sábado, 7 de diciembre de 2013

El Gobierno ucraniano en busca desesperada de ayuda


Cerca de la bancarrota y con una revuelta popular en marcha, mira a Pekín, Moscú y Bruselas

Publicado el jueves 5 de diciembre de 2013 en capitalmadrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.– Ucrania se ha embarcado en una carrera desesperada para evitar la bancarrota. El gobierno está financieramente asediado por el Fondo Monetario Internacional, políticamente por Rusia y diplomáticamente por la Unión Europea. También debe defenderse de un movimiento popular interior. Ahora se dispone a pedir socorro fuera de Europa: a China.

Tres misiones de alto nivel han partido para Bruselas, Moscú y Pekín. La que viaja a la última capital es la de más alto nivel: la encabeza el propio presidente Viktor Yanukovich. Su objetivo es obtener créditos-puente ($3.000 millones según Bloomberg)  que le permitan afrontar vencimientos con el FMI. En Pekín espera obtener inversiones para un vasto plan de irrigación, de entre 1.200.000 y 1.400.000 hectáreas. China es uno de los principales importadores de bienes agrícolas ucranianos.

Otra misión ha ido a Bruselas: la preside el viceprimer ministro Sergei Arbuzov, y trata de rescatar el tratado de asociación que el parlamento ucraniano tumbó por pocos votos la pasada semana, y del que el gobierno no puede abjurar debido a la enorme presión de las manifestaciones populares pro-europeas que en Kiev han mantenido cercado el parlamento y sedes gubernamentales, así como en otras ciudades.

La tercera misión, encabezada por el viceministro de Exteriores, fue a Moscú, a preparar la visita a final de esta semana de Yanukóvich, después de regresar de Pekín. Ucrania alega haber perdido $6.500 millones debido a las restricciones impuestas por Rusia a su comercio, en castigo por su propósito de firmar el tratado de asociación con la Unión.

Por un acuerdo de 2010 el FMI extendió a Kiev un crédito de $15.000 millones. Este crédito fue suspendido cuando el gobierno se negó a seguir la recomendación de que se subieran los precios internos de la energía (más sobre este asunto, unos párrafos más abajo). El primer ministro Mykola Azarov denunció el pasado lunes las condiciones de los créditos del Fondo por "anticuados y obsoletos". También sugirió que si los mayores países de la Unión Europea quisieran, el FMI prestaría el dinero que Ucrania necesita.  Los vencimientos de la deuda nacional para este año alcanzan, según Fitch, los $8.200 millones, que Ucrania tendrá muy difícil negociar.

A un lado Asia, al otro Europa

Durante muchos meses Kiev ha vivido bajo la ilusión de que podría contemporizar con Europa y con Rusia, haciendo compatibles de alguna forma su asociación con la UE y su pertenencia a la Unión Aduanera formada por Rusia, Bielorrusia y Kazakistán. Bruselas se opone terminantemente a esta ambivalencia.

Sin embargo, un cierto grado de necesaria ambivalencia está inscrito en la partida de nacimiento de Ucrania. Habiendo pertenecido históricamente gran parte de su territorio al reino de Polonia, su capital, Kiev, es considerada a su vez la cuna de la dinastía que creó el gran reino de Moscú y el imperio ruso. Los ucranianos del oeste se inclinan decididamente por Europa, y los del este hacia Rusia. En el este se asientan las grandes industrias, las cuales, después de su desestatalización, se hallan en manos de grupos de intereses (oligarcas), que dan apoyo político a Yanukóvich. El presidente procede de Donetsk, en el corazón industrial de Ucrania. y gobierna con el respaldo de sólo tres grandes grupos industriales, que ejercen su influencia a través de los intereses que les gestiona su hijo Oleksandr.

El grueso de las exportaciones de Ucrania a Rusia son bienes de alto valor añadido. Las exportaciones totales al gran vecino del este alcanzaron en 2012 los $17.000 millones, o 25% del total exportado por Ucrania; otro 10% va a países del antiguo bloque soviético, hoy bajo la égida de Rusia. Y otros $17.000 millones a Europa.

Las posiciones de poder de los oligarcas suelen enmascararse tras un aparato ideológico. Según sus doctrinas, Ucrania, Bielorrusia y Rusia, naciones europeas, deberían hacer de puente entre Europa y el vasto interior de Asia, enlazando con Kazakistán, que ya pertenece a la Unión Aduanera. Este atractivo programa adolece de un defecto: la incompatibilidad de las estructuras e instituciones de los dos bloques, donde las ideas sobre libertades políticas y el lugar de la justicia están a años luz unas de otras. El poder judicial ucraniano se halla sujeto al refrendo de sus decisiones por el fiscal general del estado.

Para salir del laberinto geopolítico, el gobierno y su partido sugieren que Europa, Rusia y Ucrania se sienten, traten de conciliar sus diferencias y ayuden a Kiev a asociarse de alguna forma a las dos esferas. Inquieto por el futuro del plan ruso para Ucrania,  el ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, llamó ayer miércoles a todas las partes a solucionar el conflicto político por el diálogo.

El viernes de la pasada semana la canciller Angela Merkel tendió su mano a Yanukóvich: "En relación con la invitación que extendimos a Ucrania..., la invitación se sostiene". Este tono conciliador contrasta con el tono duro de la misión de la Unión que negoció la asociación de Ucrania, cuando supo del rechazo parlamentario al acuerdo.

Comprensivo hacia Ucrania se mostró también el presidente del parlamento europeo, Martin Shultz, quien dijo que, aparte de que entre los europeos no es popular la ayuda a estados en crisis económica, "si uno mira a las propuestas de Moscú, (vemos) que ofrecen ayuda a corto plazo que los europeos no quieren ni pueden prestar".

Anders Aslund, del Peterson Institute, que presidió una comisión presidencial independiente para un programa de reformas (2010) después de que Yanukovich tomara posesión, deplora por un lado el fracaso de las reformas pero por otro observa el gran interés por Ucrania mostrado por gran número de gestores de fondos con los que él ha tenido la oportunidad de reunirse.
Momentos definitorios

La querella del gobierno con el FMI gira en torno a varios frentes: 1) el precio del gas para consumo doméstico, 2) la política fiscal, 3) la tasa de cambio y 4) la reforma institucional. Aslund opina que el gobierno ha fallado en la implementación de las cuatro.

La cuestión del gas es la clave de la vara alta de Rusia sobre Kiev. Ucrania paga el gas que importa de Rusia a $400/1.000m3, pero el gas de producción nacional a sólo $53/1.000m3. Además, el consumo de gas está subsidiado con precios bajos, por lo que el del importado refleja un subsidio a favor de Rusia, al tiempo que el precio del pagado al ucraniano explica el subdesarrollo de las fuentes propias de energía.

A la nueva ley de hacienda se la acusa de haber provocado el cierre de un millón de pequeños negocios, mientras los grandes quedaron libres para exportar su capital a Chipre. Los subsidios sociales, obligatorios so pena de una explosión popular violenta, y el alto nivel de cotización de la moneda nacional han forzado la elevación de las tasas de interés de las cajas a casi el 20% en depósitos a un año. El déficit previsto para este año supera el 8% del PIB.

A primeras horas de la tarde de este miércoles, los apuros del gobierno se agravaron: tres ex-presidentes, Leonid Kravchuk, Leonid Kuchma y Viktor Yuschenko expresaron en un comunicado conjunto su apoyo a las protestas populares y pidieron al gobierno el no uso de la fuerza.

Podemos concluir que Ucrania ha alcanzado un momento definitorio. Sin embargo, las alternativas son tan opuestas, que no debiera extrañarnos que acabara por no definirse. Y después, arrastrar las consecuencias.

 

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