sábado, 8 de junio de 2013

TERMINA LA BRILLANTE OPERACIÓN FRANCESA PARA DEFENDER MALI


Francia, a la cabeza de Europa en materia militar. Alemania en la retaguardia

Publicado el 23 de mayo en capitalmadrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.- La crisis fiscal que afecta a numerosos países de la Unión Europea, y de la eurozona en particular, nos hace olvidar que hay otros compromisos y obligaciones políticas a las que todos los socios deben atender. Si en el área económico-fiscal la centralidad de las políticas está siendo ejercida, de modo no oficial pero contundente, por Alemania, en el área de la seguridad y defensa la centralidad corresponde con todo derecho a Francia. Es justo no olvidarlo porque ésta es una carga de la que Alemania generalmente se desentiende, o a la que contribuye con el mínimo posible.

Y sin embargo, los países de la Unión tienen firmado un tratado por el que se obligan a adoptar una política de seguridad y defensa, como parte de una política exterior y de seguridad común (PESC).

En menos de dos años ha sido Francia quien ha tomado la iniciativa para promover dos acciones militares destinadas a reforzar la seguridad de Europa. Se trata de la ofensiva aérea de Libia contra el régimen del coronel Gadafi, en 2011, que culminó con la caída de su régimen y su muerte, y la operación contra las brigadas yihadistas que se habían apoderado en 2012 de una parte inmensa del Sáhara, en el territorio de Mali, a comienzos del 2013. Con dos riesgos implícitos: 1) las amenazas contra la integridad y seguridad de ese país, y 2) la aparición de un riesgo inminente de desbordamiento hacia Mauritania y, a través de este país, hacia las costas atlánticas de África, con su vecindad con provincias españolas y por lo tanto europeas.

En Libia se ha instalado un gobierno que, aunque todavía se muestra inestable, es favorable hoy día a Occidente, del que espera colaboración para implantar formas democráticas de organización social y política. Esta disposición ha permitido la reanudación de la actividad de las empresas europeas y norteamericanas en la extracción de los recursos energéticos libios, y al mismo tiempo restaura la colaboración en el control de los flujos migratorios de África hacia Europa.

La otra operación, la de Mali, iniciada a primeros de año, ha privado a las fuerzas yihadistas de una inmensa base territorial desde la que lanzar operaciones hostiles de todo tipo contra los países vecinos y contra Europa: terrorismo, criminalidad común, estimulación y control de flujos migratorios sobre el sur de Europa, amenazas y ataques contra fuentes de suministros de energía en Argelia,  etc.

El yihadismo, dispersado y reducido a escaramuzas

Francia acaba de poner fin a la fase ofensiva de la llamada operación Serval. A partir de ahora, las fuerzas francesas que queden in situ ayudarán y colaborarán con una fuerza interafricana de 12.000 efectivos, autorizada en diciembre último por resolución del consejo de seguridad de las Naciones Unidas, la cual velará por que las columnas yihadistas no se atrincheren de modo seguro en bases desde la que lanzar operaciones a lo ancho y largo del Sáhara.

Queda dicho, implícitamente, que esas fuerzas yihadistas se hallan ahora reducidas a planear y ejecutar esporádicas actuaciones tácticas contra este o aquel objetivo menor, sin poder llegar al grado de operaciones estratégicas, como la que les permitió temporalmente ocupar todo el Mali del Norte y casi conquistar la capital, Bamako. Actualmente se registra actividad de los grupos yihadistas, mediante comandos volantes o bases clandestinas, en Túnez, sur de Libia, Chad, la región de Darfur en Sudán y el norte de Nigeria.

La operación Serval le ha costado a Francia €205 millones, y ha necesitado la participación de 4.000 efectivos franceses y más de 5.000 malienses y chadianos. A partir de ahora las fuerzas interafricanas se dedicarán a proteger los centros urbanos y vías de comunicación, con el apoyo de 1.000 efectivos franceses, y una ayuda de los Estados Unidos desde una base en Níger para la vigilancia aérea del territorio, así como el apoyo de otros países, entre ellos España, para la instrucción  de efectivos del reconstruido ejército maliense.

Sería conveniente que la opinión europea y, por supuesto, los propios ejércitos  europeos, retuviesen lo que ha significado la operación Serval, en términos de experiencia militar. En 2014 se retirará la mayor parte de las fuerzas europeas que han operado casi un decenio en Afganistán. En ese país, hace ya tiempo que la mayor parte de las fuerzas de la ISAF (International Security Assistance Force) redujeron su operatividad a movimientos de aseguramiento del territorio en torno a sus bases. Por eso Mali aporta las experiencias más actualizadas de tipo operativo y táctico. Hagamos un relato muy sintético de la operación.

El 10 de enero  de este año se pusieron en marcha dos columnas de 150 vehículos, tripulados por yihadistas,  algunos de ellos armados con artillería ligera. Su objetivo: la toma de las ciudades del norte de Mali que aún no controlaban, y la entrada en la capital. Cuando las avanzadillas llegaron a 200 km. de Bamako, fueron frenadas en seco por la contraofensiva francesa. En efecto, el presidente Hollande ordenó la intervención de  una fuerza de contención, preparada con antelación, y que entró en acción el día 11. Unidades motorizadas francesas se plantaron en la capital, procedentes de Costa de Marfil. Fuerzas especiales y de infantería helitransportadas atacaron las columnas. Cuatro Mirage 2000D, estacionados en Djamena (Chad) las dispersaron. Timbuctú fue liberado mediante una operación paracaidista nocturna. Las fuerzas africanas empezaron a llegar el día 19, cuando ya se habían recuperado casi todos los centros urbanos.

La base tecnológica y científica de la defensa europea, al límite de sus capacidades

Sostener las operaciones sobre un escenario con distancias de cientos de kilómetros requirió poner en pie un operativo logístico sobre un espacio mucho más extenso, así como la coordinación de prestaciones militares aportadas por los Estados Unidos, Alemania, el Reino Unido, los Emiratos Árabes Unidos, Canadá, España, Italia, Suecia, Dinamarca, Holanda y Bélgica, consistente principalmente en aviones de transporte de personal y material, lo que necesitó la recarga de combustible en vuelo (4.000 km. entre Francia y Mali), aportada por los aviones norteamericano, poniéndose así en evidencia el incumplimiento del compromiso europeo de dotarse de una fuerza de transporte militar, en torno a algunas centenas de aviones A400M, que aún están en fase de construcción, con seis años de retraso.

Otros éxitos fueron el despliegue de sensores por todo el territorio, cubriendo los movimientos de las columnas, así como la coordinación de varios sistemas de satélites para la obtención de imágenes y el empleo de drones y sistemas de radar, todo lo cual requirió emplear recursos tecnológicos avanzados para la información y análisis de las señales sobre las que basar la dirección de las operaciones. En realidad, muchos de estos recursos fueron llevados al límite de sus capacidades, para una operación relativamente limitada, lo que suscita la cuestión de cuántos recursos tendría Europa a su disposición, en caso de un conflicto internacional mayor.

En resumen, es cierto que Francia no está a la vanguardia de las reformas económicas que Europa necesita; casi se diría que su política se hace notar sólo por tratar de moderar o limitar la tremenda presión alemana sobre el resto de la eurozona. Pero también es cierto que su esfuerzo y avances en materia militar crea un standard que posiblemente casi ningún otro país europeo (y por supuesto no Alemania) desee para sí y esté en condiciones de igualar.

Europa, como queda probado más arriba, no puede ser unidimensional.

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