Por presiones rusas no logra cumplir
su primer compromiso para asociarse a la UE
Publicado el
jueves 14 de noviembre de 2013 en capitalmadrid.com
Antonio Sánchez-Gijón.– Rusia le ha metido un gol en
todo lo alto a la Unión Europea al haber logrado, por medio de fuertes
presiones, que Ucrania incumpliera, o se viera obligada a retrasar, su
compromiso de liberar a la antigua primera ministra Nadia Timoshenko,
encarcelada desde hace dos años por especiosas acusaciones de corrupción.
Debajo de esta batalla en torno a una sola persona late un acerado conflicto de
visiones geopolíticas entre dos grupos de países, uno de los cuales mira a
Occidente y el Atlántico, y el otro a Oriente y la masa continental de Asia
Central.
Es la UE frente a Rusia más unos pocos asociados a los
designios de ésta. Las dos sienten hallarse en un momento definitorio, como se
observa en el tono de urgencia y hasta de conminación con que uno y otro grupo
se manifiestan.
Ayer miércoles, el parlamento ucraniano no produjo la
mayoría necesaria para una ley que hubiese autorizado a prisioneros ucranianos
enfermos recibir tratamiento médico en el extranjero. Estaba previsto que
Timoshenko se acogiera a esa ley "exprés" para salir de su tierra y,
de hecho, quedar libre en un país de la Unión. La liberación de Timoshenko era
la condición puesta por la UE para iniciar negociaciones con vista a la
integración de Ucrania en el llamado Partenariado del Este, una asociación que
con el tiempo deberá conducir a la plena adhesión de sus miembros al bloque
político y económico europeo.
La suerte de Timoshenko se había convertido en prenda
de los compromisos de Ucrania con la reforma de sus sistemas judicial y
policial, contraídos por su parlamento el pasado 18 de septiembre. Es posible
que el actual gobierno haya visto la liberación de Timoshenko como un potencial
contratiempo para sus deseos de continuidad futura en el poder. El primer
ministro, Nikolai Azarov, calificó la exigencia de la UE sobre la anterior
primera ministra de "irresponsable", aunque en principio había
aceptado la condición.
Estaba previsto que el dossier ucraniano fuese
examinado por la Unión el próximo día 18, y quedara listo para la incorporación
al proceso de asociación, y posterior adhesión, en un acto de firma junto con
otros dos países (Moldavia y Armenia), en la capital lituana, los días 28 y 29.
En un horizonte más lejano quedan las negociaciones con Georgia y Azerbayán. Todos
esos países son antiguas nacionalidades integradas en la Unión Soviética, y
separadas de ella entre finales de los ochenta y principios de los noventa.
Rusia se opone con todas sus fuerzas
A lo largo de dos meses y veinticinco viajes, el
representante de la Unión, el ex-ministro de Exteriores de Polonia, Aleksander
Kwasnievski, creía tener en el bolsillo el acuerdo de asociación con Ucrania.
Este tratado era considerado por Moscú como una amenaza a sus intereses
geopolíticos, y una vía de contagio de la cultura liberal occidental sobre el
sistema político ruso, determinadamente antiliberal, capaz de ejercer un
tipo de influencia que en opinión del presidente ruso, Vladimir Putin, no se
puede consentir so pena de que Rusia, un estado constitutivamente poco
cohesionado y difícil de defender, se debilite aún más. El polaco Kwasnievski
estuvo presente en la votación fallida, así que se lleva un buen informe bajo
el brazo a Bruselas.
La misma liberación de Timoshenko por presiones de la
UE era vista como un indeseable precedente para el caso de cualquier tratado
comercial de Rusia con Bruselas; el cual podría (¿quién sabe?) comportar la
exigencia de que sus presos políticos fueran liberados previamente.
Rusia ha venido repitiendo su invitación a que Ucrania
ingresase en la unión aduanera que ya tiene formada con Bielorrusia y
Kazakstán, a la cual, con lenguaje geopolítico, llaman Unión Euroasiática (UEA)
La última oportunidad de ejercer extrema presión sobre Kiev fue la visita
(que se supone debía ser secreta) del presidente ucraniano Viktor Yanukovich a
Moscú, iniciada el pasado día 9. El día 11, el consejero de Putin para la
integración regional anunció que Rusia estaba en condiciones de realizar
fuertes inversiones en Ucrania, a condición de que no se asociase con la Unión
Europea
El encuentro Yanukovich-Putin es el último capítulo de
una frenética carrera de presiones sobre los vecinos de Rusia que se han
comprometido con la Unión Europea a iniciar procesos de asociación. Un enviado
ruso a Chisinau, Moldavia, auguró recientemente que los moldavos iban a pasar
un invierno muy crudo, insinuación de que el gas ruso podría no llegar al país.
Rusia impuso recientemente restricciones aduaneras al vino y licores moldavos
como advertencia. Idéntica presión ejerció Moscú contra Armenia, país que de
momento parece haberse acomodado a los intereses de Moscú: su presidente, Serge
Sarkisian, declaró la pasada semana que su país estaba interesado en ingresar
en la unión aduanera pro-rusa. La presión más extrema sobre Armenia consiste
posiblemente en el acuerdo de Rusia con Azerbayán, para la venta de armamentos
por más €1.000 millones. Azerbayán y Armenia se disputan el territorio de
Nagorno-Karabag, enclavado en aquel país pero habitado por armenios. Si la
decisión del presidente armenio es definitiva o no, se verá a final de mes en
Vilna.
Ucrania sufrió también ese tipo de presión: en los
últimos tres meses, Rusia suspendió las importaciones de sus dulces y puso
obstáculos al paso de productos ucranianos por su frontera común, causando
pérdidas por casi €400 millones.
En Europa, mucho entusiasmo y alguna reticencia
Las maniobras rusas han sido rechazadas por la UE. Un
portavoz declaró esta semana que "cualquier amenaza de Rusia ligada a las
posibles firmas de acuerdos con la UE es inaceptable. Esto se extiende a todo
tipo de presión, incluyendo manipulación de los precios de la energía,
obstáculos aduaneros artificiales... cooperación militar y garantías de
seguridad, y la instrumentalización de los conflictos irresueltos".
Paralelamente se enviaba una advertencia a Erevan: "Esperamos las
aclaraciones de Armenia sobre sus intenciones y sobre cómo desean asegurar la
compatibilidad entre los compromisos contraídos para el Acuerdo de Asociación
(UE) y los del Área de Libre Comercio" (UEA).
La opinión ucraniana está dividida en la cuestión de
la UE. El mayor contingente de trabajadores extranjeros legalizados, dentro de
la UE, es ucraniano. Ucrania recibe tres veces más depósitos de sus
trabajadores en Europa que de los de Rusia. Los ucranianos prefieren ir a
trabajar a Europa, donde existen mayores garantías. Para gran parte de la clase
política, su asociación con Europa es un refuerzo para resistir las presiones
de Rusia. No obstante, hay fuertes intereses que miran a Moscú. Así, el 12 de
este mes una poderosa patronal de industriales y hombres de negocios emitió una
opinión adversa a Europa, porque el acuerdo con la UE estaba perjudicando sus
intereses en Rusia y Kazakstán.
La presión rusa sobre Ucrania tiene su principal vector
en su dependencia energética respecto de Rusia. Actualmente, Yanukovich trataba
de conseguir de Moscú una importante reducción de sus precios.
Todo este asunto debe verse también bajo el prisma de
los intereses del actual gobierno ucraniano, que consisten en mantener las
manos libres y sobrevivir en un difícil equilibrio. Aunque oficialmente
mantiene la opción europea, también sabe de sobra que no toda la UE está
embargada por el mismo entusiasmo que los polacos y la Comisión; concretamente,
Alemania no ha dado muestras de apoyo a una causa que, en su opinión, puede dar
lugar a tensiones entre el primer bloque comercial del mundo y su principal
suministrador de energía.
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