Tomó posesión mientras alguien
disparaba al pasado
Publicado el
lunes 29 de abril de 2013
Antonio Sánchez-Gijón.– Era una escena perfecta con
que echar el telón a una tragicomedia que había sumido al público en la más
absoluta de las congojas: un hombre desesperado, humilde menestral en paro,
disparaba seis tiros contra dos agentes de la autoridad delante del Palacio
Chigi, a unos cientos de metros del Quirinal en que este pasado domingo se
celebraba la toma de posesión de un gobierno que pretende, una vez más, ser el
final de una época de Italia.
Seis tiros contra la corrupción, el desgobierno, el
empobrecimiento y la inestabilidad; esa inestabilidad que atenaza a Italia
desde hace veinte años. Pero el calabrés Luigi Preiti no respondía al biotipo
del redentor: era un hombre inestable, inseguro de sus motivaciones y vicioso
del videopóker. Un antihéroe. Incompetente incluso para lograr el suicidio.
Más significativa, como prueba de cambio de ciclo, era
la jura de Enrico Letta como presidente del consejo. No cambio de época. Sólo
de ciclo. Se trata de un gobierno formado con el apoyo de una amplia mayoría
del espectro de la opinión y de las fuerzas políticas. Consentido por los
"powers that be" de siempre pero apadrinado y "protegido"
por el único italiano vivo al que se puede llamar estadista (el presidente
Giorgio Napolitano), y que también cuenta con el apoyo de uno de los pocos
italianos que conservan su prestigio en Europa después de haber gobernado
Italia, el ex presidente del consejo Mario Monti.
Alumbrar el nuevo gobierno ha supuesto un enorme
sacrificio personal de Napolitano. A punto de terminar su mandato, hubo de
renovarlo a la vista del fracaso de las fuerzas políticas en elegir un sucesor
que a su vez garantizase la formación de un gobierno de amplio consenso. La
sola confirmación de su continuidad produjo un salto importante en la bolsa.
El país llevaba dos meses de gobierno interino, y hace
cinco que Monti presentó su dimisión. En ese tiempo, observa Il Sole-24 Ore,
Italia ha perdido tres mil empresas y el correspondiente número de puestos de
trabajo.
Italia se halla en una encrucijada de hechos
contradictorios: por un lado tiene bajo control el problema de la deuda y la
prima de riesgo (ya ha cubierto el 50% de las emisiones de deuda para el resto
del año), y por otro se halla en una crisis de la economía. La agencia Moody's
ha corregido la previsión del PIB para el 2013, fijada hasta ahora en - 1%, y
la ha colocado en - 1,8%.
Amplios apoyos de las principales
fuerzas políticas
Y por supuesto, el nuevo gobierno cuenta también con
el apoyo contenido de las dos fuerzas políticas que han dominado los últimos
años de la vida política italiana, el Partido Democrático (PD), de Luigi
Bersani, y el Pueblo de la Libertad (PdL), de Silvio Berlusconi, uno de centro
izquierda y el otro de centro derecha.
Letta es un hombre joven según los usos italianos (46
años), democristiano, que hasta ahora era vicelíder del PD. Se hallará al
frente de un consejo de 21 ministros con predominio de gente joven, bastantes
caras nuevas y siete mujeres.
Su gobierno ha sido saludado como el primero que puede
gobernar en paz después de veinte años de guerra política, al tiempo que
representa un cambio generacional.
También se trata de un gobierno capaz de afrontar con
nuevas fórmulas los retos de la crisis europea; que se propone defender las
políticas de crecimiento, y que posee un robusto núcleo europeísta, constituido
por el propio Letta, formado académicamente en centros europeos; el ministro de
Economía, Fabrizio Saccomanni, antiguo alto directivo del Fondo Monetario
Internacional, uno de los "técnicos" del tratado de Maastricht, y
hasta ahora director general del Banco de Italia; Emma Bonino, la nueva
ministra de Exteriores, antigua comisaria de la Comisión Europea, y Enzo
Moavero, que con Monti llevaba la cartera de Asuntos Europeos y permanece en la
misma cartera.
Emma Bonino aportará probablemente al gobierno el
apoyo de las facciones menos contestatarias del movimiento Cinque Stelle, de
Beppe Grillo, ya que era una de las figuras que éste barajaba como posible
candidata a la presidencia de la república. Grillo lo ha resentido mucho:
"con el nuevo gobierno, al tercer día ha resucitado Barrabás", dijo
al conocer la composición del nuevo gobierno.
A Saccomanni se le atribuye una agenda vocada al
crecimiento. Cree que el saneamiento llevado a cabo por el gobierno Monti permite
tomar decisiones políticas que den un vuelco psicológico al estado de depresión
que embarga la vida económica italiana. Saccomanni se ha pronunciado a favor de
la contención fiscal mediante recortes del gasto, y ha llamado a la conjunción
de esfuerzos de la banca, las empresas y las partes más débiles de la sociedad.
Si el Sur se salva, Italia se salva
El gobierno debe aún pasar la aprobación
parlamentaria. El antiguo primer ministro Berlusconi ha prometido no poner
"ningún candado" al nuevo gobierno. Los términos del apoyo a Letta
pudo, sin duda, negociarlos Berlusconi en la reunión que los dos mantuvieron
antes de que Letta acudiese a exponer su proyecto de gobierno a Napolitano.
Berlusconi aseguró para Angelino Alfano, un hombre de su confianza, la cartera
de Interior. Y al frente de Justicia se halla Ana Maria Cancellieri, procedente
de la formación berlusconiana. Estas dos figuras serán observadas intensamente
en relación con sus actitudes respecto de las cuestiones judiciales que tiene
aún pendientes "il cavaliere".
Unos antiguos aliados de Berlusconi, la Liga Norte, no
han dado su apoyo al nuevo gobierno, pero tampoco lo han rechazado. Todo lo
condicionan a la política que Letta emprenda respecto de las reivindicaciones
de su formación. Para Roberto Maroni, vice del jefe de filas, Mario Bossi, el
gobierno Letta es excesivamente "meridional", baldón que lleva
implícita la sugestión de corrupción, incompetencia y cosas peores. La Liga
quiere una macrorregión del norte, conservar el 75% de los impuestos y una
convención para las reformas, y a obtener esos objetivos condicionará su apoyo
al gobierno.
Es probable que el gobierno no complazca a la Liga: al
frente del ministerio de Cohesión Territorial está el sociólogo Carlo
Trigiglia, quien piensa que si Italia ha de crecer en el tercer milenio, sólo
podrá hacerlo cuando el Sur se desarrolle.
Entonces, lamentablemente, será demasiado tarde para
el calabrés Preiti y para muchos otros pacíficos sureños sumidos en la
precariedad.
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