Francia,
a la cabeza de Europa en materia militar. Alemania en la retaguardia
Publicado el 23 de mayo
en capitalmadrid.com
Antonio Sánchez-Gijón.-
La crisis fiscal que afecta a numerosos países de la Unión Europea, y de la
eurozona en particular, nos hace olvidar que hay otros compromisos y
obligaciones políticas a las que todos los socios deben atender. Si en el área
económico-fiscal la centralidad de las políticas está siendo ejercida, de modo
no oficial pero contundente, por Alemania, en el área de la seguridad y defensa
la centralidad corresponde con todo derecho a Francia. Es justo no olvidarlo
porque ésta es una carga de la que Alemania generalmente se desentiende, o a la
que contribuye con el mínimo posible.
Y sin embargo, los
países de la Unión tienen firmado un tratado por el que se obligan a adoptar
una política de seguridad y defensa, como parte de una política exterior y de
seguridad común (PESC).
En menos de dos años ha
sido Francia quien ha tomado la iniciativa para promover dos acciones militares
destinadas a reforzar la seguridad de Europa. Se trata de la ofensiva aérea de
Libia contra el régimen del coronel Gadafi, en 2011, que culminó con la caída de
su régimen y su muerte, y la operación contra las brigadas yihadistas que se
habían apoderado en 2012 de una parte inmensa del Sáhara, en el territorio de
Mali, a comienzos del 2013. Con dos riesgos implícitos: 1) las amenazas contra
la integridad y seguridad de ese país, y 2) la aparición de un riesgo inminente
de desbordamiento hacia Mauritania y, a través de este país, hacia las costas
atlánticas de África, con su vecindad con provincias españolas y por lo tanto
europeas.
En Libia se ha
instalado un gobierno que, aunque todavía se muestra inestable, es favorable
hoy día a Occidente, del que espera colaboración para implantar formas
democráticas de organización social y política. Esta disposición ha permitido
la reanudación de la actividad de las empresas europeas y norteamericanas en la
extracción de los recursos energéticos libios, y al mismo tiempo restaura la
colaboración en el control de los flujos migratorios de África hacia Europa.
La otra operación, la
de Mali, iniciada a primeros de año, ha privado a las fuerzas yihadistas de una
inmensa base territorial desde la que lanzar operaciones hostiles de todo tipo
contra los países vecinos y contra Europa: terrorismo, criminalidad común,
estimulación y control de flujos migratorios sobre el sur de Europa, amenazas y
ataques contra fuentes de suministros de energía en Argelia, etc.
El
yihadismo, dispersado y reducido a escaramuzas
Francia acaba de poner
fin a la fase ofensiva de la llamada operación Serval. A partir de ahora, las
fuerzas francesas que queden in situ ayudarán y colaborarán con una fuerza
interafricana de 12.000 efectivos, autorizada en diciembre último por
resolución del consejo de seguridad de las Naciones Unidas, la cual velará por
que las columnas yihadistas no se atrincheren de modo seguro en bases desde la
que lanzar operaciones a lo ancho y largo del Sáhara.
Queda dicho,
implícitamente, que esas fuerzas yihadistas se hallan ahora reducidas a planear
y ejecutar esporádicas actuaciones tácticas contra este o aquel objetivo menor,
sin poder llegar al grado de operaciones estratégicas, como la que les permitió
temporalmente ocupar todo el Mali del Norte y casi conquistar la capital,
Bamako. Actualmente se registra actividad de los grupos yihadistas, mediante
comandos volantes o bases clandestinas, en Túnez, sur de Libia, Chad, la región
de Darfur en Sudán y el norte de Nigeria.
La operación Serval le
ha costado a Francia €205 millones, y ha necesitado la participación de 4.000
efectivos franceses y más de 5.000 malienses y chadianos. A partir de ahora las
fuerzas interafricanas se dedicarán a proteger los centros urbanos y vías de
comunicación, con el apoyo de 1.000 efectivos franceses, y una ayuda de los
Estados Unidos desde una base en Níger para la vigilancia aérea del territorio,
así como el apoyo de otros países, entre ellos España, para la instrucción de efectivos del reconstruido ejército
maliense.
Sería conveniente que
la opinión europea y, por supuesto, los propios ejércitos europeos, retuviesen lo que ha significado la
operación Serval, en términos de experiencia militar. En 2014 se retirará la
mayor parte de las fuerzas europeas que han operado casi un decenio en
Afganistán. En ese país, hace ya tiempo que la mayor parte de las fuerzas de la
ISAF (International Security Assistance Force) redujeron su operatividad a
movimientos de aseguramiento del territorio en torno a sus bases. Por eso Mali
aporta las experiencias más actualizadas de tipo operativo y táctico. Hagamos
un relato muy sintético de la operación.
El 10 de enero de este año se pusieron en marcha dos columnas
de 150 vehículos, tripulados por yihadistas, algunos de ellos armados con artillería ligera.
Su objetivo: la toma de las ciudades del norte de Mali que aún no controlaban,
y la entrada en la capital. Cuando las avanzadillas llegaron a 200 km. de
Bamako, fueron frenadas en seco por la contraofensiva francesa. En efecto, el
presidente Hollande ordenó la intervención de una fuerza de contención, preparada con antelación,
y que entró en acción el día 11. Unidades motorizadas francesas se plantaron en
la capital, procedentes de Costa de Marfil. Fuerzas especiales y de infantería
helitransportadas atacaron las columnas. Cuatro Mirage 2000D, estacionados en
Djamena (Chad) las dispersaron. Timbuctú fue liberado mediante una operación
paracaidista nocturna. Las fuerzas africanas empezaron a llegar el día 19,
cuando ya se habían recuperado casi todos los centros urbanos.
La
base tecnológica y científica de la defensa europea, al límite de sus
capacidades
Sostener las
operaciones sobre un escenario con distancias de cientos de kilómetros requirió
poner en pie un operativo logístico sobre un espacio mucho más extenso, así
como la coordinación de prestaciones militares aportadas por los Estados
Unidos, Alemania, el Reino Unido, los Emiratos Árabes Unidos, Canadá, España,
Italia, Suecia, Dinamarca, Holanda y Bélgica, consistente principalmente en
aviones de transporte de personal y material, lo que necesitó la recarga de
combustible en vuelo (4.000 km. entre Francia y Mali), aportada por los aviones
norteamericano, poniéndose así en evidencia el incumplimiento del compromiso
europeo de dotarse de una fuerza de transporte militar, en torno a algunas centenas
de aviones A400M, que aún están en fase de construcción, con seis años de
retraso.
Otros éxitos fueron el
despliegue de sensores por todo el territorio, cubriendo los movimientos de las
columnas, así como la coordinación de varios sistemas de satélites para la
obtención de imágenes y el empleo de drones y sistemas de radar, todo lo cual
requirió emplear recursos tecnológicos avanzados para la información y análisis
de las señales sobre las que basar la dirección de las operaciones. En
realidad, muchos de estos recursos fueron llevados al límite de sus
capacidades, para una operación relativamente limitada, lo que suscita la
cuestión de cuántos recursos tendría Europa a su disposición, en caso de un
conflicto internacional mayor.
En resumen, es cierto
que Francia no está a la vanguardia de las reformas económicas que Europa
necesita; casi se diría que su política se hace notar sólo por tratar de moderar
o limitar la tremenda presión alemana sobre el resto de la eurozona. Pero
también es cierto que su esfuerzo y avances en materia militar crea un standard
que posiblemente casi ningún otro país europeo (y por supuesto no Alemania)
desee para sí y esté en condiciones de igualar.
Europa, como queda
probado más arriba, no puede ser unidimensional.
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