sábado, 8 de junio de 2013

Bruselas y la OCDE responden al eufórico encuentro de París


Rajoy y Hollande proponen la Contrarreforma. Barroso pide la Reforma

Publicado el jueves 30 de mayo de 2013 en capitalmadrid.com

Antonio Sánchez-Gijón..– El sentido común dice que no puede producirse una Contrarreforma si previamente no ha habido una Reforma. Eso al menos es lo que enseña la historia europea del s. XVI. Pero con sólo sentido común no se entienden las cosas de Europa. En los tres últimos días la lógica histórica ha ido al revés.

La semana empezó con una Contrarreforma sui generis, auspiciada por el presidente francés François Hollande, el presidente Rajoy y un selecto grupo de "seniores" de la historia contemporánea europea, bajo la hospitalidad del Berggruen Institute, en París, pero un día después vinieron la Comisión Europea y la OCDE a leernos las provocativas tesis de la Reforma que los europeos debemos abrazar si queremos salvar nuestra fe (en Europa) y nuestros empleos.

Entiéndanse las ideas de Reforma y Contrarreforma en un sentido intrahistórico. Como es bien sabido, ésta última reforzó la legitimidad histórica de los poderes que la abrazaron, y dio como contrapartida mejoras en cuanto a la moralización de costumbres, la disciplina del orden eclesial y la depuración de las prácticas religiosas,  sin alterar las bases de legitimación del poder, ni cambiar los métodos de producción. Los reformados, por su parte, cambiaron de dogmas, destruyeron las bases de los poderes tradicionales y dieron origen a nuevas formas de organización política y social. Y también a otra economía. En París no se propuso nada de eso. Se trataba de conceder lo menos posible, para no tener que alterar las estructuras que garantizan el actual status quo político y social.

Lo ofrecido en París fueron mejoras en el empleo juvenil, pero rehuyendo comprometerse con los problemas de fondo, esto es, con las estructuras que legitiman el actual estado de cosas.

Por muy lacerante que sea, el desempleo juvenil es sólo una derivada del anquilosamiento de las estructuras laborales de muchos países europeos, de la poca voluntad de sus élites políticas para ir al fondo de los problemas de paro y estancamiento económico, y de su falta de resolución en abordar las reformas que necesita la economía de la Unión Europea. Llamar a ese ejercicio "new deal para el empleo de los jóvenes", como se adjetivó a sí misma la reunión, haría sonreir al inventor del término, cuya aplicación removió todos los órdenes de la vida económica y social de su país.

Dos réplicas seguidas

La primera réplica a lo de París vino accidentalmente al día siguiente, en un comunicado de la OECD, al presentar su Economic Outlook, que afirmaba que Europa "necesita más medidas de consolidación fiscal". La segunda llegó por voz del presidente de la Comisión Europea, J. M. Barroso; los países europeos en recesión "deben cumplir los objetivos acordados que les permitan acelerar los esfuerzos para poner en orden sus finanzas y llevar a cabo reformas que ya deberían estar hechas (overdue reforms)".

Hace unos días la Comisión, como estímulo a la reforma, ofreció a los estados problemáticos gozar de un relajamiento de los plazos en que deben tener sus finanzas públicas en orden (para no sobrepasar el 3% del PIB en sus presupuestos). España, Francia, Polonia y Eslovenia gozarán de un año más sobre lo ya acordado, y Holanda y Portugal gozarán de uno. El tiempo extra, dijo Barroso este miércoles, "debe ser utilizado prudentemente para elevar la competitividad".

La reunión de París ha sido presentada como un triunfo de la tesis de que lo prioritario en este momento es aliviar la austeridad, empezando por los seis millones de jóvenes desempleados que hay en la Unión. Sin embargo, en opinión de un alto cargo de la Comisión, expresada este miércoles, el mensaje que debería llegar a los europeos es que "el énfasis está cambiando de la austeridad a las reformas estructurales" (agencia Reuters).

Si se analizan las cifras manejadas en París, se concluye que es imposible que el problema del desempleo juvenil sea resuelto por la vía de los fondos comunitarios disponibles o agenciables en tiempo útil. Actualmente están más o menos asegurados €32.000 millones, y consisten en un crédito de 6.000 de la Comisión hasta el 2020 para un programa inspirado en el Erasmus, para jóvenes trabajadores, por 16.000 millones procedentes de los fondos estructurales que llevan año y medio sin aplicarse, y 10.000 millones del Banco Europeo de Inversiones, con la esperanza de que éste fondo asegure préstamos para las pymes que contraten jóvenes, por un montante de €60.000 millones.

Éxtasis con Rajoy

El presidente del gobierno hizo en París cálculos posiblemente arriesgados sobre esos fondos. Espera que los que se apliquen al desempleo español no cuenten como déficit del estado, al igual que en el caso de la banca. Afirmó, además, que no habrá más reformas laborales..., por lo menos de momento. Eso sí, pidió que el BEI aumente su dotación de capital hasta los €30.000 millones. El diario El País, animador del encuentro, está extasiado con Rajoy. Este miércoles decía: "Rajoy pronunció en París uno de los discursos más trabajados y más claramente europeístas de los últimos meses".

Como adelanto de lo que iba a decir la Comisión al día siguiente, tanto el alemán Martin Schulz, presidente del parlamento europeo, como el ministro de Finanzas de la República Federal, Wolfgang Schäuble, que asistieron al encuentro, se mostraron escépticos sobre el alcance y la utilidad de lo propuesto en la conferencia.

Alemania no va a perder el control de la llave que aprieta o afloja la austeridad de los otros. Su Banco de Desarrollo acaba de formular un plan para conceder préstamos a empresas pequeñas y medias de España, Portugal y, posiblemente, Grecia. Cuando puede, Berlín no se deja intermediar por Bruselas.

El método de trabajo de Berlín será ofrecer la financiación que ese tipo de empresa no puede conseguir en los mercados nacionales, mediante transferencias del Banco de  Desarrollo alemán al Instituto de Crédito Oficial (ICO), para que éste haga préstamos a bajo interés a las compañías, cediendo, pues, parte de la ventaja de los bajos tipos con que opera la banca alemana. Aunque el dinero implicado en el primer acuerdo es relativamente poco (€1.200 millones), es suficiente para poner en manos de la canciller Merkel un instrumento de supervisión sobre la marcha de las reformas españolas, sobre todo si se tiene en cuenta que el gobierno español espera atraer créditos colaterales por €2.000 millones más.

Como en toda operación que implique crédito (sea moral o financiero), sus efectos pueden desvanecerse o crecer aritmética o exponencialmente, así que si España quiere lograr los préstamos que no llegan a sus empresas, por la vía "alemana" le llega un estímulo para tomarle gusto a las reformas que Rajoy, en París, dijo que por ahora no pensaba hacer.

En otro orden de cosas, la enfática respuesta que la CE dio al ejercicio de ilusionismo de París revela la inquietud de la Comisión por su relativa pérdida de control sobre la crisis, que cada vez más depende de actuaciones particulares de Alemania, la cual ya hizo hace diez años las reformas que hoy quiere imponer a los otros, y gracias a las cuales está en condiciones de controlar los necesarios flujo de crédito necesarios para superar la crisis.

 

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