sábado, 7 de diciembre de 2013

El derecho a decidir, sumido en la indecisión


Artur Mas da ahora prioridad a la economía

Publicado el lunes 4 de noviembre de 2013 en capitalmadrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.– A primeros de julio de este año el parlamento catalán lanzó el llamado 'Pacte Nacional pel Dret a Decidir' y, desde entonces, la actividad política y social de Cataluña gira monotemáticamente en torno a esta cuestión. Cuatro meses después, las fuerzas políticas nacionalistas no se han puesto de acuerdo todavía sobre la fundamentación institucional de tal derecho, ni menos aún sobre la pregunta o preguntas que hagan explícitas las opciones entre las que habría que decidir.

Para Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), la pregunta debe ser sencilla y directa: aproximadamente ésta: ¿Quiere que Cataluña ejerza el derecho de autodeterminación, sí o no?

Para el partido socialista de Cataluña (PSC) la formulación correcta sería: ¿Qué opción de las que aquí le ofrecemos elige Vd.?: independencia, seguir como estamos, pacto fiscal con España, Cataluña en una España federal, etc.

Más matizada y también más equívoca es la posición del socio de la coalición gobernante, Unión Democrática. Según su líder, Durán Lleida, la presentación de las alternativas debe formularse "más allá del blanco o del negro", y la pregunta debe ser "inclusiva y transversal", como dice en su twittter del último  fin de semana. Durán añadía que "un partido, ERC u otro, no puede decidir que la pregunta ha de ser sí o sí, la que ellos quieran". Durán, que interviene en el debate soberanista haciendo constantes precisiones para demarcar su propio terreno frente a la impetuosidad de los otros, es difícil de seguir en sus zigzags sobre esta cuestión.

Días antes, en un artículo en La Vanguardia, Durán afirmaba que la consulta debe incluir opciones "que no sean la secesión o la asimilación y sumisión" sino, en fin, "una tercera vía". Cualquiera podría pensar que aludía a la necesidad de que la pregunta ofreciera opciones, esto es, que pidiera la aprobación de una cualquiera de las alternativas que barajan las otras fuerzas políticas soberanistas. Pues no: en su twitter precisaba que es falso que él haya pedido que en la consulta se haga más de una pregunta. Entonces quiere una sola pregunta, ¿no? Eso parece. Pero una consulta que no contenga más de una pregunta tiene necesariamente que tener por respuesta "sí o no", es decir, "blanco o negro". Pero formulada así, ¿puede seguir siendo "inclusiva y transversal"?

Sabida es la posición de UDC y Durán: que la consulta debe formularse de acuerdo con el gobierno del estado. No es ésta la posición de ERC, para quien la consulta se hará con estado o sin estado. Convergencia i Unió prefiere la opción de Durán (consentimiento del estado), pero no renuncia (si el estado no da su consentimiento) a la de ERC. Durán, que quiere evita la ruptura del frente soberanista, ofrece a Cataluña una solución que no es "ni blanco ni negro", al tiempo que pretende ser "inclusiva y transversal". Es aquí donde aparece su propuesta, peculiar, exclusiva, no compartida por nadie en el espectro político catalán: la solución confederal, que aunque mantiene una unión débil con España, supone "una tercera vía" como alternativa a la independencia y a la "sumisión".

Momento racional, momento sentimental

Esta cuestión de las terceras vías ensombrece la claridad de las opciones con que ERC y CDC quisieran contar para llevar adelante su programa independentista. La encuesta publicada este domingo por ‘El País' señala que el 57% de los consultados se muestran favorables a que Cataluña siga formando parte de España, aunque el 40% pide, para seguir manteniendo la unidad, "nuevas y blindadas competencias exclusivas".

La encuesta revela que el proceso soberanista está muy lejos de haber inspirado una fe inquebrantable en su éxito final: el 63% cree que la independencia de Cataluña es "algo con muy pocas o nulas probabilidades de llegar a ser realidad".

Esta falta de fe, sin embargo, no debe ocultar la solidez de la opinión independentista, cifrada por la encuesta en el 45%, mientras que sólo el 42% son partidarios de dejar a Cataluña donde está. De ahí la necesidad, para mantener el campo de la "unidad", de definir el contenido de una "tercera vía". Producto éste que hasta ahora sólo está en oferta en dos versiones: Cataluña estado confederado con España, y Cataluña estado de una España federal.

Recuérdese que antes de llegar a este reducido elenco se han caído por los costados el pacto fiscal pedido por Artur Mas, que primero fue rechazado por el presidente Rajoy y después retirado por el ‘president' catalán, y la oferta de un tratamiento fiscal especial para Cataluña, de Alicia Sánchez-Camacho, la líder PP catalán.

Debe observarse una incongruencia entre la elección racional entre una solución de unidad u otra de separación, y la expresión de sentimientos en torno a la cuestión: el 56% se declaran o sólo español, o más español que catalán, o tan catalán como español, frente a 43% que se declaran más catalán que español o solo catalán.

Se puede decir con cierto grado de certeza que la oleada soberanista ha venido acompañada de un alto grado de emocionalidad, estimulada por una sucesión de golpes de efecto populistas y una escalada de acciones políticas destinadas a predeterminar un calendario en cuyas previsiones debe lograrse, de modo perentorio, un efecto político  concreto. La encuesta arriba resumida no permite pronosticar el resultado del intento.

La economía como cosa cierta

Mientras las fuerzas del derecho a decidir no se pongan de acuerdo sobre la variedad de opciones o, lo que es lo mismo, sobre la formulación exacta de la pregunta, cualquier consulta impuesta en sus propios términos por una parte sobre la otra reduciría el grado de legitimación que esas fuerzas atribuyen al derecho a decidir, dado que se estrecharía el consenso que lo apoya.

Y como el acuerdo no parece estar a la vista, el presidente Artur Mas dio la pasada semana un giro interesante al orden de prioridades de su gobierno. El martes 29, ante el consejo ejecutivo, Mas afirmó que "nuestra batalla es ganar la confianza en el cambio económico para salir de la crisis". La prioridad es la economía, y por lo tanto el discurso debe ser económico, afirmó.

Los datos de la economía catalana empiezan a ser positivos, asegura Mas. Se crea empleo y entran inversiones. Las exportaciones han crecido más rápidamente que las del conjunto de España. A la mejora del clima de confianza contribuirá que en 2014 Cataluña contará, después de dos años, con un presupuesto aprobado cumpliendo todas las reglas.

Será un presupuesto algo equívoco desde el punto de vista social: si por un lado, a insistencia de ERC, reintroduce (suavemente) el impuesto de sucesiones y penaliza las viviendas desocupadas, por otro establece tasas para la actividad de sectores modestos de la población: emisión de informes sobre extranjería, mediación en conflictos laborales, reclamaciones en materia de consumo, etc. También se crea una tasa sobre la actividad comercial, como la que afecta a los camiones que circulen por el Eje Transversal. El ‘govern’ asegura que los presupuestos 2014 ni aumentan ni reducen los gastos, aunque el equilibrio queda sujeto a que aumenten los ingresos.

Si la economía se activa, sería bueno que el debate identitario y político se calmara, por lo menos mientras las fuerzas del derecho a decidir deciden qué es lo que hay que decidir.

 

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