Método europeo para que
Portugal supere la crisis
Publicado el 11 de abril 2013 en capitalmadrid.com
Antonio Sánchez-Gijón.- El secretario del Tesoro de
los Estados Unidos, Jacob Lew, fue despedido esta semana por los europeos con
un “muchas gracias por sus consejos pero aquí tenemos nuestra forma de hacer
las cosas”. Por supuesto Lew no se hacía ninguna ilusión, pero debía cumplir el
protocolo político-diplomático de siempre, y hacer la gira del bloque económico
que hasta ahora ha sido el principal socio comercial de su país, para explicar
por qué los Estados Unidos van a seguir un camino totalmente opuesto al de
Europa, aunque ofreciendo el suyo como modelo para salir de la crisis del
Continente.
Los europeos necesitan demostrar que su método (la
contención fiscal, los recortes, etc.) es austero pero no despiadado. La
próxima representación de este mensaje estaba previsto que tuviera lugar en
Dublín, en la mañana del próximo viernes 12, en el consejo de ministros de
Economía/Finanzas del Eurogrupo, que tendrá como uno de los puntos principales
de la agenda el caso de Portugal, de modo que lo que decidan pueda ser
discutido (o supervisado) por la tarde en una reunión informal del Ecofin de la
Unión Europea “a 27”. O al menos ése era el calendario previsto
El ministro de Hacienda, Vítor Gaspar, declaró el
miércoles que acudía a Dublín para conseguir apoyo oficial europeo al regreso
de Portugal al mercado de la deuda pública. El ahogo fiscal se traduce en un
agobio financiero de las empresas, que sólo pueden financiarse a un costo del 6,7%
de media, en comparación con el 4,4% de Italia y el 5,1 de España
Lo que probablemente propondrán los ministros de
finanzas será adoptar la recomendación del Fondo Monetario Internacional, dada
a conocer a principios de semana, de prolongar los plazos en que Portugal debe
reajustar sus cuentas (lo que sería un alivio de largo plazo para su población)
y lo que debe hacer para merecerlo (lo que conllevará más penalidades a corto
plazo para los portugueses y el riesgo de mayor inestabilidad política). El
ministro Gaspar ofrece como contrapartida un programa de recortes del gasto
Sentencia y consecuencia
El primer “alivio” que el ministro pedirá será un
retraso en la devolución de un tramo de €2.000 millones, de próximo
vencimiento. Irlanda, Eslovenia y España miran expectantes lo que se vaya a
decidir en Dublín. El 25% de las exportaciones portuguesas se realizan a España.
Una bancarrota fiscal de Portugal tendría consecuencias desastrosas sobre la
banca española, la cual, según el Banco Internacional de Pagos, era acreedora,
en 2011, de €65.000 millones de deuda portuguesa
Todo el programa de alivio, sin embargo, depende del
febril calendario político portugués, condicionado por la sentencia del
Tribunal Constitucional, de la pasada semana, contraria, entre otras medidas, a
la supresión de una paga extra de los funcionarios. El primer ministro anunció,
dos días después de la sentencia, recortes a la seguridad social, la educación,
la salud y las compañías públicas.
También se ve afectado el gobierno por la dimisión a
primeros de mes del ministro de Relaciones Parlamentarias Miguel Relvas por un
asunto de ética académica, que obliga a una remodelación del gobierno (que se
estima inminente), y por la censura planteada por la oposición contra los
recortes financieros.
Mientras Portugal no despeje estas incógnitas de
tipo político es difícil que el Ecofin dé su visto bueno a cualquier recomendación
del Eurogrupo. De Alemania ya ha venido una advertencia, encriptada en palabras
de ánimo: “el trabajo admirable hecho hasta ahora por los portugueses ha tenido
muchos logros”, declaro recientemente Martin Kotthaus, portavoz del ministerio
alemán de Hacienda. Gracias a ellos Portugal “ha recuperado la confianza de los
mercados”, Esa confianza, añadió, “es muy difícil de obtener y debe ser
cuidadosamente preservada”
La misma recomendación del FMI, que prevé la
normalización fiscal de Portugal en un plazo de siete años, no está libre de posibles tropiezos. La
primera reacción alemana ha sido la de no conceder más de cinco años. Por otra
parte, se aplicaría no al total de los préstamos recibidos por Portugal
(€78.000 millones), sino a los recibidos del Fondo Europeo de Estabilidad
Financiera y el Mecanismo Europeo de Estabilidad
¿Una gran coalición
La inestabilidad política está siendo acompañada por
gran agitación social. El sentimiento de empobrecimiento progresivo domina a la
mitad de la población. El presidente de una asociación de socorro a personas
sin cobijo, Henrique Pinto, estima la población bajo el nivel de pobreza en un
23%
Ahora, por la recomendación del Constitucional, el
gobierno debe añadir, a los €4.000 millones de ahorro previstos en el acuerdo
de rescate hasta 2015 (5,5% del PIB), 1.328
millones más. El dinero que ha de poner para devolver pagas extras debe
extraerlo ahora de otras partidas; lo más probable es que será a costa del
profesorado y las fuerzas de seguridad, las
dos áreas de empleo público que el FMI considera hinchadas. El ministro de
Economía, Álvaro Santos Pereira, aseguró el pasado martes que los recortes “son
fundamentales para que se puedan bajar los impuestos a los portugueses y a las
empresas”.
La política de austeridad ha golpeado gravemente al
empleo; si la tasa de paro se cerró en 2012 en 12%, a finales de 2013 se
calcula será del 19%. Esas condiciones son argumentos para que la oposición
socialista, (PSP) denuncie el desmantelamiento del estado de bienestar. Los
recortes a éste son, desde todos los puntos de vista, inevitables en una
economía que el pasado año se contrajo un 3,2%, y que se espera se contraiga en
éste un 2,3% adicional.
La profundidad de la crisis hace temer a algunos por
la paz político-social. El presidente de la Asociación Portuguesa de la Banca,
Fernando Faria da Oliveira, recomendó este martes que los socialistas entrasen
en el gobierno: “Necesitamos asegurar la estabilidad política para que las
medidas de ajuste funcionen”.
Nada ilustra mejor la distancia entre las estrategias
económicas de Estados Unidos (y aún podríamos añadir Japón) y las de la Unión
Europea que las proposiciones expansivas del norteamericano Lew y la ansiedad
con que Portugal espera de Dublín un alivio temporal y casi a los márgenes,
para su comprometida situación fiscal y económica.
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