sábado, 7 de diciembre de 2013

Ucrania ignora sus propias demandas europeas


Por presiones rusas no logra cumplir su primer compromiso para asociarse a la UE
 
Publicado el jueves 14 de noviembre de 2013 en capitalmadrid.com
 

Antonio Sánchez-Gijón.– Rusia le ha metido un gol en todo lo alto a la Unión Europea al haber logrado, por medio de fuertes presiones, que Ucrania incumpliera, o se viera obligada a retrasar, su compromiso de liberar a la antigua primera ministra Nadia Timoshenko, encarcelada desde hace dos años por especiosas acusaciones de corrupción. Debajo de esta batalla en torno a una sola persona late un acerado conflicto de visiones geopolíticas entre dos grupos de países, uno de los cuales mira a Occidente y el Atlántico, y el otro a Oriente y la masa continental de Asia Central.

Es la UE frente a Rusia más unos pocos asociados a los designios de ésta. Las dos sienten hallarse en un momento definitorio, como se observa en el tono de urgencia y hasta de conminación con que uno y otro grupo se manifiestan.

Ayer miércoles, el parlamento ucraniano no produjo la mayoría necesaria para una ley que hubiese autorizado a prisioneros ucranianos enfermos recibir tratamiento médico en el extranjero. Estaba previsto que Timoshenko se acogiera a esa ley "exprés" para salir de su tierra y, de hecho, quedar libre en un país de la Unión. La liberación de Timoshenko era la condición puesta por la UE para iniciar negociaciones con vista a la integración de Ucrania en el llamado Partenariado del Este, una asociación que con el tiempo deberá conducir a la plena adhesión de sus miembros al bloque político y económico europeo.

La suerte de Timoshenko se había convertido en prenda de los compromisos de Ucrania con la reforma de sus sistemas judicial y policial, contraídos por su parlamento el pasado 18 de septiembre. Es posible que el actual gobierno haya visto la liberación de Timoshenko como un potencial contratiempo para sus deseos de continuidad futura en el poder. El primer ministro, Nikolai Azarov, calificó la exigencia de la UE sobre la anterior primera ministra de "irresponsable", aunque en principio había aceptado la condición.

Estaba previsto que el dossier ucraniano fuese examinado por la Unión el próximo día 18, y quedara listo para la incorporación al proceso de asociación, y posterior adhesión, en un acto de firma junto con otros dos países (Moldavia y Armenia), en la capital lituana, los días 28 y 29. En un horizonte más lejano quedan las negociaciones con Georgia y Azerbayán. Todos esos países son antiguas nacionalidades integradas en la Unión Soviética, y separadas de ella entre finales de los ochenta y principios de los noventa.

Rusia se opone con todas sus fuerzas

A lo largo de dos meses y veinticinco viajes, el representante de la Unión, el ex-ministro de Exteriores de Polonia, Aleksander Kwasnievski, creía tener en el bolsillo el acuerdo de asociación con Ucrania. Este tratado era considerado por Moscú como una amenaza a sus intereses geopolíticos, y una vía de contagio de la cultura liberal occidental sobre el sistema político ruso, determinadamente antiliberal,  capaz de ejercer un tipo de influencia que en opinión del presidente ruso, Vladimir Putin, no se puede consentir so pena de que Rusia, un estado constitutivamente poco cohesionado y difícil de defender, se debilite aún más. El polaco Kwasnievski estuvo presente en la votación fallida, así que se lleva un buen informe bajo el brazo a Bruselas.

La misma liberación de Timoshenko por presiones de la UE era vista como un indeseable precedente para el caso de cualquier tratado comercial de Rusia con Bruselas; el cual podría (¿quién sabe?) comportar la exigencia de que sus presos políticos fueran liberados previamente.

Rusia ha venido repitiendo su invitación a que Ucrania ingresase en la unión aduanera que ya tiene formada con Bielorrusia y Kazakstán, a la cual, con lenguaje geopolítico, llaman Unión Euroasiática (UEA)  La última oportunidad de ejercer extrema presión sobre Kiev fue la visita (que se supone debía ser secreta) del presidente ucraniano Viktor Yanukovich a Moscú, iniciada el pasado día 9. El día 11, el consejero de Putin para la integración regional anunció que Rusia estaba en condiciones de realizar fuertes inversiones en Ucrania, a condición de que no se asociase con la Unión Europea

El encuentro Yanukovich-Putin es el último capítulo de una frenética carrera de presiones sobre los vecinos de Rusia que se han comprometido con la Unión Europea a iniciar procesos de asociación. Un enviado ruso a Chisinau, Moldavia, auguró recientemente que los moldavos iban a pasar un invierno muy crudo, insinuación de que el gas ruso podría no llegar al país. Rusia impuso recientemente restricciones aduaneras al vino y licores moldavos como advertencia. Idéntica presión ejerció Moscú contra Armenia, país que de momento parece haberse acomodado a los intereses de Moscú: su presidente, Serge Sarkisian, declaró la pasada semana que su país estaba interesado en ingresar en la unión aduanera pro-rusa. La presión más extrema sobre Armenia consiste posiblemente en el acuerdo de Rusia con Azerbayán, para la venta de armamentos por más €1.000 millones. Azerbayán y Armenia se disputan el territorio de Nagorno-Karabag, enclavado en aquel país pero habitado por armenios. Si la decisión del presidente armenio es definitiva o no, se verá a final de mes en Vilna.

Ucrania sufrió también ese tipo de presión: en los últimos tres meses, Rusia suspendió las importaciones de sus dulces y puso obstáculos al paso de productos ucranianos por su frontera común, causando pérdidas por casi €400 millones.

En Europa, mucho entusiasmo y alguna reticencia

Las maniobras rusas han sido rechazadas por la UE. Un portavoz declaró esta semana que "cualquier amenaza de Rusia ligada a las posibles firmas de acuerdos con la UE es inaceptable. Esto se extiende a todo tipo de presión, incluyendo manipulación de los precios de la energía, obstáculos aduaneros artificiales... cooperación militar y garantías de seguridad, y la instrumentalización de los conflictos irresueltos". Paralelamente se enviaba una advertencia a Erevan: "Esperamos las aclaraciones de Armenia sobre sus intenciones y sobre cómo desean asegurar la compatibilidad entre los compromisos contraídos para el Acuerdo de Asociación (UE) y los del Área de Libre Comercio" (UEA).

La opinión ucraniana está dividida en la cuestión de la UE. El mayor contingente de trabajadores extranjeros legalizados, dentro de la UE, es ucraniano. Ucrania recibe tres veces más depósitos de sus trabajadores en Europa que de los de Rusia. Los ucranianos prefieren ir a trabajar a Europa, donde existen mayores garantías. Para gran parte de la clase política, su asociación con Europa es un refuerzo para resistir las presiones de Rusia. No obstante, hay fuertes intereses que miran a Moscú. Así, el 12 de este mes una poderosa patronal de industriales y hombres de negocios emitió una opinión adversa a Europa, porque el acuerdo con la UE estaba perjudicando sus intereses en Rusia y Kazakstán.

La presión rusa sobre Ucrania tiene su principal vector en su dependencia energética respecto de Rusia. Actualmente, Yanukovich trataba de conseguir de Moscú una importante reducción de sus precios.

Todo este asunto debe verse también bajo el prisma de los intereses del actual gobierno ucraniano, que consisten en mantener las manos libres y sobrevivir en un difícil equilibrio. Aunque oficialmente mantiene la opción europea, también sabe de sobra que no toda la UE está embargada por el mismo entusiasmo que los polacos y la Comisión; concretamente, Alemania no ha dado muestras de apoyo a una causa que, en su opinión, puede dar lugar a tensiones entre el primer bloque comercial del mundo y su principal suministrador de energía.

 

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