La presidencia de François Hollande
cumple un año
Publicado el
lunes 13 de mayo de 2013 en capitalmadrid.com
Antonio Sánchez-Gijón.– El miércoles día 15 comienza
el año II de la presidencia de François Hollande. Después de "tomar
tierra" durante un año, en el que ha comprobado la inviabilidad de muchas
de sus políticas, sobre todo las ideadas para resistir al clima de austeridad y
encogimiento que domina Europa bajo presión alemana, el presidente francés se
encuentra enzarzado en una sorda guerra de reticencias con las políticas de la
canciller Angela Merkel.
Reticencias sí, pero no enfados, ni mucho menos
agravios. Celebrando el 8 de mayo el aniversario de la victoria sobre el
régimen nazi junto con el presidente polaco, Hollande declaró que "hemos
logrado la reconciliación, y por eso, lo que hoy debemos hacer es juntarnos en
favor de una Europa que sea al mismo tiempo la del crecimiento y la del
empleo"; lo que se logrará, añadió, "con un compromiso entre Francia
y Alemania".
Entre las bases populares y políticas que dan apoyo al
gobierno de Hollande las voces no son tan comedidas. El presidente de la
Asamblea Nacional, el socialista Claude Bartolone, ha pedido nada menos que una
"confrontación" con Berlín. Un reciente documento del partido
socialista denunció "la egoísta intransigencia" del gobierno alemán.
Tanta animosidad hay en el ambiente que el ministro de Exteriores de Hollande,
Laurent Fabius, hubo de leer la cartilla a los exasperados: "Es legítimo
mantener discusiones útiles con nuestro socio alemán, pero está fuera de lugar
atacar a la jefa de un gobierno vecino y hacer como si Alemania fuera
responsable de nuestra pérdida de competitividad y de todas nuestras
dificultades".
Algunos alemanes tampoco se muerden la lengua. Uno de
ellos (cómo no) es el gobernador del Bundesbank, Jens Weidmann, quien en la
pasada semana declaró al diario regional WAZ: "Para recuperar la confianza
no debemos solamente poner por escrito nuevas reglas y prometer que se cumplirán
en el futuro; hace falta también concretarlas". Y a seguido vino el ataque
a la política de Hollande: "Francia ha recurrido su déficit
presupuestario, que será cercano al 4% este año e incluso aumentará en el
próximo. Pero para mí, esto no son economías". Francia, recordó, debería
jugar "el papel de modelo".
Se refería Weidmann a la ampliación del margen de
déficit (que debía ser del 3% del PIB en este año), concedida recientemente por
la Comisión Europea, y que deberá ser refrendada en Bruselas a final de mes por
los jefes de gobierno. Sin ese nuevo margen, en opinión de Pierre Moscovici,
ministro de Hacienda francés, Francia no podría recuperarse económicamente.
Casi simultáneamente el ministro francés de Asuntos
Europeos, Thierry Repentin, expresó una idea totalmente contraria a la de
Weidmann: "Rechazamos las políticas de austeridad, que por otra parte no
tienen ninguna realidad en nuestro país".
La cesión a Francia, así como a otros países, entre
ellos España, para que prolonguen su compromiso de déficit, debe verse en el
contexto del temor de Alemania a que se forme una coalición de países
endeudados que frustre o frene los proyectos alemanes para una unión fiscal
bajo estrictas reglas de comportamiento presupuestario y saneamiento
financiero. Mientras el electorado alemán perciba que la canciller sigue
teniendo la vara alta en Europa a pesar de concesiones como aquélla, y que
éstas sean interpretadas como el mínimo necesario para evitar una coalición
adversa, la canciller tendrá posibilidades de ser reelegida en septiembre, ya
que hoy las expectativas de voto para la coalición
democristianos-socialcristianos están muy a la par con la
socialdemócrata-partido Verde (41%/41% aproximadamente).
Crecimiento y planificación
industrial
El gobierno presidido por Jean-Marc Ayrault ha lanzado
dos iniciativas claramente vocadas al crecimiento. La primera, planeada con
otros países del euro y de fuera del euro, fue el programa de inversiones de la
Unión Europea, por €120.000 millones en el plazo 2014-2020. No se conoce un
plan francés, tan definido para las reformas estructurales que deberían
reforzar la competitividad de la economía.
La segunda iniciativa es más ambiciosa, y puramente
francesa. Se trata del Pacto para la Competitividad de la Industria, preparado
por el comisario para las Inversiones, Louis Gallois. El pacto parte de la
constatación de que en diez años Francia ha perdido 750.000 empleos
industriales, que en 2011 tuvo un déficit comercial de €70.000 millones y que
la industria no tiene suficientes recursos que invertir en su propio
crecimiento.
Ayrault llama expresamente a que en la formulación del
pacto se produzca una "reflexión franco-alemana", y a él llama a las
fuerzas sociales implicadas en la producción industrial. El documento se
congratula de que, gracias a la influencia francesa, la Comisión Europea
rescató en 2010 el concepto de "política industrial". El documento
toma nota de que la industria europea ha visto reducirse su cuota en la
economía común, desde un 19% en 2000 a 16% en 2011, y declara el propósito de
que se recupere hasta el 20% en 2020.
El documento lleva la impronta de los típicos planes
de desarrollo, y hace frecuentes llamamientos a la concertación con los
diversos sectores de la producción industrial. Es notable el reconocimiento que
hace de la superioridad del sistema alemán de desempleo a tiempo parcial, un
sistema que, aunque es "más costoso en lo inmediato", preserva mejor
las capacidades de la empresa industrial. El documento termina con una solemne
invitación a promover un pacto social, figura ésta que tan agitados tiene a los
partidos de la oposición en España, por no mencionar a los sindicatos
oficialistas CC.OO y UGT.
Aunque España se ha beneficiado al mismo tiempo que
Francia de la prolongación de los plazos de ajuste fiscal, su ulterior
alineamiento con las políticas sociales de Hollande desvalorizaría la reforma
laboral hecha en España, dado que Francia no ha llevado tan lejos la suya.
Hollande declara frecuentemente su voluntad de realizar reformas sólo cuando
encuentre el amplio consenso de los afectados.
Aunque el gobierno francés se propone reducir el
déficit en €40.000 millones en su presupuesto del 2014, la hazaña la conseguirá
principalmente por vía de impuestos, mientras que en España el mismo fin se
logra con más impuestos y una dosis significativa de reducción del gasto.
Los mercados siguen favoreciendo a Francia con una
prima de riesgo muy favorable respecto de la de España. Cuánto tiempo se
mantendrá esa situación, depende en gran medida de las reacciones de Alemania a
las políticas de Hollande. Hemos visto más arriba que voces alemanas muy
poderosas exigen mucho más esfuerzo por parte de París. Si en algún momento
Alemania exterioriza impaciencia con Francia, sin que una voz alemana acuda a
dar bálsamo, se habrá acabado el recorrido "pasito a pasito" de
Hollande. Eso puede ocurrir si la coalición CDU-CSU gana las elecciones en
septiembre próximo.
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