sábado, 8 de junio de 2013

La ambigüedad del PSC le refuerza políticamente


El Constitucional frena por ahora la estrategia soberanista

Publicado el jueves 9 de mayo de 2013 en capitalmadrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.– El Tribunal Constitucional ha aceptado este miércoles la impugnación del gobierno español contra la declaración de soberanía aprobada por el Parlamento catalán, del 23 de enero pasado. Hasta que el alto tribunal emita un fallo, la vida política catalana vivirá en una especie de suspensión animada, pendiente de conocer las bases sobre las que se puede convocar una consulta popular sobre el "derecho a decidir" que las fuerzas nacionalistas (y otras) reclaman. Aquella declaración instituía al pueblo catalán en "sujeto político y jurídico soberano", contradiciendo lo que establece la Constitución Española, que atribuye la soberanía al pueblo español.

La declaración había sido aprobada por 85 diputados de Convergencia i Unió, Esquerra Republicana de Catalunya, Iniciativa per Catalunya-Els Verds y la agrupación independentista CUP. La mayoría del partido socialista de Cataluña, y todos los diputados del Partido Popular y de Ciutadans votaron en contra. Esta votación fue motivo de una división interna del PSC; cinco de sus diputados se abstuvieron, haciendo caso omiso de las instrucciones del partido, de votar en contra.

La declaración anunciaba que "se utilizarán todos los marcos legales existentes para hacer efectivo el fortalecimiento democrático y el ejercicio del derecho a decidir". También prometía que "se dialogará y se negociará con el Estado español, las instituciones europeas y el conjunto de la comunidad internacional".

A pesar de que la declaración proclama al pueblo catalán "sujeto político y jurídico soberano", el argumentario de las fuerzas nacionalistas es que la resolución no tiene valor jurídico. Así lo afirmaba a raíz de su aprobación el portavoz de CiU en el parlament, Oriol Pujol: "No es una regulación jurídica. Eso ya lo haremos". El portavoz de ERC, Oriol Junqueras, decía por su parte: "El derecho a decidir no puede ser compartido con otro ente jurídico", en referencia a que los derechos del pueblo catalán no pueden ser subsumidos en los del pueblo español.

Fue esa expresión, "sujeto político y jurídico soberano", lo que movió a la Abogacía del Estado a promover el recurso ante el Constitucional. Este, en su auto, circunscribe el ámbito de la impugnación a "la Resolución 5/X del Parlamento de Cataluña, de 23 de enero de 2013, por la que se aprueba la Declaración de soberanía y del derecho a decidir del pueblo de Cataluña". El TC da veinte días al parlamento de Cataluña para que aporte "cuantos documentos y alegaciones considere convenientes". Asimismo dispone la suspensión de la resolución impugnada desde el 8 de marzo de 2013, fecha de interposición del recurso.

Contenido jurídico sí, contenido jurídico no

El presidente Mas, después de conocer la decisión del TC, quiso restar alcance y significación a la solemne declaración del 23 de enero, al decir, que "estamos sólo en el terreno de las declaraciones", y que el propósito del parlament fue sólo "expresar la voluntad popular", y que "nadie ha hecho una declaración unilateral de independencia ni una ley". Por tanto, advirtió, "no vamos a congelar nada... y el camino sigue hacia adelante".

El president advirtió de forma indirecta contra el conflicto político que se puede derivar de la resolución del TC, al evocar el fallo de ese mismo tribunal sobre el estatuto de Cataluña, al que atribuye el que "hoy estamos como estamos, entre otras cosas por lo que pasó entonces, así que hay que tomar nota".

Igual voluntad de marchar adelante mostró el líder del ERC, Oriol Junqueras, para quien la declaración del parlament es "la expresión democrática del pueblo catalán". El portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, Alfred Bosch, ha quitado toda importancia a la resolución del TC, ya "que no cambia nada" porque "las soberanías ni se dan ni se quitan", simplemente "se poseen".

Merece la pena observar que el president Mas no ha sacado a relucir la palabra "soberanía" para contraponerla a la resolución del TC, a diferencia de lo que ha hecho el diputado Bosch. La estrategia diseñada desde septiembre del pasado año por CiU ha sido la de dar a entender a los catalanes que su gobierno iba a luchar por la independencia, aunque usando palabra tan comprometida el mínimo de veces suficiente para que su idea quedase grabada en el imaginario colectivo, procurando al mismo tiempo que el juego político e institucional quede siempre enmarcado en la noción esterilizada del "derecho a decidir", que es un concepto de validez política menos abrasivo.

El PSC acompañó a Mas y al frente nacionalista en este juego ambiguo hasta este pasado lunes cuando, convocados sus portavoces por el president para preparar la hoja de ruta y el esquema institucional del "derecho a decidir", examinaron la maquinaria soberanista que acababa de ponerse en marcha por la Generalidad, para ir creando "estructuras de estado", tarea encomendada a un Consejo de Transición Nacional; maquinaria que en opinión de los socialistas prepara la aparición de una Cataluña independiente como resultado de la consulta necesaria para ejercitar el "derecho a decidir".

PSC y Pere Navarro, ¿fieles de la balanza?

El juego del PSC (estar por el derecho a decidir y declararse en contra de la independencia, al menos de momento) es lo suficientemente ambiguo como para sembrar la desconfianza tanto entre los independentistas como entre los constitucionalistas. Por un lado, la posición del PSC debilita o anula la identificación subyacente entre derecho a decidir e independencia, buscada por los soberanistas, y por otro resta cohesión, votos y unidad de propósito a los constitucionalistas para oponerse al frente independentista.

Por eso, tanto los constitucionalistas como los soberanistas querrían tener el PSC de su lado. Artur Mas, en la reunión de este lunes, ofreció al PSC estudiar la posibilidad de una Cataluña-estado como parte de una España federal. Este sería, a su entender, un modo de retenerlos en el juego del derecho a decidir, y aunque en última instancia el PSC no empuje hacia la independencia, por lo menos sí lo puede hacer para lograr el referéndum que exprese ese derecho. De otro lado, parte de los constitucionalistas (al menos el PSOE) prefieren que la ambigüedad del juego del PSC se mantenga, como medio de diluir la homogeneidad del frente soberanista.

Es muy sintomático que el periódico más próximo al PSOE, El País, haya criticado con dureza la carta de la ex-ministra de Defensa y figura sobresaliente del socialismo catalán, Carmen Chacón, al líder del PSC, Pere Navarro, para que se desmarque de la estrategia de los nacionalistas y no participe en los preparativos para la consulta. Es decir, para que abandone su ambigüedad. Pero si el PSC se pronunciase contra el proyecto de consulta, por un lado haría daño a CiU y favorecería a ERC en detrimento de la anterior, pero por otro privaría al PSOE de un puente de contacto con los nacionalistas catalanes. Recuérdese que el PSC gobernó con ERC hasta la llegada al poder de Mas, en el 2010, con gran complacencia del entonces presidente del gobierno y líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero sobre todo, la posición ambigua del PSC a quien reporta más beneficios es a su líder, Pere Navarro, una figura sin relieve notable, pero tan diferente del verboso Artur Mas y del bombástico Pérez Rubalcaba.

 

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