Rajoy y Hollande proponen la
Contrarreforma. Barroso pide la Reforma
Publicado el
jueves 30 de mayo de 2013 en capitalmadrid.com
Antonio Sánchez-Gijón..– El sentido común dice que no
puede producirse una Contrarreforma si previamente no ha habido una Reforma.
Eso al menos es lo que enseña la historia europea del s. XVI. Pero con sólo
sentido común no se entienden las cosas de Europa. En los tres últimos días la
lógica histórica ha ido al revés.
La semana empezó con una Contrarreforma sui generis, auspiciada por el
presidente francés François Hollande, el presidente Rajoy y un selecto grupo de
"seniores" de la historia contemporánea europea, bajo la hospitalidad
del Berggruen Institute, en París, pero un día después vinieron la Comisión
Europea y la OCDE a leernos las provocativas tesis de la Reforma que los
europeos debemos abrazar si queremos salvar nuestra fe (en Europa) y nuestros
empleos.
Entiéndanse las ideas de Reforma y Contrarreforma en
un sentido intrahistórico. Como es bien sabido, ésta última reforzó la
legitimidad histórica de los poderes que la abrazaron, y dio como contrapartida
mejoras en cuanto a la moralización de costumbres, la disciplina del orden
eclesial y la depuración de las prácticas religiosas, sin alterar las
bases de legitimación del poder, ni cambiar los métodos de producción. Los
reformados, por su parte, cambiaron de dogmas, destruyeron las bases de los
poderes tradicionales y dieron origen a nuevas formas de organización política
y social. Y también a otra economía. En París no se propuso nada de eso. Se
trataba de conceder lo menos posible, para no tener que alterar las estructuras
que garantizan el actual status quo político
y social.
Lo ofrecido en París fueron mejoras en el empleo
juvenil, pero rehuyendo comprometerse con los problemas de fondo, esto es, con
las estructuras que legitiman el actual estado de cosas.
Por muy lacerante que sea, el desempleo juvenil es
sólo una derivada del anquilosamiento de las estructuras laborales de muchos
países europeos, de la poca voluntad de sus élites políticas para ir al fondo
de los problemas de paro y estancamiento económico, y de su falta de resolución
en abordar las reformas que necesita la economía de la Unión Europea. Llamar a
ese ejercicio "new deal para el empleo de los jóvenes", como se
adjetivó a sí misma la reunión, haría sonreir al inventor del término, cuya
aplicación removió todos los órdenes de la vida económica y social de su país.
Dos réplicas seguidas
La primera réplica a lo de París vino accidentalmente
al día siguiente, en un comunicado de la OECD, al presentar su Economic
Outlook, que afirmaba que Europa "necesita más medidas de consolidación
fiscal". La segunda llegó por voz del presidente de la Comisión Europea,
J. M. Barroso; los países europeos en recesión "deben cumplir los
objetivos acordados que les permitan acelerar los esfuerzos para poner en orden
sus finanzas y llevar a cabo reformas que ya deberían estar hechas (overdue reforms)".
Hace unos días la Comisión, como estímulo a la
reforma, ofreció a los estados problemáticos gozar de un relajamiento de los
plazos en que deben tener sus finanzas públicas en orden (para no sobrepasar el
3% del PIB en sus presupuestos). España, Francia, Polonia y Eslovenia gozarán
de un año más sobre lo ya acordado, y Holanda y Portugal gozarán de uno. El
tiempo extra, dijo Barroso este miércoles, "debe ser utilizado
prudentemente para elevar la competitividad".
La reunión de París ha sido presentada como un triunfo
de la tesis de que lo prioritario en este momento es aliviar la austeridad,
empezando por los seis millones de jóvenes desempleados que hay en la Unión.
Sin embargo, en opinión de un alto cargo de la Comisión, expresada este
miércoles, el mensaje que debería llegar a los europeos es que "el énfasis
está cambiando de la austeridad a las reformas estructurales" (agencia
Reuters).
Si se analizan las cifras manejadas en París, se
concluye que es imposible que el problema del desempleo juvenil sea resuelto
por la vía de los fondos comunitarios disponibles o agenciables en tiempo útil.
Actualmente están más o menos asegurados €32.000 millones, y consisten en un
crédito de 6.000 de la Comisión hasta el 2020 para un programa inspirado en el
Erasmus, para jóvenes trabajadores, por 16.000 millones procedentes de los
fondos estructurales que llevan año y medio sin aplicarse, y 10.000 millones
del Banco Europeo de Inversiones, con la esperanza de que éste fondo asegure
préstamos para las pymes que contraten jóvenes, por un montante de €60.000
millones.
Éxtasis con Rajoy
El presidente del gobierno hizo en París cálculos
posiblemente arriesgados sobre esos fondos. Espera que los que se apliquen al
desempleo español no cuenten como déficit del estado, al igual que en el caso
de la banca. Afirmó, además, que no habrá más reformas laborales..., por lo
menos de momento. Eso sí, pidió que el BEI aumente su dotación de capital hasta
los €30.000 millones. El diario El País, animador del encuentro, está extasiado
con Rajoy. Este miércoles decía: "Rajoy pronunció en París uno de los
discursos más trabajados y más claramente europeístas de los últimos
meses".
Como adelanto de lo que iba a decir la Comisión al día
siguiente, tanto el alemán Martin Schulz, presidente del parlamento europeo,
como el ministro de Finanzas de la República Federal, Wolfgang Schäuble, que
asistieron al encuentro, se mostraron escépticos sobre el alcance y la utilidad
de lo propuesto en la conferencia.
Alemania no va a perder el control de la llave que
aprieta o afloja la austeridad de los otros. Su Banco de Desarrollo acaba de
formular un plan para conceder préstamos a empresas pequeñas y medias de
España, Portugal y, posiblemente, Grecia. Cuando puede, Berlín no se deja
intermediar por Bruselas.
El método de trabajo de Berlín será ofrecer la
financiación que ese tipo de empresa no puede conseguir en los mercados
nacionales, mediante transferencias del Banco de Desarrollo alemán al
Instituto de Crédito Oficial (ICO), para que éste haga préstamos a bajo interés
a las compañías, cediendo, pues, parte de la ventaja de los bajos tipos con que
opera la banca alemana. Aunque el dinero implicado en el primer acuerdo es
relativamente poco (€1.200 millones), es suficiente para poner en manos de la
canciller Merkel un instrumento de supervisión sobre la marcha de las reformas
españolas, sobre todo si se tiene en cuenta que el gobierno español espera
atraer créditos colaterales por €2.000 millones más.
Como en toda operación que implique crédito (sea moral
o financiero), sus efectos pueden desvanecerse o crecer aritmética o
exponencialmente, así que si España quiere lograr los préstamos que no llegan a
sus empresas, por la vía "alemana" le llega un estímulo para tomarle
gusto a las reformas que Rajoy, en París, dijo que por ahora no pensaba hacer.
En otro orden de cosas, la enfática respuesta que la
CE dio al ejercicio de ilusionismo de París revela la inquietud de la Comisión
por su relativa pérdida de control sobre la crisis, que cada vez más depende de
actuaciones particulares de Alemania, la cual ya hizo hace diez años las
reformas que hoy quiere imponer a los otros, y gracias a las cuales está en
condiciones de controlar los necesarios flujo de crédito necesarios para
superar la crisis.
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