos días en que
se reunirán en Caracas bastantes jefes de estado y de gobierno para la toma de
posesión.
El propio ministro de Exteriores español, García
Margallo, ha plegado velas en cuanto a su "indirecta" a la
conveniencia de recontar los votos para disipar cualquier duda de la oposición
sobre el triunfo de Maduro, y este miércoles ofreció el "respeto" de
España hacia su proclamación por el órgano electoral del estado venezolano. Es
evidente que las amenazas, pronunciadas por Maduro contra España y las empresas
españolas radicadas en Venezuela, al conocer la reserva española inicial,
surtieron el efecto deseado.
Mientras España se allanaba a las exigencias de
Maduro, el departamento de Estado, de los Estados Unidos, se declaraba
contrario a reconocer el veredicto de la comisión electoral mientras no hubiera
un recuento. Maduro acusó a Washington de financiar y dirigir las
manifestaciones de la oposición, que suscitaron en todo el país choques
violentos con fuerzas chavistas, con el resultado de siete víctimas mortales.
Panamá y Paraguay adoptaron la misma decisión de Washington. El presidente
electo había declarado repetidas veces antes de las elecciones que deseaba un
acercamiento con Washington. Los dos países habían retirado hace tiempo sus
respectivos embajadores.
Maduro anuncia métodos contundentes
El propio candidato declarado perdedor desconvocó,
pocas horas antes de su inicio, la manifestación prevista para el miércoles día
17 ante la sede de la comisión electoral, para protestar contra el no recuento
de votos, alegando que se temía la infiltración de elementos del régimen para
provocar incidentes que desacreditaran a la oposición. Capriles llamó a sus
seguidores a "no caer en provocaciones" y "no dejarse llevar por
las emociones".
El gobierno ha empleado métodos intimidatorios contra
la oposición: primero declaró ilegal la manifestación; luego el presidente
electo llamó a Capriles "fascista" y le acusó de intentar un golpe de
estado. El presidente de la asamblea nacional, Diosdado Cabello, anunció la
apertura de un expediente criminal contra Capriles y cuatro líderes de su
campaña. Once mandos militares, entre ellos dos generales, fueron internados
temporalmente e interrogados sobre su posible implicación en esa supuesta
intentona.
La denuncia inicial de Capriles contra el sospechado
pucherazo del gobierno chavista descansaba sobre indicios de manipulación
relativamente accidentales, aunque muy numerosos (3.200), dentro de un método
de conteo electrónico, un sistema considerado desde su implantación
suficientemente seguro. Al inclinarse por la paz cívica, evitando una posible
pérdida de prestigio si el recuento le hubiera vuelto a dar perdedor, Capriles
puede aún conservar su posición de líder principal de la oposición al chavismo.
Capriles, que ahora debe conservar intacto su
potencial como presidenciable, cuenta con el rápido desgaste a que se verá
sometido el nuevo presidente, y con él el movimiento socialista que le
respalda, creado e inspirado por Chávez hasta su reciente fallecimiento.
Maduro carece de experiencia de gobierno y de
liderazgo de masas, y de momento su arma preferida de acción política ha sido
el insulto dirigido contra sus adversarios, muy en la línea de las prácticas
castristas. A partir de ahora no dudará en emplear métodos más contundentes:
"Voy a tomar medidas radicales con el sistema eléctrico", en
referencia a los cortes de suministro, según anunció a principios de semana. Y
añadió: "Voy a decretar(lo) servicio de seguridad del estado, estricto,
con disciplina militar interna".
Pero a partir de ahora tiene que gobernar en unas
condiciones económico-sociales mucho peores que con Chávez.
El petróleo no puede seguir financiando al mismo ritmo
Maduro había prometido alzas salariales del 40%
(también lo hizo Capriles por el mismo porcentaje), que debían contrarrestar el
rápido crecimiento del costo de la vida. Venezuela devaluó su moneda a primeros
de febrero. La inflación interanual del primer trimestre del 2013 ha sido del
25%, la más alta de América Latina. Para aliviar el alza de precios de los
suministros básicos el gobierno debe importarlos masivamente, lo que consume
las reservas del tesoro ($25.000 millones actualmente, la mitad de las de Perú).
La Hacienda empieza a ver muy mermada su capacidad de financiarse con los
ingresos del petróleo, que hasta el pasado año representaban el 90% de los
insumos fiscales, con los que se subvencionaban los generosos planes sociales
del chavismo.
El monopolio estatal Petróleos de Venezuela se
enfrenta a una desafortunada coincidencia de problemas.
Debe renegociar el convenio laboral con sus
trabajadores, en vigor desde hace tres años y que ahora caduca. El sindicato
petrolero tiene una gran capacidad de presión sobre el gobierno, y exigirá sin
duda importantes aumentos salariales.
Debe honrar obligaciones contractuales de suministro
de petróleo, algunas de ellas muy gravosas, como el envio diario de 100.00
barriles de crudo a Cuba. Existen compromisos preferenciales de precio con
Petrocaribe y Alba (la Alianza Bolivariana de América Latina). Es lo que
Henrique Capriles llama "la regaladera", que tiene su destino más
costoso en los programas sociales, en los que el chavismo ha gastado $174.000
millones desde 1999, según el diario El Mundo.
La producción de petróleo está en declive, a pesar de
que Venezuela tiene las mayores reservas del mundo. Aunque el gobierno sostiene
que la producción actual es de 3.000.000 bpd, medios internacionales del
negocio aseguran que se queda en 2.700.000 bpd.
Los Estados Unidos han dejado de ser el primer cliente
del petróleo venezolano, lo que lo hace más dependientes de clientes estatales,
sobre todo China, cuyos tratos incluyen componentes políticos no siempre
favorables al mantenimiento de los precios de mercado. En efecto, se estima que
las exportaciones a los Estados Unidos cayeron el 30% entre 2010 y 2012, debido
al aumento de la producción en ese país del petróleo no convencional.
Y sobre todo, se estima que la industria venezolana
del petróleo necesitaría $80.000 millones si quiere abordar su modernización y
competitividad.
La inquietud que embarga a los agentes económicos de
Venezuela en el tránsito a una nueva presidencia la resume el anterior
presidente de Conindustria y diputado Eduardo Gómez Sigala: "los pies de
barro de este gobierno, que ha dado bandazos desde el primer día, no ayudan a
generar la confianza que se requiere en materia económica" (en Últimas
Noticias).
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